LOS DECLARADOS PRÓFUGOS (1873)

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Crónica nº. 417. Los declarados prófugos (1873)

En el verano de 1873 no podían andar peor las cosas en España, si se tiene en cuenta la disparidad de criterios políticos concurrentes en tan comatosa piel de toro. Republicanos, federalistas, cantonalistas y otras tendencias políticas, y con la radicalización popular exigiendo reformas, contribuyeron a que en Villajoyosa se abordasen temas cercanos a una declaración nacional del estado de guerra. La sesión municipal del 17 de agosto trató de inmediato aquello de “Reserva del Ejército” y expedientes de prófugos. Respecto a este último concepto, se dio cuenta de un oficio de la Comisión provincial dictando “prevenciones (…) con objeto de que se instruyan los espedientes de profugos contra los mozos declarados utiles para la reserva del Ejército que no se han presentado para ser conducidos y entregados en la caja provincial [de reclutamiento]”.
Cantonvalencia1873
Enseguida se dispuso citar por edictos en Villajoyosa, y en el Boletín oficial de la Provincia, a los expresados mozos, “concediendoles seis dias para su presentacion, y que transcurrido ese plazo, se instruyan los oportunos espedientes de profugos (…) insertando en los referidos edictos la relacion de los que no han verificado (…) su presentacion, y que son los siguientes”. Los siguientes eran entonces 31, y no podemos saber dónde estaban. Podían estar en el mar y pescando, quizá en otras villas o pueblos o escondidos en lugares más o menos disimulados o agrestes. El caso fue que sus nombres aparecieron en bandos y pasquines, sin que sepamos cuántos se presentaron a la recluta. Farach Botella, Zaragoza Llorca, Vaello Esquerdo, Ubeda Morales y otros como Lloret Marcet, Martínez Salines, Climent Olcina y Pascual Terencio Bertomeu estaban encartados, y también Alemañ Linares, Mira Buforn y Segarra Aragonés, entre otros…

Había otro asunto, el impago de los gastos carcelarios de pueblos del partido y en cuya relación o lista estaba Villajoyosa, que debía algo más de 4.000 pesetas. Por aquellos días se promovía el nombramiento de un alcaide de la prisión, resultando elegido Andrés Server Martínez, aunque eso ya se produjo en noviembre. De él decía el señor alcalde que “ha desempeñado varias veces la misma plaza en propiedad y otras veces en calidad de interino, hasta con arriesgada exposicion de su vida durante la invasion del colera morbo, del que fue atacado, habiendo ademas defendido como Miliciano las libertades publicas desde el año 1835 hasta el de 1843 con la mayor subordinacion y patriotismo, y habiendo prestado otros servicios en diferentes ramos”.

Siempre en el mismo desastre político y social de aquellos años, en septiembre se produjo la lectura en sesión de Ayuntamiento de la declaración del estado de guerra en “las provincias de Valencia, Alicante y Murcia”, según comunicación del Gobernador de la provincia, derivado del bando del excmº. Sr. Capitán General del distrito de Valencia, y se hacían “energicas prevenciones para la entrega de armas y para castigar á los que coadyuven de alguna manera al mantenimieto de la insurreccion carlista ni la rebelion cantonal”. La caída de Pi y Margall dio pie a la generalización del levantamiento cantonalista en Levante y Andalucía, para cuya represión (…) Salmerón se apoyó en el ejército, comandado por Pavía y Martínez Campos”.General_Pavia

Aquéllas eran demasiadas vicisitudes acumuladas, sufridas por propios y extraños e implicando lógicamente a La Vila, cuyo alcalde, en octubre de 1873, ya era don José Llinares Aragonés (diez votos obtenidos) frente al otro candidato, don Vicente Esquerdo Lloret, que obtuvo un solo sufragio…(Quienes hayan tenido ocasión de leer “Los episodios nacionales”, de Pérez Galdós, que fue muy amigo de don José Mª Esquerdo, sabrá mucho de aquella España convulsa…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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DE UN MAESTRO SOGUERO (1745)

Crónica nº. 308. De un maestro soguero (1745)

Existe una escritura notarial del 19 de octubre de 1745 que da cuenta de una solicitud de adquisición de terreno para la ampliación de un taller de fabricación de sogas de esparto. Ese documento lo promovió “el Señor Dotor Don Luis Dionisio Lopes Jues Administrador de la Baylia de la ciudad de San Felipe (antes Xàtiva), y Subdelegado para los cabreves de las propiedades que pertenesen à los Señores herederos del Ilustre marques de Santiago, mediante enagenacion que a su favor otorgô Su Magestad a Veinte y dos de Junio, mil setezientos veinte y siete, para perzebir los productos de ella y terzios diesmos de este Reyno (…) cuya Comision, y Subdelegazion exerxe su Mersed, en Virtud de Despacho y ordenes del Señor Don Juan Verdes Montenegro, Cavallero del Abito de Santiago del Conzejo de su Magestad…” Este juez se encontraba entonces en Villajoyosa por un asunto de terrenos o solares, en esa ocasión apetecidos por vileros que bien ampliaban sus negocios, bien sus viviendas, que algunas estaban situadas al pie de la muralla en su lado meridional…o Sur.

Don Luis Dionisio manifestaba ante el escribano “Que por quanto por parte de Miguel Lopes mayor (de días) deste nombre Maestro Soguero y vezino de dicha Villa, sele a representado nesezitar, de un pedazo de terreno anexo asu misma Cassa de havitacion, hasta nueve palmos en quadro en poca diferencia baxo los lindes del torreon, Camino ô Calle del Mar por medio, casa de Joseph Nogueroles tambien calle por medio, Cassa prinsipal de dicho Lopes y la Calle que va desde esta Villa por el trinquete al mar; y haviendo su Merzed, para evitar todo genero de perjuhizio, mandado reconoserle: que visto por Simon Vaello y Pedro Galiana Albañil de profesión), y declararon estos en toda forma que de consederle su dominio util al nominado Miguel Lopes, no seperjudicaria aterzero, y que su valor le consideravan en una libra moneda provincial; En cuya vista usando Su Mersed de dichas sus facultades cometidas en las ya Sitadas ordenes, de su buengrado y cierta siensia establece al referido Miguel Lopes el citado y deslindado sitio hasta los nueve palmos en quadro (…) (¿cuatro por cuatro palmos?) en quanto al dominio útil, por quedar reservado el directo (o propiedad) a su Magestad y en su real nombre alos expresados Señores herederos con el cargo y obligazion de contribuirles y pagarles, ô a quien supoder Ubiere (cobrara) seis dineros anualmente en el dia de San Juan, empesando en otro tal dia del año proximo viniente mil Setezientos quarenta y seis, y assi en adelante”.

Constaba que el adquirente había manifestado al subdelegado “que no pudiendo extenderse (para el taller de su oficio) en el Sitio de su Pal que tiene establesido en latitud alas maromas que se le piden porno contener capazidad sufiziente para ellas, por perjudicar en las bocas calles del Arraval de San Chistoval baxo los muros del Portalet, y que por este motivo, haviendola en la playa del Mar frente a los huertos de Joseph Buforn (Censal) y Christoval Miguel, selepodia conseder tan solamente para las extraordinarias, que no puedan trabajarse en el terreno que ocupa dicha su fabrica (…) reservando en ella el transito comun del Camino que va a Benidorm, y Torres de la Costa que estâ cito entre los margenes de dichos huertos y Citio pretendido de que se trata”.

Se le concedió a López aquel espacio en cuya área ya podría depositar las gruesas maromas que fabricaba, quedando así establecidos los capítulos pertinentes a dicho arrendamiento. Aceptó él que en todo tiempo concedería el cabreve o reconocimiento del propietario de dicho terreno, el rey de España. También entraba en su compromiso ante el notario, Miguel Lorca, el pagar fadiga, luismo y derechos enfitéuticos al uso. Actuaron de testigos Simón Vaello, Vizente Morales y Jayme Martines…

NOTA: Aunque parezca farragoso o complicado el tema, en realidad se trata de alguien, un soguero, que requería un poco más de espacio para trabajar y extender las sogas que elaboraba, sin menguar las dimensiones de los callejones de aquella parte de La Vila…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

EL AÑO DE LOS AZULEJOS (1863)

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Crónica nº. 397. El año de los azulejos (1863)

El acta municipal que abría el nuevo bienio legislativo, con Isabel II en el trono español, contemplaba la continuidad de don Vicente Nogueroles Lloret como alcalde de La Vila, y sus regidores eran Vicente Lloret Perez (sic), Francisco Ruiz Barrachina, Luis Villó Llorca, Jaime Llorca Soler, Jaime Linares (sic) Vaello, Felipe Linares Barber, Vicente Izquierdo Lucas, Matías Zaragoza Reos y Gaspar Lloret Esquerdo., cosa que se supo esto el 4 de enero de 1863. Los tenientes de alcalde serían: Jaime Llinares Perez, José Furió Lanuza y Pedro Nogueroles Nogueroles. Estos vileros fueron quienes, en abril del mismo año, estudiaron una circular del Gobierno Civil de la provincia, “que encarece −advertía el alcalde− la gran utilidad de la numeracion de edificios y rotulacion de calles, cuya medida de policia urbana se ha llevado ya a efecto con azulejos en la mayor parte de las poblaciones conforme á lo dispuesto en la regla 20 de las que acompañan á la Real Orden de 24 de febrero de 1860, si bien se observa que en muy pocas localidades se ha cumplido la regla 15 que previene la colocacion de lapidas á la izquierda de las puertas ó calles que dan entrada á las poblaciones con la inscripcion del nombre de estas, capital de provincia y cabeza de partido judicial á que corresponden”.

