DE “PERE SOT” A LA CALA (1717)

Crónica nº. 130. De “Pere Sot” a la Cala (1717)

A mediados de febrero de 1717, y como añadido a las diarias tribulaciones que vivía Villajoyosa por los tributos al régimen borbónico, aparecía una adversidad nueva. Estaba señalada en el acta municipal del día 15 de ese mes, y versaba sobre un conflicto que el alcalde comunicaba a su Ayuntamiento tras saber de él por habérselo notificado el alcalde de la baronía de Finestrat. “El día de San Blas −relataba Francisco Juan Lorca− hubo una pendiencia en la Playa de la Cala desta villa entre mucha gente d Finestrad que baxaron á devertirse a dcha. Playa dl mar, y que Thomas Sans, assi mismo átenido noticia Su merced que esta resibiendo sobre dcha. pendiencia, apropiandose la dcha. Playa por termino de Polope [Polop] , por lo que es de sentir que la Villa (Villajoyosa) Saque la cara por que no es razon siendo dcha. Playa termino della (propiedad vilera, se quiere decir) lo pierda Siendo de tanta Importancia para (…) sus Vznºs.”

Oída la exposición del alcalde, se decidió viajar a Alcoy para poner en conocimiento del Gobernador asunto tan peliagudo, y de su resolución se pasaría a “haveriguar la pendiencia para el castigo de los que la tuvieron, pues dcha. Playa toda la vida asido termino desta villa, pues el pescado que en ella sea muerto sea (se ha) pagado el dercho. á esta villa (…) y no es razon se pierda esta Jurisdiccion”. (Se desprende del conflictivo asunto que gente de Polop[e] −castellanizado este topónimo por imposición quizá de Castilla− se atribuyó estar pisando playa de propiedad de aquella villa y no de La Vila, creándose trifulcas incluso violentas.

El día primero de marzo siguiente, otra sesión en la Sala vilera volvía a tratar de la inesperada impertinencia del día de San Blas. El alcalde había estado en Alcoy, por lo que el gobernador del distrito quedó enterado de las ridículas pretensiones territoriales de Polop sobre la Cala de los vileros. Incluso se le señaló que gente de Benidorm que estuvo en el rifirrafe apoyó con su testimonio la propiedad vilera de aquella parte del terreno. Y ello incluso siendo “subditos de dcho. Sans”, el procurador de la baronía de Polop. Dijo el gobernador que en temas de jurisdicciones el asunto debía presentarse en la Real Sala de Valencia. Allá se llevó el tema, pues, y ese organismo decretó que el Alcalde Mayor de la ciudad de Alicante pasase a Villajoyosa, Benidorm y Polop para hacer averiguaciones sobre el conflicto y las pretensiones de este último lugar a la propiedad de aquella playa. No hemos encontrado la continuación de este asunto hasta llegar a la deliberación del día 9 de diciembre de 1717, casi diez meses después. (Mientras pasa todo ese tiempo, se van sucediendo nuevas impertinencias contra los derechos tradicionales de La Vila, que, de no moverse, “los perderá de forma irremisible”, se lamentan los vileros, probablemente muy irritados.

En mayo de 1717 a unos pescadores de Alicante que faenaban en la cala de Pedro Sot (Pere Sot o Presot en la toponimia valenciana) se les exigió que pagasen la sisa por Thomas, su arrendador, y alegaron aquéllos que ¡aquel lugar pertenecía al término de Alicante!, “llevandose el pescado que matan sin quererle pagar (…) lo que es perjuhisio dla. Jurisdicn. de esta Villa”, protestaban los de Villajoyosa.

Ante aquella insolencia, Villajoyosa determinó que el sisero avisara la próxima vez que se produjera el hecho de pescar y no satisfacer el tributo, y que iría allí la justicia para retenerles el pescado y los bienes que con ellos tuvieren… hasta el total de la sisa, “porque no pueden ignorar los de la Huerta de Alicante que la dcha. Cala y mucho mas álla assi ala (hacia la) huerta d Alicante es termino desta Villa (por La Vila)…” Así se pronunció el Cabildo, y no dudamos de que lo hiciera, habida cuenta de la firmeza con que Villajoyosa había usado y defendido siempre esa propiedad territorial. El caso de la otra cala, que dejamos de momento, lo suponemos resuelto sin dudas ni peros razonables por cuanto en la actualidad sabemos de su pertenencia a Villajoyosa. (Al leer textos administrativos redactados en el siglo XVIII, dudamos a veces −por su imprecisa sintaxis y ortografía− cuáles eran los derechos y obligaciones de unos y otros, de forma que los hechos de que se habla quedan rodeados por una peligrosa y resbaladiza imprecisión. De ahí que se haga imprecindible llevar la mayor cautela para percibir la verdadera realidad de las actuaciones de las partes…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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TRES -AUTODIDACTAS- DE VILLAJOYOSA (S. XX)

