PLAZA DEL OLMO, TORIL Y “JUETES” (1724)

PÇOM

Crónica nº. 187. Plaza del Olmo, toril y “juetes” (1724)

El mes de julio del año 1724 comenzaría, creemos, con la ilusión del vecindario puesta en las fiestas a Santa Marta. El día 2 partía “un propio” de Villajoyosa (una persona al servicio del ayuntamiento vilero), Miguel Saragosa, con orden de “poner una carta en el Correo (…) para el Sr. Principe de Campoflorido que hera del Real Servicio”. Para eso del correo había que llegarse a Alicante, pues no había estafeta en Villajoyosa. Al día siguiente bajaba un veredero de Alcoy con la orden de que el vecindario vilero declarara ante el Justicia local si tenía armas en su poder. Poco después subiría a Alcoy Joseph Ferrandis con las declaraciones pedidas. Mientras se desarrollaban estos asuntos administrativos, el maestro albañil Juan Galiana ocupaba medio día de su actividad en “tapar las puertas dlas Cassas que estan Yermas” o abandonadas y sin función, y que carecían de puertas. Lo asistían Vicente Miralles y Pedro Soler, mientras que el socorrido mozo del clavario acarreaba piedra y tierra con su animal de carga. A seis sueldos salía el cahíz de yeso que esos días se adquirió “para la obra del paso (?) del Castillo”, que podemos imaginarnos ya bastante arruinado. De la puerta de la cárcel, además, se retiraban esos días cargas de tierra, una materia que se desprendía en aquel punto, que quizá no fuera tan llano como entonces se podría desear.

Cuatro días antes de la festividad de San Jaime todavía se estaba acumulando madera para cerrar la Plaza del Olmo y componer el toril. Esa madera la habían trasladado hasta allí Miguel Loret, apodado Plaseta, Bartholome Saragosa (Riquet), Andres Buforn y Pedro Soler (la Monja). En esos preparativos trabajaron asimismo Pedro Bordera, Cayetano Ferrandis, Estevan Ximenes y otros vecinos. (El tremendo regocijo que se esperaba alcanzar con el correr de vacas y toros quizá daba energía a esos peones, que percibieron, además, cuatro sueldos cada uno por su trabajo… El día 21 se produjo otro gasto para el mismo menester, pues se le compraron a Miguel Camps unas cuerdas maromas “para el dchº. toril y por asistir dchº. Camps a componer [lo]”. Poco después se compró más cuerda, esta vez de esparto. Había que asegurar bien que el toro no se desmandara y echara a perder el festejo.

(Después de aquellas fiestas, y teniéndose que devolver los maderos a la “botiga de Cayetano Aragones”, de ello se encargarían Blas Saragossa y Miguel Lopes. A éste le compró la villa “una querda treseta (…) para abrir y cerrar las puertas dl toril”. Hubo unos cuantos vecinos más que se ocuparon en devolver a Aragonés aquellas maderas, pero algunas no llegarían a su destino…).

En aquellos números del clavario consta la manutención de los pastores que vinieron con los animales. Unos y otros comieron y bebieron durante tres jornadas. Se había comprado un toro, pero hubo vacas y toros adicionales en alquiler, seis y cuatro respectivamente, así que la cuenta ascendió a 50 libras. El tamborilero y el músico, ¡que vinieron de Elche!, salieron por 11 libras, sin sumar el precio de su comida… No traemos aquí el gasto, por pequeño, de las cañas para “componer los juetes” (cohetes) y sí lo que cobraron por hacerlos el llamado Guillermo Quadrench, Jayme Gregorio Saragosa y el herrador Juan Saragosa, que fueron cuatro libras. No se puso en la cuenta el hilo usado en esos cohetes, materia que el clavario no anotó, al parecer…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DÍAS DE MOLTURA EN EL “MOLINO DE LA LLOBETA” (1710)

MOLLOBETA

Días de moltura en el molino de la “Llobeta” (1710)

No son muchas las curiosidades que puede contener un baldufario o libro-registro de documentos públicos de un notario de hace siglos. La naturaleza de estos compendios de notas auxiliares suele variar poco: escrituras de venta, de alquiler, contratos matrimoniales, testamentos…Pero si el asunto de que trata lleva fecha de 1710, por ejemplo, y es relativo a moradores de Villajoyosa, de sus cognombres o apellidos familiares (aunque no se usara el de la madre), ya cobra un cierto brillo ante nuestros ojos, motivándolos para seguir con el discurrir, aunque sea reiterativo, del documento elegido.
El baldufario del escribano público Francisco Vaello, cuyo formato es el de folio, y cuenta con 210, nos pone ante una sugerente situación contractual que versa sobre el popular “molí de la Llobeta”, aquel cuyos restos áun perduran bajo el puente de la carretera de Alicante a Valencia. Desde este punto sobre el Amadorio podemos ver la balsa que recogía las aguas, fuerza motriz para moler los áridos panificables de siempre. Una vez efectuada su labor, las aguas seguían hacia el riego de “Les Puntes del Moro”, a dos pasos del mar, como quien dice…
En ese año de 1710, el inicio de un documento rezaba así: “Sepan quantos esta publica escritura d venta vieren y leyeren como Francisco Juan Lorca scrivano dla presente Villa de la Villajoyosa vecino y morador de su buen grado, y sierta ciencia, y en la mejor forma, y manera que Puede y Debe y de Drecho á lugar, otorga y reconoce que vende Por titulo de venta, á carta de Gracia, Libra, Cede, y trasporta, á Caetano Aragones (…) un día de Molino Arinero, que son veinte, y quatro oras, llamado, el Molino de la Llobeta, que empieza el día que dcho. Vendedor Entrará (acento, nuestro), en su Molino Día, de domingo, lo aya de Dar Martes alas quatro, oras de la Tarde, hasta el miércoles, a dcha ora delas quatro oras, dela tarde, y el Día que entrara Miércoles, lo aya de Dar, Miercoles, a las quatro oras, de la Tarde hasta el Lunes, a las quatro de la Tarde hasta el Jueves, a las quatro de la tarde, que Alinda [el molino] por una Parte con tierra de los herederos, del Ya Difunto Gregorio Buforn por otra con tierras de Thomas Ots, y por otra con el Río, de dcha. Villa”.(Al aludir a “su buen grado y sierta ciencia”, etc., se quería decir que el firmante sabía lo que se hacía, aclaramos. Era expresión que aparecía en los contratos).
Bueno. No vamos a seguir con tan intrincado relato, plagado de comas innecesarias, de mayúsculas indebidas por doquier y demás “amenidades ortográficas”…para, finalmente, sólo saber la distribución horaria en que girarían las ruedas del ingenio hidráulico para Aragonés, cosa que aquella sintaxis no nos deja muy clara, aunque el lector sacará sus conclusiones de semejante embrollo. (“El que la lleva la entiende” dice un refrán, pero a nosotros, inmersos entre la frondosidad de plazos y variantes de uso y alquiler, se nos va el santo al cielo. Por tanto, se queda el cronista con las ganas de que el lector lea el texto completo, pero es que resulta repetitivo y farragoso. Aquello de que “la paraula és l´home”, si funcionaba tanto como la imaginación popular ha propalado en añoranza de tiempos pasados, dejaba a un lado el embrollo del lenguaje al uso en las relaciones contractuales ante notario, una persona que no siempre ―y sin mala intención, se supone― dejaba claras las cosas. Accedemos, pues, a la relación de los testimonios que concurrieron en la consumación del contrato aquel del 25 de marzo del año precitado, 1710. Leemos que aquello tan enmarañado se firmó “Siendo Presentes Por testigos Blas Julian Estudiante, Jerónimo Ots, Labrador, y francisco Delfí Menistro dedchª. Villa respective habitadores. Y dcho. Otorgante Dio facultad, para Poder Sacar uno o mas traslados (copias del documento) y entregarlos a quien Necesario fuere= Francisco Juan Lorca Otrogante estoy pagado de las setenta libras de dia de molino Cayetano Aragones Paso ante mi franscisco Vaello menor (de días). Vale”. Las sesenta libras eran el precio estipulado para usar unas cuantas horas el “Molí de la Llobeta”. (Dicho sea de paso, en ese antiguo molino vivió Jacinto Lloret Orozco con sus padres, hermanos y hermana. Su padre, expertto agricultor, cultivó los terrenos de la finca y obtuvo buenos rendimientos en hortalizas y verduras…Otras familias vileras ocuparon luego tan entrañable lugar…)

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LAS FIESTAS PATRONALES DE 1723