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Teniendo que cumplir lo ordenado en aquella circular, se cargarían esos gastos al área de “imprevistos”, cosa que había que comunicar al Gobernador. Respecto a la ampliación de lo ordenado para un plazo de cuatro meses, se decía “se prevenga á los particulares propietarios de edificios de este pueblo ó en su termino coloquen en los suyos respectivos los azulejos con los mismos números que tienen en la actualidad”. Se referían a las inscripciones numerales hechas “con materia tintorea” y sobre el rústico encalado de las fachadas. También se detallaban las características: “Que los azulejos de los números deben ser blancos, de un palmo en cuadro y el número de color negro”. Se publicarían bandos y fijarían edictos en los sitios de costumbre “de esta villa”, además de dejar constancia de que la orden tendría que observarse tanto en lugar poblado como despoblado. A costas de los propietarios que incumplieran lo ordenado, los azulejos serían colocados por el Ayuntamiento vilero, que, asimismo, impondría dos reales de multa a cada edificio que, transcurrido el plazo señalado, careciera de tamaña y vistosa actualización. Modificación aquella que sin duda vendría a dar la debida categoría urbana a calles, callejones y plazas, así como a edificios que, aun estando en las denominadas partidas rurales (“Els Parrals”, por ejemplo), parecían requerir dicho toque de integración administrativa en el municipio. (Suponemos que, aun a regañadientes, los propietarios vileros acabarían interesándose por saber de qué obrador ceramista podrían conseguir los dichosos azulejos, o de qué comercio o almacén del ramo quizá en Alicante…).

NOTA: No nos debe extrañar encontrarnos en Villajoyosa con casas o casonas en el medio agrario o huertano con esos “azulejos” implantados en la fachada de tales edificios, por lejos que queden del centro de la urbe y rústicos que nos parezcan…, además de recordar que La Vila cuenta las más de 25 partidasrurales.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

EXPEDICIÓN A PEÑÍSCOLA (1711)

Crónica nº. 77. Expedición a Peniscola (1711)

El Dicccionario enciclopédico Hispano-Americano de Literatura, Ciencias y Arte de Montaner y Simón (Barcelona, 1888) explica profusamente el artículo “bagaje” con extensión que no deja duda alguna al visitante de esas sus páginas. Comoquiera que en los libros municipales vileros no se concreta con matiz alguno cuánto abarca el vocablo, y sobre todo en las actas del mes de abril de 1711, hemos localizado en la obra referida los tipos de bagages: el denominado mayor y el menor. Por el primero se designa “a los individuos del género caballar y mular”, mientras que el segundo abarca a bestias del ganado asnal. Por extensión y a efectos de nuestra crónica, el bagaje es también el equipaje militar de un ejército o tropa cualquiera en marcha, y, asimismo, “La carga ó impuesto que obliga á los pueblos al suministro de las caballerías y carruajes (…) para el transporte de personas y efectos dedicados á ciertos servicios públicos”, siendo un gravamen que exigían ya los señores a sus vasallos en la Edad Media. Felipe V, en 1740, dictó una cédula para reglamentarlos, pues no siempre se pagaban a ciudades, villas y lugares que cumplían dicha prestación. Y también determinó quién tenía derecho y quién no a exigir de las comunidades el susodicho servicio…

Para que Villajoyosa preparase bagages para un traslado de víveres a Peñíscola aquel mes de abril, llegó a manos del Cabildo vilero una carta orden “del Señor DonJuan Merita Alcalde Mayor dla Villa d Alcoy y su Partido, y el dchº. la había despachado d ordn. dl Señor Don Fcº. Caetano Y Aragon, teniente Gl. dlos Exercitos d Su Magd”, etcétera. Ordenaba que La Vila “condusga asus costas todos los vagages Mayores, y Menores d ella ala Plasa de Peniscola (sic) a ordn. dl Governador d ella, para el transporte d vivieres al Exercito Real (…) y sean ajuntados Veinte y quatro vagages Mayores, y Veinte y uno Menores, que son quantos sean (se han) podido en contrar en dchª. Villa, y su termino…” Así se lo indicaba el alcalde de Villajoyosa a los regidores Antonio Loret d Jasinto, Jayme Martines, y al Síndico y Procurador General vilero, Jayme Aragonés. Y mas aún: que Jayme Soler de Juan, “vesino d esta Villa con seis conpañeros Mas (…) ara el viaje en siete dias, pagandoles cada Dia tres sueldos Por hombre, y por cada vagage Mayor quatro sueldos y por los Menores a tres sueldos”.

La proposición del hijo de Juan Soler pareció apropiada al Consistorio, de tal modo que “le añadieron Dies Reales Mas Por si se le ofrecia herar (por herrar) alguno de los vagages”. Se resolvió, además, que el alcalde, Dotor Thomas Peres, fuese a Alcoy por ver si el señor Merita podía “minorar algunos vagages”, lo cual no se consiguió en aquel caso, siendo minorar lo mismo que reducir o aminorar, en aquel caso, el número de animales designado por la superioridad militar….

J- Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“LA CARRETERA NOVA” Y EL EXCONVENTO (1868)

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Crónica nº. 407. “La Carretera Nova” y el ex convento  (1868)

El exconvento de Villajoyosa, en franca y peligrosa ruina, era un problema para la Plaza de la Constitución en el último tercio del siglo XIX. Ni el clero más absolutista hubiera negado la necesidad de derribarlo y proceder a la expansión más higiénica y resolutoria que pudiera experimentar la citada plaza vilera, la del Olmo tantos años atrás. Su derribo, o una solución parcial y apocada de lo que amenazaba en caerse fue el motivo que impulsó en 1868 al alcalde, don Jaime Llorca Lloret, a presentar en el Ayuntamiento una moción sobre aquella capilla. Propugnaba aquel edil que éste se procediera a tirarlo, dado su peligroso estado, y que se construyera otra capilla en la partida de Barberes, aunque ciertamente, y entonces, la nueva localización quedaba muy alejada de la iglesia parroquial y asimismo de la del barrio de San Antonio. Decía el alcalde que al pedir la demolición no pretendía zaherir los sentimientos católicos de los habitantes de Villajoyosa.También manifestó que días antes había elevado una solicitud al Excelentísimo Ministro de Gracia y Justicia pidiendo, de acuerdo con el cura párroco, “que de los fondos del presupuesto general del Estado destinados a reparación de iglesias parroquiales se librara una cantidad para la reconstrucción del campanario del exconvento de Agustinos”, si bien tenía que decir que como autoridad firmó dicha exposición, pero que como concejal de Villajoyosa y amante de la urbanización, ensanche y mejora de sus calles y plazas, “entendía que el gastar cualquier cantidad, por pequeña que ésta fuera, en un edificio ruinoso como lo está dicho convento significa dinero perdido, y privar a esta población de mejora tan necesaria, la carretera, para el ensanche de la Plaza de la Constitución”. A renglón seguido decía que todo aquello tenía solución, “levantando por los llamados á ello el espíritu cristiano de los vecinos de esta población y recaudar fondos para la construcción de una nueva capilla que viniera a llenar el hueco que deja el derribo necesario del ex convento”. Y se tomó el acuerdo de dirigir escritos de ayuda a la autoridad de la diócesis y al Ministro de Gracia y Justicia. Y esa era, se creía, la solución más adecuada.

En el número 6 de la publicación vilera denominada “Renovación” (Villajoyosa, 13 de abril de 1930), y que editaba don José Gordero Chamorro), encontramos un escrito de don Ángel Tomás Llinares, entonces recientemente llegado del extranjero (veinte años fuera de La Vila). Este ciudadano vilero encontraba lamentable el estado de aquella plaza diciendo que estaba “lo mismo que la dejamos. O no: aún peor. Una casa derruida, otra a medio caer. Las demás, las fachadas feas y viejas, en el centro una estatua que más bien parece una mesa de cinco patas al revés. En uno de los lados −terminaba el párrafo−, en línea quebrada, el antiguo convento de los Agustinos, que evoca la época inquisitorial…”

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Algo más adelante, Don Ángel (quien, siendo ya alcalde de Villajoyosa, conseguiría del obispado las llaves del exconvento) escribía lo que sigue: “De todos es sabida la intención del C.N.F.E. (Carreteras Nacionales de Firmes Especiales) de hacer que la carretera deje de ir por la calle de Canalejas y Colón buscando desviación por otro lugar (…) ¿Por qué no ponerse de acuerdo nuestro Ayuntamiento con el señor Sánchez Guerra y el C.N.F.E. para derrumbar el convento (lo que quedaba de él) y abrir una vía que sirva de paseo, camino del puerto y carretera?” La página del semanario donde se publicó aquella propuesta llevaba un dibujo del firmante, que exponía las reformas que creía debían hacerse. El desmantelamiento del edificio se iniciaría, ¡por fin! en el año 1933… y en ese mismo año quedó terminado. (La estatua aludida más arriba era la levantada a don José María Esquerdo Zaragoza, la que después sería trasladada al paseo en la playa vilera dedicado a ese sabio alienista.

(En la actualidad, el Ayuntamiento del Partido Popular ha reurbanizado esa zona de modo que pocos vileros se encuentran a gusto con la transformación perpetrada, incluida la que afecta al tráfico rodado. Pero nadie opina sobre ello en escrito público.

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(Desde su formación local, este PP ya ha infligido a la ciudad de Villajoyosa diferentes transformaciones urbanas que nadie en sus cabales puede aplaudir, empezando con la infligida a la Creueta, siguiendo con la calle Canalejas y el Mercado de Abastos… por no referirnos a otros desatinos y, cuyo coste en dinero siempre ha sobrepasado con mucho los precios iniciales de tan fastuosas obras… y originado buena parte de las apreturas económicas que ahogan al Ayuntamiento de 2012, añadimos. La pasividad cívica de sus gobernados, tan proverbial y continuada, ha “permitido” el despilfarro y las cuantiosas deudas que actualmente admite ese Consistorio).

NOTA: No queremos ni debemos terminar este escrito sin recordar al pueblo de Villajoyosa -tan ajeno como siempre en su mayoría al aplauso de las fuerzas políticas de LA IZQUIERDA- lo mucho que la Segunda República hizo por España, sobre todo en comportamientos cívicos, cultura y educación. La gente joven y no tanto parece como si se ufanara olímpicamente de la escasa cultura histórica que demuestra tener desde hace demasiado tiempo, y eso no puede ser bueno para el equilibrio político que aquí, ¡y en toda España! debiera menifestarse…¡ Una lástima porque “quien ignora su Historia está condenado a repetirla”.

J. Payà Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Y EL “CHORO DELS PONSILERS” (1750)

Crónica nº. 325. Y el “Choro dels Ponsilers” (1750)

El albarán de gastos municipales habidos en julio de 1750 se acercó a las 137 libras, que pagaría el clavario, Miguel Lorca. Ello suponía que este bolsero tuvo que entrevistarse con los vecinos y forasteros que habían prestado servicios al municipio o que le habían vendido algún producto. Entre los asuntos que originaron esas deudas figuran dos temas que se prodigan con cierta obstinación a lo largo de los meses: el agua de beber y de riego y cosas relativas a la festividad de Santa Marta.

Después de la relación fija de los empleados de la villa, la primera anotación relativa al tema del agua era el pago a Juan Vinaches, maestro albañil, “por haver ido (…) à registrar el Partidor de Orcheta y de esta villa (La Vila) por tener noticia (…) le avian hecho una rotura”. La siguiente cuestión responde al trabajo de Matheo Sens, que había limpiado “el Albellon de la Fuente de la Plaza”, o sumidero de la misma. Antonio Galiana, igualmente albañil, y Joseph Llorens habían trabajado medio día en componer el Choro dels Ponsilers. 

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En cuanto al nombre del lugar (Chorro, desde luego), ¿qué decir? No tenemos noticia de que ese apelativo haya perdurado, como tampoco el de Barranquet de la Negra, aparecido en otros documentos. (Barranc que va de la Robella al pantano, nos aclara Agustín Galiana, nuestro experto, también, en topografía vilera.)

Siguiendo con el tema hidráulico, tan digno de atención en el terreno vilero ,reaparecen obras en el partidor orchetano. Allí subió Visente Llored (sic) con dos menores (bagages menores, asnos o mulos), leemos, para llevar medio almudí (tres cahíces) de cal del horno de la Cala (?), material que costó cinco sueldos. El regidor Pedro Soriano estuvo todo un día laboral en el citado lugar y cobró por esto seis sueldos, pues los concejales de entonces ya cobraban… La Noria del Mar se limpió por alguien cuyo nombre no consta. El asunto del pantano también figura en el albarán de gastos de julio: Jayme Beneyto y Miguel Ruis subieron a destaparlo, una tarea muy complicada y peligrosa cuando el embalse aún disponía de agua. “Para poder abajar a la Puerta” del mismo, se mercó una cuerda por dos sueldos. Con tal de que estuvieran limpios para el día de la procesión de la patrona, el Matheo arriba aludido limpió “los Albellones de las fuentes” públicas, y por ello cobró un sueldo y dos dineros. (En el mes anterior también figuran trabajos en las fuentes urbanas. Entonces se adquirieron de Onofre Rico setenta “Alcaduces mayores, que los ordinarios que han de servir para la cañeria de la fuente de la mesma”. Desde la Plaza del Olmo a la casa del Ayuntamiento los transportaron un mozo y un menor. Agustín Mayor de Simeon y otro vecino acarrearon grava que mezclar con la cal para las obras en las fuentes. Hubo trabajos en el azud de Relleu y para estancar “la preza de Arriba”, además de labores en las de Relleu y Sella por habérselas “llevado la avenida en la noche antesedente”. Ignoramos qué día fue ése, pero sabemos que allá subieron “Pedro Juan Tonda, Pedro Vicente Galiana de Geronimo, Joaquin Llored de Pedro Vicente, Gaspar Llored manocha (apodo), Francisco Perez raval (apodo)” y otros vileros..

En lo referido a las fiestas patronales, el primer gasto se produjo al pagar a Bautista Puig “por haver sacado [¿hecho copias de?] los papeles para representar una comedia en las fiestas”. Tres libras costaron los “ocho pares de Sapatos para los muchachos de la dansica para la fiesta de Nuestra Patrona” (donación habitual a estos danzantes, al menos en La Vila). Por que pudieran correr las vacas, de la Plaza del Olmo retiró Joseph Llorens un montón de cal, sacándose también las piedras que dificultaban el discurrir del evento taurino. A Francisco Picó, de Penáguila, se le pagaron los “cuetes” que dispararon desde la torre de la parroquia el día 28 de julio, y hubo ocho pollos para correr (¿perseguirlos y meterlos en el puchero doméstico?) el día de Santa Marta. (Seguramente, cada corredor quedaría en posesión del pollo que atrapaba para un buen caldo en su casa.., ¿no?.). “Por lo que se arrojó à la fuente para los Pobres muchachos (chicos de familias pobres) dia de Ntrª. Patrona, segun estilo antiguo” (y continuado hasta el siglo XX con lo que en La Vila se conoce como el bassi).

Finalmente, y sin entrar en dispendios suculentos para los eclesiásticos por misas, sermones y procesiones, vemos el arrendamiento de la Plaza del Olmo para ser cerrada y correr allí las sufridas vacas.., aunque seguramente contentas…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LA IGUALA DEL AÑO 1715

Crónica nº. 103. La iguala del año 1715

Decían las autoridades vileras que en el Dr. Caetano Linares “asisten (existen) las calidades y actividad suficientes para semejante empleo, assi por ser patricio y tener los naturales (vileros) conosidos, y por la mucha experiencia y practica que en dcha. facultad tiene, y en este particular tener de los Vezinos particular afecto”. Se estaba hablando, casi advierte, de las buenas cualidades que de médico reunía aquel Caetano. Y, por disponer de ellas, se proponía que ejerciera en Villajoyosa… sin tener que ausentarse para atender las necesidades de los enfermos que había en los pueblos vecinos. (Estas consideraciones se hacían en la Sala Capitular de la villa (calle Mayor) el día 20 de marzo de 1715). Pero era el caso que el tal doctor estaba sirviendo a los vileros… sin estar “a justado” o condutado, y por eso, “quando le parese se va fuera dla Villa sin quedar en ella ningun consuelo para los enfermos”. El Ayuntamiento admitía aquel día que ya hacía tiempo que el aludido había presentado un memorial al Cabildo diciendo que “no la queria servir de medico si no le daban cada año, tres sientas libras de salario, y no haviendosele respondido a dcho memorial −decía Francisco Juan Llorca, el alcalde− no âquerido estar mas de asiento”, o fijo en Villajoyosa.

Reconocida la perentoria o clara necesidad de médico “para todo el bien comun (…), es preciso se delibere en el presente Ayuntamiento lo que mas conbenga (…) porque todos los vezinos estan clamando por falta de esta providencia”. Entonces se hacía la reflexión que hemos señalado al principio, alabando los grandes méritos del doctor, y también que “… como este quiera âsistir ala Villa se condute (se cree una iguala o pago fijo al médico) âñadiendole por cada año Veinte libras de salario mas dlas. que pagava esta Villa”. Eso era lo que venía cobrando el Dr. Thomas Peres, fallecido hacía poco tiempo. De aceptar Linares por doscientas libras al año, se le dictarían unas pautas, a saber: “Que (…) no pueda salir dl termino (…) sin lisencia del Ayuntamtº. (…) y de executar lo contrario, por cada vez que lo hiciere se le rebaxen de su salario quatro libras de moneda, y assi mismo tenga obligacion todas las noches de dormir dentro los muros dla Villa por si acaso se ofresiere de noche alguna necesidad con algun acsidente de repente, y por cada noche que faltare á dormir dentro de dcha Villa”, etc. Y ahí se indicaba la sanción estimada para semejante incumplimiento. También, y por las doscientas libras anuales, tendría que visitar a los enfermos “dl espital (hospital) de dcha. Villa y a todos los demas pobres de solemnidad Y Vezinos contribuyentes á esta Villa, y a sus familias y criados, assi de dia como de noche”. En el caso de que, por cualquier impedimento, el Dr. Linares no pudiera asistir a los enfermos locales, él mismo buscaría sustituto a su costa. Así era cómo el Ayuntamiento establecía las líneas de conducta del médico, dejando claro además que no se oponía a que éste se pudiera “ganar unos maravedises con algunas vesitas que por los lugares sircunvesinos (pueblos vecinos) pudiere agensiar”, y siempre que no hiciese falta su presencia en La Vila por haber “enfermos de Peligro á alguna mala costelacion (epidemia, a veces)”. De ausentarse de la villa, no podría alejarse más de dos leguas de ella y su término y por tiempo de un día y una noche… mas “con la obligacion, y no de otra forma, que ayga d dexar (…) medico asistente que sea graduado y de toda satisfacion”.Imagen relacionada

Bautista Cabot, el escribano municipal, siguió las órdenes del Cabildo y se presentó ante el doctor con las pautas aprobadas. El médico escuchó las condiciones… y dijo que estaba gustoso “y conbenia en servir ala dcha. Villa, su patria, por medico de ella (…) prometiendo cumplir en todo lo que se le previene”. Decía también que no había necesidad de otra diligencia de fuero ni Derecho: quería que con sólo su promesa bastase para quedar obligado con su persona y bienes…

Por aquellos días quedaba pendiente el arrendamiento del abasto de la carne en Villajoyosa porque no salía un buen postor. Mientras tanto, el Ayuntamiento estaba cavilando sobre qué hacer para evitar “apremios violentos”, para que nadie del Ayuntamiento de La Vila fuera encarcelado. (Al parecer, la autoridad supralocal sospechaba −antes que otra cosa− que los alcaldes y regidores vileros no ponían el celo debido para que la villa pagara sus contribuciones). Y mientras las autoridades vileras “dixeron −hacía constar el escribano municipal− que con todo rigor, se cobre dlos atrasos de quarteles, y todo lo que se cobrare Juntamte. con lo que se sacare dl arrendamtº del abasto dlas carnes se remita a Valª. (Valencia) para que la Villa se exima d apremios rigurosos”. Se escribió al Gobernador pidiéndole parecer sobre cómo el Consistorio había decidido en “el tranze y remate” del abasto de carne unos días antes (todo estaba rigurosamente controlado por la autoridad superior), “y que no ayga la menor omision en todo lo referido”. Imagen relacionadaLuego vemos que la autoridad invocada daba su consentimiento, y más tarde se pagaban quince libras a Caetano Aragonés para llevar a Valencia las 1,100 libras que había adelantado por quedarse el asunto de las carnes. Quedaban por sacar a subasta los arrendamientos de la sisa, de la panadería y la taberna. Eso tendría lugar el 16 de agosto, y vemos la constancia que deja el escribano Cabot de que “en casso d no encontrarse arrendador (por arrendatario de la taberna), y de carecer la villa d bastimento de vino (…) se dará providencia para que (…) este (esté) provehida de vino â un que sea caro, por que no es razon que no le falte (mejor, que le falte)”. Esa decisión ya fue tomada por la tarde…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“L’AIXABIGA” DE LA VILA (1733)

Crónica nº.237. “L’Aixabiga” de La Vila  (1733)

Muy intensas y torrenciales debieron de ser las lluvias en la otoñada de 1733 a juzgar por las impertinencias que las aguas del Amadorio crearon en la playa de Villajoyosa, cerca de su desembocadura.

RAMBLA

Quizá, como en otros otoños e inviernos, el río Torres aportó su arcillosa riada ocasional, creando su tumultuosa y rápida corriente la mancha amarillenta que invadía una buena parte de las aguas en la bahía vilera. Aunque por otras suciedades, los pescadores de “la Marina” de Villajoyosa, pobladores de muchas de las casas extramuros, hicieron llegar sus quejas al alcalde ordinario, regidores y síndico. Reunidos éstos un 17 de noviembre con aquel motivo, quedaron informados −algo sabrían ya− de que las avenidas fluviales habían enturbiado intensamente el lugar de la costa donde se echaban las redes para pescar, la denominada aixàbiga o lance. El alcalde razonó que “como passa de dos meses que no se puede pescar en la Playa del mar de esta Vila por motivo de estar el sitio y paraje (…) donde se pesca el pescado y se hecha la red sucio y ocupado por madera” y perjudicando al común de la Villa y a los pobres de la zona pescadora “por quanto es esta una tierra que en faltando el pescado todo falta”, pues que le parecía que se buscase forma y expediente para limpiar dicho lance (sitio donde echar la red) “por redundar en beneficio de dicho comun y alivio de los pobres”. A tal efecto, se consultó con varios prohombres de Villajoyosa tales como Gaspar Linares, Joseph Peres de Jayme, Jayme Aragones, Ignacio Miquel, etc., así como con los patrones de pesca Miguel Tonda, Melchor Soler y Nicolas Ferrandis. Con ellos se acordó de manera unánime que, habiéndose fabricado un lance de cuerdas, y no haber sido posible limpiar las aguas “se fabrique uno de cáñamo que tenga bastante resistencia para sacar la madera (“pescarla”) y quanto convenga para que se pueda limpiar y pescar enseguida por ser de utilidad y beneficio del comun”. Dijeron que, para dicho coste, “practique esta Villa diligencias que convengan a fin de que los interesados en la pesca, que son los arrendadores de sissa y diezmos del Convento del Gran Padre San Agustin, coadyuven en lo que puedan… y desde luego se ponga mano en ello”. Y eso fue lo que se acordó, aunque la villa también tendría que poner de sus fondos municipales.

 

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

CONTRA EL ANALFABETISMO (1950)

Crónica nº 513. Contra el analfabetismo  (1950)

La Junta Municipal de Enseñanza creada en Villajoyosa en 1950 tuvo como presidente a don Francisco Senabre Verdú, alcalde de la ciudad. Los once vocales de la misma ostentaban la representación, respectivamente, del Ayuntamiento, la enseñanza pública y privada, el SEM, la Sección Femenina, la Iglesia, el Frente de Juventudes, la familia y la sanidad locales. Al parecer, la constitución de esta corporación se producía por tener que convertir las escuelas unitarias del grupo escolar “Doctor Álvaro Esquerdo” en agrupación graduada, y por haber solicitado el Ayuntamiento a la Dirección General de Enseñanza Primaria se considerasen pertenecientes al casco de población todas las escuelas diseminadas. También se pretendía que la escuela mixta de la Era Soler, entonces regentada por un maestro, siguiera siendo mixta pero atendida por maestra, al tiempo que, cuando fuera posible, se convirtiera una escuela de niños en escuela de Orientación Marítima. Con esto habría dos de cada sexo en La Vila, tan marinera ella.

El libro de actas del que obtenemos esta información consta de 80 páginas numeradas en folio, y desde la primera a la última pasan diez años (marzo de 1950/marzo de 1960). Por ellas discurren situaciones y nombres propios íntimamente ligados a la enseñanza pública en Villajoyosa. De las actas que se firmaron en esa década, nueve reflejaron sesiones ordinarias y cuatro tuvieron carácter extraordinario, actuando de secretarios los maestros de escuela siguientes: D. José Gordero Chamorro, D. Francisco Sellés Soriano, D. Juan García Farach y doña María Aragonés Lloret, director y directora estos últimos de la graduada escolar aludida al principio. En algunas de sus aulas estuvimos, desde párvulos hasta el primer curso del Peritaje Mercantil, algunos chicos y chicas. Ahora sabemos asimismo que los señores inspectores que visitaron aquellas escuelas en dicho periodo fueron doña Manuela García Luquero, doña Salvadora Devesa Cano y don Jesús Muñoz Gaspar.

Un periodo especialmente preocupante en lo atañente a escuela y absentismo del alumnado potencial fue aquel en que era alcalde don Jaime Soler Soriano. Reunida la Junta de Enseñanza el 4 de noviembre de 1954, y por ese motivo también, se acordaron medidas consideradas muy pertinentes. El señor alcalde expresó a los asistentes su gran interés por el asunto, exponiendo la imperiosa necesidad de reducir el referido absentismo. Cada maestro pasaría a la Alcaldía un parte mensual relacionado con las faltas justificadas del alumno y un listado de la matrícula, amén del domicilio y nombre de los padres o tutores de los alumnos. Por su parte, la Guardia Municipal investigaría a los niños ausentes de las aulas en horas lectivas y con frecuencia se celebrarían exámenes de aptitud para el certificado de primera enseñanza. Éste lo exigirían las empresas al contratar operarios. La asistencia a las clases de adultos sería rigurosamente obligatoria para todos aquellos que, habiendo cumplido los 14 años de edad, siguieran siendo analfabetos… El señor alcalde, Jaume d’Esteve, rogaba a los maestros su colaboración más intensa y comprometida, matizando que la actitud de aunar voluntades no suponía represión algun al magisterio local y sí elpropósito de aunar voluntades para cumplir las disposiciones del Gobierno de la nación.

NOTA: Recordamos cuando, de niños, y jugando algo violentamente en la calle Colón frente al nombrado Grupo Escolar, que a primeras horas de la noche, chicos y chicas de unos 15 a 18 años de edad, acudían con su libreta y lapicero a las aulas del “Álvaro Esquerdo” para salir del analfabetismo. Algunos y algunas eran forasteros, hijos de personas venidas de Andalucía a ocuparse en trabajos agrícolas o del embalse del Amadorio…También veíamos a algunos adultos, hombres de cierta edad, perseverando en su propia enseñanza. Alguna vez pensábamos con qué “extraña y lamentable ventaja” los superábamos a todos ellos…, ya que, en mi caso, doña Mª María Luisa García Salazar (en su parvulario) y don Juan García Farach, aquel matrimonio de docentes, a muchos, muchos niños nos habían llevado a los conocimientos primeros de los textos de entonces. ¿Cómo era que aquellas personas, “els castellans”, según los vileros de nacimiento, ni siquiera sabían escribir su nombre y apellidos, por ejemplo…? En fin…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila