PIEDRAS POR TIERRA Y POR MAR (1739)

Crónica nº. 282. Piedras por tierra y por mar (1739)

Del día 20 de octubre al 13 de diciembre de 1739 se cambió el pavimento de la capilla de Santa Marta. En el libro de cuentas leemos lo siguiente: “Lista de hacienda (de trabajo) q. á esta Villa d Villla Joyossa sele a ofresido haser desde El dia Veinte de Octubre corriente año en paimentar (sic) el suelo de la Capilla dla Patrona Stª. Martha executado de Orden delos Sres. Alde. (alcalde) y Regidores d dhª. Villa, y fenesio en treze d Deziembre de dhº.año q. enpiesa assi. Pº (primero) en Veinte de dhº. Mes de Octubre á Juan Linares d Mathias con un pollino d carrear las piedras dela mar ala puerta dela Igsª. Parroq. pr. (por) un dia 6 sueldos 6 dineros”. A este primer asiento sobre los trabajos le siguen ocho páginas (cuatro folios) en las cuales figuran más de sesenta intervenciones de vecinos vileros y alicantinos transportando piedras, cargándolas en barcas (“lauts” en el documento) y depositándolas en la playa de La Vila. Desembarcadas, serían después llevadas al templo mediante mulos y pollinos, nunca en carruaje alguno. (¿Qué trayecto podía haberse seguido?, nos preguntamos. Igual se utilizó la cuesta del mar que el camino que, desde los muros de poniente bajaba al río para constituir el camino de Alicante… o ambos a la vez…).

El escribano municipal, Vaello, firmaba el 18 de diciembre de aquel año ese listado de trabajos y materiales, gasto que ascendería a “siento quarenta dos libras tres sueldos y dos dineros (…) salvo error cuya quantidad pagará (acento, nuestro) Bautista lloret (sic) Clavario (…) alas personas contenidas” (en la lista). Extendemos esta relación sumándole el último asiento del gasto que nos ocupa, según transcribimos: “Ultimte. alos Maestros d piedrapiqueros dla Ciudad d Alicante por Mil Ochocientos Ochenta y Cinco palmos y medio d piedra picada dl piso dela Capilla d Nª. Patrona Stª. Martha q. se transo (subastó) y rematto en Candela encendida á Voz de pregon y se remato a favor de Lorenso Chapuli a razon de un sueldo por palmo, consta del certificado firmado por Joseph Dauder Mº (maestro) Albañil haver medido y ser los palmos susoreferidos q. importan los dhºs. (…) noventa quatro libras y cinco sueldos consta d recibo firmado pr.dhº. Lorenso Chapuli a 14 d Deziembre d 1738”.

Mucho trajín, por supuesto, y tal vez también distracción para gente ya mayor ocupada en mirar y conjeturar la marcha de las obras. También hubo pagos por compra de yeso, parte del cual se consumió en el reforzado de una parte dela Casa del Ayuntamiento, listos definitivamente los refuerzos aplicados a la casa abadía y los de un punto del torreón en el cual había que fortalecer, quizá sólo reparar, “las tres espilleres”. Aquel año también se habían acometido mejoras en los caminos. Concretamente, se arregló la bajada “del Salto de Angil” (sic) y el camino de los “ataxadores que se va ála Torre del Aguilo”. Para terminar, he aquí los nombres de algunos de los vileros que trabajaron en la mejora de la iglesia parroquial, sobre todo en la descarga, traslado y reparto de la piedra. Fueron Pedro Rois, Gines Selles, el patrón de embarcación que transportó la piedra, llamado Jayme Zaragoza, y Andrés Selles, Bernabe Ors, Gaspar Soler, Juan Baldo, Francisco Mayor y unos cuantos más…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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LAS ROGATIVAS Y EL “TREATO” (1731)

Crónica nº. 230. Las rogativas y el “treato” (1731)