Crónica nº. 520. Tres (autodidactas) de Villajoyosa (S. XX)

El 19 de marzo de 1960 comparecía ante el público LA MARINA, semanario de la Costa Blanca (“blanca” por la exquisita floración del almendro, los cerezos, los árboles de azahar y la espuma cristalina del mar en las playas). Era un semanario editado por don Juan Bª. Sapena y Torres, su propietario. Éste era un caballero andante de porte y talante unamunianos, fino escritor de imágenes deslumbrantes y apasionado de su tierra: las dos Marinas. Por mi ausencia y establecimiento obligado en Ceuta −en el Regimiento 90 de Artillería−, no pude incorporarme al grupo de colaboradores inicial de la publicación hasta el número 19 del modesto semanario, y desde esa salida semanal, la diecinueve, a la número 397 cumplí como corresponsal y joven autor literario, una condición osada de juventud. (Por entonces, y a punto de introducir el que suscribe en las imprentas de Villajoyosa el “plomo” de las lineotipias −como decía Thomas de Galiana, nuestro científico en París−, escribía yo semanalmente dos páginas para LA MARINA y a veces cuidaba de las revistas de fiestas y cumpliendo también con la corresponsalía del semanario progresista SIGNO, de las juventudes católicas españolas. Mi correspondencia con Rafael González −su director por muchos años−, con Jesús Torbado y Adriano del Valle y otros jóvenes periodistas me llevó a intensificar el número de suscriptores del semanario en Villajoyosa. Mis crónicas y reportajes en SIGNO −del que nunca recibí dinero alguno; tampoco de LA MARINA, y sí tuve gastos, obviamente− me abocaron a saltar a la calle, donde, además de vender sus ejemplares, prensa muy amena y social, formalicé un centenar de suscripciones, ¡un centenar!, y ante la maravillada expectación de los directores y colaboradores de Madrid, según notas que publicaban sobre la buena acogida de los lectores de Villajoyosa.

Otra concurrencia mía al cuidado de ediciones vileras en las imprentas de nuestra ciudad −donde ya se trabajaba con material de linotipia de los hermanos Paco y Rafael Villaseca a instancias mías− fue dirigir y estar al cuidado del Boletín de la Comunidad de Regantes y del Ayuntamiento de Villajoyosa, publicación de frecuencia mensual, y de la revistilla CONTIGO que hacíamos Paco Cañabate, Manolo Martí, Francisco Llorca, Pepe Soriano Ramis y don Francisco Bolufer, el sacerdote que asistía a nuestras reuniones de Militantes de Cristiandad… Este grupo también había hecho mucho por ganar suscriptores para SIGNO, muchas.

Toda aquella actividad mía, sin dejar de enseñar en la academia “Santa Marta” nueve horas diarias, fue una tarea de juventud que ahora me cuesta situar en sus dimensiones reales. No se puede. Respecto a LA MARINA, también dejo constancia aquí de que durante 350 semanas −de 1961 a 1967− tuvimos un magnífico y querido colaborador vilero que enviaba sus crónicas desde Barcelona. Era el entrañable autodidacta Vicente Carreras Martínez, un hombre que, ya de adolescente, publicaba sus escritos iniciales en las ediciones de JONIA, LA VILA y RENOVACIÓN, que editó su propietario don José Gordero Chamorro, un hombre inquieto y docto docente. ( Carreras se marchó, o escapó, de nuestra ciudad a Barcelona siendo aún muy joven y como consecuencia, al parecer, de un escrito suyo publicado en el que llegó a decir que “Villajoyosa era un pueblo sin alma” y refiriéndose a la pegajosa abulia reinante entonces aquí, que anulaba toda expectativa creadora ahogando cualquier iniciativa mínimamente arriesgada, un tema que muchos vileros decían de aquel ambiente humano. Vicente, pues, trasladó su juventud contestataria a la Ciudad Condal, en uno de cuyos barrios, La Barceloneta, había muchas familias vileras establecidas. Allí logró un trabajo cómodo que le permitía no sólo escribir, su imparable vocación, sino editar alguna que otra revistilla de escaso fuste, desde luego, pero fabuladora y amena. Por su periódica recepción de LA MARINA en Barcelona (como otros vileros allá establecidos), fue conociendo más a fondo mis escritos en prosa y en verso y los de otro autodidacta si los hay, el tan inteligente Antonio Sivera Sánchez, ese todoterreno literario especialista en cine, y que, mira por dónde, aún era pariente de Carreras…

En 1961, y con Vicente en La Vila durante las fiestas de Santa Marta, habíamos quedado en que él enviaría sus crónicas bajo el genérico de “Cartas barcelonesas”, que tanto lector tuvo en aquel semanario. También yo procuré que publicara algunas cosas sobre La Vila en el mensual IDEALIDAD, publicación a cargo de don Vicente Ramos Pérez en el “Aula Gabriel Miró”, admirado escritor alicantino que había publicado en esa revista mis primeros poemas…, puestos en sus manos por Cristóbal Zaragoza Sellés. El “Aula Gabriel Miró” pagaba nuestras colaboraciones (las primeras que yo cobraba) con 150 pesetas cada una…

Las aportaciones literarias que enviaba Vicente Carreras, al que en mi casa considerábamos como de nuestra familia, podían ser deslumbrantes y, además me llegaban −para “La Marina”, “Idealidad” o para la revista de “moros y cristianos” vilera− acompañadas de fotografías de nuestra ciudad que él había coleccionado con verdadero amor y para escritos merecedores de ilustración. De sus lecturas se desprendía la constatación mesurada de su cariño por nuestra ciudad, por muchas de sus personas y, desde luego, por todas las cosas vileras. Quien esto escribe cree, como ya ha dicho en otras ocasiones, que Vicente Carreras Martínez, inteligente narrador autodidacta, se merece este homenaje. (Al respecto, y releyendo una de sus crónicas estos días,una que publicó en “Idealidad”, he llegado a la conclusión de que Carreras había conocido el texto en que, en 1986, descubrí el de La Carta Pobla de La Vila…, habida cuenta de los datos históricos que aportó esa vez en las páginas de aquella revista alicantina. Escribió en La Vila y en Barcelona, y siempre fue leído, por descontado, allí donde hubiera un vilero, que lo mismo ocurría con los escritos perfectos de Sivera y con los míos, según cariñosos testimonios de allí donde residía gente de Villajoyosa. Los tres autodidactas que éramos nos habíamos abierto paso, modesto pero paso, entre las anfractuosidades españolas de escribir…y publicar.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

CON EL CÓNSUL DE GÉNOVA (1768)

Crónica nº. 376. Con el cónsul de Génova  (1768)

A Pedro Sellés lo enterraron el 5 de abril de 1768, tal y como certificó en junio del mismo año el Racional (hacienda) de la iglesia parroquial vilera, mosén Luis Loret, y a instancias del abogado de doña Ángela María Dolciny, viuda de D. Juan Bautista Fabiany. (La y griega es utilizada aquí por el escribano, Vicente Izquierdo Sured de Alicante, llevando el punto propio de la i latina y convertida en la llamada “y caída”).

Aquella certificación se pedía para incluirla en los autos ocasionados por la reclamación que la citada viuda hacía ante el Justicia vilero y para que Andrés Sellés, hijo del finado, abandonara la casa que su padre, por cuestión de deudas, había escriturado a nombre del tal Fabiany en 1756. Y era así porque el trato, para resumir, fue que la casa pasase al acreedor en cuanto muriese Pedro Sellés. (Digamos de paso que este acreedor era el cónsul “de la Serenísima Republica de Genova” en Alicante y que su consorte era relevante en el comercio alicantino. Las deudas contraídas por Pedro Sellés eran por diversas mercancías adquiridas al matrimonio, quizá como proveedores de artículos de importación).

Aquel débito ascendía a poco más de 188 libras “procedentes de resta de tratos y contratos, que han tenido hasta este día”, por lo cual “vendía, y dava en venta real por juro de heredad, para siempre jamas al enunciado fabian (por Fabiany), una Casa de Morada, Cita, y puesta fuera los muros de esta dcha Villa (Villajoyosa), en el pago de los huertos, y en Calle Nueva (¿la que sería de Canalejas un día aún lejano?), que linda con solar de Joseph Furió; tierras de Maria Galiana, por dos partes; Y camino real de finestrad, con cargo, y obligación de pagar anualmente el Cenzo, que corresponde por el principal de treinta y tres libras, dies y seis sueldos, y ocho dineros, â la dcha Maria Galiana, que se puede quitar, y redimir (el censo) por dicha suma, y el derecho de pecha a la expresada Villa, franca y libre de otro qualquier tributo porque no lo tiene sobresí ni parte, y por tal sela asegura con todas sus puertas, ventanas, Usos, costumbres, y servidumbres, quantos oy tiene, y en el tiempo haver puede”. La acreedora concedía carta de pago al punto, de inmediato.

Sin embargo, y ocurrida la defunción antes referida, el hijo del difunto no abandonaba la casa, produciéndose luego la invocación al Justicia para que resolviera. (Las matizaciones de la venta de la casa, de las que sólo hemos incluido una porción ínfima, resultaban de lo más aparatoso, casi rayando en lo infantil, pero al uso entonces en los detalles y previsión de posibilidades de que no se actuase, por una parte o por la otra, con arreglo a lo firmado: prevención a fondo).

Como era de esperar, se acudía al Justicia, que era Jayme Llinares, para que ordenara el “lanzamiento” (desalojo) o cesión inmediata de la vivienda que estaba en litigio. Así lo hacía el referido, a saber: “Notifiquese a Andres Selles que dentro de dos días desocupe la casa que habita, y vendida tiene a Dn. Juan Bautista Fabian (sic) con apersibimiento de lo que aya lugar”, decía. Esto era ordenado el 7 de junio de 1768, sin que se contemple en el escrito judicial el extremo pedido por el demandante, o sea que se hiciera la resolución definitiva “con condenación de Costas, al referido Andres Selles por su resistencia, y assí en Justicia que pido”. No se conformaba con que se procediera “al despojo, y lanzamiento de quantos se hallaren detentando la Cassa vendida (…) y ponerse en la verdadera real Corporal, seus quasi porcion dela misma”. Fue en el pago de Los Huertos donde Sellés recibió del escribano Isidro Llorca la pertinente notificación creemos que final, puesto que no vimos más texto sobre este pleito…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

TRES (ATOSIGANTES) MESES DEL AÑO 1712

Crónica nº. 78 Tres (atosigantes) meses del año 1712

Por un “Corned” de 1712, y respecto a gastos municipales de abril, mayo y junio de aquel año, conocemos cómo resolvía Villajoyosa problemas derivados de la Guerra de Sucesión. Oficiales, suboficiales, soldados, sirvientes y acompañantes de algunos de los primeros recibían alojamiento en viviendas vileras y ello producía un intenso y azaroso movimiento de algunos vecinos, apenas si resignados. Había que acudir a la tienda, frecuentar la carnicería, la tahona (o fleca: panadería) y el despacho de pescado, aparte de que, lógicamente, determinados hombres y mujeres se ocuparían en guisar para los componentes de los destacamentos militares de turno. Al propio tiempo, alojadas las caballerías en el cuartel habilitado para el caso, posiblemente en el Carrer del Pou, había que disponer de paja y algarrobas en abundancia para sostén de aquellas cabalgaduras. Tampoco paraban mucho determinados mozos vileros, los cuales, y en calidad de verederos (mensajeros), como ya se ha dicho, partían desde la villa con misivas y órdenes de los oficiales a los pueblos de la comarca… y a veces incluso fuera de ella, como ya se ha dicho. Y, además de las condiciones climatológicas reinantes, siempre podía haber dificultades lógicas para averiguar el paradero del destinatario. A veces, la persona buscada (militar, generalmente) no se encontraba en Orcheta o Finestrat, un suponer, y el mensajero era informado de que aquélla quizá se había desplazado a otra parte, Alcoy o más allá, y enseguida cabalgaba el veredero hacia el lugar indicado con el fin de entregar su misiva. Todas estas vicisitudes quedaban reflejadas en el libro de cobros y pagos que llevaba el clavario…

Veamos algunas de aquellas anotaciones, reflejo fiel de servicios y suministros pagados por quien ostentaba la clavería: el día 8 de abril habían ido a Alicante, y por mar, el arais (por arraix o arráez) Pedro loret (sic) y su hijo, Gaspar Loret y asimismo su hijo.

Fue también Calistro Loret y le acompañaba su hijo… además de otros vecinos de La Vila, como Vicente Tonda, Miguel Saragossa, Joseph Vaello, Juan Brufon (¿por Buforn?) de Teresa, Miguel Lorca de Francisco, etc. Llevaban éstos una orden emitida por D. Miguel de Sada, Comandante, para “traer las Ruedas Para los Cañones d Altea,ruedas y dtho. Sr. Dn. Miguel, Dixo: que todo el Gasto que se aria en condusir dhas. Ruedas lo devia Pagar la de Putacion (sic), ya cada uno dlos suso dthos. marineros les toco por su trabaxo ocho sueldos, Ya todos, y con la Parte que le toco al barco…”, etc., resultaron sumar 6 libras 8 sueldos.

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Parece ser que el mismo día 8 hubo otro viaje, pues leemos a continuación: “Ala Barca y Marineros dl Patron forio (Furió) Por haver hido Alicante d Ordn dl Sr. Dn. Miguel d Sada Comandante, con trese hombres Atraer dos cañones Para esta Villa, d gasto que hisieron en Comer con Pan, Vino, y Pescado, dies y ocho sueldos y tres dineros”. A dicha anotación le sigue ésta: “Al dho. Simon Angel Por haver hido en Onze d dho. mes d Ordn d esta Villa alas Peñas dl Albir, á descubrir (a investigar) sien la Cala d Randas havia alguna fragata Para que diera havisso Para Podr Condusir con seguridad las Ruedas dlos Cañones d Altea, que las pasavan con un barco d esta Villa ala d Altea [,] ocho sueldos” de gasto…

Aparte de estos ítems de pagos en esos tres meses, hay una partida por desplazamientos de vileros en servicio… fuera de nuestra comarca: “A Juan Buforn d Vicente, copiamos, por haver Pagado en el Meson dlas Puertas el Gasto d comer que hizieron los Vagages (hombres, y animales de carga) d estaVilla, que Pasavan ala Parte d Binaros al Servicio dl Rey, y el Gl. (general) los hizo dtener en Valcª. Martes Santo en la noche, y al otro dia Miercoles hasta Medio dia, que el Mesonero les dio d comer d Ordn del Sr. Thomas Peres Sindico desta Villa (La Vila), que se hallava en Valcª. Por dPendencias (o asuntos) d élla, tres libras y ocho sueldos d dho. Gasto”. (Aunque estos datos reunidos no sobrepasen la condición de curiosos para nosotros ahora, hemos querido mostrarlos −de entre más de cien anotaciones en esos tres meses− para dar idea del imperativo que operaba sobre la población de la villa en cuanto los militares llegaban a ella en sus movimientos y maniobras…Para una economía local tal que la de aquellos pueblos…, la atención a tales gastos era algo muy parecido a un desastre económico…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

REPARACIÓN DE LAS DEFENSAS (1736)

Crónica nº. 189. Reparación de las defensas  (1726)

Siendo alcalde ordinario de Villajoyosa Pedro Soriano, en agosto de 1726 firmó un trato con el maestro armero Agustín Miñana para unos trabajos de recomponer los mosquetes y demás armas e instrumentos “para las torres Maritimas, y castillos del partido d dicha Villa, por el precio que mas aya lugar en Drecho. siendo sabidor delo que le compete, y pertenesiere, y conose que ara (hará), y executara los Mosquetes”, etc. el dicho armero. Aquello lo firmaron como testigos Melchor Miquel, notario, Alvaro Lorca y Vicente Nogueroles, una vez hechas presentes las amonestaciones que la Justicia emitiría sobre el artesano de no cumplir él debidamente con su trabajo. Ese mismo día del verano también se escrituraba una obligación de la Sala Capitular vilera, compareciendo el maestro albañil Francisco Sevila, procedente de la huerta de San Juan de Alicante. En su comparecencia, dijo éste “Que en el dia de hayer, se ha hecho a su favor, el remate delas obras y reparos de albañileria, carpinteria y cerraxero que sean de aser en las torres, maritimas, y castillos de la Costa del distrito, desta Villa por el presio de quinientas noventa, y cinco libras Moneda deste Reyno, y con los Capitulos que avisto, y entendido (…) y prometio, el aser, y fabricar, todas las dichas obras Y reparos, segun, y como se previene en aquellos (…) y estando presentes Vicente Nogueroles y Marcos Adrover, labradores vecinos de esta Villa (…), se constituyeron por fiadores, legos, llanos, y abonados, por dicho Sr. Alcalde ordinario, asiendo como hasen de deuda y causa aguena (por ajena) suya propia, sin que contra el ni sus bienes seaga deligencia alguna de fuero”.

(Creemos que los fiadores libraban al alcalde de toda responsabilidad en el caso de que Sevila no cumpliera su parte, prestándose a responder ellos con sus bienes, y lo indicamos porque la redacción del notario a veces crea dudas… No obstante, algo más abajo en el documento leemos “que cada uno fia, y asegura la obligacion que tiene hecha el dicho Sevila”. Luego se obligaron con el dicho “de man comun, a vos de uno, eo insolidum”).

También aquel día se formalizó otra contratación, ésta con el maestro carpintero Elias Gonsales, de Villajoyosa, que tenía que recomponer algunas piezas de artillería, “cureñas y demas armas y ynstrumentos para las torres Maritimas y el partido de esta dicha Villa”, nombrándose cucharas (utensilio de introducir la pólvora a granel en el cañón), lanadas (utensilio de refrescar el alma de las piezas artilleras), sacatrapos y ataxadores, según leemos…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

LOS NUEVOS JUSTICIAS (1718)

AVALLE

Crónica nº.141. Los nuevos Justicias  (1718)

Don Antonio del Valle, Cavallero del Orden de Calatrava, Theniente General de los Exercitos de su Mag. (…) Por quanto siendo de la Real voluntad del Rey nuestro Señor, que en este Reyno se practiquen todos los medios correspondientes à la mejor administracion de Justicia, y perpetua conservacion de ella, hallandome con los encargos correspondientes à este cuidado, en la misma conformidad que mis Antecesores, y siendo igualmente de Real agrado de su Mag. que al principio de cada año se haga nueva eleccion de Alcaldes, Regidores y demàs Ministros en todas las Ciudades, Villas, y Lugares dependientes à mi Jurisdiccion con la precissa circunstancia de ser los electos dignos de esta confiança, assi por su calidad, como por la inescusable razon de ser, y aver sido buenos vasallos de su Mag. aviendoseme hecho presente por parte de el Ayuntamiento dla Villa de Villajoyosa…”[el disponer de nuevos alcalde y ediles…].

A esta larga y rimbombante introducción del escrito de don Antonio seguía la definición del propósito: elegir nuevos Justicias para gobernarla hasta el primer día del año 1719, y que “dicha Villa ha elegido (…) deviendo observar, y guardar las leyes de Castilla, para alcaldes ordinarios, a Juan Buforn de Pablo, primº. y segdº. a Antonio Linares: Para Regidores, a Gaspar Linares de Gaspar (…), Geronimo Zaragoza llamado de la Plaza (apodo) segdº. y tercero á Geronimo Lloret de Pedro; Para Algl. (alguacil) mayor á Joseph Mayor de Agustin; Para Alcalde de la Hermandad á Antonio Lloret de Anthonio Vicente”. (Observamos que vuelve la letra elle para los apellidos, tan vileros como Llorca, Llinares, Lloret… ¿Porque el escribano ya sabía más o porque era otro escribano diferente?).

Obviamos reproducir otras fórmulas de esta carta-orden recibida en La Vila, y seguimos leyendo: “Por tanto, ordeno, y mando, que sin la menor omision se les dè possesion de sus empleos, con todos los honores, excempciones, y prerrogativas que les corresponde, obedeciendoles con la debida observancia, so pena de ser castigados à proporcion de su inobediencia, los que incurrieran en la falta de esta obligacion. Y para su cumplimento mandè despachar el presente firmado de mi mano, sellado con el Sello de mis Armas, y refrendado de mi infraescrito Secretario, en Valencia à 28 de febrero de 1718”. Firma el funcionario “Por mandato de su Excelencia”.

Este documento, sólo parte del cual dejamos transcrito, figura encuadernado en el ejemplar del Libro de Deliberaciones de 1718, un tomo de folios, tamaño de 215 por 315 mm, y cuenta con el sello de registro de S. M. Felipe V, de veinte maravedis. De los juramentos prestados para la asunción de cada empleo, el del Alcalde de la Hermandad tuvo lugar el 6 de marzo de 1718, si bien solamente ante el primer alcalde ordinario y presente el escribano. Y se juró que “regirá, Governara, y administrara (…) bien y lealmente segun su leal Saver, y entender, dexando aparte toda amistad, parentesco, hodio, Rencor…”, etc. Guardaría Justicia asimismo a los pobres, atendiéndoles en todo sin dar lugar a queja alguna. “Y assi lo Jura −leemos− Dios que le de [dé] Mucha grasia, Amen”. Como dijo no saber escribir, el alcalde firmaría por él, que así lo hizo constar el escribano, Bautista Cabot.

Como ve verá en otra crónica, algunas veces la autoridad superior a la de los pueblos intervenía vetando a determinadas personas para aquellos cargos concejiles, unas veces con lógica comprensible y otras…, en fin.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

EL AGUA DE SAN GREGORIO, Y LA “CUCA”, ETC. (1739)

Crónica nº.279. El agua de San Gregorio, y la “cuca”, etc. (1739)

En junio de 1739 la sequía amenazaba con malograr las cosechas del campo vilero, incrementada la desgracia con la impertinencia del partidor de Orcheta, con los problemas acumulados con aquel dispositivo de riego. Además de los numerosos gastos en idas y venidas por aquel tema, estaban los ocasionados, como nos dice el “Corned”, por otras adversidades… y también devociones. El apartado religioso, muy recurrente en invocaciones al poder sobrenatural, ocasionaba gastos no siempre fáciles de atender, y eso sobresale de entre los pagos a que tenía que acudir el clavario. Veamos ahora algunos de éstos: A Luis Vicente, platero de Valencia, se le pagaron 11 libras, 12 sueldos y 9 dineros por una “Concha de plata, para Bautizar, q. mando comprar la Villa (…) del peso de seis onzas un quarto, y dos adarmes”. (El adarme correspondía a un peso ínfimo, casi insignificante). Un poco más de 2 libras cobró Visente Perez de Benidorm “por el trabaxo de aver trahido el agua de Sn. Gregorio del Reyno de Navarra”. Elias Gonzales sirvió la madera “de la Crus que hizo para la particion (encrucijada) delos Caminos de Benidorm, y Finestrad en la tierra que era de Andres Mayor”. A los religiosos de la parroquia se les pagó el medio año. La relación de éstos empieza con el retor Joseph Rovira y lo siguen mosén Bartholome Vaello, Antonio Lorca, Pedro Aragones, Salvador Martines, mosén Miguel Vaello, Mn. Nicolas Lorca, el padre vicario, y asimismo vemos el listado de los oficios religiosos realizados por la comunidad conventual en Corpus Christi. Se registran también trece misas de rogativas por el agua, del día 9 de marzo hasta el 21. Otra anotación dice: “A Francisco Farach Cortante (o carnicero) por dos libras de Carne de Carnero que de orden de esta Villa [se sirvió a] â Mosén Miguel Vaello, Mn. Antonio Lorca, el Padre Vicario y Sachristan por la acistencia a la prosession de Sn. Gregorio para los Conjuros de la Cuca (cierta oruga perniciosa) que se hizo hasta la hermita de San Antonio”.

Por otra parte, al mismo Farach se le pagaron unas pérdidas que tuvo como carnicero porque no pudo vender “los piez, cabezas y asaduras que se han dado a pobres por no haver havido en este Mes quien las mercase, y se han vendido por menos” [dinero], ya dicho en otra crónica. (Eso era algo que solía darse con la carne en manos del tablajero o carnicero. Los desperdicios reunidos por éste iban a parar a la olla de los pobres del vecindario, ¡y gracias!, aunque el carnicero, al presentarse a la subasta para llevar la carnicería o pilón, había creído poder sacarles mayor rendimiento económico. Al no poderse vender, el Ayuntamiento debía pagárselos puesto que se habían dado a los pobres de solemnidad… como limosna).

El gasto que nos parece más curioso quizá fue el ocasionado al pagar cuatro sueldos a Simeon Mayor por una redoma (como un matraz) de vidrio que le compró la villa −Mayor era “aboticario”− para “poner dentro de ella el agua de Sn. Gregorio”, del reino de Navarra, que ya se citó.

En el extremo final de este albarán que comentamos hay una cantidad que recibe Cayetano Villo (seguramente, Villó) “por medio dia de su trabaxo en [con] un pollino de acarrear Argamasa para conponer el puente dla Carrallonga (!) junto al d Joseph esquerdo (sic) por estar derribado”. Los pozos del Charco y Carrichal figuran en penúltimo lugar por la limpieza acometida en ellos por Joseph Lanusa, mientras que Jayme Perez, mandador del agua de riego, y tres obreros recomponían el azud de arriba (Gran o major?): 16 sueldos para todos ellos.. azud

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila.

LOS SOLDADOS VILEROS DE 1726

Crónica nº.194. Los 13 soldados vileros de 1726

Cinco días después de llegada una orden del Gobernador de Alcoy, las autoridades municipales se ponían a estudiar su contenido. Había que sortear entre los mozos un número de trece para incorporarse sin dilaciones como soldados del Rey. De la bolsa de “boletas” correspondientes al listado de los jóvenes de Villajoyosa un niño extraería trece de ellas, un azar que designaría a los jóvenes, y sin saber nunca si para bien o para mal, lógicamente. La orden gubernativa hacía hincapié en la deseada habilidad de los ediles a la hora de la selección “para que esta Villa âlistase trese Mozos solteros, los que menos falta hisieren en sus casas”. (Suponemos que previamente a la elección se practicaría la criba adecuada para responder a la condición señalada. Se veía ahí la consideración del gobernador para con la economía familiar del grupo social afectado por la privación temporal de dos brazos en las labores agrícolas, del mar o de cualquier otra ocupación. Aunque cuatro o cinco años en la milicia suponían un desgarro considerable, si no una desgracia más bien irreversible).

Para el criterio escrupuloso y experto en aquel tipo de selección se servirían los ediles de la opinión y dictamen de los reconosidos prohombres del vecindario. En ese grupo estuvieron “don Felipe Tous, Simón Vaello (el Alguacil Mayor), los dotores (sic) Pedro Miquel y Gaspar Linares”, así como Juan Morales, Geronimo Saragosa y otros vileros, hasta trece también. Ignoramos si la población de La Vila conocía la operacion que se llevaba a cabo aquella noche en la Sala, pero era costumbre hacerlo con asumida ocultación… para que algún que otro joven no se escondiera o escapara. A la Sala se trajo un “infante” (seguramente muerto de sueño) para extraer del cántaro las trece papeletas (o “boletas”) requeridas.

Algunos de los mozos de aquel grupo fueron Pedro Linares de Thomas, Vicente Galiana de Gaspar, Pedro Soto de Juan, Estevan Ximenes de Joseph, Miguel Caragosa de Miguel (Çaragosa, seguramente), Antonio Soler y otros como Vicente Furio de Estevan y Geronimo Lloret de Geronimo.

La suerte estaba echada y pronto se sabría de aquel listado, escrutinio obtenido mediante la mano de un inocente… cuya identidad era mejor no se supiera en la villa, desde luego….Después se vería si alguno de los jóvenes se libraba del servicio por alguna incapacidad física…o por compra de sustituto por parte de alguna familia pudiente.
RELOJ
¿Cuántas veces, cuántos miles de veces cantaría el reloj del campanario las horas y las medias horas mientras aquellos mozos estaban ausentes de Villajoyosa luchando en choques y escaramuzas de guerra? Aquellos días y sobre tan añoso reloj se decía en la Sala que “a todas horas va sin horden”. Desconcertaba a los regantes por los defectos de su vieja maquinaria, y por ello se encargaría uno nuevo al vecino de la villa de Oliva, Juan Seguí, quien opinaba que recomponer la envejecida y anquilosada maquinaria no terminaría sus problemas. Así que al tal Seguí se le confirmó la adquisición ya estudiada… mientras los trece mozos vileros eran puestos a disposición del ejército…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de LaVila

SUSTITUTOS PARA LA ARMADA REAL (1727)

Sitio de Gibraltar de 1727

Crónica nº. 208. Sustitutos para la Armada Real  (1727)

Una escritura ante notario, firmada el 17 de marzo de 1727, es un texto sobre el servicio militar de jóvenes españoles en la Armada de Su Majestad el Rey. Leemos: “Ante mi el essnº. y testigos parecieron Juan Morell hijo d Guillermo, y Joaxin Barzelo hijo del mismo ambos naturales, y bezinos dla Villa de Soller Isla d Mallorca hallados al presente en dicha Villa de Villajoyossa prometen, y se obligan al Sr. Dr. Dn. Gaspar Linares (sic) Abogado, Alcalde Ordinario d ella d cumplir con el Servicio d su Magd. en la Armada d españa por Marineros (sustituyendo a otros marineros) a saber dhº. Juan Morell por Miguel Lopes d Marchanthonio, y dhº. Joaxim Barzelo por Jayme Aragones Marineros sorteados en esta Villa para dhº. Servicio losquales dhºs. Morell, y Barzelo van por los suso dhos. sorteados voluntariamente cada uno respective por el tiempo que su Magd. mandare, y en caso d no cumplirlo pr no querer quieren selos apremie por todo rigor d drº. (derecho) segun Reales Ordenanzas, para loqual hacen d causa agena propia obligan sus personas, y bienes havidos, y por haver, y dan poder alos Juezes, y Justicias desu Magd. para que âello les apremien por sentencia pasada en cosa Jusgada, y por ellos consentida, y renuncian sus Domicilios, y demas leyes, y Fueros dsu favor…”

Más abajo dicen: “y para Mayor seguridad dlo assi [ilegible] cumpliran cada uno respective por sus Fiadores asaberdhº. Juan Morell a Miguel lopes y dhº. Joaxin Barzelo adhº. Jayme Aragones Marineros vezinos d dhª. Villa los quales siendo presentes y hinterrogados por el preste. essvnº. (presente escrivano) si harian dhºs. fianzas Juntmte. con los dhºs. dixeron quesi paralo qual assí mismo respective obligan sus personas, y bienes havidos, y por haver, y cumplir lo mismo que sus principales en caso d faltar estos adhª. obligacion, etc., siendo testigos Isidro Miquel, Melchor Soler d Jazinto, y Pedro Bordera (…) y por los otorgantes por nosaberescrivir firmó (acento, nuestro) uno dlos testigos”.

Del mismo día de esta firma encontramos otra escritura con un contenido similar: ante el mismo alcalde se comprometen Francisco Bohigues, hijo de Domingo, de la ciudad de Tortosa, y Miguel Fuster, natural de la baronía de Polop. Ambos afirmaban que “cumpliran en el Servicio dsu Magd. en la Armada marineros (en lugar deotros marineros) asaber dhº. Francº. Bohigues, por Vizente Loret d Juan Gregorio, y dhº. Miguel Fuster, por Geronimo Martines ambos sorteados por (como) marineros en esta Villa para dhº. Servicio, Y para lo assi cumplir dan por sus fiadores respective asaber dhº. Juan Bohigues, a Pedro Juan Nogueroles Pescadores, menor d este Nombre, y dhº. Miguel Fuster a dhº. Geronimo Martines Pescadores y vesinos d dhª. Villa los quales siendo presentes, ê interrogados por el preste. Essvnº. si dhªs. fianzas hacian, y principales obligaciones dixeron que si para loqual y haziendo de causa agena propia, etc.”

Siguiendo la secuencia de las escrituras en el “Llibre Rebredor” del escribano Francisco Vaello, aparece otro caso bajo escueto epígrafe de “Fianza” en el cual comparece el proponente Blas Pallares, hijo de Juan y natural de Castellón de la Plana. Este joven se comprometía a realizar el servicio en la Armada del Rey sustituyendo a Pedro Lloret de Mathias, y dejaba como fianza al sustituido para el caso de que Pallarés no cumpliera, al tiempo que, como siempre, ambos obligan sus bienes, habidos y por haber, según lo consuetudinario en estos casos. Otra operación idéntica y escriturada el mismo 17 de marzo nos dice que Vizente Bou, menor (el hijo y no el padre, ambos con el mismo nombre), natural de la villa de Althea, afirmaba constituirse en sustituto de Jacinto Soler de Melchor en el servicio en la Armada Real. Y, por último, Joseph Sancho, hijo de Anthonio, y natural de Almazora, y Joseph Vallespín, menor y natural de la isla de Mallorca. Estos mozos sustituirían en la Armada Real a Anthonio Galiana y Francisco Martí, respectivamente, siguiendo las pautas legales vigentes en aquellos casos, y una vez permitidas dichas sustituciones y cobrado el precio estipulado en moneda corriente. Porque las familias pudientes hacían lo posible por librar a sus hijos de aquel servicio militar, como muchos de los lectores saben. Terminamos diciendo que en ninguna escritura de esta naturaleza hemos visto establecido el precio en dinero que se pagaba por semejantes sustituciones…

J.Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila