PIEDRAS DE LAS CUEVAS PARA UNAS OBRAS (1724)

Crónica nº. 185.  Piedras de las Cuevas para unas obras  (1724)

La “casita de la carneseria” y las obras realizadas en ella figuraron en los albaranes de septiembre y octubre de 1724. La constancia de aquellas pequeñas obras ilumina la mente del cronista, a quien, como a otros vileros del siglo XXI, le agradaría conocer, si fuera posible, la localización de los establecimientos de aquella época dentro de la ciudadela. Sabemos que hasta el año 1758 no hubo en La Vila una segunda carnicería, aunque eran dos las tiendas, una de ellas en la calle Runar. La panadería y la taberna no se sabe dónde quedaban. El epígrafe contable del 10 de septiembre da cuenta de los tablones suministrados por Francisco Lorca, patrón de pesca, y sus compañeros… para las obras de la carnicería, y ya poco más se dice después…(Los vileros de entonces no necesitaban más explicaciones, creemos).

En cuanto a las fiestas a Santa Marta, el clavario dejó nota del daño que provocó el toro en aquellos días festivos. Algo de ello afectó a Joseph Mayor de Basilio, un estropicio no explicado que supuso un gasto de 15 sueldos a pagar por dicho bolsero o clavario. Después de eso vemos los trabajos casi continuos en la Noria del Mar, a cuyo pie se acumulaban las piedras traidas en barcas “de el paraxe de las Cuevas” (ribazo entre la playa del Tío Roig y el río de Torres). (Suponemos que aquel material se destinaría a obrar un brocal para esa noria, haciéndola menos peligrosa y más operativa). Anthonio Saragosa (apodo, Primo), Jayme Segarra y Lorenso Vila hicieron ese trabajo de cantera y acarreo por el mar. Andres Pla (apodo, Ruvio [Rubio]), Anthonio Vicente Furio y unos pocos hombres más cobraron “por su trabaxo d haver ido a traher otra barcada d piedra más dl  mismo paraje (…) para dcha obra del Sumidor dla noria”. Habría otra barcada posterior con piedras mientras que Jayme Segarra limpiaba la entrada “dla  carsel dl Castillo por ajuste de dos sueldos”.

Entre tanto, y por haber aguas estancadas y gastadas −son adjetivos del texto del “Corned”− en el lecho del río, se cubrían los hoyos mediante el trabajo de vileros como Francisco Ots, Anthonio Rogles y Juan Loret, Cantal de sobrenombre. Para la limpieza de la noria se mercaron unos cuantos cántaros. (Para la carniceria, cuyo arreglo proseguía, se encargaron unos cuantos clavos suponemos que al cerrajero. Para esa “casica”, el escribano Juan Lorca proporcionó  “una biga serradisa” (que ha estat serrada completament, per totes les seves cares), y se compraron varios costales de cañas y dos bigas más de Miguel Loret (Plaseta de apodo). Omitimos reseñar otros trabajos realizados en la citada noria, aunque extrañados ante las tantas barcadas de piedra que seguían llegando para las obras en ese manantial.

En esos días, “la Plazuela de la Iglesia”, además de estar harto polvorienta y terrosa, acumulaba mucha basura, y por eso había allí un hombre adecentándola. Al mismo tiempo se llevaba a cabo un remiendo en “la muralla de Jayme Morales (la parte que daba a su vivienda, se supone), que corrió a cargo del maestro albañil Juan Galiana. A los daños ocasionados por el toro de las fiestas se tiene que sumar el mal que produjo en la puerta de la vivienda del “aboticario” al derribarla de una embestida. El carpintero Gregorio Zaragosa cobró tres sueldos por solventar el estropicio. De paso, vemos que ese vecino remendó la puerta del mar, “poniendo seis clavos de tres dineros cada uno”. También trabajó en listones y tablas para la carnicería, haciendo al mismo tiempo un trabajito en la puerta de Guillermo Quadrench. Éste había prestado al municipio parte de su vivienda para componer el toril de las fiestas patronales…

Con esas cuentas anotadas y definitivas, ya había transcurrido el verano. Fueron aprobadas poco después por el alcalde, D. Joseph Urios, y los regidores Marcantonio Lorca y Jayme Linares.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LA MEMORIA ADMINISTRATIVA VILERA DE 1927

Crónica nº. 500. La memoria administrativa vilera de 1927

La memoria de la gestión municipal de Villajoyosa en 1927 no fue impresa… de inmediato. Su manuscrito comienza con la constancia del sobresalto sufrido por el Consistorio vilero ante la posible supresión del Juzgado de Primera Instancia, “como consecuencia del anteproyecto de la nueva demarcación judicial del territorio de Valencia”. Si se daba esa resolución, Villajoyosa perdería su calidad de cabecera y tendría que incorporarse al juzgado de Callosa d’En Sarrià. O al de Altea, como se proponía más tarde por la Audiencia Territorial. Junto a la descripción de tamañas tribulaciones, en la memoria venía el relato de cómo había reaccionado nuestro Ayuntamiento: se elaboró una rápida y eficaz información pública con un escrito que condensaba las múltiples y atendibles razones en que se fundamentaba La Vila para retener el juzgado. El escrito fue entregado por el alcalde vilero al señor presidente de la Audiencia, y del mismo panfleto se hizo una “copiosa tirada impresa para difusión de nuestras legítimas pretensiones”, se leía al final de la versión impresa.

Después de asunto tan acongojante comparecían las gestiones para recabar agua bastante para el municipio: se habían encargado informes a un geólogo de la Sociedad “La Fertilidad” al objeto de localizar aguas subterráneas y estudiar su alumbramiento. Al mismo tiempo se reanudaban las conversaciones con el Ayuntamiento de Polop, suspendidas en 1925. Ahora se le pedían ocho litros por segundo por un canon de 10.000 pesetas anuales. Sin embargo −informaba la memoria−, llegada la hora de formalizar el trato, Polop exigía condiciones onerosas y altamente lesivas para nuestro municipio. Sus representantes estimaron que “era preferible no resolver el abastecimiento a resolverlo con vilipendio para la ciudad” [de Villajoyosa]. (En noviembre de aquel año el alcalde vilero obtuvo de sus propietarios el compromiso de venta del Mas de la Monja o de Morgoch, “en el cual existe un manantial −se decía− de exquisita pureza”, y según análisis del Instituto Provincial de Higiene. Con aquel alcalde, don José Vaello Zaragoza, y en 1929, el agua potable de la masía llegó a La Ermita… 2ERMITA

y antes que a la ciudad. (Jacinto Lloret Orozco nos cuenta que en los años sesenta del siglo XX, y siendo él concejal del Ayuntamiento de Villajoyosa, hubo un intento de suprimir esa fuente urbana del barrio, a lo que él se opuso con el debido razonamiento, consiguiendo que ese caño siguiera en la plazoleta de las antiguas escuelas… ).

Por la memoria de 1927 sabemos que, en ocasión de los festejos a la Santísima Trinidad que celebró, como siempre, el Barrio Nuevo, se inauguró allí un pozo para alumbrar aguas con que cubrir las necesidades del vecindario. Tan preciosa mejora se unía al proyecto de una plaza de mercado municipal en la zona NE de Villajoyosa, en el solar que, en posguerra, llamábamos “de la imprenta [Esquerdo]”, a espaldas de las suntuosas casas de la calle Colón, y donde estuvo el taller tipográfico de Juan Esquerdo, cosa que no prosperó [la del mercado].

Se construyó ese año un nuevo evacuatorio en el paseo playero del Dr. Esquerdo y se amplió la acera de la plaza de la Constitución, de la Generalitat actualmente. El resto de la memoria municipal, elaborada por don José Cazorla Sevilla, el muy eficiente secretario municipal, aludía a la inauguración del servicio telefónico urbano e interurbano, solicitud de escuelas y otras mejoras de interés. Ese año, 1927, no obstante, la hacienda municipal sufrió un duro quebranto, ya que el vino (!)subió de precio…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DE INGRESOS Y GASTOS MUNICIPALES DE 1887

Crónica nº. 443. De ngresos y gastos municipales de 1887

Del Libro Borrador de Gastos del Ayuntamiento Constitucional de Villajoyosa de 1887 elegimos algunos asientos contables que, como observará el lector, no tienen otro rango que el de resultarnos simplemente curiosos. En esta discreta crónica también figurarán algunos ítems del Diario de Entrada de Caudales de finales de 1886 y de algunos meses del año siguiente. De dichos asientos se deducirá pronto la escasa entidad de ciertas obligaciones económicas del Ayuntamiento vilero de entonces, si comparadas con las habituales del siglo XX en su segunda mitad. Un ejemplo lo proporciona el gasto ocasionado en 1887 cuando el portero de la Sala, Jaime Fuster Lloret, adquiría “una jofaina, tres cantaros (sic), varios librillos (por lebrillos) y dos tohallas para las oficinas municipales”, todo ello por 9 pesetas. También compró dos gorras, una para él y otra para el alguacil pregonero, lo cual ascendió a 12 pesetas. Otro gasto sería el ocasionado cuando Ángel Custodio Montalbán Gravina sirvió material de oficina para el primer trimestre, lo que ascendió a 853.15 pesetas. Vicente Mingot Llinares construyó un vertedero de basura “en la bajada del río de esta villa junto al puente” por 193 pesetas. También se produjo el pago “por una corneta de órdenes para el pregonero”. Su adquisición se encargó a José Serrano Sala. Otra cosa: el vertedero de la muralla (el Runar, baix del carrer Costereta?) se limpió por 8.50 pesetas y lo hizo Pedro Picó Picó.

Ya en 14 de enero, se pagó a José Orts Galiana por cinco días que estuvo sacando agua de la Bomba “por estar obstruidas las cañerías de las fuentes públicas”, ejercicio éste a brazos que se repetiría en el mes de marzo siguiente. En aquel año 1887, y en enero, se pagó a Andrés Llinares Galiana “por construcción de tres puentes (sobre acequias) y componer tres más en el camino que va desde el camino viejo (Camino Real a Valencia) de les Barberes hacia el mar”. Fueron 41 pesetas de gasto. En marzo se anotó el dispendio de una cuota de adquisición de la obra titulada “La revolución religiosa”, de Montaner y Simón… con destino a la biblioteca del Ayuntamiento, obra que hoy se encuentra en la biblioteca pública municipal. La cuota era de 20 pesetas. Jaime Urrios Pérez labró terreno municipal de la Sancha, y se le pagarían por ello 14 pesetas, porque se sirvió de dos mulos. Se gastaron 17’20 pesetas pagando al hojalatero Cristóbal Valero“por confeccionar dos linternas para los serenos y reparar dos más”.

En el apartado de obras municipales, cosas algo más relevantes, se pagó a don ]aime Mayor Morales una indemnización por el rebaje de la calzada “desde la Plaza de la Constitución a la Plaza Mayor (la de la iglesia, al parecer) en las casas nº 22 duplicado y 2 triplicadao”. Esos gastos sumaron 112,25 pesetas y posiblemente se trataba de aminorar la pronunciada cuesta del acceso en rampa a la Placeta (un día, Plaza de Castelar) por modificaciones [producidas] en el trazado de la carretera, complicaciones de las que ya hemos escrito antes.

Una impertinencia recurrente en aquellos tiempos era la de tener que eliminar perros callejeros, de modo que ya en abril Miguel Guardiola Domenech, farmacéutico, suministró al Ayuntamiento 160 bolas de estrignina… por 90 pesetas. En cuanto a ingresos, hubo licencias de obras concedidas a ciudadanos para construcción de viviendas propias, como en el caso de Joaquín Pérez Lloret, en la calle Cervantes (173 pesetas); Marcos Vaello Lloret ingresaba 10,40 pesetas por obras en “una casita de su propiedad en partida de les Atalayes”, y otra licencia se expedía a Miguel Pérez Orts para construir en Barberes, ingresándose 41 pesetas. ALIEN

Una licencia de construcción se nos antoja que notable fue la que pidió D. José María Esquerdo Zaragoza, nuestro sabio alienista, para levantar una casa en la playa del Parais (sic) y una nave añadida a otra casa situada en la misma partida, como reza el texto municipal. Por estas licencias pagaría la cantidad de 72 pesetas. Sin duda, dichas obras tendrían muchísimo que ver con el famoso sanatorio para enfermos mentales que muchos áun recordamos, aunque ya en años de abandonado y en estado decrépito… Los elementos atmosféricos… y los vandálicos lo fueron arruinando, como se puede suponer y como ocurrió, año tras año, con La Mallaeta.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofuc. de LaVila

EL ENFERMO DEL TORREÓN (1738)

MURALLA 276

Crónica nº. 275. El enfermo del Torreón  (1738)

No disponiendo nosotros del Llibre de Cort o del Justicia (no está éste completo en el Archivo Histórico de Villajoyosa), es imposible averiguar por qué razón estaba preso Bautista Puig, menor de edad, en el torreón de La Vila. En relación a ese hecho, el 15 de octubre de 1738 el escribano Vaello redactó un escrito de fianza para mejorar la situación del encarcelado, fianza que ejercerían Ana Maria Linares y Vicente Urios, labrador. (Al acto precedía la licencia que éste otorgaba a su mujer para que pudiera asumir dicha fianza).

Decían los cónyuges “que reciben en fiado preso, como Alguasil Carcelero, Comentariense, [en] que se constituyen â Bautista Puig menor de este sombre Vzº. de dchª. Villa de Orden del Eminentissimo Señor Cardenal Dn. Fcº. Gaspar d Molina Presidente del Real y Supremo Consejo de Castilla; y por autto provehido por el Sr. Dn. Gaspar Linares Abogado primer Alcalde Ordinario de dicha Villa (La Vila) en ocho de dchº. mes atento â la declaracion dlos DD.(doctores) Jayme Mayor y Antonio Galiana Medicos consta que el mencionado Bautista Puig menor se halla enfermo en dchª. carsel dl Torreon Mandô su Mersed se notificare dchº. autto al referido Bautista Puig menor y q. dando fiansas d carsel segura hasta en cantidad d Mil Libras (¡mil libras!) aplicada a orden, y disposicion de dchº. Eminentissimo Cardenal (…) y por constar dchª.enfermedad en los auttos q. pasaron ante Isidro Miquel escrvnº. se renueva por aora de dicha carsel dl Torreon el antedicho (…) y se pase arriba â la plataforma dedchº. Torreon, sin que de ella pueda salir (…) pª.cuio fin se pase recado urbano a Dn. Phelipe Tous Requisidor de la Costa Maritima del destrito d dchª. Villa pª.que permita lizencia pª. poderse curar perfectamente dchº. Puig”.

Después, y con las condiciones de seguridad establecidas, y aceptadas, el matrimonio fiador, cuyo posible parentesco con el menor no se dice, admitía otorgar fianza de ese modo y por la precitada cantidad de dinero. Comunicado el acuerdo a Thous y a Estanislao Mayor, Alguacil Mayor, “quien hase oficio de Alcayde de carsel y este me hizo relacion −decía el notario− de haverle executado (cumplido) en la forma prevenida”. En aquel documento, los testigos que hubo fueron Simeon Mayor, “Aboticario”, Lorenso Llinares, Alpargatero de oficio, y Dionisio Valensuela. También firmaría el mozo encarcelado, que se libraba de aquella mazmorra al otorgársele la ansiada fianza…

NOTA: Independientemente de que ya se haya dicho aquí, o no, en estas crónicas, indicamos que la expresión “carcelero comentariense” significaba que unos parientes del arrestado lo tenían “prisionero” en su hagar…hasta que el juez quisiera disponer de él en algún sentido.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

VILEROS EN EL CORNET (1711)

QUAERNET

Quadernet, quaernet, cuernet, cornet, corned [de comptes anuals de l’Ajuntament de la Vila, malgrat el castellà…]

Crónica nº. 63. Vileros en el Cornet (1711)

Por el “Cornet” (o Corned) de junio de 1711 sabemos que el escribano municipal, Bautista Cabot, cobró 12 libras por haber dispuesto la relación descriptiva de gastos que se ofrecieron hacer a nuestra villa. El asiento contable número diez lo indica. Los anteriores compendios así denominados enumeran gastos por salario de médicos, organista, maestro de Gramática, cuidador del reloj y maestro de niños. También se pagó a la comadre de partear, al sacristán, al pregonero y a una tal Viscenta Caragosa (sic) (por Zaragoza, suponemos), la cual limpiaba la iglesia. No se olvidaba el pago a Francisco Roys (¿Ruiz?) por cuidar del pantano (en término de Relleu). Los asientos posteriores, hasta superar los sesenta, comienzan con el gasto de la cera para la fiesta del Corpus (ocho libras y tres onzas de peso para fiesta tan sumamente importante para los cristianos), continuándose con un dispendio de una libra, ocho sueldos y seis dineros en pastas para la celebración referida. Se hicieron panes benditos para los que se necesitó de “Aseyte, Agua Ardiente, Arina (…) y traer una carga d murta para en Ramar la Igla. Y d Azucar”, según leemos. (Por “Ramar la Igla.” entendemos aplicar a parte de la fachada y quizá campanario un enramado de baladre y mirto/murta).

Después sobreviene el gasto de más de 34 libras de moneda por la estada en La Vila del Alcalde Mayor de Xixona y con acompañantes. Se presentaron aquellas personas por orden de la Real Chancilleria y con motivo de “la Causa criminal dl hurto, que se ha hecho en cassa Agustin Garcia”, permaneciendo 17 días este personal en Villajoyosa. Se les suministró comida y también bebida: “pan, carne, vino, Pescado, Pollos, Gallinas, Ensaladas, Aseyte y d mas especies (…) de sevada, Algarrovas, Paxa y hierva, para sus cavalgaduras”. Josepha la Espitalera (¿del hostal acaso, por hospedaje?) “sirvio en la cosina, d componer la comida”. Y hubo alquiler de camas y colchones, de casa de Miguel Vaello y de la de Viscente Nogueroles (sic), y colchonetas de la viuda de Joseph Julian para la familia de D. Miguel de Sada, y de la viuda de Pedro Lorca, Tardà de apodo. Por “savanas y dos Almoadas” se pagarían 14 sueldos a “la muger de Estanis Lao Mayor (…) por dies y siete dias”. Luego se suman los correos enviados a pueblos del partido y pagos por ir a devo lver papel sellado que le sobraba a La Vila, y por adquisicion de más “Aseite pª. alumbrar a los presos d la Sala” (¿se encerraban presos en el edificio del ayuntamiento?), y por dispendios provocados por un capitán de Infantería que llevaba prisioneros a Alicante con la considerable escolta de setenta hombres: gasto al ir y gasto al volver de Alicante. Todo, once libras.

Hubo que comprar “papel Sello d Oficio”, un gasto originado por el proceso criminal, el del hurto arriba mencionado. Se pagaron una libra y ocho sueldos al veredero que vino a Villajoyosa de orden de D. Joseph Predrajas, Intendente General de Rentas Reales, que pedía al Ayuntamiento enviara un delegado para el asunto de Alcabalas, y que la Justicia local diera “testimonio d la cosecha d la seda”…(¡La cosecha de la seda!).

Los religiosos también figuraban en aquellas listas, pues a Mosén Jayme Peres se le entregarían 5 sueldos por la misa “de Espiritu Santo (…) por cuenta d esta Villa (Villajoyosa) como es costumbre para que los ilumine con su Gracia para la buena Eleccion d Clavario”. También habían consumido lo suyo los mulos, cavallos y pollinos cuando estaban prontos a viajar a Peñíscola llevando grano al ejército. Las cuidó Viscente Belviure dos días y dos noches, cobrando dos sueldos. Dos más cobró Mateo Sens “por pasar unas cartas hasta la torre dl Charco, d orden de Alcalde y Regidores”. “Por la fiesta d las lagrimas d la Señora Santa Marta”, se entregaron tres más al reverendo clero, y por la de San Gregorio, otro tanto. Hubo intensa vigilancia de quince noches en la Malladeta (sic), efectuada por Mateo Saragosa y Joseph Barber, dos turnos distintos, y en el río Torres otros vileros y el mismo número de noches. En la puerta de la villa estuvo todo el mes de vigilancia Antonio Morales, por cuya prestación recibiría 2 libras y 5 sueldos. Luego venían las medias añadas de los religiosos de Villajoyosa, y el donativo a pobres y a un enfermo, finalmente…, y por alquiler de un mulo que llevase a Alcoy al Dr. Peres con un envío de dinero. Fue Joseph, alguacil mayor local, quien puso la bestia para el traslado…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LA VILA, SIN CLAVARIO (1715)

rónica nº 102. La Vila, sin clavario  (1715)

“En la Villa de Villa Joyosa, alos Catorze dias del mes de henero de Mil Settºs. Quinze Años…” se juntaron en la Sala del Ayuntamiento los señores alcaldes y regidores, y decía la primera autoridad “que Antonio Ortuño, Clavario actual de esta Villa, a fenecido (terminado) el año de su Claveria, y se halla la Villa sin cobros (y pagos) con suma des conveniencia el notener Clavario que cumpla con los gastos que ala Villa todos los dias se le ofresen, y de sacar Clavario nuevo le parese que à deser des conveniencia dlos Vezns. Por que el Clavario nuevo para podr. à (sic) cudir alas obligaciones que le fueren mandadas, es presiso, que cobre delos Vezns. Lo que les señalare dvan pagar por tachas é Imposiciones d Villa”. El alcalde, Francisco Juan Lorca, proseguía diciendo, y con visible pesar suyo seguramente, que supondría para el clavario a nombrar una gran confusión, “y desinquietud con los Vzns. Porque siendo assi que no pueden â cudir ala Contribución tan precisa de quarteles mal podrian â cudir al Clavario, por cuyos motivos es de sentir que nose nombre Clavario, sino que dchº. Anhtonio Ortuño Clavario actual prosiga en su Claveria cobrando algunos rosagos (¿rezagos o atrasos?) que le estaran deviendo, de donde podra subvenir algunos gastos dla Villa, y sise le ofrecieren algunos Correos…” Esta última consideración contemplaba la posibilidad de una urgencia y que tuviera Villajoyosa que enviar veredero o correo a alguna parte del partido, y sería entonces cuando el clavario requeriría a vecinos con deudas para que cumplieran con ese cometido, denominando a éstos el escribano “Vzns. Imposibilitados”. Nos suponemos que este clavario constituía un menor rigor en las cobranzas, y que la energía nueva de un clavario recién nombrado podría atosigar peligrosamente a los sufridos vecinos.

Con este ápice del razonamiento, tan aparentemente insignificante, y sin prever situaciones más angustiosas para la villa, el alcalde seguía diciendo “que se pasará el riguroso tiempo de Inbierno que es cuando los Vesinos se hallan con mas necesidad, y entrando en el verano, que ya los Vesinos tendran Pan, y podran pagar algun Real, y habra salido la Villa dlas Pagas del preste. (presente) cuartel se podra nombrar Clavario para que cobre las rentas dla Villa”. Una vez cobradas, obviamente, ese dinero se gastaría “con lo que se le fuere mandado como es costumbre”. También se resolvió que al clavario que seguía, si fuera necesario, “se le satisfaga el tiempo que sirviere ala Villa Sin estar â Salariado”. Así se convino y a continuación certificó Bautista Cabot el acuerdo. En el propio Libro de Deliberaciones añadió éste la diligencia de comunicación al interesado, quien aceptaría lo que el Consistorio acababa de determinar.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic, de La Vila

UN ENCARGO AL PINTOR VILERO MARED FURIÓ

marced-furio1-retrato

Crónica nº. 441. Un encargo al pintor vilero Marced Furió

Fue don Ricardo Urrios Pérez quien propuso, y el Ayuntamiento de Villajoyosa aceptó, unánime, que se colocara un retrato al óleo de S. M. Alfonso XIII en el salón de sesiones. Se trataba de sustituir el que había por otro nuevo que se encargaría “al artista de esta población don José Marced Furió”. Era el año 1917. A la sazón, el excelente pintor tenía 28 años de edad, ya que había nacido en 1889, y no en 1896, como en estos últimos años ha quedado demostrado… después de que quien esto escribe alertara a una conocida editorial valenciana de su error en la fecha del nacimiento del artista. (Muchísimos años después de la propuesta de don Ricardo Urrios, que ignoramos si llegó a formalizarse −no consta en actas municipales posteriores−, tuvimos ocasión de contemplar un óleo grande con su firma en una de las estancias del edificio “La Barbera”. Era el retrato de un militar que Marced Furió debió de realizar, creemos, en años de su primera juventud por la inexperiencia que sus pinceles mostraron en ese caso…).

De un catálogo de la Sala Prat de Valencia, que acogió obra de nuestro pintor en 1973, entresacamos algunos párrafos alusivos a su obra: “Marced Furió cursó estudios en Valencia y luego marchó a Barcelona y Madrid, donde siguió perfeccionándose”. “Son innumerables las exposiciones de este insigne maestro desde los años precedentes a la caída de la Monarquía (…) y sus lienzos se encuentran repartidos por diversos países de Europa y América”. Nuestro relevante pintor había expuesto, prodigándose, en toda España… hasta que, en 1962, “efectuó su última exposición en la Sala Prat”. (El documento donde leemos esto y reseñas de otras salas españolas, es la Memoria de Licenciatura que presentó el vilero Pedro Marcet Baldó en la Universidad Politécnica de Valencia. Con su bien conocida amabilidad, él nos proporcionó una copia de la misma ya hace años, y, leída con especial atención, hemos podido comprender la magnitud del artista que fue Marced Furió (firmaba Marced y no Marcet)… cuya existencia, la verdad, ni siquiera conocíamos, como le ocurre a la inmensa mayoría de vileros, que en nuestra ciudad pasan cosas así…(Un ejemplo: Hasta el año 2007 nadie me había hablado de que el también vilero Miguel Corbí García era un excelente pintor (era hiperrealista). Nunca tuve conversación con otros vileros que rozaran ese tema en mis conversaciones con ellos… Miguel solía visitarme en mi despacho de la biblioteca Pública Municipal (“Pase sin llamar” tenía yo colgado en el exterior de mi despacho). Venía Miguel a orientar a ciertos aspirantes a pintores, hombres y mujeres, que se reunían en la planta en que estaba la Fonoteca a cargo de Paco Payá…, y se le ocurrió entrar a saludarme: vio que yo andaba con manuscritos del Archivo Histórico Municipal de La Vila…y eso, naturalmente, le llamó la atención, ya que él trabajó muchos años en una notaría vilera…y me descubría “descifrando” textos antiguos caligráficos…, precisamente para estas crónicas. (A un servidor ya lo había “defenestrado” Loli Such Nogueroles, a la sazón concejala ¡de Cultura! del PP vilero, y yo emprendí mis pesquisas en los textos enrevesados de libros que ya he ido nombrando en estos escritos. Miguel y yo charlábamos de su pintura y de abstrusas caligrafías antiguas, etc. Le dije varias veces que nadie nunca me había hablado de su destreza y producción pictórica. “Bueno, decía este artista, aquí en La Vila…”).

Volviendo a mi amigo Pedro Marcet Baldó (que me regaló su “memoria” sobre el pintor Furió, y del que aún es pariente) su trabajo biográfico queda ilustrado con una buena cantidad de fotocopias de trabajos pictóricos del pintor y con recortes de prensa con noticias sobre Marced Furió, así como y entrevistas en periódicos y revistas especializadas de muchas ciudades de España, allí donde expuso. En esa Memoria leemos que la pintura de Furió es un compendio de buen dibujo, como tantos expertos dijeron en su día. (uno de ellos don Carlos Daudén, hiperrealista fenomenal), y muy admirados los entendidos por su maestría en el color y en la elegante ocupación del espacio, cosa que se ve en los portentosos y cálidos interiores, en sus luminosos bodegones y en los suntuosos paisajes. Nos seduce una temática típica de Marced Furió: esos “tibios” interiores de la casa rural valenciana, con bellas mujeres realizando tareas domésticas, cosiendo otras veces o bordando junto a vecinas y amigas reunidas, todas de una belleza cercana y frutal. El varón, cuando aparece, lo hace normalmente en un segundo plano, como observador que irrumpe. Las estancias hogareñas son amplias y bien iluminadas por un ventanal que da al paisaje montaraz o campesino, un ambiente de sosiego alimentado por un muy bien logrado contraluz. (Me lamento de no haber conocido los óleos de paisajes vileros de este pintor. Los trabajos que conocemos por la Memoria referida, y a pesar de ser fotocopias casi malogradas, nos dan idea de las memorables pinturas paisajísticos del Marced Furió. Bodegones, flores e interiores de penumbra con figuras femeninas sobre todo, se suman a los autorretratos del pintor, a retratos de sus hijos, Jaime y José Marced Martín, y, claro, de su esposa. Una galería espléndida y suntuosa firmada por un pintor vilero cuya obra tuvo un eco muy rotundo y celebrado dentro y fuera de España. Villajoyosa puede estar muy orgullosa de este artista, que bien se merece tener dedicada una calle…

(Este cronista dispone de una experiencia propia: la adquisición de un cuadro de este pintor. Esa obra, de dimensiones grandes, y sin enmarcar, la adquirí por 50.000 pesetas para… el patrimonio de Villajoyosa… Lo hice con la idea de que figurase en alguna estancia de la Biblioteca Pública Municipal de La Vila o de sus Casas Consistoriales, pues representa a un estudiante de primeros del siglo XX sentado a una mesa repleta de gruesos volúmenes, enciclopédicos algunos y con un tintero y su pluma muy cerca. Como cronista, me ilusionó poderlo adquirir −había un pretendiente madrileño que pujaba por llevárselo de Villajoyosa− y que el Ayuntamiento me pagara su importe, pero ni siquiera, sabiéndolo los políticos, me llegó ofrecimiento alguno…Tres años después de tenerlo en mi despacho de director de La Casa de la Cultura” me llevé aquella obra a mi casa. Ese cuadro aún tuvo añadidos ciertamente curiosos…con los cuales proyecto escribir una narración larga…).

Añado que el cuadro de don Alfonso XIII que se encargó a nuestro pintor no lo he tenido jamás ante mis ojos…, si es que cuajó la petición y su “respuesta”.Y del pintor digo un poquito más: vivió en la capital del Turia en una casa que estaba localizada en la calle “Puig Campana”…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila.

LOS ESTÉREOS DE LA LEÑA (1874)

Crónica nº.422. Los estéreos de la leña  (1874)

Para poder interpretar cómo acceder al aprovechamiento de las prestaciones forestales de los montes vileros del común, el Ayuntamiento comisionó al secretario de la Corporación, don Juan Onofre Visent y Mira para viajar a Alicante y verse con el señor ingeniero encargado del Distrito Forestal. Con dificultades para una lectura administrativa clara y, tras un viaje de un día, las dudas se disiparon. (Por ese viaje, don Juan Onofre recibió diez pesetas). El plan general para la explotación precisa de recursos forestales fue publicado en el Boletín Oficial en las fechas 13, 15, 16 y 17 de septiembre último y se aplicaría en nuestro término al monte denominado “Alto de Sebastià” y al “Alto de Gerónimo” en beneficio de los intereses vecinales. Se trataba de 3.200 y 5.680 estéreos (esta medida equivale a un metro cúbico) de productos, respectivamente, “sirviendo de tipo la cantidad de mil doscientas cincuenta pesetas para la subasta del primero y tres mil pesetas para el segundo, en la inteligencia (sic) que se admitirá proposicion separada por cada uno de los montes”.

Unas pocas fechas después se produce una intervención del alcalde vilero relativa a las “leñas que existen depositadas, como producto de aprensiones hechas a los sustractores y dañadores de los montes”, asunto que ya conoceremos mediante otra crónica. Enterado el Consistorio, y siempre contemplando −como en otros ejercicios− el riesgo de incendio de la Casa Consistorial, “puesto que se halla hacinada la leña en sus habitaciones inferiores, acordó que el tres del actual á las nueve de la mañana, se procederá á la subasta de las referidas leñas en dcho local, bajo el tipo de diez pesetas en que se hallan tasadas, y en un solo acto de remate”. Quien se quedara con la leña tenía que retirarla inmediatamente de la lóbrega estancia donde se encontraba amontonada. A 13 de diciembre “Se dio cuenta de los pliegos de condiciones formados (…) para la subasta de las leñas que produzca la poda de pinos” de los antes referidos montes en el corriente año forestal, según expresión administrativa del asunto. Estas condiciones estarían en Secretaría durante ocho días para que los licitadores accedieran a su conocimiento… y pujar si así lo decidían. (Cierta parte de esos aprovechamientos del monte tendrían algo que ver con aquellas cargas de leña y arbustos montaraces que carruajes y mulos solían descargar a la puerta de los hornos vileros de pan cocer en nuestra posguerra civil. Consecuencia de aquella demanda y también de la de los hogares vileros era la exquisita limpieza del sotobosque que algunos observábamos en cuanto pisábamos lugares del monte bajo. Algunas tiendas modestas o tenduchos vendían pequeños haces de leña arbustiva que se aprovechaban para que prendiera el carbón vegetal de las desencantadas cocinas del hambre…(Una de esas modestas tiendas estaba a la entrada de la calle Limones y a cargo de María “el Molí”, mujer conocidísima en toda La Vila…,como otras tantas a cargo de tiendas y digamos pequeños y entrañables comercios.

STEREO

Una muy gráfica y bella consecuencia de aquellos aprovechamientos forestales sin duda era la pequeña cantidad de incendios forestales que había en aquellos tiempos y los precedentes. El dato contrasta penosamente con la gran cantidad de las violentísimas llamaradas veraniegas que en la actualidad se producen, ya que, además de estar descuidadas las masas forestales, existen pirómanos, gente quizá vengativa o desquiciados mentales, que inician muchos de estos dramas sociales, como ya se sabe. (Se ha dicho que a veces alguien de esa calaña ha llegado a prender fuego a un matojo de hierba seca prendido a la cola de una angustiada liebre entre la densa y descuidada masa forestal en algunos lugares de este país…, ocasionando la catástrofe que todos conocemos… “El fuego de los bosques, dicen algunos, se apaga en invierno”, manteniendo esos lugares limpios de arbustos y de hierbajos secos…Pero también sabemos que ciertas inteligencias administrativas de esta España carecen de la importantísima mentalidad de la previsión…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

MOROSOS A LA FUERZA (1710)

ANTICAJMNT

Crónica nº.56. Morosos a la fuerza  (1710)

“Lista de los Vezinos d esta Villa de Villa joyossa, que por imposibilitados no pudieron á cudir á pagar sus Claverias departe dl año proximo pasado Mil Setecientos y dies, y dl corrte. Que las cobrava Vicente Nogueroles en nombre de clavario y Mayor Domo delas Rentas d esta Villa, que lo fue en dcho. tiempo, por cuyo motivo se le rebaxan dl Cargo que se lea hecho la cantidad que cada uno dve, como en dcha. lista se contiene, que son en la forma siguiente”, etc. Estamos ante la fórmula corriente del documento municipal en situación de no poder pagar algunos vileros la tasa asignada por el ayuntamiento. Las personas sin bienes y con sólo su trabajo manual eran habitualmente los señalados en estos listados, cuya condición de pobres se agravaba a veces por la enfermedad. (Hemos leído varios dictámenes en los cuales los médicos atribuían la falta de salud a la carencia de la alimentación debida, y no sólo en el siglo XVIII).
Naturalmente, las cantidades no cobradas a los vecinos se le rebajaban al clavario cuando éste demostraba ante los jueces contadores de La Vila la imposibilidad de cobro, y puede que éstos supieran ya casi de memoria los nombres de las familias que carecían de posibles para hacer frente a las tasas municipales. (Por aquellos días los contadores eran “Bartholome Galiana de Anthonio, Sensio Ivañes (sic), Bayle (su apodo); Francisco Vaello, escribano; Melchor Miguel y Fernando Mayor”. Y todo ello se trataba “en Ayuntamtº. Selebrado en el dia veinte y seis del mes de Sette. Proximo pasado”. Así que se dejaba constancia de que aquellos vileros, de condición humilde, ni habían podido pagar en la fecha de la puesta al cobro ni en los momentos en que se recibía oficialmente el resumen de lo cobrado. Quedarían impagadas 123 libras, 5 sueldos y 7 dineros. El escribano cerró la diligencia indicando que la había extendido de orden de los jueces contadores, dejando en el acta, que remataba, la relación de los sesenta y ocho vecinos deudores. Las calamidades de la guerra, todavía gravitando principalmente sobre los desheredados, y el imperativo de sostener un ejército con que sacar del mapa español las tropas austracistas, debían imprimir a la vida cotidiana en ciudades, villas y lugares mucha y grave desesperanza. Y más en un país que, al decir de ciertos franceses principales, parecía esperar más de los milagros que de la previsión y el buen hacer de sus gobernantes. Se les había inculcado, o eso creía parte del feligresado católico, que el Cielo podía sacarles de los aprietos. Al mismo tiempo, la Iglesia tenía un poder que aspiraba a ser omnímodo, y siempre pidiendo Roma dinero de las arcas españolas. Para conocer bien la situación, nada mejor que leer la obra de Carmen Martín Gaite “El proceso de Macanaz”, el español que se enfrentó a la Inquisición y al Vaticano en su riguroso papel de acérrimo regalista o defensor del rey español.

PUBLINFANCOL

Del listado aludido, unos cuantos nombres que diésemos podrían molestar a determinados lectores por ser ellos descendientes de aquellos imposibilitados económicamente. Incluso si se pudiera demostrar que su morosidad no era más que circunstancial, nos abstendríamos de dar su lista. Por otra parte, y en muchísimas ocasiones, la villa debía dinero a los vecinos vileros, mayormente por la demora que el escribano municipal practicaba en la preparación de los albaranes, tardándose mucho en pagarse los servicios de peones, cerrajeros, tenderos y demás. Al parecer, y como hemos visto en los libros deliberatorios locales, no siempre ese ministro dejaba fácilmente sus trabajos particulares de escrituras y otros documentos privados para atender con premura y buena disposición a los asuntos del común. Su actitud era fiel reflejo de la lentitud burocrática en que discurría la vida española en general, añadido a ello el farragoso y oscuro lenguaje documental, que solía convertir en poco probable la resolución de pleitos y demandas. (Añádase a ello la incultura popular y también la sustitución obligatoria del catalán en beneficio del castellano después de la derrota de Almansa).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de LaVila