EL ATALAYERO AMANCEBADO (1762)

ATALAYA

Crónica nº. 73.  El atalayero amancebado (1762)

Siendo Francisco Juan Llorca atalayero del castillo de Benidorm en 1762, fue acusado de estar amancebado con una mujer casada, con el agravante de escándalo público y según testimonios de aquella villa. El alcalde de Villajoyosa ya tenía cierta noticia del hecho, y eso lo prueba la carta orden del “Veador (veedor) General de la Costa de este Reyno”, que era D. Bernardo Carroz Pardo de la Casta. Su escrito del 11 de septiembre de aquel año manda al alcalde vilero, D. Pedro Aragonés, abra diligencias para dilucidar si era cierta o no la relación de Llorca con la susodicha mujer, recordándole que fue el Retor de Benidorm, Dr. Jacinto Llorca, quien primero se revolvió contra semejante inmoralidad. Acusó noticia el alcalde vilero y, en compañía de su escribano, Juan Miquel, partió hacia Benidorm a las once de la mañana del día 4 de octubre. Casi dos horas después, juez y escribano llegaban a la villa vecina, de lo cual se dio fe por escrito en aquel mismo momento. Entrevistados con Pedro Vives, alcalde de Benidorm, a quien dan “recado Politico y urbano” de la misión que les lleva allí, el justicia benidormí se puso a su disposición y comenzó el interrogatorio de testigos.

El primero en declarar fue Phelipe Zaragoza, que era atajador, el cual, y tras prestar juramento de decir la verdad, dijo que “de voz y fama Publica tiene entendido que Francisco Juan Llorca da escandalo”, añadiendo que la referida mujer entraba y salía con frecuencia del castillo y que hombre y mujer “se hacian gestos con la cara”, indicando la complicidad que en ellos creía ver.   Jayme Suc también era atalayero del mismo baluarte, testificando que el hombre entraba en la vivienda de la mujer y ella en el castillo, ignorando si la Justicia había afrontado el caso con anterioridad. También atestiguó Vicenta Sapena. Decía ésta tener por cierto el amancebamiento y que incluso había recriminado varias veces a la mujer del caso… cuyo nombre no se quería apareciera en el expediente sino en documento aparte. ¡Tampoco figuró el del marido de ella!

A Thomas Orts, “Cabo Principal de la Gente del Mar de Benidorm”, se le pasó recado del alcalde vilero, Juez de Comisión en aquel asunto, para que permitiera que declarara algún marinero, y se presentó ante el Justicia Jayme Barceló de Pedro. Declaró este hombre que, teniendo que hacer sus necesidades, se dirigió en una ocasión al aprisco de Jayme Orts unos veinte días atrás. Allí encontró al hombre con la mujer, saliéndose inmediatamente suponemos que por discreción, quizá también por sofoco suyo. Y que aquella mujer, cuando salió del corral, manifestó a otros hombres que también la vieron “que no imaginasen que venía de haser alguna Picardía”. Otro testimonio lo prestó D. Visente Tous, alcalde del castillo de Benidorm, confirmando con sus palabras el escándalo que hombre y mujer estaban dando en la villa…

El 5 de octubre, y en Benidorm todavía el Justicia vilero, dijo que “devia mandar y mandó se ponga preso â Fco. Juan Llorca Atalaya en el Castillo de Villajoyosa a orden y disposición del señor Dn. Bernardo Carroz Pardo de la Casta (…) y se remitan dchas diligencias al mencionado Señor Veedor para que mande lo que estimare conducente”.

La coincidencia de los testimonios abocaba al Juez Comisionado a tal medida, evidentemente. El auto fue comunicado enseguida al condenado. El día 7 el escribano, ya en La Vila, se personó en el castillo y tramitó lo dictado en el auto a los atalayas que en él ejercían entonces: Miguel Morales y Matías Zaragoza. Con fecha de 11 de diciembre, el Veedor General firmaba otra carta orden. Había recibido las diligencias y ordenaba a su merced el alcalde de Villajoyosa pusiera libre al preso, apercibiéndole de que, ni pública ni secretamente debía verse con la mujer con la que estuvo amancebado. El preso debería volver a “exercicio de la Plaza, como que pague las Costas (judiciales) de dicha Sumaria con toda la equidad y arreglo posible”. También había tenido que pagar el sueldo de quien lo sustituyó de atalayador mientras estuvo encarcelado.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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EL ROBO DE AQUELLAS RESES (1762)

Crónica 372. El robo de aquellas reses  (1762)

