A LA CÁRCEL DE VALENCIA (1718)

Crónica núm. 150. A la cárcel de Valencia (1718)

Fechada el 7 de agosto de 1718, el alcalde ordinario de Villajoyosa comentaba una carta que llegó firmada por Don Luis de Mergelina y Mota, “Cavallero dl Orden d Ntrª. Sra. de Montessa, dl Consejo dhasienda d Su Magd.”, persona que pertenecía “a la Santa Inquisición dla ciudad de Villena”. Desde su cargo de “Superintendente General de lo político, Guerra y Real hasienda”, había encargado a D. Juan Bautista Cavallero que se pasase por Villajoyosa con órdenes casi draconianas para cobrar de la villa, nuestra azacanada villa, una deuda de 883 libras. Lo hacía diciendo que “pase â dicho lugar y proseda contra los Alcaldes y Regidores d el (de La Vila) â cuyo cargo (el de los ediles) esta la cobranza, por prision embargo y venta de vienes, asta el cumplido efecto d dcha. cantidad obligandoles, â que condusgan el dinero a la dcha. tesoreria Gl. desta Ciud. prosediendo breve y sumariamte.” (Se puede colegir que no se trataba de una broma).

Había otras prevenciones para don Juan Btª., el cual, decía la orden, “se ocupara dies dias con el salario d dies Res. (reales) desta Mdª. (moneda) al dia, que â de cobrar dlos Alcaldes y Rexres. (regidores), hasiendo las mismas diligencias que por el prinsipal”. (¿Era el “prinsipal” el grueso del débito?). También correría a cargo del Ayuntamiento vilero el gasto “d hida y buelta, â esta Ciud.”, y se le advertía que cualquier escribano le asistiría en el proceso que originase la orden recibida en Valencia, “y dno hazer el pago −proseguían las instrucciones− en dcho. termino hará notificar a un Alcalde y un Rexidor se presenten en las Carseles Rs. (encarcelados) desta Ciud. ami disposicion baxo la pena de 50 libras â cada uno, y medará quenta para enviar essvnº. (escribano) que le asista con partida de cavallos (o militares)”. Don Christoval de Vilches y Simon era quien firmaba semejante amenaza después que el Superintendente.

(Como ya sabe el lector, los gobernantes locales eran tratados como meros cobradores de impuestos, o agentes confiscatorios que, si no alcanzaban resultados positivos, eran encarcelados y pagaban una multa. De ahí que su celo en recaudar para la Corona era muy agudo, y su propia estima, lamentable y sin solución de continuidad).

Tan empalagosa deuda la había producido el impago “dl equivalente dlas rentas Provinciales, del año presente asta las segunda tersia que cumplio en fin d Junio d este año, y hasiendo notable falta este caudal para las urgencias dl Real Servicio”. Se imponía cobrar ese atraso. Pero, al repasar el acta del Ayuntamiento que trataba asunto tan peliagudo, vemos que los ediles no estaban de acuerdo con la cantidad exigida, y decían “que la Villa solo deve quatro sientas quarenta y tres libras”. Esa cantidad, según acabarían decidiendo, la llevaría Anthonio Linares, el otro alcalde, a Valencia. A Valencia con aguerrida custodia de hombres armados, naturalmente. En esas violentas fiscalizaciones, el alcalde y a veces un regidor pasaban a una mazmorra del castillo de Santa Bárbara, en Alicante, con sanción de prisión y la multa consabida. Allá estarían durante el tiempo que su Ayuntamiento tardara en pagar lo adeudado. Además, el municipio de los sancionados tenía que pagar su manutención carcelaria. El rigor de este tipo de medidas lo practicaban las autoridades supramunicipales comenzando por los corregidores o gobernadores del partido, hombres de armas y no de letras. Y solamente en los casos en que éstos no fueran militares se podía esperar cierta benevolencia y razonamientos en las sanciones. Estas bondades se daban con mayor frecuencia cuando existía el cargo de Alcalde Mayor, persona, por lo general, cuya sensibilidad estaba más próxima a los problemas que afectaban al pueblo, con el que se relacionaba más a diario y a distintos niveles: era como un amortiguador de las decisiones imperativas que podía tomar un corregidor de extracción militar, por supuesto…Esa era, la de apretar con impuestos, la política castellana de Felipe V…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

EL MOLINO HARINERO DE ORCHETA (1806)

Crónica nº. 542. El molino harinero de Orcheta (1806)

El día 25 de enero de 1806 se hizo el inventario de “las Ahinas del Molino Arinero (sic) dela Encomdª. de Orcheta”, donde “Ahinas” son “eines o ferraments”, como algún lector comprende. El texto del escribano real da cuenta de que en dicha operación de contar y describir los implementos del complejo “comparecio de parte una el Dr. Dn. Antonio Urrios Abogado de los Rs. (Reales) Consejs. Vecino de Villajoyosa, Procurador Patrimonial del Excmº. Señor Dn. Antonio Luis del Real Comendador desta dha. Encomienda, yde otra [parte] Miquel Lloret, y Garcia Arrendador delos derechos Dominicales (o del señor de Orcheta) dela propia, y Miguel Lledó rearrendador dl citado Molino arinero, tambien vecinos de dha Encomienda (…), y Dixeron: Queen cumplimiento delo estipulado en la Escritura de Arrendamiento de dtos drechos. Dominicales (del señor propietario), que pasó antemí, devia procederse al Inventario, justiprecio delas obras, ahinas, Muelas, y demas de dtho Molino, y liquidacion de las mejoras, ô desmejoras queresulten según el Inventario del año mil ochocientos y dos, copia del qual se tenia presente”.

Se había nombrado, de acuerdo con las partes, peritos albañil y molinero “y en su virtud procediose en primer lugar alreconocimiento de dtas obras, y hecho relacion el Perito Albañil Melchor Galiana vecino de Villajoyosa hallarse por ahora corrientes; y en segundo lugar al justiprecio d las ahinas por el orden siguiente”.

A continuación vemos aludidos “una rueda herrada y árbol, una saetial inutil por sus yerros, un pal, paleta y gancho, un dau, un alsador… y objetos como un banco, picos, martillos, escarpe, un perpal, así como una gronsa y brazos, el farinal, el batedor, la barra ullera, curra y curretes, un quarteroncito y quartilla (medidas de volumen), un cercol de la muela corredera y otro de la llamada solera…” todo lo cual quedaba consensuado que ascendía a un valor de 55 libras, un sueldo y cuatro dineros.

(Al enumerar los elementos clásicos del molino, pensamos en la gran distancia de conciencia a que se encuentra de ello tanta gente, la gran masa de personas, jóvenes y no tanto. Son los que desconocen sin lamentarlo casi todo lo que gira en torno al mundo campesino y su débil industria derivada, que el maquinismo de los dos últimos siglos borró de nuestro entorno. La señal externa de esa desaparición de la conciencia colectiva es la brutal exclusión del arbolado agrícola y demás cultivos de las zonas costeras españolas… de modo que hay personas que desconocen incluso la existencia de ciertos tipos y variedades de árboles frutales).

Otra apreciación del peritaje observado nos dice que “La Muela Corredera medida por el ojo, y en vara (…) se halla en diez y ocho dedos, que á razon de quatro libras (…) el dedo vale ochenta y una libras”. (Suponemos que el dedo se cita como medida antigua de longitud, algo menos de 18 milímetros). La piedra solera −la del suelo, sobre la cual se esparce el grano a moler− tenía seis dedos, “por cuya causa la consideran, ya inutil para el servicio de dho Molino”. Lo que procedía luego era establecer los cargos y descargos que afectaban al rearrendador después de culminado el inventario, y vemos que finalmente el alcance (o débito) contra el molinero Lledó ascendía a 11 libras y algo más. Fueron testigos del documento público Joaquin Llorca, maestro sangrador, y Miguel Selles (sic) de Jaime, labrador, de dicha Encomienda o vecinos de Orcheta.

(En el número 8 de Braçal, Revista del Centre d’Estudis del Camp de Morvedre, número de 1993, hallamos un trabajo de Juan Corbalán de Celis Durán titulado “Los molinos de Torres Torres. Arrendamientos y proyectos en los siglos XVIII y XIX”, y de ese estudio extraemos el nombre de algunas herramientas y dispositivos de los molinos harineros: muela corredera, alzadora, la canal y silleta, una tramucha permodos, un caminal, palos y nadillas, la botana, la palanca y pitrales, la barraullera, dos pies de taro, un pico de punta, dos almenaras o cadiretas, bancada y botana, un tirás, una aguja para coser talegas y un regle, además de utensilios que ya nombramos más arriba en el inventario. El plano del molino de Torres Torres acompaña a su descripción, habiendo sido el promotor de aquél el heredero de la Baronía, Conde de Castelar. Los arrendamientos experimentados por dicho ingenio se sucedieron de 1727 a 1829…).

J. Payá Nicolau, Cronista de La Vila

LA CASA DE DON LEOPOLDO SOLER Y PÉREZ (1910)

Crónica nº. 470. La casa de don Leopoldo Soler y Pérez  (1910)

Seis meses después de emprendida la comunicación entre la calle de Abajo y la Plaza de la Constitución de Villajoyosa, un insigne vilero elevaba varias peticiones al Ayuntamiento de la villa. La salida al puente y a la plaza de aquella calle, de cuya boca partía la cuesta pedregosa que corría por el pie de las murallas, promovería modificaciones en algunas viviendas construidas sobre aquellos antiguos muros. En agosto de 1910 se leían en una sesión municipal algunas solicitudes que llegaban firmadas por don Leopoldo Soler y Pérez, profesor y director que fuera este vilero, como sabemos, de la Superior de Artes Industriales y Bellas Artes de Barcelona. Suponemos que, muy honrado el Concejo, las escuchó de boca del secretario municipal, don Demetrio Rodríguez.

Exponia Don Leopoldo que, siendo propietario de una vivienda, la número 12 en la calle de Abajo y de un almacén en la cuesta del río, deseaba mejorar las condiciones de ambas propiedades, practicando en la calle recientemente hecha y en la cuesta referida “los siguientes huecos: 1º) En la fachada del almacén y piso alto de éste, un balcón a la cuesta aludida; 2º) En el mismo piso que es el de tierra (sic), en la parte nueva de la calle de Abajo, una puerta de escalerilla y una ventana; 3º) En otro local contiguo al anterior y piso bajo, que se habilita para tienda, una puerta con dos hojas que abrirán hacia fuera; 4º) En el piso entresuelo de la casa y parte nueva de la calle, una ventana de medianas dimensiones con reja volada…”. El Ayuntamiento acordó acceder a su petición pero con leves indicaciones sobre modo de fijar la puerta que se abría a la fachada y respecto a la altura de la reja volada de la ventana. (Creemos que don Leopoldo podría estar en nuestra villa con motivo de algún que otro descanso veraniego, dedicándose, como en otras ocasiones, a fotografiar aspectos urbanos y campesinos de su querida Villajoyosa, ya rendidas las cosechas de almendra y la algarroba en las distintas partidas campesinas. De hecho, la vivienda de que habla su petición al Ayuntamiento figura en una foto suya tomada desde el puente de la carretera, fotografía que lleva en el margen superior la anotación caligráfica de que aquélla era su casa: “Mi casa“).
SOLER 1895
Aunque dolorosa, y respecto a otro ilustre hijo de La Vila, el Ayuntamiento trató en segundo lugar la mala noticia de la muerte del ilustre marino vilero, don Tomás Lanuza Pascual. Éste había muerto asesinado por el odio tagalo en las que fueron posesiones españolas en Oceanía… Habiendo nacido este hombre en el callejón del Pal, y por sugerencia popular, se pedía que se diera su nombre a dicha calle y así honrar a quien dio su vida por el honor y dignidad de España…(Si fue así, y este cronista lo ignora porque nunca se ha escuchado decir palabra alguna sobre este
marino, lo cierto es que el callejón aludido refiere más su condición a la calleja que albergó un pal del que ya hemos tratado en otra crónica…).

Respecto a don Leopoldo, recuérdese que las fotos más espectaculares de Villajoyosa que hemos visto se deben a su máquina fotográfica, pues este distinguido profesor fue uno de los primeros españoles que, aficionado a la fotografía, puso en su manejo los resultados más espectaculares de que hemos ido siendo testigos, y no sólo con fotografías de La Vila, su patria chica, sino de muchísimos lugares y paisajes sensacionales de la península ibérica. Muchas publicaciones de la época (1891-1998, si no nos equivocamos con estas fechas) publicaron fotos salidas de su máquina y en reportajes sobre Villajoyosa, Guadalest, etc. Las que incluyó la revista de moros y cristianos de Villajoyosa de 1987 son una muestra…y gracias a la donación de don Paco Mayor Bordes, al que se las dio la hija del ilustre fotógrafo…)

J. Payá Nicolau, Cronista Oficial de La Vila

LOS REVERBEROS Y LA HIDROFOBIA DE 1866

FAROLES

Crónica nº. 399. Los reverberos y la hidrofobia de 1866

Cuando en mayo de 1866 el alcalde de Villajoyosa, don Luis Lloret, presidió la sesión del día 28 en la sala capitular, expuso en primer término el asunto de los faroles del alumbrado público. Se requerían más puntos de luz y, además, se imponía ya abandonar el aceite común, el de oliva, para sustituirlo por petróleo como combustible de aquellos puntos urbanos de luz. Semejante innovación había ocasionado demoras en los pliegos de condiciones para la subasta del servicio, y para el cual −con adquisición de seis nuevos reverberos− se habían presupuestado ciento cuarenta y un escudos.(Algunos de dichos reverberos o faroles de aquellos los rescatamos para ser instalados, en 1996 ó 97, en las columnas del museo etnográfico, que bastante trabajo nos dieron sobre todo para limpiarlos debidamente de óxidos…).

Ya en julio de 1866, el alcalde compareció ante sus ediles diciendo que aquel dinero se había quedado corto para los costes, digamos, imaginados… puesto que “al hacer dicho presupuesto se calcularon muy bajos los gastos que iba a ocasionar la referida mejora, ya porque no se previeron los gastos de cristales a reponer en los faroles viejos y los de conduccion del material desde Alicante, ya porque han tenido que hacerse tres nuevos mas de los consignados (…), resultando que despues de agotados los mencionados (…) escudos (moneda), se restan a dever á D. Bartolomé Mailín del Comercio de Alicante cincuenta y seis escudos, novecientas setenta y cinco milésimas del precio de los faroles nuevos, reverberos para los antiguos, lámparas, cristales, empaque y colocacion”. Y no sólo eso: al cerrajero José Serrano se le debían once escudos y pico por los hierros adecuados a los puntos de luz, y ocho escudos más a Basilio Mayor, que fue quien trajo todos los materiales desde la capital de la provincia. Asimismo, a Nicolás Nogueroles se le tenían que abonar seis escudos doscientas milésimas por el pupilaje del oficial que vino de la capital “á colocar reverberos, faroles”, aparte los veintisiete escudos de los tres nuevos añadidos a los presupuestados.

Como leemos en el acta que redactó el secretario de la corporación, don Marcelino Català, la Municipalidad, enterada, “acordó autorizar al Señor Alcalde para librar la indicada suma con cargo al capítulo de imprevistos (…) previa la aprobacion del Señor Gobernador de la Provincia”.

En la misma sesión se trataron otros dos puntos. Por un lado estaba el expediente instruido por Francisco Orts “para el derribo de un trozo de pared contiguo á la casa que está reedificando, sita en la Calle Nueva (de la Mitja Galta; de Canalejas en 1914) de esta villa, [pared] que servía antiguamente para sostener la cañería de las fuentes públicas de la misma y que en la actualidad no sirve para nada ofreciendo inseguridad para los transeuntes por su estado ruinoso y afeando el aspecto de dicha Calle y Plaza de la Constitucion”. HIDROFOBIAEl otro asunto era responder a la pregunta de ¿qué hacer con los perros vagabundos? Había que “evitar los desastrosos efectos de la hidrofobia, y no habiendo en el presupuesto cantidad alguna para la adquisición de la Estrignina necesaria”… (Era difícil y caro, y recurriendo al apartado de imprevistos, dotarse del famoso extracto de la nuez vómica, ese alcaloide. (Según el diccionario de María Moliner, esa nuez, una semilla de un árbol de Oceanía, es altamente venenosa y se emplea en medicina como emética y febrífuga, originadora de copiosos vómitos…Recordemos, además, que en posguerra hemos visto cómo un empleado menor de los ayuntamientos vileros aparecía inopinadamente en la plaza de Nueva España portando un lazo con el que sorprender a un perro que, afectado por la hidrofobia o rabia, había que eliminar de la circulación, no fuera a morder a alguien. Una estampa ciertamente alarmante…y bastante tenebrosa).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

EL “NAVICHUELO” DE MARCOS LÓPEZ

BARQUICHUELOS

Crónica nº. 297. El “navichuelo” de Marcos López  (1743)

Sobre ciertas actas públicas de los siglos XVII y XVIII opina este cronista que a veces lo peregrino de ciertas conductas humanas reside en que no acaba uno de entender de qué tratan o qué buscan… y por muchas vueltas que se les den. Esto no se debe a pobres caligrafías o al uso de abreviaturas del escribano que lleva el relato de los hechos. Puede que el notario de alguno de estos escritos tuviera dificultades en verter al obligatorio castellano los hechos que le narraban en valenciano los vecinos, aparte de la abigarrada secuencia de los conceptos del Derecho empleados y la arbitrariedad, fruto de la impericia gramatical de en la lengua castellana…

Uno de esos casos podría ser el de los tres vileros que en 1743 se disponían ¡a viajar a Madrid! para vender un “navichuelo”. Estos vecinos eran “Marcos Lopes, Pedro Andreu, y Antonio furio (sic) Vezinos de esta Villa y [los cuales] Dixeron: Que respecto de haver fabricado el dtho Marcos Lopez un navichuelo (nave pequeña, quizá una maqueta, sin que consten sus dimensiones), y convenidose âmbos tres condusir dch Navichuelo â la Villa y Corte de Madrid ô a donde mas les convenga, para por este medio adbitriarse con el util [el dinero] que se sacare de el (él) pero siempre con el conosimtº.de ser Dueño el espresado Lopes del referido navichuelo sin cosa en contrario y a mayor fuerza y abundamiento pusieron los Capitulos siguientes: Primte. Que de todo el util que sesacare de la conduccion del dicho Navichuelo −escribía el notario Isidro Lorca−, haya de ser reapartibre (sic) entre los dhos Lopes, Adrover, y furio en esta forma, que se sacare tres partes, y a de ser la una solmte. (solamente) de êl consavido Lopes, como dueño que es de él dtho navichuelo, y la otra y por metad de los yâ contenidos (los otros dos vileros), pagados, travajos, Alimentos, y demas nessesario ala dhª conduccion. Otrosí: Que se a de reconoser por dueño de dho navichuelo al contenido Lopes, y que si este quiere venderle, regalarlo ô enagenarse de êl, no le han de poner el menor embaraso ni detrimtº. â su enagenacion, y que el precio ô util que de el se sacare àya de ser todo del dho Lopes sin cosa en contrario. Y ultimamente −seguimos transcribiendo− que dado caso que se quiesieren restituir de dho viaje los dhos furio, y Andreu, no hàya de ser obligacion de darles cosa alguna dtho Lopes, por tenerlo estipulado y tratado entre ellos”. “Y assi lo otorgaron y no firmaron por que dixeron no saber hizolo por ellos uno de los testigos que lo fueron Vicente Galiana Bautista Puih (sic), y Joseph fitade dhª. Villa vezinos y moradores”.

Inevitablemente, el cronista da en pensar si aquella aventura contaba con los elementos necesarios para que acabara bien, aunque reunía muchos elementos de aleatoriedad o aventura…, puesto que los caminos estaban repletos de salteadores, desde luego, aparte de las posibles inclemencias del tiempo atmosférico. (También se puede apreciar el elemento estimulante de la comprensible vanidad u orgullo del constructor de aquella maqueta, que, como ocurre a muchos humanos, no se resignaba a que su obra quedase en el anonimato más feroz…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

AQUEL AGUARDIENTE VILERO (1744)

BOTA

Crónica nº. 301 Aquel aguardiente vilero  (1744)

Por un asunto mercantil de vino y aguardiente, el alguacil del Juzgado vilero, Fita, bajó al arrabal de San Christoval la mañana del 7 de julio de 1744. Fuera de las murallas y acompañado del escribano oficial Isidro Lorca, ambos buscaban la vivienda de Joseph Forio (¿Furió?), su taller de carpintero. Se suponía que allí se encontraban unos toneles llenos de aguardiente pretendidamente de Geronimo Orts. Su Merced el Doctor Don Gaspar Linares, abogado de los Reales Concejos y alcalde de Villajoyosa entonces, había mandado se interviniese dicho género, además del vino que allí hubiera. Dictó esa orden porque ese mismo día Juan Lloret de Antonio Nadal había indicado al dicho Justicia cómo había mercado el 23 de mayo anterior “quinientos y catorce cantaros de vino a quatro Sueldos la metad Menudos (calderilla), y la otra plata que su inporte es noventa y nueve libras diez, y siete Sueldos, y siete dineros d Francisco Zaragosí y Joseph alemanyñ (sic) ambos vesinos de la varonia de Sella pro sedentes del desmario (1) de esta referida villa; para cuyo efecto se ôbligò mancomunadamente con el susodicho Orts a pagar la referida quantia en el dia y fiesta de todos Santos primero viniente (…) a Zaragosí, y alemanyñ cuya escritura pasô ante el presente escrivano en veinte y tres de mayo pasado dproximo (que de ser assí Yo el escrivano doy fee) la que en caso nesesario assia (haría) excibision…”

Una vez expuesto esto, Juan Lloret seguía con su relato, que se extendía a su tropiezo con Orts: “Y como en el estado presente susede que el susodchº. Orts se va Cactando (jactando) en diferentes partes de esta villa que no ay mas dueño que el, del referido vino por lo que, y haviendo este tomado la llave de la Bodega en donde esta el referido vino, y haviendose puesto a distribuirlo ya vendiendole, ya fabricando aguardiente, resta que quando vendra el mencionado plazo se halla (haya) extraviado dcho genero y su producto sin poder cumplir, ni satisfacer su pago a quien tan legitimamente se le deve. Por cuyo motivo pedia y suplicava a S. Mersed mandase sequestrar, y embargar dies y siete Barriles d Aguardiente que se enquentran en la casa de Joseph forio depositandoles en persona lega, llana y abonada (de confianza, en suma) como tambien el vino que se hallase en poder de visente urrios ô, dinero que deviese al contenido (aludido) Orts presedido de la Compra de vino”. El Justicia vio claro el asunto, por lo que ordenó “se haga formal sequestro dl referido Aguardiente”.