Algunas de las pérfidas y persistentes sequías que afectaron a Villajoyosa ciertos años quedaron documentadas en sus libros municipales, sobre todo en el de pagos de servicios y adquisiciones. En febrero de 1731, meses antes de la acostumbrada escasez de lluvia, ya se anotaron trabajos en acequias y azudes, así como en las fuentes y conducciones del agua para riego y consumo humano. Como si lo estuviéramos viendo, se visita el partidor de Orcheta para asegurarse el alcalde y algunos regidores de que baja el agua que le tocaba a La Vila, la estipulada; se limpia, además, la llamada Noria del Mar en los primeros días del mes de abril… al tiempo que se trabajaba en el camino de les Costes y Ribassos… porque serían utilizados para las rogativas con que pedir un nublado generoso en precipitaciones.

También hubo trabajos, y peligrosos por definición, en el pantano, allá en terrenos de Relleu. Había un evidente riesgo de desprendimientos de rocas… y se encargaba a los expertos que barrenaran allí donde hubiera inminencia de avalanchas. Por otra parte, y en el paraje denominado Carritxal, el vilero Estacio Valenzuela estuvo limpiando “el Posecico” que allí había, seguramente en el lecho de su rambla. Pocas fechas más tarde, el 8 de abril, se anotó un pago al clero de la iglesia local “Por la Procession de rogativas, y Penitencia por la falta de Agua desde dhª. Parroquial azta la Hermita de Sn. Antonio por ajuste Tres libras”. A finales de ese mes ya había llovido, cosa bastante lógica, pero entonces había que dar las gracias por esa merced divina a los vileros: se salió en procesión a La Ermita “en hazimiento de Gracias”, leemos, y según había mandado el Ayuntamiento. Además de esto, se dijeron “veinte y quatro Missas” por las que se pagaron más de cuatro libras. Durante el Tedeum y Laudamus se dispararon ocho papeles de pólvora (o cohetes). Y aún hemos de contabilizar once libras más por treinta y cinco misas de gracias que se añadieron ante lo que a muchos debió parecer cosa milagrosísima que lloviera… en abril.

Aparte, otros pequeños ítems de ese mes nos informan de gastos municipales por ciertos trabajos. Veamos: “A Pedro Martines, y Pedro Andreu por aver guardado secretamente en el citio dela Malladeta por noticia de q. avia embarcaciones de Moros una noche acada uno: dos sueldos a los dos”. Tres semanas más tarde aparece otro pago, éste a Francisco Assencio Saragosa y al hijo de Francisco llorca (sic) Patron, y a Gaspar Galiana (Virrey, de apodo). También se pagó a Miguel Soto y a Jayme Mayor “por aver conducido la madera necessaria para el treato (sic) del Descendimtº. dela Cruz que se hizo el Viernes Santto VIERNESdesde los Arravales al Conbento de Sn. Agn. (Agustín) y bolverla adonde estava, y a los dhos. Soto, Saragoza, y Galiana pr. aver ayudado a hazerle”. Pagos subsiguientes correspondieron a los “actores” que intervinieron en la piadosa escenificación. Miguel Lopez, por su parte, suministró dos cuerdas, “y dos Cuerdas que la Villa mandô comprar para las Campanas dela Parroquia”. Ya había llovido y, por supuesto, Villajoyosa se mostraría espléndidamente primaveral…(Cosa que, como ya se advierte no hay manera de que ocurra en La Vila en este año de 2015…, si bien no se sugiere aquí que se hagan rogativas procesionales).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

MULOS, BURROS Y POLLINOS (1712)

Crónica nº. 84. Mulos, burros y pollinos (1712)

CARGA

El 28 de abril de 1712 el escribano Francisco Vaello sustituyó a Bautista Cabot para redactar una seda o lista de los débitos que el Cabildo municipal de La Vila había contraído con varios vecinos al aportar éstos los mulos, burros y pollinos para servir al ejército borbónico, y también por préstamos y misiones de los correos o verederos. Por la clara y escueta enumeración del pago a éstos, sabemos por cuánta vicisitud atravesó La Vila al ceder bestias de carga y personas en los meses precedentes. Quedan igualmente claras las pérdidas habidas en animales, que no en humanos. Largas jornadas de marcha por malos caminos de herradura, y superándose obstáculos montuosos bajo los rigores invernales, provocarían la muerte de algunas acémilas de las recuas expedicionarias, como se puede deducir.