El robo de unas cuantas reses lanares creó conflicto en Villajoyosa en el mes de marzo de 1762, conflicto en el que intervinieron distintas autoridades judiciales de nuestra villa y de la capital alicantina. Lo sabemos por la escritura otorgada por Joseph Mayor, Síndico Procurador General vilero. Ante el escribano real Miguel Lorca, decía Mayor lo siguiente: “Que por quanto la misma y su comun (por Villajoyosa) por haverse llevado del Rincón del Caracol termino de ella Joseph Verdú dela aldea de Aguas con otros sus vecinos cuarenta y nueve reses Lanares propias de Dn. Jayme Aragones (¡ahí era nada!) Vezino de la antedicha Villa por cuyo hecho la Justicia ordinaria de esta, fulminô (o inició) autos de Robo, y la de la Ciudad de Alicante, pretendiô sobstener ser aprenzion eô peñorada (pignorada) por pretender estar en termino y Jurisdicción suya (de Alicante y no de La Vila), sobre la qual comision penden autos en la Audiencia dela Capital de este Reyno, en la sala del Señor Dn. Joseph Moreno, por ante el escribano de Camara Don Bartolomé Villarroya…”, etc. Lo que sigue, observamos, se aparta momentáneamente de la esencia del delito, que queda difuminado entre alusión a procuradores de un lado y otro… hasta que se entra en consideraciones de términos territoriales, toponimias y lindes geográficos precisos. De ello procede una concreción que viene a ser como dictamen incontestable de la definitiva localización de los hechos del pretendido robo. Leemos “Que la partida del Caracol, no està pegada al mar, sí aun distante desu orilla, como media ora de camino; Que el Barranco llamado del Caracol, eô Rincón, no tiene, ni atenido jamas, nombre de Carrizalejo, ni Carrizal, sí solo llamarse, y haverse llamado con expresión del Caracol; cuyo estâ muy internado dentro el termino de dicha Villa (por Villajoyosa), y circundado de heredades de Vezinos de ella y sensidas (pagadoras de tributos) a la misma, sin haver terrateniente alguno, de Alicante ni de otra población por la parte de dicho termino; Que ignora que en dicho termino, haya partida alguna llamada Carrizalejo, Carrizal, Cantal del Pino, Barranco de Cantamola, ni muela, teniendose por esta, cierta redondez que se descubre en la altura dela Sierra de Cabezò, llamada vulgarmente la Moleta de Cabezó que estâ sita entre Busot, y Aguas [de Busor], Linea Divisoria del Reyno de Valenzia, y Corona de Aragón antes de unirse â esta, Alicante, Elche, Orihuela y demas territorio existente assí alaparte del Reyno de Muzcia, según la descripzion de varios autores que expresan; partia por la Cierra de Biar, trô ala Mola, ê trô (en dirección a) al Mar, que parteix, ab Busot, ê ab Aigues, cuya dicha linea Divisoria, estâ mas de una ora de Camino dela antes nombrada partida del Caracol assí a la parte dela expresada ciudad de Alicante; Que es quanto en razon de lo noticiado puede manifestar con dicho Cargo”. (Seguramente estos argumentos eran debidos al procurador de Villajoyosa…).

Acotadas estas razones, que podían cambiar la calificación del hecho de apropiarse las 49 reses lanares en caso de admitirse, seguimos el documento: “En cuya conformidad (…) manifestó (el Síndico, se quiso decir) las inclusas respuestas para que por dicho Apoderado −que lo era Martín Ximeno− se execute la pedida y mandada Declaración en la insinuada Sala y Referidos autos, mediante la representación de esta escritura que desde ahora en el nombre que exerse de tal sindico aprueva, y da por ratificada guardando el orden prevenido en ella y su exordio” o inicio.

Así se otorgó dicho instrumento notarial, que atestiguaron con su firma Bautista Esquerdo de Domingo y Gaspar Mayor de Antonio, labradores y vecinos de Villajoyosa. (Las alusiones a la demarcación de La Vila, aquí confirmadas, son reflejo fiel de las que ya encontramos en el texto de la Carta Pobla, y que servía de referencia para pleitos territoriales en que estaba puesta a prueba la extensión territorial de Villajoyosa, cuyos vecinos, propietarios de dichas partidas, pagaban impuestos a La Vila).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

PRECARIEDAD Y RUINAS “EN CASA”

C. MAJOR

Crónica nº. 427. Precariedad y ruinas “en casa”  (1876)

La escuela de párvulos de don Francisco Lloret Galiana nadie sabe dónde estaba porque los Libros de Plenos del Ayuntamiento no se solían precisar calle y plazas mientras el inmueble no estuviera en ruinas inapelables o hubiera que hacer obras en tales lugares urbanos. En el caso de la escuelita, el docente manifestaba que “parecia hallarse ruinosa, especialmente desde la puerta de entrada hasta la ventana”, cosa que corroboraría posteriormente el maestro albañil  Bartolomé Pérez Lloret ante la corporación municipal. Añadía éste que se había producido un hueco considerable en una pared, dejando al descubierto una campana y el cañón de una chimenea.

Pero el tema de las necesidades quizá urgentes se incrementaba aquel mes de diciembre de 1876 con el propósito consistorial de aumentar el número de dependencias del Ayuntamiento y dotando al edificio de la necesaria holgura o capacidad. Ante el plano del edificio, fueron estudiadas diversas soluciones, así como el presupuesto y la memoria del proyecto, sin descartar discutir sobre solares contiguos, “propios de los herederos de don Pedro Aragonés Bolufer, don Vicente Izquierdo y don Vicente Zaragoza”. Aquéllos eran terrenos que debía adquirir el Ayuntamiento por compra puesto que sus propietarios estaban conformes en vender, vista la casi imperiosa necesidad de que las Casas Consistoriales ganaran en capacidad, “á fin de que pueda contener las oficinas mas precisas aún (a un) establecimiento de tanta importancia”.

El día 16 de diciembre aquellos solares ya estaban tasados, según el acta municipal que leemos. El de los herederos de Aragonés Bolufer, en quinientas pesetas; en ciento cincuenta, el edificio de Izquierdo, y en doscientas cincuenta, el de los herederos de Vicente Zaragoza. En el acta de la sesión se anotó que, “Resultando, según se demuestra en el plano que se tiene á la vista, [estaba clara] la conveniencia de adquirir los tres solares de que se trata porque solo con su adicion al edificio municipal podrá comprender este las oficinas de que carece y que le son absolutamente necesarias”.

El ruinoso estado de parte del edificio ya se había tratado en sesión del 27 de agosto; dos años antes se encargó a Bartolomé Pérez que formara el requerido plano para mejorar la fábrica del inmueble, y se presupuestaron entonces 7.500 pesetas. (Digamos que la propuesta de sanear el edificio ya venía del año 1868). Siguiendo las pistas de aquel asunto en los libros de actas hasta llegar al año 1876, no vemos dato posterior a la adquisición de los solares ni se da cuenta de haber realizado allí obra alguna. (Téngase en cuenta que, lamentablemente, hay libros del ayuntamiento que no aparecieron cuando nos impusimos el propósito de redactar estas crónicas). Aparte, y sin duda, emergencias más intensas debieron de posponer la deseada transformación de la Sala….

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

MI CUADERNO ESCOLAR DE 1946

Crónica nº. 511. Mi cuaderno escolar de 1946

El 15 de octubre de 1946 fue martes y, por serlo, el alumnado de aquella escuela se disponía a estudiar Gramática nada más entrar en el aula, concretamente la acentuación de las palabras: “Acento prosódico −decía el libro− es la mayor elevación de voz con que se pronuncia una palabra”. Puedo leer esta solemne afirmación en la primera página de mi cuaderno de ese año, que entonces yo tenía nueve. (Ese recuerdo escolar me lo dio hace más de treinta años don Juan García Farach, que fue mi maestro en el “Álvaro Esquerdo”). En la segunda página está la fábula en verso titulada “La serpiente y la lima”, que empezaba así: “En casa del cerrajero / entró la serpiente un día / y la insensata mordía / en una lima de acero…”. La moraleja nos llevaba a un final en que la actitud del reptil era similar, o casi, al del mulo que daba coces “contra el aguijón” de una avispa, tan impertinente ella… (Una explicación del texto quizá pudo hacernos comprender la filosofía de poema tan prosopopéyico. Las páginas que siguen hasta la del día 30 del mismo mes, que caía en miércoles, constituyen un entrañable compendio de la didáctica de la época y de quizá nuestra recepción de la misma, bastante respetuosos y disciplinados en aquella época en la escuela….

Adquirido el cuaderno, segundo del curso, en la tienda de Esteban Soler (padre de don Jaime Soler Soriano), casi al final por el Sur de la calle Canalejas de nuestra ciudad, constaba de 32 páginas con pautas para la escritura, y qué satisfacción la nuestra −la de un niño− al comenzar una de estas libretas luego de que el maestro escribiera en la tapa nuestro nombre de pila y apellidos con tinta roja, aquella fluidísima tinta de corregir cuya intensidad sobrepasaba la imposición cromática de las tapas color teja… o calabaza.

Un recorrido nostálgico por las lecciones y ejercicios que nos “tocaron” esa quincena invernal, con tanta humedad y frío en aquel recinto, oloroso a lapicero y goma de borrar, nos inclina a enumerar la varia temática de las semanas, cada día dedicado a una disciplina: Geografía e Historia, los viernes; Aritmética y Geometría, los miércoles; Historia Sagrada, los sábados… Uno de los viernes −a título de curiosidad− comparecían la orientación o puntos cardinales y los Reyes Godos, que ya se sabe que no podían faltar. El Día de los Caídos y aquel de la Hispanidad bien podían brotar, inopinadamente en la mente infantil, por entre la Historia de España y tal vez a afectos de una lección ocasional, o conmemorativa… que había muchas pululando como nostalgia impuesta y, al parecer, escasamente compartida por una gran parte de la sociedad civil española….

La amenidad del cuaderno residía en las dos o tres páginas dedicadas a dibujos −los jueves por la tarde “tocaba” eso− y que se debían a la inventiva y predilección del alumno. El que suscribe incluso ilustraba el texto de los problemas aritméticos de kilogramos, litros y pesetas y con algunos céntimos (de los miércoles, repetimos) al hallar pequeños espacios en blanco en el papel de aquellas cuentas, brevedades de problemática económica doméstica. “Gasté 2’65 ptas en una libreta, 4’75 en una goma y 2’95 en un lápiz. ¿Cuánto gasté en todo?” A cuánto no le puse acento y lo que me gasté ascendió a 10 pesetas y 35 céntimos. Cerca de la operación explícita dibujé la goma −marca “Milán”, por supuesto− y varios billetes de a cien pesetas, como si su modelo estuviera a diario en mis manos o en las de mis padres. Otros dibujos representaban al Caudillo de España, mi Patria, a Cristóbal Colón en su pedestal barcelonés… y a Roberto Alcázar y Pedrín, que ese tampoco podía faltar.
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De paso, transcribo aquí una consigna copiada de la pizarra un día de aquellos: “El que sabe callar posee una virtud más útil que el que sabe hablar”. Posiblemente, la elección del silencio se debía a la actitud interesada del docente, con frecuencia recabando un aula silenciosa, ordenada y eficiente…o una generalizada actitud de sumisión sin réplica al sistema político que nos había caído encima después de una guerra civil Originada por Franco y con la ayuda resolutiva de sus amigos alemanes e italianos, cosa que los niños ignorábamos y seguiríamos ignorando hasta bien entrada nuestra adolescencia. (Es mejor suponer esto que demonizar el texto por su procedencia oficial, a pesar de tanta boca como había entonces decidida a no irse de la lengua, porque…).

Insertados en los pupitres biplaza del aula, los alumnos incluso ya nos atrevíamos con la tinta y la pluma, elementos que tantos disgustos y tribulaciones −”¡Pepito ya escribe a tinta!”− nos procuraron cuando el tintero se volcaba sobre el tablero inclinado de durísima haya… y las numerosas y amazónicas lenguas azuladas o negras, chivatas, manchaban a diestro y siniestro, incluidas las baldosas rojas del suelo. El cubo con agua y el trapo −tan socorridos− entraban en acción a los pocos segundos ante tamaña y gritadora emergencia… para proseguir luego todo el mundo con el dictado, un suponer, sobre Doctrina del Movimiento… y sin que fuera fácil librarse del estigma tintóreo enraizado en nuestras manos. Como si fuera a durar unos cuarenta años… o muchos más.

J. Paya Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LA ESTACIÓN DEL TREN (1911)

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Crónica nº. 477. La estación del tren (1911)

Al tiempo que se alargaban los trabajos tendentes a terminar el camino a Finestrat desde Villajoyosa, ya se producía la ocupación de terrenos incultos destinados a la edificación de la estación del ferrocarril Alicante-Denia. Era el año 1911 y, habiendo venido S.M. el Rey Alfonso XIII al acto de colocación de la primera piedra de aquellas obras, fue tanto el entusiasmo popular por el monarca que unos días más tarde éste concedió a Villajoyosa el título de ciudad. Esa nueva categoría se debió asimismo a su aumento de población y desarrollo industrial y agrícola. Por tanto, ya era ciudad cuando se diseñaba la estación ferroviaria y sus dependencias. Y, considerando el Ayuntamiento que siendo de su propiedad dichos terrenos, se le debía abonar su precio y según “la justa tasación de peritos de ambas partes”. A tal efecto, y con miras a que se entendieran los representantes de Villajoyosa con la compañía constructora, la presidencia del Cabildo municipal propuso se formaran dos comisiones negociadoras. La del Ayuntamiento la compondrían el alcalde y los señores concejales Jaime Soler Urrios y Miguel Guardiola Martí.

El treinta de abril de aquel año esa comisión comunicó al resto del Ayuntamiento que la empresa ferroviaria proponía se le permitiera aprovechar la tierra y la piedra resultantes del desmonte de unos terrenos propiedad del Ayuntamiento para ensanchar la estación. Del mismo modo, y una vez que el Ayuntamiento hubiera exhumado los restos del cementerio antiguo allí existente, la compañía se brindaba a demoler las paredes del mismo y retirar los escombros. La alcaldía veía en esa operación una mejora importante “que embellecerá el punto en cuestión” y aplaudía las diligencias llevadas a cabo por sus representantes municipales. (El cementerio antiguo estuvo ubicado en lo que actualmente conocemos como ermita de Nuestra Señora de la Salud, en la cúspide allanada de la entrañable colina junto a la estación de la que hablamos).

El peritaje de los terrenos a remover se culminaba el 22 de agosto, quedando valorados en 370 pesetas y el alcalde pidió autorización para proceder al cobro de esa cantidad, a ingresarla en las arcas municipales. El 7 de noviembre volvía a presentarse el tema. La comisión que trataba con los representantes de la constructora ferroviaria comunicaba que al Ayuntamiento se le adeudaban 630 pesetas, importe de la tierra que seguía extrayendo y usando la concesionaria del ferrocarril en área propiedad de Villajoyosa, “sin perjuicio −precisaba− de más detenida medición y tasación”. Fue en enero de 1913 cuando acordó el Consistorio que la Comisión de Policía Urbana y Rural girase una visita de inspección “por el trayecto comprendido desde el linde del término municipal á la parte Este del mismo donde se han verificado obras para la vía férrea de esta ciudad a la de Denia (…) y donde hayan de hacerse, con el objeto de que se dejen en buenas condiciones para el tránsito público los caminos rurales y vecinales que intercepta dicha vía”. (Una vez en este punto, digamos que el tendido de los carriles destrozó varios yacimientos arqueológicos de nuestro término municipal… y que de algunos de ellos aún se ha podido beneficiar actualmente el museo arqueológico de Villajoyosa. Quien suscribe, y en tanto seguía dando clases en la academia “Santa Marta” en los años 60, tuvo en sus manos diversos restos arqueológicos hallados en una zanja que se abrió a dos metros escasos del paso a nivel de la Creueta, obras seguramente relativas a conducción de agua potable o cualquier otro servicio. (Sin supervisión alguna por parte del ayuntamiento de entonces, quienes manejaban picos y palas en esa zanja hicieron añicos (!) ciertas partes de utensilios domésticos de antigua arcilla cocida, encontrándose diminutos restos de bronce, etcétera…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila 

EN GONZALO TEROL Y EL BENEFICIO DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL (1739)

Crónica nº. 278. [b]En Gonzalo Terol y el Beneficio de San Miguel Arcángel (1739)

En el documento que transcribimos, de enero de 1739, verá el lector cómo ¡en 1360! En Gonzalo Terol fundó en Villajoyosa un beneficio perpetuo bajo la invocación del Arcángel San Miguel en nuestra iglesia parroquial, viéndose quién nombraría a los patronos del mismo, como reza una cláusula testamentaria de aquel Terol. La aparición de este documento, y dos más que le siguen en el libro de protocolos del notario Carlos Llorca, se podría decir que nos libera de la pregunta que algunos vileros nos hemos hecho alguna vez, a saber: ¿Por qué razón es San Miguel Arcángel el patrón de La Ermita de San Antonio?, una cuestión que se nos enriquece con el antecedente de que la iglesia parroquial de Villajoyosa asumiera el beneficio que creó En Gonzalo Terol hace 650 años. (En este escrito hemos destacado entre paréntesis las fechas en que se dieron los nombramientos, iniciados sesenta años después del otorgamiento a Villajoyosa de su Carta Pobla). He aquí el escrito de 1739, que marca el itinerario de los diversos patronos habidos hasta ese año en Villajoyosa.

“En la Villa de Villajoyosa oras siete, y media dela mañana del primero dia del mes de Enero año mil setezientos treinta, y nueve (1739), antemi el essnº. publico, y testigos, [com]pareciô el Dr. Dn. Gaspar Linares Abogado Alcalde primero ordinario de dhª. Villa, y dela suprema jurisdiccion dela Encomienda de Orcheta; y Dijo: Que por quanto En Gonzalo terol (sic), instituyô, y fundô, en la Iglesia Parroquial de esta dhª. Villa un simple, y perpetuo Beneficio, baxo invocacion, y honorificacion del Arcangel San Miguel, segun su ultimo testamento, que authorizô En Arnau Serra notario en ocho de octubre año pasado mil trescientos secenta (1360), y que segun la Clausula de dhª. institucion, y Ius Patronatus de dicho Beneficio sacada de dhº. Testamento el justo patronato, y nombrar Patronos de dhº. Beneficio toca, y pertenece al otorgante [de este documento] como a tal Alcalde, eô, Justicia de esta dhª. Villa segun la expresada Clausula Ius Patronatus del tenor siguiente = Item Vull, que lo Iust Patronat sia dels Marmesors que ara son, ô, per temps seran ê si aquest Marmesors convendrâ morir, que lo Justicia del Lloch ni metra (introduzca o nombre a otros) altres. Aquest es lo meu ultim, y darrer testament etcª. en virtud de lo qual es cierto, y se dexa bien entender, que â quien pertenece nombrar Patronos, y Marmesores del dhº. Beneficio en defeto, y falta de los nombrados por dhº. En Gonzalo terol fundador es ala justicia de esta dhª Villa segun assi se alla practicado, en diferentes ocasiones, como consta por escritura de nominacion echa por juan ferrer Justicia de dhª. Villa authorizada por Pedro Juan Lloret Notario en tres de octubre de mil seiscientos veinte, y siete (1627) en defeto de los nombrados por dho Fundador, y otros nombramientos echos, por dichas Justicias en favor de Carles Llorca, Andres Soriano por muerte de estos Antonio Mayor, y Juan Urrios, por Pedro Juan Mayor, por muerte de estos Juan, y Pedro Ivañes por dhº. Juan Ferrer Justicia fundando el derecho de nombrar Patronos, en la sobredhª. Clausula Testamentaria del referido fundador de dhº. Beneficio, y que Constaria, que los Patronos, que eligió dhº. fundador serian muertos por Muerte de dhºs. Marmesores, nombró portales Patronos de dhº. Beneficio; y por no averles,Francisco Vaello Justicia de dhª. Villa â Mosen Bartholome Vaello Cura de dhª. Parroquial, y a Mosen Miguel Vaello Presbitero Vezino de dhª. Villa segun escritura ante Gines Miguel Notario en ocho de febrero de mil seiscientos ochenta, y ocho (1688), por muerte de dhº. Mosen Miguel Vaello fue nombrado Patrono del expresado Beneficio por Francisco Soriano Juzticia dedhª. Villa segun esscrª. ante Isidro Miquel Notario en treze de Deziembre mil seiscientos noventa, y siete (1697), Pedro Joseph Vaello de francisco; y como este aya pasado a mejor vida, y toque el dhº. nombramiento de tal Patrono al referido otorgante, usando este de la facultad, que en virtud de dhª. Clausula Testamentaria; y en conservacion delos dros. (derechos) que por razon de dhº. su oficio de primer Alcalde eô, Justicia lepertenece, otorga que nombra en Patrono de dhº. Beneficio, por muerte de dhº. difunto Pedro Joseph Vaello, âfrancisco Vaello escrivano Vezino de dicha Villa, a quien le dâ, y confiere todo el poder, y facultad, que asemejantes Patronos de dhº. Beneficio seles acostumbra dar, y atribuir, para que en las Vacantes de dhº. Beneficio pueda hazer las presentaciones necessarias segun derecho Canonigo, y civil, y suplica al Iltmº. Señor Arzobispo, su Governador, Vicario General, ô, su Previsor [supervisor, quizá] de esta Diocesis, y Ciudad de Valencia, que oy, es, y por tiempo fuere admita dhº. nombramiento, ê interponga su athoridad, y judicial Decreto; Y siendo presente ala celebracion de este instrumento [notarial] el dhº. francisco Vaello dijo: que acceptava, y acceptô dhº. nombramiento de Patrono hecho en su Persona en cuya virtud ofreciô usar deêl como le convenga lo qual assi otorgaron, y firmaron en dhª. Villa, ora, dia, Mes, ê año arriba dichos siendo testigos Joseph Mayor de Agustin, Ilarion Ivañes, y Vicente Nogueroles Mayor (de días) de dhª. Villa Vezinos, alos quales, y a dicho otorgante, y acceptante Yo el escrivano doy fee Conosco”.

J. Payá Nicolau, Cronista Oficial de la Vila 

LA CERCA DEL FARO VILERO (1908)

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Crónica nº. 462. La cerca del faro vilero (1908)

Sustituyendo al alcalde titular, el 7 de julio de 1908 don Juan Lloret Vives promovió un acuerdo de los concejales relativo al faro de Villajoyosa, situado éste frente a l’Hort de Lau. El tema lo había traído a la sesión el edil Bartolomé Galiana Llinares con motivo de estarse construyendo una cerca en torno a ese faro y vivienda del farero, obra que invadía parte de la vía pública en su parte fronteriza allá al final, por Levante, del paseo del Dr. Esquerdo. El Ayuntamiento consideró el desatino que aquello suponía, puesto que tenía muy presente que aquella vía, la denominada del “Porvenir”, iba desde la calle Playa hasta la Basseta de l’Oli y que su anchura iba a ser de diez metros por lo menos. (Así lo había aprobado el Ayuntamiento el 12 de junio de 1888). Pero el deslinde marítimo ya estaba hecho (!) en su debida forma y conformidad y según un informe emitido por la Jefatura de Obras Públicas de la provincia.

En aquella sesión se hizo notar que las obras de la dichosa cerca dejaban reducida la anchura de la calle a cinco metros y treinta centímetros, lo cual dificultaba incluso el tránsito de carruajes, “a la par que presenta mal aspecto el punto de los más concurridos por encontrarse al linde del Paseo del Doctor Esquerdo”. Se invocaron los artículos 72 y 73 de la ley municipal, que daba la competencia exclusiva a los ayuntamientos del arreglo y ornato de la vía pública, así como de la comodidad del vecindario, apertura y alineación de las calles.
1949bis
Todos los concejales participaron opinando y oponiéndose a las osadas y ofensivas obras y valiéndose de todos los medios proporcionados. (Nosotros, que hemos conocido la mencionada cerca, podemos decir que era de mucho empaque y hasta suntuosa. En la foto que posteriormente se tomó al derrumbarse en faro −temporal de la Purísima del año 1949− también se podía admirar la palmera de ocho brazos del jardín del farero, y que transportó desde Elche a La Vila un tío de Jacinto Lloret Orozco (Gaspar Lloret Soriano) valiéndose de enormes esfuerzos humanos y de un carruaje de cadenas…o “carro gros”).
1949
El 14 de julio hubo otra sesión municipal. En su transcurso, y como segundo punto del día, se dio cuenta de una comunicación de la Jefatura Provincial de Obras. Respecto al faro y la cerca de su edificio, venía a decir que, tratándose de una obra del Estado, y produciéndose en terrenos del mismo (el litoral marítimo), la alcaldía debía cejar inmediatamente en su actitud. Tras esto, los libros de actas municipales no reflejan ni siquiera la réplica que se acordó dirigir a dicha jefatura. La cerca, pues, se construyó y tuvo que ser el mar el que borrara del mapa playero, no sólo el faro y su vivienda, sino también un vasto almacén cubierto de “Pescados, Sociedad Limitada”, que había muy cerca y del lado de Levante. (Quien esto escribe, con once o doce años de edad, formaba entre la alborotada chiquillería que, bajando a galope por los taludes arcillosos de Les Ribetes, acudió a presenciar el derrumbamiento ante el ímpetu del mar, que allí sólo dejó en pie la incipiente monumentalidad de la abundante y espesa palmera de tantos brazos. Enraizada en aquel pequeño jardín del faro, allí la conocimos, precisamente donde en la actualidad se accede al soberbio parque del Sensal, esa generosa obra pública realizada gobernando la ciudad el Ayuntamiento del alcalde 
Juan Segovia Esquerdo, periodo de gobierno socialista en que también se creó la portentosa playa de arena que a todos complace y embelesa, además de otras obras fundamentales para nuestra ciudad, como la bajada ajardinada a la playa por el borde de Les Ribetes…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila 

BARCOS DE LA VILA PERDIDOS ANTE BARCELONA (1715)

Crónica nº. 109. Barcos de La Vila perdidos ante Barcelona (1715)

A lo largo del sitio de las tropas borbónicas a Barcelona hubo cuantiosísimas pérdidas humanas y económicas para vencedores y vencidos. Villajoyosa no quedó al margen, como vamos a ver. El 13 de enero de 1715, y congregados sus capitulares en el Ayuntamiento, otorgaron una carta de poderes ante escribano… para que la villa pudiera resarcirse de los perjuicios económicos causados en su contribución al cerco de aquel reducto austracista. El alcalde de entonces, Francisco Juan Lorca, estaba acompañado en aquella reunión por Gaspar Linares de Jayme, Bartholome Galiana d Gaspar y Joseph Izquierdo. Parte de lo redactado decía así: “… por nos y én nombre dlos demas Capitulares que Son y por tiempo fueren (…) Desimos que en dcho. nombre (en el del pueblo) damos todo ntrº. Poder Cumplido (…) á francº. Causes Escrivº.(escribano) dla Ciudad de Valencia Sindico de esta Villa (de Villajoyosa), para que por nosotros y nuestras personas propias representando el comun de esta villa, resiba y Cobre dl Sr. D. Fernando Verdes Montenegro, como a Real Tesorero de Guerra d este Reyno (…) la cantidad de tres sientas Cinquenta y cinco libras y dies y ocho sueldos (…) correspondiente al valor dlos dos Barcos que esta Villa perdio el año proximo passado en la Marina dl Rio Llobregad en el Real Servicio con el des embarco d Artilleria y viveres, para el Campo de Barcelona, y dlo que persibiere y cobrare dcho. ntrº. Procurador en ntrº. nombre dl dcho. Sr. Real Tesorero; de (dé) Cartas de Pago fin y quitos, Poder y lastos (pago que se hace por otra persona) (…) y si nesesario fuere Saque d Positos de tabla d fianzas depositarias las guarde én daño antes y despues dl daño y haga todas las diligencias Judiciales, y extrajudiciales que Conbengan, quantas nosotros én dcho. nombre hariamos Si presentes fuesesmos (…) sin ninguna limitacion”.

(La fórmula que estamos transcribiendo es mucho más extensa, como previendo cualquier contrariedad administrativa que se diera en Valencia ante el aludido señor tesorero). Los ediles vileros, y mediante aquel documento, ponían por delante sus bienes particulares y los del municipio como fianza, gesto indicador de que era pertinente y justo aquello que se pretendía cobrar de la Tesorería de Guerra…).