Se interpeló a Forio y éste dijo que allí estaba el género de Orts, en su “Botiga”, justamente al lado de la carpintería. Dicho aguardiente, seguimos leyendo, “no se hallava en Barriles por haverse vasiado con una pipa nueva, y en una tinaja”. La tinaja, como se vio luego, estaba tapada con yeso. El alguacil hizo venir aNicolás Tores (¿Torres?), “Botero venido de esta villa para que visurase, y reconociese el Aguardiente (…) y encontró aver asta unos sinquenta y ocho cantaros uno mas o menos (…) cuya diligencia practico dcho Aguasil por no haverse podido medir por no encontrarse avios para vasiarle y por ser este Genero que pierde mucho de su ser una ves que se destape y se mude d parte a otra”.

Todo se dejó en depósito al vilero Joseph Lopes… con claúsulas adecuadas a aquellos casos de retención. Ese mismo día, 7 de julio, el alguacil subio al “partido de San Anton huerta de esta villa de Villajoyosa”, y allí se vio con Visente Urrios, quien disponía de parte del vino comprado a los de Sella y por cesión de Geronimo Orts. Se le pidió que entregara el dinero obtenido con el vino que hubiera vendido y que dijera cuánto le quedaba por vender, procediendo a embargárselo ante los testigos Pedro Nogueroles, mayor (de años), y Luis Soler. Sólo nos queda por decir que el tal Forio rogó al Justicia que le dejara cumplir con un compromiso que tenía con parte de la Armada Real, en Cartagena. Permitido esto, una barca de pesca, anclada en la playa frente al recinto de La Vila, cargaba con “trese Barriles” de aguardiente que el carpintero había llenado con cincuenta cántaros y tres azumbres y media… para llevarlos a Cartagena.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

(1) El ‘dezmario’ (o diezmario) eran los límites señalados de antiguo con el objeto de fijar el pago de los diezmos y primicias a una parroquia.
Der. del lat. decimare), condición de una heredad dada en diezmo.

EL ESPARTO DE LOS POBRES (1745)

ESPARTER

Crónica 304. El esparto de los pobres (1745)

En pleno otoño de 1745, al pregonero Joseph Fita se le encargó que, tomando el tambor y el texto de un acuerdo firmado por el Cabildo vilero, saliera a la plaza pública a comunicarlo de viva voz al vecindario. Los que atendieron sabrían en seguida que el señor alcalde, Pedro Soriano, había ordenado un trato de favor a los pobres del municipio y en clara oposición a la voracidad de ciertos labradores y de algunas familias de gente pudiente y con influencia social. Ese 13 de noviembre había explicado Jayme Aragones, uno de los regidores vileros, “que por quanto algunos vezinos pobres de solemnidad (…) se han representado (han expuesto que) como muchos de los labradores, y Gente poderosa (…) arrancan las atochas (o matas del esparto) del termino para sus cavallerizas, y que de ello causa notorio perjuicio â dchos. Pobres, respecto, que por las cercanias de esta Villa no se encuentra adonde arrancar esparto, sirviendo este para la manutencion de sus Pobres familias, como es evidencia lo dchº. por los Paleros, que continuamente estan socorriendo a dchos. Pobres en la asienda que les mercan y de ello resultar tambien en Utilidad de su magestad que Dios gde. por las ropas (productos manufacturados) de esparto quese enbarcan en esta Playa y se consumen en este Reyno”.

Aragonés había recibido de esta gente humilde el ruego de que fuera tratado tan penoso asunto en sesión capitular, como se comprende, y alejando a toda costa de los pobres aquella nueva fatalidad. Era de justicia que el Ayuntamiento procurara que a los desheredados de la fortuna no se les pusieran más obstáculos para sobrevivir, y en su defensa dictó la normativa que pregonó Joseph Fita por todo el término municipal. Aragonés había hecho su defensa de los humildes añadiendo que lo hacía “por cuyas tan justas causas”, e invocando asimismo el menoscabo que se produciría al Real Erario de no permitir a los pobres que trabajaran y se valieran del producto de los espartales vileros. En consecuencia, se acordó aquello que él sugería: “… que dchs. labradores, y otras qualesquiera Personas de este comun se abstengan de arrancar dchª. atocha de los montes inmediatos a esta dcha.Villa pues en caso de hazerlo ha de ser al cabo del termino, y en parage que pueda cultivarse para cuyo fin y prohibision se les inponga alos contraventores la pena regular, y que se aplique a penas de Camara, y Gastos de la Justicia por metad otra al que denunciare y la otra a disposicion de la Villa”. (O sea: que se premiaría a quienes denunciaran aquel abuso con la mitad de la multa impuesta). De observarse esto, las solanas del monte bajo recibirían muchas manos laborales en el verano de 1746… para, con su habilidad y tesón, y posteriormente, manufacturar el esparto o dejarlo trenzado para transformaciones ulteriores. Y con el hacendoso concurso y dedicación intensa de las animosas y valientes mujeres vileras.

Finalizada el acta de la sesión, el escribano, a la sazón Isidro Miquel, dejó anotado al pie del texto lo que sigue: “Doy fee como oy dia de la fecha de esta por Voz de Joseph Fita Pregonero de esta Villa se publico la prohibicion de arrancar atocha segun previene la deliberacion que antecede, y lo executó (acento, nuestro) con tambor dcho Pregonero en la Plaza publica de dcha Villa en donde avia concurso (concurrencia) de gente, y para que conste en cumplimiento de la zitada deliberacion lo adnoto, y firmo en Villajoyosa dia mes y año que anteceden”.

Por supuesto, y como dijeron los capitulares, ya nadie en La Vila podría alegar ignorancia sobre el caso del esparto… (Quizá el pueblo llano confiaba más en el edil que en el clero local, que en ningún escrito que hemos leído o transcrito figuró como defensor de los humildes, que ya es decir. Tal vez gran parte de su tiempo diario lo ocupaban en seguir sus cuentas económicas, basadas en posesiones de terreno agrícola y préstamos y cobros por sus funciones religiosas, misas para difuntos y… rogativas. Y digamos, una vez más, que hasta hubo una mujer vilera, muy devota ella, desde luego, que había encargado en una ocasión 88 misas para la salvación del alma de su marido…, pagadas en moneda, en terrenos agrícolas o propiedades urbanas…, que así se explica, y sólo en parte, el inmenso patrimonio eclesial vilero. El patrimonio material que relató el sacerdote don Ernesto Zaragoza Pascual) en una revista de fiestas a Santa Marta).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DEL “VENDAJE” DEL TABACO (1771)

Crónica nº. 384. Del “vendaje” del tabaco  (1771)

El día 19 de mayo de 1771 estuvo en casa del notario Miguel Lorca el agricultor vilero Juan Sellés, habitante “enel llano de la hermita”, y también compareció Don Antonio Fernández Mendizábal, a la sazón Administrador de las Reales Rentas y de la misma vecindad que Sellés. Ese día manifestó éste ante el notario lo siguiente: “Que por quanto Juan Esquerdo de Domingo Labrador y Vezino de la expresada Villa, y morador enel Llano de la hermita de San Antonio de esta Jurisdicción hatenido asu cargo el vendaje (la venta) de tabacos enel Estanquillo, del dctº. Llano desde el pasado año demil setecientos sinquenta, y seis (1756) hasta el presente, y dia de ayer que fue la conclusión del mes, el que se despidio pornoserle conveniente su continuación a causa de sus presisas obligaciones, y faenas de labranza, que estâ presente [él], y confiessa toda la relacion por verdadera; Y el antedthº. Dn. Antonio, a fin haya persona de Igual Cargo en dthº. Estanquillo en Virtud de su Empleo, y facultades que Ensi Reciden en Virtd de este Auto, nombra y elije por Estanquero deél a Juan Selles de Vicente tambien Labrador dela mencionada Villa, y habitador enel Mismo Llano con las Vezes y Vozes requirentes para el caso, para su Vendaje y cuydado, con tal, que interin se mantenga en él”, etc.

Tabaco88
Después de aquello se enumeraban las condiciones para que el recién nombrado estanquero pudiera hacerse con dicho abastecimiento: “Haya de dar fianza, para el resguardo del despacho hasta en cantidad de sesenta libras plata corriente a fin de satisfacer, el importe y faltas en cada un dia ultimo de Mesada, delos vivientes de hoy en adelante permaneciendo en el encargo que se le fia, â favor del Antedthº. Administrador, que hoy es y por el tiempo fuere en esta dthª. Villa; Y hallandose −continúa el relato del escribano− presencial el adnotado Juan Selles, aceptô el relacionado encargo se dio por entregado deel como tambien del Peso, piedras, y demas arreos correspondientes para el citado vendaje; Y para el seguro de las Estipuladas sesenta Libras dio por su fiador â Vicente Sellés su Padre tambien Labrador (…) y quien se obligó a satisfacer al adnotado Dn. Antonio y Real Renta los Alcances (déficit o pérdidas) que resultaren en cada un mes contra el dthº. Su hijo hasta dthª. suma de sesenta Libras de la misma moneda, y Costas que se causaren acuyo fin desde haora Juntamente con el y â dthº. Su hijo se dan por entregados, de los efectos tiene recibido el significado Juan y en adelante se le entregaran, insistiendo en su empleo” A ello seguía la retahíla de más y más formalidades genéricas hasta llegar a empeñar su hacienda para con el cumplimiento del servicio y devengos ante el administrador de las Rentas Reales, artífice en este caso de la continuidad de la, suponemos, modesta expendeduría del tabaco en la barriada de La Ermita. Luego de la tumultuosa lectura notarial firmaban los testigos del contrato, que lo fueron Joachim Gutierrez Estanquero y Thomas Vaello, Matriculado [agente comercial matriculado], vecinos todos de Villajoyosa.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

POR EL MULO DE PHELIPE (1731)

Crónica nº. 231. Por el mulo de Phelipe (1731)

El 8 de mayo de 1731, y ante el escribano Francisco Juan Buforn, Gaspar Galiana otorgó escritura de obligación a Phelipe Llinares de Alvaro… por cuanto le había vendido un mulo al fiado. Su precio entonces, sesenta y tres libras. Fel012Esa cantidad “de moneda provinzial”  la pagaría Gaspar dividida en tres plazos en el día de Todos los Santos de los tres años consecutivos, “y por qualquiera paga que dejare de hazer quiere y consiente se le execute en Virtud de esta Escritura y el Juramtº. â cuyo seguro obligó supersona, bienes havidos, y por haver, y dio poder a las Justicias de su Magestad para que a ello le apremien por todo rigor de derecho y via executiva”, etcétera, una actitud olímpicamente honesta… y comprobable, al parecer, pero de costumbre. Luego, pasado el tiempo, y sin que se nos digan las causas, Galiana no pagó los dos primeros plazos, y no cumplió en las ocasiones en que fue requerido para ello. Mientras esto ocurría, Phelipe Linares habría hablado con los testigos en la escritura de obligación, Thomas Rovira, Juan Lloret y el mismo Francisco Juan Buforn… para darles cuenta de cómo el obligado seguía con aquella deuda dos años después.

A mitad de noviembre de 1732 !), y con el traslado o copia de la escritura, el acreedor elevaba instancia al Justicia, D. Joseph Peres, a su vez alcalde ordinario de Villajoyosa. Pedía Phelipe a este Justicia que ordenara el embargo de los bienes de Linares por el valor de las cuarenta y dos libras que éste le debía. Pedía, igualmente, que las costas judiciales fueran a cargo del deudor.

Vista aquella situación, el Justicia ordenó la ejecución pertinente, que llevaría a cabo Ignacio Paulino Miquel, “Alguasil maior” de La Vila. Con lluvia o sin ella pero con frío y quizá viento en el ambiente, el dicho alguacil se encaminó hacia la huerta de a la partida de els Alcocons en compañía, ambos sobre monturas, de Isidro Miquel, escribano del Juzgado. Una vez en la heredad de Galiana, se le expuso la razón de aquella visita. Poco después se vio que allí no había bienes que embargar por el valor de las cuarenta y dos libras… El deudor se hizo cargo de la situación y señaló un pedazo de tierra agrícola con derecho a riego “comprensiva de quatro jornales d labrar propia del dcho que Alinda con tierras de Salvador Lloret, d Caetano Aragones (sic) y en las [tierras] del Mismo Executado (…) en cuyos bienes sitios dcho Alguasil Mayor Mandó travar, y travó dcha Execucion (…) y la dexó en Abierto pª. (para) la mejorar siempre que a la parte [adeudada] le Combenga”.

En el momento de “trabar embargo” y por no entorpecer las actuaciones judiciales, el hijo de Galiana, Vicente, salió de “fiador de Saneamiento a los referidos bienes executados, y que al tiempo dl Remate seran valiosos, y abra (por habrá) postor, cuia diligencia êxecuto dcho Vizente Galiana para evitar mayor molestia al dcho su Padre”. El fiador garantizaba con sus bienes el valor de lo incautado para la deuda contraída, de modo que la cancelaría de su bolsillo en caso de que se estimara insuficiente lo obtenido por subasta…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de la Vila