Previamente a la mención de pérdidas en animales, aparece la deuda creada al ir de viaje Pedro Valenzuela, Nadal Segarra, Jayme Soler, Cosme Agullo y el hijo de la viuda de Pedro Vicente Soler. Ese gasto ascendía a poco más de 32 libras de moneda valenciana. También habían ido de bagajeros los hijos de Andres Buforn y de la viuda de Juan Izquierdo… En cuanto a la suerte corrida por los animales, vemos que a Anthonio Baldó (acento, nuestro) se le murió un burro, un mulo a Visente Galiana y otro a Anthonio Soriano, habiendo perecido también dos pollinos propiedad respectivamente de Pedro Martines y deAlvaro Lorca, y quizá por sobrecarga o deficiente alimentación. Otros perjudicados lo serían Bartholome Saragossa, Riqued de apodo, que un mulo suyo se perdió, así como los animales que cedieron la viuda de Jayme Izquierdo y Juan Llinares, éste del Molino. Jayme Mayor de Juan y la viuda de FranciscoBuform estaban en el mismo caso.

A estas pérdidas seguían los préstamos que en momentos determinados hubo que pedir incluso a vileros que iban en las expediciones, o a gente de los pueblos del pesaroso trayecto para quienes Villajoyosa tenía crédito. Dinero tomado en préstamo debido a las complicaciones o desvíos aconsejables de ruta. Miguel Thomas Galiana adelantó dos libras y cuatro sueldos “para ayuda dl Gasto d las Remesas d Vagages que sean hecho”. Lo mismo hizo Bartholome Galiana, Gaspar Ots o Visente Galiana. Se añadiría a ello el precio del burro que perdiera Jayme Mayor (tres libras y dos sueldos) y el del perdido por Pedro Ruis (cinco libras y ocho dineros).

Nos suponemos que, al determinarse la prestación para aquel transporte, los amos de los animales quedarían de acuerdo con las indemnizaciones correspondientes de ocurrir algún percance. Y tal vez alguno de ellos prefiriera el pago en moneda valenciana a la posesión de la acémila…
Además de todo esto, indicamos el enorme dispendio que se hizo en aquellos meses con la paja puesta a disposición de los destacamentos militares asentados en Villajoyosa, parte de la cual bajaba de los pueblos vecinos. Para aquel fin se reunieron más de 980 arrobas de heno, y puede que alcanzaran a 600 las de algarrobas. Y no sabemos de la cebada. A los pueblos colindantes también se recurría en alguna ocasión para el asunto de las mantas y colchonetas para los soldados acuartelados. Era aquélla, ya se ha dicho, una preocupante alteración de la vida local en época bélica, con cautelosas y agudas vigilancias desde torres, cabañas y torreones… mientras los vigías vileros seguían pidiendo más y más “aseyte para luminarias” o fanales.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LAS FIESTAS PATRONALES DE 1931

Crónica nº. 501. Las fiestas patronales de 1931

El advenimiento de la II República tuvo que suponer situaciones sociales embarazosas para el gobierno municipal en muchos pueblos y ciudades, sobre todo frente a la celebraciones de naturaleza o condición religiosa y sabido el signo laico del Estado. Enfrentarse asimismo a las tradiciones de una buena parte del pueblo tendría que crear crispaciones nada superficiales, abriéndose un abismo social que, aun permaneciendo soterrado, sin duda lesionaba las relaciones humanas y configuraba, en algunos casos, irreconciliables bandos y enfrentamientos ideológicos. Algo de eso debió ocurrir en Villajoyosa cuando se sugirió a la iglesia local suprimir la procesión dedicada a Santa Marta.

En la sesión plenaria del 13 de julio del año 1931 se tomó el acuerdo de que la comisión especial de festejos de verano redactara el programa “de funciones públicas civiles que tendrían lugar los días 25 al 29 del mes en curso” y a efectos de que lo aprobara el Ayuntamiento. Cinco días más tarde ya estaba aprobado, pero no tenemos documento que hable de su contenido. Llegados a la sesión extraordinaria del 21 de aquel mes, el alcalde-presidente, don Ángel Tomás Llinares, expuso que el señor cura párroco había invitado a la corporación municipal a los actos religiosos en honor de la patrona de la ciudad, y que le había rogado que el Ayuntamiento sufragase los gastos de asistencia de la banda de música a dichas funciones. Tras larga discusión de aquel asunto, se acordó agradecer la referida invitación, así como abstenerse la Corporación de concurrir al acto religioso por prohibirlo una disposición del Gobierno de la República, y no contribuyendo a los gastos de referencia. Además, y a pesar de que el Consistorio reconocía que “todas las ideas tienen derecho a manifestarse públicamente, dadas las especiales circunstancias que actualmente atravesamos”, rogaba al señor cura considerase la conveniencia de abstenerse de organizar ningún acto público procesional “por aconsejarlo así la más elemental prudencia”.

Un periodo revolucionario como el que se estaba viviendo podría mover a ciertos individuos a la creación de conflictos sociales en la ciudad, dada la intemperancia de algunas personas, derivándose posibles alteraciones de orden público “de consecuencias lamentables”. Como en actas posteriores no aparece alusión alguna al tema de aquella procesión, suponemos que no se celebró y puede imaginarse el lector la consternación, aunque fuera solapada, de una parte de los vileros (Habiendo desaparecido del Ayuntamiento de La Vila ciertos documentos de esos años, creemos que buena parte de semejante confrontación no se podra saber jamás).

En plenos festejos cívicos, y como dato curioso, el ciudadano Juan Lloret Galiana pedía permiso al Ayuntamiento para abrir una cafetería en Hernán Cortés (“Carrer Parrals”), número 7, que estaría servida por señoritas o camareras, una novedad social y quizá escandalosa para algunas damas vileras… El 1º. de agosto, reunidos en sesión plenaria alcalde y concejales, se acordó gratificar a Andrés Díaz, Pedro Baldó y José Alemañ (sic) por la eficaz ayuda prestada a la comisión municipal “de festejos de verano”. La cantidad a repartir se elevó a 50 pesetas. No acabaría aquel verano sin otra novedad mal vista por muchos vecinos de La Vila. El 5 de septiembre, y a propuesta de Tomás Llorca, se aprobaron diferentes cambios en los nombres de calles y plazas de la ciudad. La del Pal se denominaría de Salvador Seguí, el anarcosindicalista Noi del Sucre; la Plaza de la Luz, en el Barrio Nuevo, pasaría a llamarse de Lenin; la de la iglesia, de León Tolstoi… y la de Santa Marta, calle de Pi y Margall. Sin duda, el tacto de aquellos inflamados políticos dejaba mucho que desear, no obstante reconocer la libertad de las creencias y el derecho de la gente a manifestar sus opiniones. Semejante decisión política no era más que una muestra de infantilismo de quienes, al parecer, no sabían bien en qué país se encontraban… como ya se vio, lamentablemente, cuando ganaron la guerra los golpistas de Franco.

SMARTA

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LA COLONIA ESCOLAR DE 1934

Crónica 505. La colonia escolar de 1934

Otra sesión de la Junta Local de Primera Enseñanza, y también de 1934, trató del proyecto de una colonia escolar destinada a los niños de Villajoyosa. Era el 2 de agosto cuando Dª. Guadalupe Delgado, Inspectora de Enseñanza muy querida en nuestra ciudad, manifestó a los miembros de la referida Junta que el tema de la convocatoria obedecía principalmente a una asignación de 2,000 pesetas que el Ministerio de Instrucción destinaba a las escuelas de La Vila para colonias escolares de verano. Los señores maestros deberían organizar una de ensayo. Esta calificación quizá se aplicaba para dar a entender que algún verano había que llevarlas a cabo, señalando además que era “sabido (…) los enormes beneficios que á los niños proporciona”. Siendo la fecha muy avanzada y careciendo de todo lo requerido para aquella clase de de instituciones, señalaba a los docentes que habría que desplegar una intensa actividad en la procura de materiales y objetos “y vencer las grandes dificultades que este primer año han de presentarse”. Y se ponía a disposición de aquellos educadores en todo cuanto ella pudiera proporcionar, habida cuenta asimismo de la corta asignación ministerial…
El maestro don Pedro Ruiz dijo que “en la partida de “La Cala” hay un lugar muy apropiado para la colonia, puesto que en uno de sus montes hay un extenso pinar, estando al mismo tiempo a poca distancia de la playa. Posee esta finca −precisaba− un edificio confortable y capaz, creyendo que se dueño no tendrá inconveniente en cederlo al Consejo para este fin, caso de no ocuparlo su familia”. Por si este lugar no pudiera ser utilizado, se pensó en otros, recomendándose el pueblecito de Sella, “bien en los locales de las escuelas ú otro edificio apropiado”. Se habló también de la partida de “La Robella”, donde, en la fábrica de cerámica, paralizada entonces, había un local suficiente. Y se encargó a miembros de la Junta que hicieran gestiones en aquel orden de sugerencias.
El 2 de agosto había llegado a nuestra ciudad, precisamente, la Colonia “Arco Iris”, de Madrid, hospedándose en el grupo escolar “Dr. Alvaro Esquerdo” y se acordaba pedirles camas, colchones y enseres de su propiedad para el funcionamiento de “nuestra Colonia”, que tendría que iniciarse el 2 de septiembre. Los señores Delgado y Llinares, maestros nacionales, se encargaron de comprar 60 sábanas y 30 mantas, según anotó el secretario de la Junta. El 20 de aquel mes, y en acta inmediata posterior, vemos que al día siguiente irían el alcalde de Villajoyosa y su secretario, don José Cazorla Sevilla, a Alicante a cobrar las dosmil pesetas destinadas a la organización de la Colonia. Ese día ya se sabía que la finca de “La Cala” no podía cederse porque estaría ocupada por la familia del propietario, y se esperaba saber algo de la fábrica de cerámica… o de Sella. Por el acta del 30 de agosto sabemos que quedaron encargados de llevar la Colonia los maestros doña Teresa Serrano y los maestros don Miguel Esquerdo y don José Soriano. Simultáneamente se daba cuenta de que “el industrial de esta plaza D. Bartolomé Galiana, ha cedido generosamente una masía de su propiedad denominada “Mas de Escuder” en Penáguila para instalar la Colonia., y decían los maestros que, seleccionados los escolares, tendrían que estar preparados para aquel lunes. Eran 30 y tenían que presentarse “bien limpios con su correspondiente cepillo y pasta para la boca, peine, tohalla (sic) y pastilla de jabón para la cara, gestionándose el camion de pasajeros que ha de hacer el traslado de los Colonos”. La Srª. Inspectora había conseguido de don Jaime Llinares Lloret la cesión gratuita “de uno de sus camiones para transportar las camas y enseres de la Colonia al lugar de su emplazamiento”. Los maestros encargados se disponían a adquirir los comestibles necesarios para aquellas semanas. Los niños, tan lógicamente entusiasmados a la hora de partir, volvieron de la Colonia, todos, con más peso…, con la consiguiente satisfacción de doña Teresa.

COLONIA

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

MENORES DE EDAD EN LOS TALLERES (1935)

SENDALEOSOL

Crónica nº. 504. Menores de edad en los talleres (1934)

A la inspectora de enseñanza doña Guadalupe Delgado se la esperaba en Villajoyosa el 15 de noviembre de 1934 para presidir la Junta de Primera Enseñanza y tratar unos cuantos asuntos administrativos y pedagógicos. A las tres de la tarde, y en el salón de actos del grupo escolar “Álvaro Esquerdo”, esperaban los siguientes maestros y maestra: D. Cristóbal Galiana Zaragoza, D. José Cortés Lloret, D. Juan García Farach, D. Andrés Salcedo Fauquet, D. Francisco Sellés Soriano, D. Eugenio Cerdá Alemany, D. Juan Navarro Coronel y Dª. María Lloret Pérez. Presidía D. Pedro Ruiz Galiana.

La tarde era tormentosa y mucha la lluvia caída −y por caer, como luego se sabría−, y el presidente ordenó que se iniciara la sesión aventurando que doña Guadalupe habría desistido de venir a Villajoyosa por ser la tarde tan inhóspita. También recalcó el tema principal a tratar, y que era la organización de las clases impartidas a los adultos. Por ello, y citando cada maestro su número en el escalafón, daría cuenta del de alumnos propio, alcanzando el total de 225. En esta cantidad iban incluidos los discentes que recibían enseñanza también de tres maestros no presentes esa tarde: D. José González Marín, D. José Gordero Chamorro y D. Antonio Buades. Terminada esa enumeración, y a pesar de lo tempestuoso de la tarde, doña Guadalupe hacía su entrada en el salón, saludaba, cortés, a la concurrencia y pasaba a presidirla. Poco después ya se extendía a considerar la suma importancia de aquellas clases y diciendo “que siendo las ocupaciones más comunes de esta región la navegación y el comercio, sin olvidar una gran corriente emigratoria a Francia y América”, veía necesaria la distribución del grupo C entre los señores Gordero y Galiana para que el primero se encargase de Mecanografía y Contabilidad y el segundo del Francés y Geografía. Los grupos A y B, resultado con el C de la reorganización hecha en 1932, seguirían como hasta entonces.

Después de ello tomaría la palabra don José Cortés Lloret para denunciar “el intrusismo en la enseñanza, factor principal de la desnutrición de la Escuela Oficial, así como también de la admisión en “sendas” y talleres de los menores de 14 años de edad”. Respecto a la primera cuestión, Dª. Guadalupe indicó que se estaba haciendo lo posible por erradicar a los intrusos en la enseñanza (que don José reputaba como ajenos a la normativa educacional republicana), pero que el asunto iba más bien despacio. En cuanto al asunto de los menores de edad en sendas y talleres en general, la señora inspectora dijo que ella siempre había sostenido “que por encima de las necesidades de la cultura están las necesidades del estómago; y en este concepto es preferible que el niño sea completamente analfabeto −anotaba el secretario− a que ignore la manera de ganarse la subsistencia y el poder afrontar las necesidades de la vida; el analfabetismo puede corregirse −añadía la inspectora− en cualquier época de la existencia humana, la vagancia tiene más difícil corrección”. Llegado aquí su argumento, muy comedido y práctico, dijo que aquel tema sería más apropiado presentarlo ante la Junta de Protección de la Infancia, y no ante la Junta Local de Enseñanza. Manifestó don José Cortés que el asunto ya lo tenía denunciado al Sr. Presidente del Consejo Provincial, a la Inspección y al Ministerio de Trabajo, “sin conseguir que el abuso se corrigiese”, diciendo además que sólo le faltaba dirigirse al Sr. Presidente de la República para ver si conseguía ser más afortunado en aquel asunto. Para dar idea de cómo se desentendían los padres de situación tan injusta y sangrante, dijo aquel maestro que no hacía mucho se había convocado a los padres para renovación de cargos del Consejo Local “y casi no se dignó acudir ninguno de ellos”. En relación a todo aquello, un testimonio de la época nos relata que el maestro de escuela D. Gabino había hecho desistir a un niño de ingresar como ayudante de rueda o “menaor” en un taller de hilados. Una tarde, a la salida de escuela, el padre de la criatura se plantó ante el docente y le propinó una durísima bofetada: aquel padre quería en su casa el raquítico salario (O’50 céntimos diarios) de su hijo, menor de edad…antes que la instrucción escolar para el chico.., tal era la miseria de gran número de familias obreras de Villajoyosa…

SENDAFIL

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DOS BARCOS CON PANIZO ANTE LA VILA (1735)

PANIZO

Crónica nº. 253. Dos barcos con panizo ante La Vila (1735)

Aunque no era nada extraño, la primavera de 1735 cogió a Villajoyosa en un estado de extrema necesidad… por haberse llegado a la agobiante situación de carecer de grano para obtener harina. Es de suponer que, a pesar del radiante sol posible de aquel mes de abril, con los frutos del campo anunciando buenas cosechas, la aguda falta de pan pondría sobre el vecindario el atosigante fantasma de la hambruna, y también el de las probables enfermedades derivadas de la inanición. De ahí el sobresalto nervioso pero ilusionado de quienes supieron que habían fondeado en la playa de la villa ¡dos barcos cargados de panizo!

Tan pronto supo el Ayuntamiento de semejante e insólita novedad, se convocó a sesión. El regidor Ignacio Lloret abundaba en que “los vezinos se hallan en grande Necesidad respecto de no poder encontrar arina de ninguna especie padeciendo de hambre lo que es constante y de ello pueden seguirse â este Comun y en particular ala Salud Publica por falta de granos q. no se encuentran en esta Villa ni lugares de su Contorno”. La dicha y atosigante escasez, quería decirse, podría originar una gran calamidad, y los gobernantes vileros tenían que tomar una decisión efectiva, la que dictada el clamoroso anuncio del hambre.

Pero pronto parecía desdramatizarse aquella situación, ya que el dicho regidor decía, sin énfasis alguno, según relató el escribano, que “haviendo llegado âlas Playas de esta Villa una porcion de Panizo con dos barcos cuios Patrones son Juan Gonzales y Joseph Martines le parece conbeniente se merque el sitado Panizo para que este Vesindario pueda tener algun consuelo”, o respiro. Con los barcos de panizo fondeados en la bahía vilera, el Cabildo hizo lo posible por hacerse con el grano de su precioso y providencial cargamento. El documento municipal en que leemos dice que “compre esta Villa las dos porsiones (…) que han traido los Barcos de los Patrones (…) pagando por cada Cahiz dies libras de Plata de Moneda corriente (…) âmas los gastos q. de su conreo se pueden ôcasionar por considerar ser dicha compra en Utilidad de los Vzinos.” En caso de producirse alguna pérdida, se dijo también en aquella sesión, ésta correría a cargo de los bienes del común o patrimonio municipal. Sin duda, era un oxigenante respiro ante la crítica inexistencia de grano panificable.

José Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DISPAROS EN EL “MOLÍ DE LA LLOBETA” (1735)

MOLLOBETA

Crónica nº. 252. Disparos en el “Molí de la Llobeta” (1735)

A raíz de un suceso que se produjo en Villajoyosa el 22 de marzo de 1735, el notario Isidro Miquel redactó un documento de perdón que otorgaron Gaspar Mayor y otros al también vilero Juan Lloret. Los vecinos que perdonaban lo que se les infirió estaban trabajando en la balsa del “Moli de la Llobeta” cuando pasó por allí el susodicho Lloret, entonces guarda del término de La Vila. Los obreros quizá estaban limpiando la acequia que vertía sus aguas en esa balsa, acumuladas allí para mover las ruedas del molino y después regar los bancales y hazas de aquella zona, incluidas finalmente las huertas de les “Puntes del Moro”. El caso es que junto a la balsa estaban los trabajadores Gaspar Mayor, Simón Pedro Mayor, Jazinto Llorca y Juan Mari

El documento del notario, redactado el 4 de abril, daba cuenta de “que hubo entre los otorgantes (del perdón), y el tal Lloret algunos dichos y razones de Risa como hera entre ellas una que para qué (acento, nuestro) llevaba la escopeta (el interpelado) Vazia (¿sin munición?), y el susodicho, Guarda de termino continuando en la misma Chansa (o broma) se encaró la escopeta assi a lo alto y tirando del Gatillo la disparo sin agraviar anadie prosiguiendo despues en la misma Chansa y Risa todo lo qual paso a tiempo que los otorgantes estavan travajando en la Balsa (…) y el referido Juan Lloret subia cuesta arriba del rio desta Villa con dos menores para condusir leña al horno que tierne a su cargo, y como por dchº. acahesido (suceso) hayan sido llamados los contrayentes (los de la denuncia) a deponer ante la Justizia ordinaria desta Villa y por antemi y haya venido a sus notizias esté (acentro, nuestro) preso dchº. Juan Lloret y fulminado causa (abierto causa) Portanto no haviendo intervenido dolo, ni rencor alguno por dchº. asumpto por ninguno delos que se hallaron presentes nimenos sobre ello haver pasado â enojo alguno declaran por la presente −seguía diciendo el texto notarial− dchª. relazion veridica y que no tienen que pedir ni demandar contra dchº. Lloret cosa alguna sobre dchº. asumpto ni otro [ininteligible] de enemistad y caso haya cohoperado por ello en falta alguna contra los dchºs. le permiten y perdonan qualquier ofensa q. resultare haverles hecho y piden y suplican al Sr. Jues de dchº. acahesido sese en dchª. resepzion (de la denuncia que había) por no haver motivo para ello”, ya que todo había tenido un aire de broma y no sucedió nada lesivo para nadie. “Lo Juran por Dios ntrrº. Señor y a una señal de Cruz”. Eso añadían los que retiraban la denuncia. Fueron testigos de aquel documento el Dr. Isidro Llorca, abogado, Vizente Galiana, Alcalde Mayor, y Jayme Martines de Jayme.

Pero ahí no terminaría aquel asunto porque, una semana después de aquel 4 de abril, Joseph Llorca de Ginés, y ante el mismo notario, exponía “que por quanto Juan Lloret de Jazinto (…) se enquentra preso y detenido en la Carsel del Torreon de la misma (de La Vila) â instanzia del Sr. Juan Esquerdo Alcalde ordinario por autos (…) contra el sudchº. con el motivo de que disparó (acento, nuestro) una escopeta viniendo del monte con dos cargas de leña en (con) dos menores parª. el horno (¡no dos menores para el horno, claro!) de la Plasa de abaxo que està a su cargo estando aespaldas de esta Villa subiendo desta al rio assi arriba (hacia arriba) su Camino altiempo que frente estavan travajando algunos vezinos en la Balsa del Molino de la Llobeta y gastaron risas y Chansas con dchº. preso (preso posteriormente)…” Total, que Llorca se ofrecía como carcelero comentariense para librar a Lloret de la cárcel, pagando la fianza que el señor alcalde dispusiera y quedando presto a entregar el preso (que tendría en su propia casa) cuando lo requiriese el Justicia. El animoso Llorca dejaría quinientas libras en depósito, además de disponer a favor de la Justicia sus bienes en caso de que dejara huir al recluido de su propia vivienda.

NOTA: Hemos consultado varios diccionarios, antiguos y modernos, buscando la expresión “carcelero comentariense”, que aparece muchísimas veces en documentos notariales donde se habla de fianzas personales. No figura en ningún compendio consultado, salvo en libros de Derecho, y en ellos se dice que ese régimen carcelario era el ejercido por un convecino del condenado a prisión.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

CRÓNICA DE UNAS MANOS CAMPESINAS (1978)

CRÓNICA DE UNAS MANOS CAMPESINAS   (Dedicado a Llorenç Pisà, que las pintó)

Son las manos del hombre en primer plano, MANOSCAMP
reducidas, ya casi, a barro o leña,
doble grito sin eco, el santo y seña 
de la muerte vivida en el secano.

Son millones de manos de aldeano
que no tienen semblante ni reseña,
simplemente la crónica pequeña,
la ceniza final de un leño humano.

Que alguien juzgue estas manos si es valiente,
o si ignora la tierra que han escrito.
Que las juzgue, si puede, el señorito,
propietario del campo y la simiente.

Nobles manos antiguas de un ausente,
cicatriz de algo inmenso, ya prescrito.

J. Payá Nicolau (Del libro “La sed y otros poemas”, 1978)