Nos hubiera gustado saber cuáles fueron aquellos dos barcos vileros que tomaron parte en el asedio a Barcelona, y los componentes de sus tripulaciones. No hay alusión a estos aspectos en la carta de poderes, y sí de los testigos que firmaron el documento para cobrar por los barcos perdidod, que fueron Félix Cabot, Francisco Torralba y Francisco Linares

J. Payá Nicolau, Cronista Ofc. de La Vila

ALCABALAS Y CIENTOS (1709)

Crónica nº. 51. Alcabalas y cientos (1709)

En 1709 el superintendente General de Rentas Reales, don Juan Peres de la Puente, emitió una Carta Orden que dirigió a todos los pueblos, villas y lugares para que los Justicias acudieran a Valencia seis días después de la recepción de aquélla. El Cabildo de Villajoyosa escuchó de su escribano el contenido del escrito y también las amenazas para el caso de no enviar ministro local a la capital del Turia… por un asunto de alcabalas y su previo encabezamiento. (En el siglo XVII, la Tesorería real la llevaba el Mestre Racional, cargo que recaía en persona de extracción nobiliaria, y que ya lo tuviera la Corona de Aragón desde que, en 1344, lo reglamentara Pedro el Ceremonioso. En el siglo XVIII, y con el advenimiento de Felipe V, aparece la figura del superintendente, que era cargo de inspiración francesa. Su papel era llevar la hacienda valenciana, y, aunque tenía superiores, había situaciones en que no lo parecía debido a su gran poder y la complicada materia de su ejercicio. El primero fue don José Pedrajas, sustituido en 1707 por el aludido Peres de la Puente, que ejerció hasta 1711. Según el libro de Armando Alberola Romá, “Jurisdicción y Propiedad de la tierra en Alicante: ss. XVII y XVIII”, del superintendente se pretendía “que llegara a ser un eficaz funcionario capaz de administrar las rentas reales existentes, así como recuperar las perdidas siglos atrás o introducir algunas de nuevo cuño”).

La imperiosa orden de que pasase a Valencia un representante de Villajoyosa fue obedecida de inmediato. La administración real aún no conocía bien los comportamientos tributarios de las poblaciones en 1709, tan reciente su implantación por conquista, y su desconfianza la movía a la dureza con que se amenazaba y actuaba. Había que asumir el impuesto de las alcabalas, luego de incluirse en el encabezamiento o listado pertinente para una imposición de tributos locales a la hacienda del rey. Aunque suponemos que este impuesto (alcabala: tierra alquilada mediante un pago) sería consensuado entre el municipio y la hacienda real, exponiendo los portavoces del primero la situación económica de sus pobladores, generalmente muy atribulada por las cargas de todo tipo y, en muchos casos, por las maldades atmosféricas. En este caso, el de la comparecencia en la Valencia que fuera del Cid, si no acudía delegado vilero, la multa sería de 500 libras… nada menos.

El Capítulo o Ayuntamiento decidió que el justicia, Pedro Soriano, obedeciera la convocatoria y se pusiera en camino de inmediato. Seguramente, y como suponemos para otros viajes a aquella capital, el justicia vilero llevaría compañía, pues los caminos eran difíciles y el bandolerismo habitual se veía incrementado hasta la saciedad por soldados que desertaban de su obligado servicio al rey. Se le delegó para que, en nombre de La Vila, “se componga (se trate) con dcho. Sr. (el superintendente) en los derechos de Alcabalas y Sientos en la forma que mas conbenga y que esta Villa pueda acudir y cumplir las Pagas en que se Compusiere, para lo qual sele otorgue Poder Por este Ayuntamto Quanto sea necesario, y de derecho conbenga”. Había otra determinación: “que dcho. Sindico se trayga á aquélla Ciud. Los Recibos del trigo que de orden de Dn. Joseph Pedraxas, á conducido esta Villa a la Ciud. de Alicante para la manutención de la Guarnición de aquella Plaza y Castillo, y los enseñe al dcho Sr. Dn. Juan Peres de la Puente, para que su Señoría vea que esta Villa a Cumplido en lo que se lea mandado…” De esto último, y apelando a que el rey había ordenado devolver el trigo suministrado por Villajoyosa (y otros municipios), querían obtener, si no la conmutación de las alcabalas, al menos parte del total de las mismas. Vemos que la imperiosa actitud de la monarquía −muchas veces con aires de incautación− podría tener la reflexiva suavidad de considerar los servicios de pueblos, villas y lugares prestados a la corona. Y suponemos que, aparte las necesidades incontables de la guerra, los personajes interpuestos podían excederse bastante en atribuciones recaudatorias y de sanción, y que no siempre la Corte sabría de desafueros cometidos por sus oficiales en parajes tan abruptos e incluso apartados de la residencia regia…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila