LAS FIESTAS PATRONALES DE 1931

LAS FIESTAS PATRONALES DE 1931

 
 En la sesión plenaria del 13 de julio del año 1931 se tomó el acuerdo de que la ANGEL
comisión especial de festejos de verano redactara el programa “de funciones públicas civiles que tendrían lugar los días 25 al 29 del mes en curso” y a efectos de que se aprobara por el Ayuntamiento. Cinco días más tarde ya estaba aprobado, pero no hay documento que hable de su contenido.
Llegados a la sesión extraordinaria del 21 de aquel mes, el alcalde presidente, don Ángel Tomás Llinares, expuso que el señor cura párroco había invitado a la corporación municipal a los actos religiosos en honor de la patrona de la ciudad, y que le había rogado que el Ayuntamiento sufragase los gastos de asistencia de la banda de música a dichas funciones. Tras larga discusión de aquel asunto, se acordó agradecer la referida invitación, así como abstenerse la Corporación de acudir al acto religioso por prohibirlo una disposición del Gobierno de la República, y no contribuyendo a los gastos de referencia. Además, y a pesar de que el Consistorio reconocía que “todas las ideas tienen derecho a manifestarse públicamente, dadas las especiales circunstancias que actualmente atravesamos”, rogaba al señor cura considerase la conveniencia de abstenerse de organizar ningún acto público procesional “por aconsejarlo así la más elemental prudencia”. Un periodo revolucionario como el que se estaba viviendo podría mover a ciertos individuos a la creación de conflictos sociales en nuestra ciudad, dada la intemperancia de algunas personas, derivándose posibles alteraciones de orden orden público “de consecuencias lamentables”. Como en actas posteriores no hay alusión alguna al tema de aquella procesión, suponemos que no se celebró y puede imaginarse el lector la consternación, aunque fuera solapada, de una parte del pueblo. Habiéndose “perdido” en el Ayuntamiento de La Vila ciertos documentos de aquellos años, creemos que buena parte de semejante confrontación popular no se sabrá jamás).
En plenos festejos cívicos, y como dato curioso, el ciudadano Juan Lloret Galiana pedía permiso al Ayuntamiento para abrir una cafetería en Hernán Cortés, número 7, que estaría servida por señoritas o camareras, una novedad social y quizá escandalosa para algunas damas vileras… El 1º. de agosto, reunidos en sesión plenaria alcalde y concejales, se acordó gratificar a Andrés Díaz, Pedro Baldó y José Alemañ (sic) por la eficaz ayuda prestada a la comisión municipal “de festejos de verano”. La cantidad a repartir se elevó a 50 pesetas. No acabaría aquel verano sin otra novedad mal vista por muchos vecinos de La Vila. El 5 de septiembre, y a propuesta de Tomás Llorca, se aprobaron diferentes cambios en los nombres de calles y plazas de la ciudad. La del Pal se denominaría de Salvador Seguí, el anarcosindicalista Noi del Sucre; la Plaza de la Luz, en el Barrio Nuevo, pasaría a llamarse de Lenin; la de la iglesia, de León Tolstoi… y la de Santa Marta, calle de Pi y Margall.
Sin duda, el tacto de aquellos inflamados políticos dejaba mucho que desear, no obstante reconocer la libertad de las creencias y el derecho de la gente a manifestar sus opiniones.
Semejante decisión política no era más que una muestra de infantilismo de quienes, al
parecer, no sabían bien en qué país se encontraban… como ya se vio, lamentablemente, cuando ganaron la guerra los golpistas de Franco.

 

J. PAYÀ NICOLAU, Cronista Ofic.
de LA VILA JOIOSA

Anuncios

DE LA PÓLVORA Y EL GANADO

Crónica 129. DE LA PÓLVORA Y EL GANADO (Año 1717)

En 1716 hubo que ver, como hemos dicho, en qué condiciones se encontraba la fortificación de Villajoyosa, cosa que obedecía al mandato de una orden real extensiva a poblaciones litorales cercanas. También se procedió a repartir pólvora entre los vecinos del departamento corregimental, cuya cabecera era Alcoy. La orden y asunción de este reparto se trasmitía en enero de 1717 y podía ser que se relacionara con los reveses que iban sufriendo las tropas de Felipe V en la guerra, situación que empeoraría en agosto al ser derrotado en Sicilia por la flota inglesa. El eco de esas pérdidas puede que indujera a la referida distribución, que no era opcional. Procedía aquella orden del Sr. Marqués de Villacañas, Gobernador y Capitán General del reino “para que los pueblos d. esta Governacion entren en el arrendamtº. de la Polvora fina ajustandose con Dn. Jayme Faura, Apoderado [que es] de Dn. Sebastian Terrible, y Dn. Bernardo Doncellot, Administradores de dchª. Polvora fina, encabezando (pagar tributo) á este fin al respeto del vesindario en cada Pueblo, y obligandose a consumir á razon de libra y media castellana por cada vesino en cuya consideracion se les consedera (…) lisencia para armas”. Venía a continuación la orden de enviar a los síndicos a Alcoy para retirar la mezcla, no dejando pasar más de tres días luego de recibida la orden. La inobediencia, decía el escrito, sería castigada. Se hacía también mención del pago que el Ayuntamiento tenía que realizar de modo que el veredero recibiera el emolumento por cu viaje, y que solía venir tasado en el propio documento que se trasladaba. (En el margen izquierdo de la carta aparece una enumeración vertical de los pueblos que, al parecer, recibían la orden, a saber: Benifallim, Relleu, Sella, Orcheta, Villajoyosa, Alcolecha, Benasau, Penáguila y Benilloba. A cada uno de éstos se le asignaba una cantidad de dinero, de una a cinco libras, como en el caso de La Vila, y seguramente el precio de la pólvora a retirar. Y, si no hemos interpretado bien la abreviatura, también podría referirse a dineros o sueldos a percibir en cada destino por el mensajero de a caballo…).
Resultado de imagen de GANADO DE MULOS
Estando en Alcoy el alcalde ordinario de Villajoyosa por diferentes asuntos, decidió
el Ayuntamiento delegar en él para lo de la pólvora, y mediante recado por mensajero propio. ¿Y qué hacía D. Francisco Juan Llorca en Alcoy? Pues trataba con el gobernador un tema provocado por Caetano Aragonés, quien se volvía atrás en una venta de 400 mulos de la cual percibiría el Ayuntamiento vilero, de inmediato, un dinero con que pagar atrasos en impuestos. Allí el edil contactó con Gerónimo Miralles de Benifallim por si quería mercar la machada, pero éste sólo adquiriría 250 cabezas escogidas y para unos amigos de la Hoya de Castalla. El Ayuntamiento vilero comprendió que ese trato no gustaría a Caetano, y así fue: los desechos eran demasiados. Y cuando los ediles de Villajoyosa decidieron apalabrar los 400, vender al de Benifallim la cantidad que necesitaba y pagar al vendedor “entre dos Quaresmas”, éste ya había reflexionado y concluido que el Ayuntamiento no podría pagarle en el plazo establecido. Ordenado por el Justicia alcoyano que Caetano respetara su palabra, éste pidió dos fiadores para el trato, uno de Muro, don Francisco Alonso, y otro de Alcoy, don Blas Valor… porque no admitía garantes de Villajoyosa. Tras discutir tenazmente, admitió vender. Se buscaron tasadores de confianza del Consistorio vilero y del terrateniente, siendo los hermanos Joseph y Thomas García, de la baronía de Sella, el primero designado por el vendedor. Todos se desplazarían a la partida del “Realet de Finestrad” (sic) “donde estaba la referida machada apasentando”. Isidro Lorca el Menor representaría al Ayuntamiento de La Vila. Lorca subió allá la mañana acordada “y llevaría para el gasto d. el y dchos. Garcías un poco de pan, vino y carne”. Cerrar el trato era urgentísimo, puesto que don Thomas Calderón de la Barca estaba dispuesto a enviar a Villajoyosa sus soldados… y aquello no era una comedia suya.

J. Payá Nicolau, Cronista Oficial de LAVILA JOIOSA

264. Sin organista, sin comadre (1737)

Si el lector ocasional de estos textos mejora su condición aficionándose un poco a nuestra historia local, puede que advierta con cuánta frecuencia hubo choques en Villajoyosa entre Ayuntamiento y clero −el regular y el secular− debido a discrepancias en los criteros de ambas partes. Podía parecer que influyera en los debates con los conventuales el que éstos hicieran su vida extramuros, fuera del perímetro amurallado, aunque sólo hubiera unos pocos metros de la muralla al convento, apenas unos pasos. El alcalde ordinario de 1737, Jaime Llinares, hizo el 27 de mayo de ese año una dura propuesta a sus regidores y al subsíndico, Carlos Llorca: suprimir el salario que se venía destinando al convento del Gran Padre San Agustín porque “no ha cumplido con dar Horganista, sin embargo de aversele requerido a fin de que los oficios divinos se celebren con la devida solemnidad y que haya quien cuyde de tañer el Horgano de dicha Iglesia”. El alcalde pedía que se contemplara contratar para el órgano a Blas Perelló, “natural y vecino de la Ciudad de Alicante, con el salario que despues se le señalare”. Sobre lo cual, añadía, debíase acordar lo más conveniente. El Cabildo decidió suspender el salario al convento “desde el tiempo que ha dexado de tañer dicho Horgano”, aprobando igualmente que se nombrara organista a la persona aludida por la alcaldía. (Antes se había comprobado que los ediles y el pueblo sabían bien, “por testimonios, voz y fama” lo que estaba ocurriendo con el susodicho órgano). Encargado el escribano de comunicar la resolución al padre prior del convento, lo hizo después de sacar “copia autentica” de los acuerdos tomados. Al final de ese folio leemos la palabra “Notoriedad” en su margen izquierdo. El texto adicional dice lo que viene ahora: “Estando en la Celda Prioral del convento del Santo Agustín, fuera los muros desta Villa de Villa Joiossa, á 27 dias del Mes de Mayo de mil setecientos treinta y siete años, Yo, el Escrivano infranotificado la antesedente deliberación, y todo lo en ella contenido en su persona, Doy fee”. (Como vemos en diferentes textos, no se arredraban los munícipes en confrontaciones con los religiosos).

Las cosas estaban así… porque el padre prior del convento de San Pedro y Santa Marta “no cumple en dar un Horganista, de cuyo encargo no puede eximirse”. El asunto ya venía desde el mes de febrero, cuando por orden de su prelado, el organista de la iglesia parroquial de la villa se había despedido. Para entonces ya decía el alcalde que el ciego Miguel Sanchis, natural de La Vila y vecino de Agost, había solicitado venir a ella como organista, que por ello se acordó que Simón Vaello fuera allá a entrevistarse con él y a cualquier otro lugar para el caso de que Sanchis no aceptara el contrato…

 

J. Payá Nicolau, Cronista Oficial
de la VILA JOIOSA

La soldada de Josepha María Lorca


La soldada de Josepha María Lorca

En el año 1701, la niña Josepha María Lorca entró a servir en una casa de Villajoyosa. Había nacido en nuestra villa y bautizada en la iglesia parroquial de Finestrad en el año 1688. La bautizó quien era retor en esa baronía, es decir mosén Juan Ganga. Lo sabemos porque en 1729 hubo una demanda del marido de esta mujer, Balthasar Lorca, que la inició contra los herederos de Raymunda Sebastià. La partida de nacimiento de Josepha constaba en la primera hoja de las actuaciones judiciales de  esa demanda. El demandante decía que Josepha había entrado a servir en casa de Raymunda a la edad de trece años, y que más tarde se trató, por voluntad testamentaria del ama, que aquella sirvienta recibiría con seguridad el pago de su soldada por todos los años servidos. (Raymunda también le dejaba “el aposento del entrar dela Cassa que abito amano drecha para abitacion de las susodichas a condicion que no puedan acoger a Persona alguna para vivir con ellas en dicho aposento, y quiero —terminaba el testamento en este asunto— y es mi voluntad…”, etcétera. Las “susodichas” eran María Lorca y otra sirvienta, la llamada María Cabot. Al parecer, dispondrían de aquel aposento mientras fueran doncellas…


La demanda iniciada por Balthasar se debía a la considerable demora en el pago a su mujer de las ganancias de ésta desde 1701 a 1718. Debido a eso, había recurrido al Justicia de La Vila, que era Geronimo Nogueroles, para que estudiara el caso y dictara autos en ese sentido, ya que las herederas de la finada Raymunda, las llamadas Gregoria y Laura Linares, estaban obligadas a cumplir lo testado. (Nos parece que Balthasar ya se presumía que el litigio duraría lo suyo, y compareció ante el Justicia declarándose pobre de solemnidad, incapaz, por tanto, de correr con los gastos judiciales. Y se le concedió esa calificación. En 1721 los honorarios ya ascendían a 13 libras y algo más, que pagarían las intervenciones del alcalde o Justicia, de su asesor en Derecho y de los diferentes escribanos y abogados. También del alguacil y de otras personas…).
Miguel Buforn, que  representaba a las herederas Gregoria y Laura, decía que ellas reconocían el débito, aunque habría que subastar cosas muebles que fueron de Raymunda, además de buscar tasadores que hicieran corresponder el valor de lo subastado con la deuda. Nombrados esos peritos, ya se hablaba de ciertos objetos e incluso de “una casa dentro la poblacion d dcha.Villa en la calle llmada (llamada) el traveser la qual linda con casas de los herederos de Jasinto Loret (…) y de Visenta Garzia“. Balthasar se dirigía al Justicia pidiéndole una caldera de teñir sardinales y la “botiga o casa Cita en la plaia de la orilla del Mar, que linda con Cassas de Jayme Aragones, con solar y Cassa dlos herederos de Hilarion Cardona, y con Cassa de Joseph Linares, y con la dcha. playa”. Y sobre esta propuesta, y asesorado, determinaría el alcalde en su función de juez. De la asignación de la casita fueron testigos Thomas Galiana, Simon Mayor y Jayme Selles, labradores, y con la presencia de Valor Esquerdo, que era el alguacil.
Resumido el contenido de los cincuenta folios del proceso, quede constancia de que fueron cuatro las veces que se llevó a pregón aquella subasta…para obtener sesenta y ocho libras adeudadas a la sirvienta María Lorca. Pasaban las semanas y nadie pujaba. El cobro de la soldada parecía no llegar nunca. Su marido insistía con nuevas instancias al alcalde. Siendo ya pregonero Francisco Delfí y alcalde Nicolas Saragosa, se mandó “avivar la vos del pregon, hir en la execucion adelante, aserse transe y remate de los Bienes executados y de su valor, entero y efectivo pago del prinsipal”. El pregón siguiente no dio postor alguno, y así se notificaba a las partes. Por esas fechas estaban las herederas de Raymunda habitando “en el pago dl Sensal, huerta de esta villa”, escribía el pregonero en su informe a la alcaldía. Un maestro albañil, Juan Torres, y el herrero Juan Saragosa fueron nombrados de oficio para tasar la caldera de teñir y la casita de la playa. (Este maestro albañil era fraile del convento de San agustín, “fuera de los muros”). El modesto inmueble playero se llegó a tasar en 33 libras, y más adelante se pediría al Justicia que embargase una porción de cebada que las herederas referidas tenían en les Quartetes, tierra arrendada al mediero Francisco Segarra. El pleito terminaba en ¡junio de 1742! María Lorca ya era viuda de Balthasar. “Pleitos tengas y los ganes”, reza una maldición antigua…y seguramente desde mucho antes de ese año.

José Payá Nicolau, Cronista Oficial de LA VILA JOIOSA

La consabida Serafina

360. La consabida Serafina (1757)

María Miquel, viuda de un Pedro Llorca, estaba muy enfadada e irritable en aquellos primeros días de octubre de 1757. Ya había pasado lo suyo aquella mujer y en esa fecha la afectaba muchísimo que su hija, Serafina, hubiera abandonado la casa parental de Villajoyosa… para darse a la fuga con Choachim Visent, de San Juan, huerta de Alicante. Lo que la viuda exponía al Justicia vilero, Pedro Juan Mayor, lo vemos escrito en los siguientes términos: “Que la dicha mi hija aecho fuga de mi casa y amparada por el Cura y Justicia ordinaria con el fin de efectuar casamiento con (…), a disgusto y contra la voluntad mia y de todos mis parientes por la diferencia de qualidades de su nacimiento y para este fin a extraido illevado (llevándose) de mi casa la consabida Serafina diferentes ropas mias propias que servian para la decencia y uso mio y de mi familia que son las mesmas que se acotan en la nota que en la devida forma presento y Juro, cuyas se me deven restituir i entregar sin dar lugar aque la consabida (…) use de ella en manera alguna por no considerarla al presente en drecho alguno; y como a la restitucion de dicha ropa aia Mediado (¿mediador?) Joseph Urios de Alvaro y ofrecido restituirla a mi poder abligandose en toda forma, iasta el presente nolo acumplido por mas que aia sido solicitado extrajudicialmente y de ello se me puede deducir algun perJuicio no siendo Justo la tolerancia (…) se debe apremiar al consabido Urios para (…) [que] cumpla en debolver ami poder la partida de las ropas anotadas en la Cedula presentada sin extravío de la menor partida de ella y que sea justa restitucion”.
María Miquel suplicaba que, en continente (enseguida) el Justicia actuara reclamando a Urios hiciera el entrego pertinente de las prendas, añadiendo un otrosí provisorio de que la “consabida” Serafina quisiera quedarse alguna ropa alegando que era para “su servicio y como a tal quiere usar de ellas, se devera hazer el Justiprecio en caso necesario por personas peritas en ello y constando ser assi se le entregarân con nota Justificativa y le servirâ en parte de pago de su legitima en los bienes de su difunto Padre”. Ese escrito venía firmado por el Dr. D. Carlos Bas, representante de María, y tuvo la virtud de que el Justicia ordenara al tal Urios que dentro del segundo día pusiera la ropa en poder de Su Merced la demandante. Así debió de ocurrir, puesto que ahí se acaban las diligencias.
En cuanto a la fuga de la Serafina para matrimoniar, ¿qué decir? Se escapó con la ayuda de la Justicia ordinaria y … con la colaboración del señor cura… sin que se precise si estas personas ejercían en Villajoyosa. En aquella época había mujeres que, para no tener que aportar dote al matrimonio, decidían seguir el sistema de abandonar la casa de los padres y buscar acomodo en el seno de una familia digamos honesta y responsable a la vez que pudiente. Allí, como custodiada y apartada de cualquier veleidad criticable por el vecindario, esperaba hasta que llegara el tiempo de contraer nupcias con el varón escogido. (Podía no ser esta la razón que moviera a Serafina a escapar de casa, y más cuando se observa con qué intensidad reclamaba su madre las ropas sacadas del hogar parental, así como lo imperativo de su reclamación. Y parecía que, no estimando adecuado para su hija al dicho Choachim, habría negado dotarla y ésta, en su irritada reacción, arrambló con toda ropa de entidad que había en la vivienda…).

J. Payá Nicolau,Cronista Oficial
de LA VILA JOIOSA

…Y DEL “CASTILLO VIEJO”

Crónica 364  …Y DEL “CASTILLO VIEJO” (Año 1758)

Aunque el sentido común haya dicho a los curiosos y observadores que algunas de las viviendas contenidas en lo que fuera recinto amurallado se construyeron o recibieron arreglos con una buena parte de las piedras de esas murallas y del castillo, nuestro seguimiento de los libros del gobierno de Villajoyosa no encontró constancia de esa procedencia de materiales… hasta llegar a los documentos del año 1758. Por el diccionario de Pascual Madoz, sabemos que suposadament piedras extraídas de las ruinas de la Torre de San José (més probablement de carrer Canalejas) en el siglo XVI se usaron… para todo lo contrario: para recomponer partes de la muralla y torres del complejo defensivo de nuestra villa. (Una de esas “piedras”, y muy importante por sus dimensiones e inscripción latina, figura en nuestro Museo Argueológico desde hace ya casi treinta años. Con respetuosa elocuencia y razones, procuraron de su cesión por la Iglesia don Juan Llorca Agulló, Jaime Soler Soriano y Jaime Marcet Segrelles… Quien suscribe se ocupó de organizar el traslado mecánico de semejante testimonio histórico. (Lo mismo hizo otras veces con otras piezas costosas de manejar por su peso y envergadura, ¡y adelantando muchas, muchas veces el pago con dinero de su bolsillo!, ya que casi nadie se prestaba a prestar servicios al gobierno pre-democrático por la demora que el departamento de Intervención observaba a la hora de pagar… como recordarán muchos vileros).


En 1758 el alcalde era Juan Linares y los regidores que con él formaban el Cabildo, D. Jayme Aragones, Jayme Llored y Gaspar Mayor. Éstos ordenaron al clavario, Melchor Peres, labrador, que efectuara los pagos registrados en el albarán de noviembre. El concepto de “Castillo Viejo” se utilizó en este tipo de libros −los “Corned/Cornet”− a partir de dos años atrás y en dos ocasiones: una de ellas para aludir a la fuente que hubo a sus espaldas, sin nombrar punto cardinal alguno al aludirla. Una segunda vez fue al describir obras en el mismo castillo. En ese sitio se ocupó, aunque no solo en él, Miguel Andreu, que durante un día estuvo removiendo y “arrancando piedra del Castillo viejo para obrar la Casa de la Villa (la Sala) que se estava cayendo”. En tales obras se emplearía una buena cantidad de yeso.

Anotado quedó el gasto habido el 29 de noviembre “por haber trocado la Villa el cantaro (sic) de cobre y media quarta que tiene la Villa para su servicio por estar ambas piesas derruidas que no servian por otras dos nuevas”. El trato se hizo con un francés mientras se pesaban ambas, “y sin enbargo depedir el frances siete libras quedô ajustado dcho trueje (trueque) con cinco libras quinse sueldos”. Nada se dice de cuánto duró el regateo por conseguir aquella rebaja, y tampoco sabemos a qué tipo de vasija se refiere la nota. Tampoco para qué servía).
“Para el servicio de la Villa hizo Sebastián Selles (sic) unas balanzas de esparto, y Salvi Viñes dos brazos de pesas pequeños y uno grande ademas de componer la puerta del “Portalet”, aportar clavos y también madera usada. Para las mismas puertas, Visente Zaragoza dio clavos para rematar la compostura. En diciembre prosiguen los trabajos en el la Sala, según las notas que nos salen al encuentro. El maestro albañil Juan Vinaches siguió en ello a principio del año siguiente, 1759, ayudado de un oficial y reparando con piedras del castillo viejo una pared de la Sala. (La expresión “castillo viejo” puede suponer que hay otro que no lo es. Quizá se quería decir el “viejo o antiguo castillo”). Hubo un gasto de diez dineros para aceite con que se alumbraban los albañiles en aquellas lóbregas estancias. Al mismo tiempo bajaba de Alcoy un mensajero “con ordn. De rogativas por la salud de ntrô Monarca (Dios guarde)”, y se pagaban ocho sueldos por una libra de pólvora para las rondas que se practicaban de día y de noche. Juan Soler y Vinaches también reconocieron el caño “de la fuente que pasa por la plaza del olmo”, usando estopa por valor de un sueldo. Por componer “una trencada al barranquet de la negra en el Camino Real”, Visente Soriano recibió seis sueldos. Del apartado de las bulas, y calificado de inmenso el hecho de recaudar el valor de 1,056, se pagaron tres libras. De las 76 pagadas al alcalde, regidores, síndico y clavario, 40 correspondían a éste, pues era grande la cuantía de su trabajo a lo largo de todo un año. La limosna que diera el regidor de pobres “vergonzantes enfermos de la Parroquia”, una libra. Un mes más tarde, del “baluarte del Portalet” se extraían más piedras para proseguir con las obras del edificio del Ayuntamiento… “que se estava cayendo”, y arruinado estaba el lienzo de la muralla en el propio Portalet.

J.Payá Nicolau, Cronista Oficial
de LA VILA JOIOSA

LA CLAVERÍA DEL AÑO 1718

Una clavería, la de 1718

Para conseguir una demora en el pago de contribuciones, el ayuntamiento de Villajoyosa tuvo sesión el 22 de junio de 1718. El alcalde ordinario, don Anthonio Linares, explicaba a sus regidores cómo iban ciertos asuntos a los que había que buscar pronta solución. Se sabía que en Valencia daban buenos resultados los pasos seguidos por los apoderados de La Vila en el pleito que se seguía por los terrenos de la Cala. Por esto y por algunos temas de menor entidad, “deve esta Villa estar por aora asegurada d no tener pesadumbre alguno, pero segun la respuesta que Dn. Phelipe tous atenido dl Secretario del Marques d Mirasol de Valencia —explicaba el alcalde— no ay esperanza alguna con la espera (o demora) dla contribucion corriente hasta el mes de Setiemebre proximo venidero”. Era ésta una petición llevada a cabo en aquella capital, y que se refería al pago de la “tersia segunda d dcha contribucion “. No había más remedio que acudir al vecindario vilero para reunir el dinero que se adeudaba. Mas, estando ya a mitad del año, aún no se tenía clavario que recaudara…, no pudiéndose pagar deudas municipales con lo que quedaba por cobrar a la población. Para este cargo se eligió a Jayme Buforn de Juan…”para que en nombre d esta Villa pueda cobrar, y cobre dlos vezinos y terratinentes d ella, y forasteros d qualquier estado y condicion que sean todas y qualesquiera cantidades, que por qualquiera via, forma, y manera, fuesen deudores â dcha. Villa, y dcho. Clavario las tuviese a su cargo, y para sus Cobranzas pueda hazer quales quiera dilixencias por Justicia portandose con toda equidad, y fedelidad con los vezinos solesitandoles muchas vezes para sus cobranzas, antes de apremiarles con gastos para lo qual selea (se le ha) d otorgar poder bastante”.
Elegido el clavario, y presentadas éste las fianzas para serlo, el Cabildo ordenaría al escribano municipal que “Incontinenti se haga (…) el libro Intitulado el Cornet,CORNET como y en la forma que todos los años sea costumbra, mudando las peytas (impuestos variables por cambios en la propiedad) que los vezinos tuviesen que mudar, por termino d ocho dias (…) en cuyo libro constaran todas las deudas que â esta Villa deven contribuyr sus vezinos y terratinentes, y los demas que se le dieren en cargo, y concluydo dcho. libro se le entregue al dcho. Jayme Buforn (…) para que saque copia  del (de él) para poder cobrar lo que se le diere en cargo, y dlo prosedido pague, y gaste segun sele Mandare por los dchos. Sres. Alcaldes y Regidores, y la notificacion que se le hiziere se ponga â continuacion d este Ayuntamiento para que conste siempre que conbenga”.

Ni que decir tiene con qué insistencia y rigor tendría que moverse este hombre, intramuros y fuera, en arrabales incipientes y descampados remotos del municipio para cumplir con sus cobros. Sobre todo porque, siendo ya época de cosechar las gramíneas, y pronto las algarrobas y almendras, muchas familias andarian por los campos agrícolas y terrenos situados en las leves anfractuosidades del piedemonte, o en la huerta. Localizar a estos contribuyentes, y a los que eran pescadores,PESCAno era fácil…, porque, además, y como había ordenado el Cabildo, primeramente se avisaría de que se avecinaba el cobro…y después se intentaría hacerlo efectivo. Sendas y caminos, trochas y ramblas serían buena parte del trayecto a seguir, a lomos del mulo, por el clavario y ayudantes suyos para recaudar las peitas, por ejemplo, o escuchar un pretexto razonable para no pagarlas. Los abundantes testimonios de pobreza insuperable quedaban luego reflejados en los libros del ayuntamiento, que  más adelante vería el modo de percibir aquellos impuestos. Debido a los esfuerzos del clavario mirando y remirando los listados del vecindario, no es extraño que nos haya llegado sus libros en lamentable estado, recurrentemente manoseados…en busca de una esperanza.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de Villajoyosa (13 julio 2017)

El alcalde tranquilo y los moros

ILLA
El alcalde tranquilo y los moros

Pedro Juan Mayor y Simón Vaello comparecieron el 9 de agosto de 1747 ante el notario Miguel Lorca y a ruegos de don Phelipe Thous, que era el Requisidor de la costa marítima del distrito de Villajoyosa. Pedro Juan era regidor segundo del ayuntamiento de la Vila y Vaello, arrendador de los derechos de Baylía y terzio diezmo (…). Dos personas destacadas en el vecindario vilero, desde luego. Además, el regidor era capitán de una Compañía de hombres apostada en nuestra villa…
Declararon ante el notario ese día porque poco después sus ocupaciones, quizá oficiales, les alejarían de Villajoyosa unas cuantas jornadas. ¿Y de qué trataba el documento que suscitaron ante aquel notario? Ambos declararon que “por la tarde del dia veinte y tres de mayo —y ya era agosto—, terzer dia de Pasqua deste presente año, con la voz que corriô en este comun de haver pasado por las Costas desta Playa, un londro Catalan, cargado de Soldadesca de Nuestro Monarca para la ciudad de Barcelona, salieron /aquí, palabra ilegible/ y estando sentados ala puerta y parte de afuera dela casa de Antonio Saragoza, Juntamente con Don Juan Morales Alcalde ordinario y francisco (sic) Vaello Escrivano, vieron que dicho Londro pasô por la parte de tierra dela Isla de Benidorm asu entender —decían— por recelo de dos Bastimentos ‘navios’ que havia en dicha Isla, y hazian mal marinaje por estar en ella encorados y considerando entre los que alli havia (los que estaban a la puerta de la casa citada) si serian los tales Bastimentos de Moros ô Contrabandistas, llego a dicho sitio el antedicho Don Phelipe Thous que havia acabado de venir con su caballo de la torre de Aguilo que està inmediata y frontera ala citada Isla, ê hizo instancia (sugirió) al nominado Don Juan Morales como tal Alcalde que por lo que pudiera suceder, sin embargo de no haver hecho menzion los bastimentos, se rezelaba de ellos de algun insulto malo (insulto es aquí ataque), por no ser bueno su marinaje (o manera de navegar y maniobrar) y assi nezecitarse de seis, u ocho hombres por Compañia delas de Melicia que havia en esta Villa que diera orden dicho Alcalde para que al anocheser estubieran listos para lo que se pudiera ofreser (o suceder), en vista de lo qual, el relatante (Juan) Mayor, sin embargo de que dicho Alcalde Morales no le previno sobre dicha Instancia /aquí, palabra ilegible/ , diô orden azu Sargento Pedro Nogueroles, para que sin la menor detenzion apromptara a la orden de Don Phelipe, los seis, u ocho soldados desu Compañia, que cumplio y efectuô ala ora señalada, pero no lo hizo en forma alguna el referido Alcalde”. (¡Quán extraña aquella indiferencia en el primer regidor!).
Como consecuencia de tan pasiva actitud en el alcalde, quizá de nervios de acero, quizá pigre o vago, “al otro dia se quejava agriamente el dicho Don Phelipe del citado  “por ser muy culpado en la desgrasia que aconteció de unos Canarios (ciertos barcos) de tres palos y vela latina) en el grao de Valencia cautivados por dichos Bastimentos dela Isla que quisa ubiera remediado sile ubiera mandado dar los hombres que le havia pedido, todo lo qual expresaron ambos Mayor y Vaello; y el primero refiriô, que “en otra ocasion que se le previno, y requiriô al que relata, por el mismo D. Phelipe como Comandante delas Compañias de Melizias desta Villa, se alistaran las armas y gentes para contener qualquier desembarco, que se intentara por seis fragatas que se encaminavan assi a estas Playas entregandole la llave de la puerta de dichas armas, y que acudiera el antedicho Alcalde que tenia la otra llave de la misma puerta (…), se passô a la Casa del mismo Alcalde que todavia por ser de mañana estava en cama, y dandole notizia de todo respondio, que se esperase”. Luego, y mientras estaba el enviado a las puertas de la Sala, llegó otro recado urgente con el mismo asunto, y además vino el ministro pregonero Joseph Fita con lo mismo, y al cual trató el alcalde con malas palabras…De aquella manera, la crispación estaba asegurada y había que recordar al dicho alcalde las órdenes del Duque de Caylus en relación a la defensa de nuestro litoral. Firmado aquel documento de denuncia ante la flagrante negligencia del primer edil, parecía que el escribano, Lorca, quería dejar bien sentado que él cumplía con su cometido de fedatario, buscando se entedieran aquellos hombres en su conflictivo enfrentamiento…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila (julio, 12, 2017)

Volver arriba Ir abajo

IMPUESTOS DE GUERRA

Mensaje1711: impuestos de guerra

AUSTRACISTASEstamos en diciembre de 1711, en plena Guerra de Sucesión, que terminaría en septiembre de 1714 con la caída de Cardona y la ciudad de Barcelona. Villajoyosa recibe una orden de “Don Francisco Caetano de Aragon (sic), Theniente General de los Reales Exercitos de su Magestad, Primer Theniente de las Reales Guardias de Corps en la Compañia Italiana, y Comandante de los Reynos de Valencia, y Murcia, y de las Fronteras de Castilla, y Cataluña”, según reza la ortografía del documento al que hacemos referencia, y cuyo contenido es recabar medios pecuniarios con que poder mantener las tropas en sus cuarteles de invierno. Las ciudades y villas del reino estaban ocupadas por contingentes de soldados, que, además de controlar al enemigo austracista, combatían el bandolerismo y, en muchos casos, tenían que estar presentes para que los tributos fueran pagados. El régimen fiscal de la Nueva Planta pretendía igualar las contribuciones de Aragón, Cataluña y Valencia a las de Castilla, y esto no se producía sin obstáculos: la práctica burocrática borbónica tardaría años en imponerse de forma digamos definitiva. (Una obra de Enrique Giménez López, “Gobernar con una misma ley” —Universidad de Aliante, 1999— desarrolla intensamente esta temática, cuyo subtítulo es “Sobre la Nueva Planta Borbónica en Valencia”. En tan exhaustivo texto se advierte el grado militarista de los gobernadores asignados a las ciudades y cómo había un amplio sector de intelectuales que pretendían que esa autoridad estuviera en msnos de hombres de letras…).

SOLDADOS
La orden más arriba aludida proporciona datos sobre el número de vecinos de Villajoyosa a principios del siglo XVIII, qué cantidades se tributaban, con qué frecuencia y qué agentes se encargaban de entregar lo tributado, unas veces en la capital, Alicante, y otras en Alcoy, que a su gobernación pertenecía nuestra villa en alguna ocasión. La orden dispone que, para pagar a las tropas, y para que no haya desorden alguno, “paguen igualmente todos los vecinos del presente Reyno, y que dicho dinero estre en Tesoreria. (…) Y aviendo hecho el computo , toca à cada vezino quince reales de moneda Valenciana al mes : y siendo en el lugar de Billajoiossa trezientos y beinte vezinos, importa al mes quatro zientas libras. Lo qual ordenamos, y mandamos à los Alcaldes y Regidores de dicho Lugar, que dentro de seis dias de estregada la presente orden, depositen el importe de dicha cantidad”. La entrega debía hacerse en Alicante, que allí radicaba el tesorero. “Y dicha cantidad —proseguía la orden— se ha de pagar cada quince dias hasta segunda orden; y no serà (acento, nuestrp) ninguno exempto de pagar, excepto los Estanqueros del Tabaco.. Y de no executar la presente orden, se embiarà en continente Tropas à aquartelar en dicho Lugar. Por convenir asi al Real servicio. Dado en la Ciudad de Valencia, a 27 de octubre de 1709. Francisco Caetano y Aragon”.
A título de curiosidad, veamos quién efectúa algunas de las entregas en aquellos años de guerra. Lo hace en una ocasión el Regimiento de Flandes, y también los de Infantería de Lisboa y de Luxemburgo, así como el Regimiento de Caballeros de Uribe, el de Infantería de Milán y el Batallón de Inválidos de San Felipe. (San Felipe fue el nombre que se le dio a Xàtiva por haber seguido la causa del Archiduque, oponiéndose a Felipe V). Otras veces es un vecino de Villajoyosa, Gaspar Linares (sic), síndico de la villa, o Andres Maior, y también el Ayudante Maior de la  Primera Compañía de Guardias de Corps…. Algunos recibos del tributo nombran a Joseph Monllor y a Gerónimo Nogueroles de Vicente, o a Joseph Buforn, síndico. Y comparecen en las órdenes los deseos regios de que los repartos del impuesto se hagan con ecuanimidad…”por que no se levante el villano contra la autoridad y haya revueltas…”

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila (8 julio 2017)