SMARTA

Crónica nº. 181. Las fiestas patronales de 1723

El año 1722 y los primeros meses de 1723 fueron fechas muy propicias en lluvias, si creemos el testimonio del alcalde ordinario de aquellas fechas. En la sesión plenaria del 29 de julio de 1723 propuso éste al resto del Cabildo “que por quanto en este Corriente año (…) a sido servido por Su Infinita Misericordia concedernos repetidas lluvias, y Abundancia de agua assi en Benefisio dela Salud Publica, como en Benefisio dlos Panisos, y demas frutos, y le parece mui conveniente, el que se haga alguna de mostracion en festejar anª (nuestra) Gran Patrona la Srª. Santa Martha con una fiesta mui proporsionada (relevante) que enbista (en vista) dlos Benefisios que emos resebido dla afliccion que esta Villa se hallava estos años pasados de falta dAgua de desir Sino sehaze Fiesta con toda solennidad, sobre cuio asupto (asunto) se deve deliberar lo mas conbeniente”.

Ante argumentos tan razonables, no hubo disensión alguna, y se pasó a continuación a planificar en qué consistiría la celebración de aquellas fiestas. Todos opinaron que “Sehaga la fiesta (…) en su dia y octavas traiendo musico, y untoro, pª. que los vezinos se diviertan y que semate el Buei, vispera de Santa Martha, Y por la mañana, y que elixan dos otres predicadores, Uno para la festividad, de Nuestra Patrona, y los demas pª. los dias Sigtes. (siguientes) Mandando traer nieve âunque Sepierda Alguna cossa (parte de ella y por el calor reinante, debemos suponer) por qº. (cuanto) acudiran diferentes forasteros, y Ser el tiempo mas caloroso pª. refrescar, y gozar de este Benefisio y mui conbeniente pª. la salud, Publcª. tirando âlgunos truenos, y comprando la polvora que fuese menester como hazer panes Bendesidos pª. dchª. festividad, y dansas, que tal vez sera lomas acierto que por la Intersecion dNtrª. Gran Patrona (…) aia logrado, y logre este Villa y Sus Vznºs., el Benefisio delas Lluvias y otros àumentos (otras gracias) loque determinaron dchºs. Sres −terminaba redactando el escribano Vaello− del comun consentimiento”. (La gramática de aquel escribano, y con todos nuestros respectos hacia él, nos da la impresión a veces de que es la propia de un adolescente de la época, tal es cómo cuenta lo que transcurre ante sus sentidos… sin olvidarnos, por supuesto, de que “escribía” en obligado castellano quien se relacionaba a diario en valenciano o catalán).

El 1º de julio, dos días después de escrito el relato municipal, decía el alcalde a Semion Buforn, Vicente Galiana y Gaspar Mayor, sus regidores, que el Excmº. Sr. Príncipe de Campo Florido había ordenado que cesasen patrullas y guardas de las barracas situadas en la costa, o en la Marina. Opinaba la alcaldía que, no obstante aquella orden del Capitán General de los Ejércitos del Reino de Valencia, debían disponer y establecerse “Guardas Camperas en los Paraxes acostumbrados, como son Rio Torres, Parahis (sic), y a la puerta prinsipal” de Villajoyosa. ¿Para qué o con qué idea? Pues “pª. (para) el resguardo dlos Moros, y dmás Cosarios (por corsarios)”. La propuesta del primer edil se aceptó, por lo que no se bajaría la guardia. Y resulta ciertamente curioso que, unos días antes de los festejos a Santa Marta aún se temieran los ataques a la villa por parte de moros y turcos. Curioso fue también que el día de la Patrona hubiera sesión del Ayuntamiento. Ésta fue larga y en ella se trató una propuesta de Ilarion Ivañes a la subasta para el arrendamiento del impuesto de la sisa (aún regía esta tasa local), cuyo trance y remate también se hizo ese día. (Puede que en el curso de aquella sesión municipal se escucharan los truenos festivos programados, o la intervención del músico que amenizaba los festejos… Lo del simulacro de moros luchando contra los cristianos creemos que se llevó a cabo, y posiblemente por vez primera, 29 años más tarde… Y es que se nos apareció con un documento, bien que inesperado, que dice que se celebraron “moros y cristianos” no en 1753, sino un año antes, en julio de 1752).

NOTA: Aquel “impuesto”, el de la sisa entendemos que suponía quitar una parte de lo vendido -carne, fruta, pescado, etc.- del peso que el comprador o compradora recibían…y no sólo el pequeño hurto que practicaban algunas criadas al sacar cuentas ante la señora que le encargaba las compras…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DE LA HIERBA PARA PAGAR (1710)

CAB

Crónica nº.58. De la hierba para pagar (1710)

En febrero de 1710 no hubo más remedio que recurrir en Villajoyosa a los más socorridos ingresos monetarios para mitigar la más grave presión de impuestos del momento. En la reunión capitular del 23 de ese mes dijo el alcalde que “la villa estaba muy atrasada con la obligación dlas pagas de quarteles por ocasión [debido a] que los vesinos no pueden pagar lo que seles atocado por estar imposibilitados, como atodos es bien notorio. Y siendo esta paga −seguía redactando el escribano− tan precisa resela [Caetano Aragones] no le venga aesta Villa una execucion Militar d donde se le an de seguir grandes gastos que será (acento, nuestro) aniquilarla, y es preciso se discurra forma por dond. sepueda sacar alguna porcion d dinero para acudir a esta paga, haora sea, arrendando las carnes, ô, vendiendo la hierba dl bovalar”, que no era otra cosa que el boalar o prado donde pastaba el ganado del común. Otra salida podría ser, a juicio del primer edil, que diera [el ayuntamiento] una bestreta o dinero en adelanto quien tomase “alguna de las dos regalías mediante cantidad competente para el desempeño d esta Villa, y si por estos caminos no se encontrare algun remedio, se podra buscar quien merque alguna por sion d almendra dlos vesinos (…) entregandola al verano al tiempo dla cosecha, o se busque el remedio por el camino que mas convenga”. (Estando casi a finales de febrero, y con el fruto casi insinuado en los espesos almendrales vileros, ya se podría especular con ese “futuro de almendra”, como se dice en Economía. La seguridad de una cosecha respetable, a recoger después de la festividad de Santa Marta, permitiría ofrecer al tratante entendido aquel logro anual. En la mente de muchos agricultores de La Vila persiste la imagen poderosa de aquellos sacos colmados de almendra y recostados contra los robustos troncos de los copudos almendros, árboles como los que hoy en día, y residuo de portentosas arboledas de cosecha, aún podemos observar, residuales, en terrenos que en el Pla corta la carretera general, así como en centenares de campos de las estribaciones montuosas, que allá ribeteaban colinas, altozanos y cuestos en tierras que fueron de cultivo entre el monte bajo…).

Si se vendía la hierba del boalar, había que señalar otros terrenos para los ganados “que se mataren en la carneseria d esta Villa”, pensaron en el Ayuntamiento, y que se sugería fuera “un pedasso d tierra [ilegible] de los llanos ala otra Parte del Rio camino d Alicante”, que era como decir, probablemente, en la partida de els Plans. Se hiciera una u otra cosa para recabar ingresos, los miembros del Cabildo aceptaron lo propuesto por el alcalde, corriendo pregón de la venta de la hierba y del arrendamiento de la carne. Días después ya se sabía la oferta de “un sujeto que da quatro sientas libras dl presente Reyno bistretas [adelantos] á esta Villa, como se le haga venta dla Yerva dl boalar della, por tiempo de seis años”. Y también se supo que Andres Mayor, “apuesto postura alas carnes d ella”, siguiendo éste las cláusulas… que aquí no incluimos por su extensión. En cuanto se adelantara aquel dinero, en seguida sería enviado a su destino y con su custodia lógica. Pero pronto llegaría a Villajoyosa una orden del excmº. Sr. D. Francisco Caetano y Aragón, Teniente General de los Ejércitos de Su Majestad, y Comandante del Reino de Valencia, por la cual “â dado esta Villa forraje â dos compañias de cavallos con sus oficiales dl Regmtº. de Malaga, comandadas por Dn. Baltasar d Arrese Jiron, capitan…” Veremos después que “sean segado algunos campos d sevada â diferentes veznos. Desta Villa”, lo ual pondría en apreturas al Cabildo de La Vila, pues no a todos los vileros propietarios de aquel cereal les había tocado pechar con el pienso solicitado…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LORENZO VILA, MAESTRO CALAFATE DE 1743

KLFAT

Crónica nº. 301. Lorenzo Vila, maestro calafate de 1743

Una escritura notarial de 1743 de Isidro Miquel de La Vila la vemos rotulada así: “Esscrª. pª.enseñar Lorenso Vila áNicolas su hermnº.” Es un contrato mediante el cual Lorenso enseñaría el oficio de calafate a su hermano, que era menor de 25 años y mayor de 14. El compromiso ante el notario lo promovía el padre de ambos jóvenes, Lorenso Vila. Este hombre quería que Nicolas contara con la seguridad de un trabajo bien aprendido y en Villajoyosa muy apreciado: “Aprendiz de Calafate y haxa”, textualmente. El hijo mayor, maestro en aquel oficio, se comprometía a convertir en maestro a su hermano durante un aprendizaje que iba a durar cinco años, “que deveran empezar, â correr desde el dia de la fcha.de esta escritura (de 17 de agosto) en adelante hasta que este (esté) cumplido dchº. tiempo y dchº. Nicolas que tambien se halla presente aya de servir al dchº. su hermanº., subministrandole pr. (por) el mismo maestro los ultimos dos años, el comer, y bever diariamente, sin embargo de que le ofrece como le dé (acento, nuestro) gusto dchº. Nicolas el no apartarse de las obligaciones que le tocan (…), y darle Cassa, cama, y demas nessesario en los citados dos años Ultimos como al presente, sile obedece en todo, y ofrece tambien dchº. Lorenso enseñarle dchº.oficio, con todas las circunstancias, avisos, y documentos nessesarios, segun y como dchº.maestro lo sabe, sin reservarle ni encubrir al dchº. Nicolas cosa alguna, assi de practica como de obra haziendole exercitar al dchº.aprendiz por sus propias manos las maniobras, que respecten dchº. oficio de suerte que no ignore cosa alguna, de lo que se deve aprender, ni el dicho Maestro dexarsela de enseñar en conformidad de las reglas y preceptos del dchº. Oficio”.

(A pocas personas se les escapa la reverencia y sumisión que los aprendices de la época −y antes y después de entonces… hasta no hace muchos años− observaban respecto a los maestros de los gremios, y sobre todo porque quien recibía enseñanza muchas veces vivía en casa del maestro, cuya palabra y consejos eran ley, aunque no siempre los consejos y admoniciones tuvieran que ver solamente con el aprendizaje del oficio).

Siguiendo con el relato notarial, leemos: “… y si por culpa ó negligencia del referido maestro, cumplido el citado tiempo, no estuviera el dchº. Nicolas Vila aprendiz (…) impuesto bastantemente en el exercicio del nominado oficio para poder obrar en todos los casos y cosas de el (de él) se recupere la potestad para poderlo poner en otro maestro…” (A pesar de la dificultad que presenta el texto en esta parte, creemos leer que, ante un nuevo maestro, el menor viviría en casa de su padre “hasta que lo aya consumado (el aprendizaje)”. Lo mismo se observaría en caso de que el muchacho decidiera aprender “otro oficio de mayor utilidad”.

Los contratantes obligaron sus personas como garantía de lo firmado, así como “todos sus bienes avidos, y por aver”, jurando también que se someterían a las leyes en caso de no cumplir lo acordado. Un testigo del acto fue Francisco Ots, regidor, y otro lo fue Antonio Morales, ambos de La Vila. Seguramente el joven Nicolás terminaría engrosando el número de calafates con que contaba la villa históricamente, una dotación que había dado fama a Villajoyosa en otras partes ante los cualificados maestros de esa condición…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

¿FIESTAS A SANTA MARTA? (1720)

CAPELLA

Crónica nº. 163. ¿Fiestas a Santa Marta? (1720)

Iniciado el mes de julio de 1720, el Ayuntamiento de Villajoyosa trató un único asunto: las fiestas dedicadas a Santa Marta… Lo hizo a pesar de los duros trances por los que atravesaban aquellos nuestros antepasados en tan delicada época. No obstante esas adversidades, el primer regidor, Semion Buforn, manifestó “que todos los vecinos dlaVilla, estan con vivos deseos el que se le haga una fiesta proporcionada ala Patrona (…), en atencion a lo mucho que han sesado las epidemias que padesian todos los Veznos. y porque alargan el discurso diciendo que des de que no se le haze fiesta ala Señora Patrona (…) padese la Villa muchos trabaxos [reveses] y que á unque es verdad que el no haverse hecho esta fiesta conforme Sea estilado, lo han causado, y causan los exsesivos gastos que la Villa tiene d. contribuciones, aloxamtºs. [atención a tropas militares, etc.] y otros muchos en el Real Servicio (a lo que mandara el rey). Seguía el edil exponiendo el sentir popular, y manifestaba “que la Villa, con cinquenta libras mas ó menos no á de ser su ruina, y gastandose estas con festexar la Patrona, podra ser que por su Intersesion gane la Villa mucho mas”, y también que los vecinos se quejaban de que, con demasiada frecuencia, había restricciones para el culto divino.

Con todo esto por delante, alcalde y regidores tenían que decidirse… cuando faltaban unos veinte días. Acordaron que habría festejos, pues, al decir de los vecinos, supuesto que tenían que pagar por otras cosas, ¿por qué no emplear unas cuantas libras en esa celebración… que, además, era cosa muy parecida a una inversión, puesto que, según aquella mentalidad, aplacaba la ira del Cielo? Pues se acordó celebrar esas fiestas.

¿Y qué programa iba a desarrollarse? En la Sala se habló de captar buenos predicadores para el octavario, “que es lo prinsipal”, decían; y, naturalmente, el músico, como se acostumbraba, “con alguna disparicion (de “disparar”) d. algunos generos de coetes, hasiendole sus salvas con diferentes tiros, y para que la gente se alegre, se busque un toro para correrle por la Villa, y matarle, y assi mismo se practique con los estudiantes (¿cuántos habría en el vecindario y qué estudios seguirían?) para que dispongan algunas comedias (¿obritas de teatro?) (…), sirviendo todo en onra y gloria dla Santa, que tal vez por los gastos que se ofreseran no hallegaran á cinquenta libras, y tal vez por intersesion de tan buena Patrona se libre la Villa dalgunos aogos”… Se haría lo adecuado para adquirir pólvora y se buscarían personas para hacer los cohetes, aparte de comprar un toro “a donde se sacare con mas conbeniencia”, que era como decir más barato. Sin embargo de aquel ilusionante empeño, malas fiestas iban a tener los ediles, porque una semana después de aquella sesión capitular, llegaban dos apremios de la superioridad para el cobro de impuestos. Uno de ellos provenía de don Francisco Gomes, de Alicante, y otro del superintendente, desde Valencia. Por el primero, de no reunir el dinero en seis días, se procedería “contra los Alcaldes y Regidores, por pricion, embargo y venta d. bienes (contra los propios ediles) hasta su entera satisfacion”, además del pago de cada día a la persona que fuere a la cobranza, “de dies Reales moneda de este Reyno, y a seis soldados que le asistan un Real todos los dias a cada uno”. También estaba en Villajoyosa, y con las fiestas patronales a la vista, el comisario donAntonio Ramos con misión de cobrar impuestos de fortificaciones y reparo de cuarteles… ¿Y qué se hizo? Se viajó a Alicante y a Valencia, respectivamente, para pedir una espera o demora en torno a aquel cobro, dada la crónica imposibilidad de la Vila  de satisfacer aquellos débitos. El 17 de julio entraban en la villa un sargento y seis soldados para detener y poner en manos del corregidor de Alicante al alcalde Gerónimo Nogueroles y al regidor Pedro Juan Mayor… Estos vileros, y a pesar de sus cargos oficiales, estarían en prisión hasta que nuestra villa reuniera todo o parte del dinero del impuesto. Una semana después, los restantes ediles de Villajoyosa se planteaban si procedía festejar a Santa Marta o no, pero optaron por hacerlo por creer que ello podía suponer una intercesión de la patrona en la resolución de aquellos problemas fiscales…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

CALAFATES VILEROS PARA LAS GALERAS REALES

galerarealweb

Crónica nº. 226. Calafates vileros para las galeras reales (1729)


En diciembre de 1729 se supo en Villajoyosa que los calafates de ésta tenían que pasar “a la Ciudad de Cartagena a trabaxar en las Galeras de Su Magestad” 
Felipe V. La orden, reexpedida desde el Corregimiento de Alcoy, seguramente crearía cierto malestar en nuestra villa… aunque, por otra parte, pudo ser motivo de orgullo para su vecindario. Y era que se confirmaba con ella la valía de nuestros profesionales o “mestres d’aixa”, los cuales, y a lo largo de la Historia de España, ya habían sido requeridos por diferentes monarcas para la construcción de navíos. Un día después de aquella sorpresa subía a Alcoy Pedro linares (sic), Ventura, (¿apodo?) con una carta para el gobernador. En ella se le comunicaba que los calafates solicitados ya habían partido hacia su destino. (Para entonces se había firmado la paz entre Francia, Inglaterra y España, según una nota que hemos hallado sobre el veredero que fue a Alcoy a comunicar (?) ese hecho).


Era ya el mes de enero de 1730 cuando llegó la orden de que se sortearan veinte marineros de la Vila para la referida Armada. En el “Corned” de esos meses se registra un pago “a 
Pedro Vizente lloret (sic) por haver ido de orden dl Sr. Alcalde Jayme Linares â la Villa d Xabea afin d hazer aprencion dlos marineros d esta Villa en conpañia d Estacio Valenzuela y haverle dado â comer adthº. Valenzuela por tres dias que se ocupo, una libra y 16 sueldos”, datos que no dejamos pasar. (La redacción del asiento está ciertamente desorganizada, como verá el lector). También se le pagaría al tal Estacio. A Guardamar y Lugar Nuevo (¿Santa Pola?) fueron Valor Esquerdo y Juan Buforn “afin d prender los marineros que se hallavan en dchºs. paraxes para [incluirlos en] dchº. Sorteo”. Sin duda, el hecho de sortear a los mozos creaba a la administración local muchos problemas, aunque siempre se podían superar…


El 26 de marzo ya estaban retenidos y encarcelados los marineros a quintar, y así se comunicaba al Corregidor. A mitad de abril aparece una anotación que dice: “d gasto que hizieron los veinte marineros sorteados desta Villa, y tres desertores por el socorro que esta Villa les subministro en el tiempo que han estado dtenidos en la Carzel incluyendo dos libras y ocho sueldos que les dio [La Vila] el dia dla partida para la Ciudad d Alicante”. La comida de aquel contingente corrió a cargo de Villajoyosa hasta que de sus componentes “se hizo entrego d ellos al Sr. Comisario d Marina”. Quien lo hizo oficialmente fue Dn. 
Phelipe Tous, síndico de Villajoyosa, que se ocupó cuatro días en semejantes diligencias. (En eso se gastaron tres libras y cuatro sueldos).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila 

“LA FORADÀ I L`ABEURADOR”

ABREVADOR

Crónica nº. 174. “La Foradà i l’Abeurador” (1722)

Es posible que, dirigiéndose al salón del Concejo o Sala Capitular de Villajoyosa, Caetano Aragones y Vicente Sorianose toparan con Jacinto Soler, que aquel 10 de abril iría en la misma dirección y a lo mismo. O que el encuentro fuera entre los primeros y Vicente Galiana, mientras otros prohombres de La Vila, Juan Linares, Joseph Urios y Basilio Peres, ya estuvieran en el Ayuntamiento con Gerónimo Loret y Jayme Aragones.

Aquel día, y según el alcalde, el alguacil había ido de casa en casa para recabar la presencia de hombres de criterio que refrendasen una decisión consistorial relativa al riego y a las acequias, y ya estudiados unos gastos no corrientes por obras y expropiaciones de tierra agrícola…
Ante todas aquellas personas, vileros de pro, el alcalde comenzó diciendo: “Es bien notorio que en el pedasso de asequia que ay desde la heredad de los herederos de Jayme Isquierdo hasta la oradada (“La Foradà”), se pierde alguna porsion de agua por la sircunstancia de tener la buelta que tiene dchª. asequia, y salir la agua muy penosa a la oradada, lo que parese muy mal en una asequia mayor, y los vezinos lo sienten por las muchas paradas que tiene dchº. pedasso de asequia en dchª. buelta, las quales nunca se pueden tapar bien por no tener la agua buena salida a la oradada, y diferentes Vznos. le han Informado [al alcalde] el que seria muy conveniente (…) se mudase dchº. pedasso (…) tomandola de la parte de arriba (…) en Drechura hasta la heredad de los herederos de Jayme Isquierdo, o, de la Vda. de Lorenso Buforn”. Lo que decía a continuación eran sugerencias de los regantes vileros, y que, de seguirse, evitaría pérdidas importantes de agua al Riego de Abajo, y tampoco habría que ocuparse mucho tiempo en controlar paradas y derrames. La actuación propuesta llevaría la acequia problemática a la Acequia Mayor tras suprimirse la curva o recodo referido y a través de tierras de Caetano Aragones. Estas obras correrían a cuenta de La Vila. También se le había dicho al alcalde que “la asequia del albeuradoret (bebedero de los animales) hasta el algarrobo de Basilio Peres es muy estrecha y que no puede pasar por ella dos paradas de agua”.

Oído lo expuesto, los oficiales dieron su visto bueno a las obras requeridas para mejorar aquella acequia, y, respecto al tramo del “Albeuradoret” hasta el citado algarrobo, que se tomara de uno y otro lado de la misma la tierra la necesaria para suprimir la estrechura. Los propietarios de dicho terreno recibirían su compensación en moneda.

Los prohombres convocados estuvieron todos de acuerdo en las medidas a tomar, pues no era de recibo seguir sufriendo aquellas contrariedades, fruto necesariamente de una negligencia casi estúpida por continuada. (Por lo ya visto, actuar de oficio no solía ser la norma del Cabildo vilero… porque, si había un Alcalde de Huerta y Campo, o de la Hermandad, su función estaba muy definida. Por cierto, ese cargo recaería meses más tarde en la persona de Francisco Soriano de Pedro, que lo desempañaría “segun su leal saber y entender, dexando aparte toda amistad, parentesco, hodio, rencor y otra qualquier causa”, guardando fueros, usos y buenas costumbres, según leyes de Castilla, etc., etc. Lo juró así en marzo de 1722 “ante los Santos Evangelios, por Jesucristo y su santa madre, la Virgen Maria”.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

MAESTROS DE ESCUELA SOLIDARIOS (1910)

MAESTROS

Crónica nº. 470. Maestros de escuela solidarios (1910) 
Llegados al mes de febrero de 1910, la exasperante inoperancia de los gobiernos de España y locales seguían sin solucionar las crónicas sequías que afectaban al campo vilero. En Villajoyosa la recurrente y casi ridícula situación del tema mostraba en ese mes su virulencia más gráfica, casi creando estupor: la clase trabajadora tenía que emigrar porque en la rica y soleada tierra de labor vilera no había indicios razonables de cosechas. La pertinacia de la sequía incluso había terminado con el agua de los caños en las agónicas fuentes urbanas. ¿Qué podía hacer el Ayuntamiento? En la sesión del 8 de febrero, y con origen en una moción de su alcalde, se acordó pedir ayuda a los poderes públicos con el fin de que “acudiesen á remediar en lo posible tan triste situación, destinando una cantidad [de dinero] cn aplicación á obras públicas (…) y se interese el mismo sentido al diputado a Cortes de este distrito y personas influyentes a fin de conseguir lo que en parte sería un lenitivo, cierto remedio de emergencia, á la desgraciada situación por que atraviesa esta población”. Aquello era la acreditada melopea de la angustia…

Así las cosas, llega el mes de julio y el secretario del Ayuntamiento lee un escrito dirigido a la alcaldía y que suscriben los maestros de las escuelas públicas de Villajoyosa. Decían éstos estar convencidos del gran interés que siempre había demostrado el señor alcalde por los maestros y que, dándose cuenta ellos del penoso momento por el que atravesaba La Vila, deseaban dar una prueba de amor cívico “aligerando algún tanto las cargas de este municipio”. Por ello manifestaban estar conformes con cobrar sólo el semestre de retribución que ya había vencido, “dejando á favor del Ayuntamiento el importe del segundo semestre del año actual”. Decían igualmente que “en caso de no pasar á cargo del Estado el pago de las retribuciones de los pueblos cuyos ayuntamientos las tienen concertadas con sus respectivos maestros en el próximo presupuesto del Estado, se comprometen á rescindir el contrato de retribuciones si el Ayuntamiento lo acepta”. A la sazón, tanto el alcalde, don Jaime Llinares Xerri, y todos los concejales, tuvieron palabras elocuentes en agradecimiento por el gesto del magisterio local, sabida la necesidad que las arcas municipales tenían de fondos. Respecto al semestre siguiente, se aprobaba esperar a que venciera y confiando en que no sería necesario recurrir al digno y generoso ofrecimiento de aquellos maestros de escuela.
http://lanostravila.blogspot.com.es/2013/01/miscelanea-fotografica-de-la-vila-joiosa.html

http://lanostravila.blogspot.com.es/

En aquella misma sesión se trató del inminente otorgamiento de la escritura de aceptación por el Ayuntamiento del edificio de La Ermita de San Antonio destinado a escuelas para niños y niñas, donación como sabemos de don Álvaro Esquerdo. Asimismo, y qué reflejos del tema, el acta municipal de ese día alude a la falta de higiene en las escuelas de Villajoyosa, situación que hacía antipedagógico el trabajo en ellas realizado. Luego se trató del expediente referido a la construcción “de un edificio para dichos locales-escuelas arreglado a las condiciones que determina la Instrucción-Técnico-Higiénica de construcción de escuelas de 28 de abril de 1905, cuyo expediente quedó en suspensión”. (Ya quedaba lejos, pues, aquella intervención de un Ayuntamiento vilero desmintiendo ante el gobierno estatal la necesidad de escuelas en La Ermita, dotación que habían reclamado vecinos de esa barriada a finales del siglo XIX y con la oposición ¡qué cosas!, del Consistorio municipal, una amarga ironía, desde luego).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila