AQUEL CLAVARIO Y LA CÁRCEL (1711)

Crónica nº. 70. Aquel clavario y la cárcel  (1711)

Por poco más de “duscientas libras”, requeridas para pagar el impuesto de Quarteles, y no tenerlas Villajoyosa, Francisco Mayor se presentó a primeros de abril de 1711 ante el Cabildo o ayuntamiento con el ofrecimiento de una “bestreta”. Esto suponía adelantar ese dinero aunque vinculado tal ofrecimiento al abastecimiento de carne al vecindario de Villajoyosa, detentado por el tal Mayor. Refiriéndose a la sesión municipal del 20 de marzo anterior, el alcalde ordinario, Gaspar Linares mayor (de días), decía que el abastecedor “esta Promto a dar, y pagar á esta Villa por considerar la con pocos medios para cumplir en la Urgencia tan presisa dla paga, d quartel (…) cumplimiento al Arrendamiento d dchº abastesimiento”. Mayor ponía varias condiciones, siendo una de ellas ajena a escritura pertinente al ejercicio de surtir de carne a La Vila, a saber: “que si en dchª. villa se pusiere alguna carneseria aparte dla que la Villa tiene (era decir, la suya), pueda dchº. Mayor Penar a qualquiera vesino que Mercare carne d ella, Y assi mismo pueda Penar a qualquiera vesino d esta Villa que entrare carne de fuera d ella, cuyas penas sean Puestas al adbitrio dl Ayuntamiento de dchª. Villa”.(Esas eran sus condiciones para evitar competencias a su negocio).

Se dijo en aquella sesión de Ayuntamiento que las penas serían de “trienta, Y quatro Sueldos (…) y de veinte, y ocho sueldos a qualquiera vesino que entrare carne d fuera”. El dinero recaudado con estas multas sería repartido de la siguiente manera: “Una parte para los oficiales que componen el Ayuntamiento d dchª. Villa, y otra parte para la lumenaria(las lámparas o velas) dl Santissimo Sacramento, y otra para el dchº. Francisco Mayor, y que se le otorgue escritura d Arrendamiento conforme pide”. (Aquella distribución, tan oportunista como infantil, no podía quedar mejor organizada, y se la adobaba con la devota parte a entregar parte al Santísimo Sacramento, de modo que este monumento eclesial quedara convenientemente iluminado… y quizá a favor de semejante reparto, tan suspicazmente ideado).

El día 15 de aquel mismo mes el Cabildo vilero celebró otro Ayuntamiento. En él se trató un lamentable suceso que había ocasionado el clavario o mayordomo de las rentas locales: por su decisión. Varios varios vecinos vileros habían sido encarcelados “por no poder acudir ala Paga dla Claveria (…) siendo estos sujetos tan Pobres que al presente estan Inposibilitados, hasi para pagar como para acudir alas obligaciones d sus familias”. Esto lo comentaba piadosamente el alcalde contrariado por la decisión del clavario de haber encarcelado a tales vecinos. El alcalde, y a renglón seguido, daba cuenta de quiénes eran los encarcelados: Miquel Marti = Thomas Linares d Lorenso = Pedro Pablo Saragosa = Grabiel (sic) Forner = Blas Peres = Fracº. Peres = Estevan Furio = Joseph Martines Menor (de días) = Thomas Borras = Joseph Saragosa Menor. También figuraban en el listado Joseph Rostoll y otros como Lorenso Loret = Joseph Martines Mayor = Joseph Barber =y Pedro Furio… Se consideraba que, teniéndolos en la cárcel “se embaraza (o dificultaba) el que puedan Ganar d sus brasos el sustento d sus hijos, dlo que esta Villa no tiene(no recibe) ninguna utilidad, antes bien si alguno d ellos estuviese enfermo abrá de sustentar dchª. Villa por ser su vesino (…) [y por ello] determinaron los saquen dla carsel, Y busquen donde puedan Ganar un jornal. Y dchº.clavario suspenda la cobranza d estos, hasta el dia d San Juan dl mes de Junio Primero viniente d este Año”.

El alcalde añadía que el clavario podría cobrarles si, con el tiempo, les conociese algún medio, y observando la mayor equidad y sin gastos. De no poder hacerse esto, La Vila (su ayuntamiento) se haría cargo de esas deudas. Ésa era la costumbre después de que los Jueces Contadores admitiesen los argumentos que el clavario presentaba al finalizar su Clavería, pues éste tenía que justificar ciertos impagos de las tasas municipales. (El ministro local de este asunto se había pasado, sin duda alguna, en su celo por recaudar y desestimando, al parecer, la capacidad de alcalde y regidores para medir la situación económica de sus gobernados. Pero el criterio del Cabildo superó la desagradable situación demostrando su condición de valedor del siervo de la gleba o de quien bregaba a diario en el marMARINEROS

para llevar adelante a su familia… si el clavario de turno…se lo permitía).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La VIla

Y LOS “ROLLICOS DE SAN ANTONIO ABAT” (1726)

ERMITASA

Crónica nº. 192. Y los “rollicos de Sn. Antonio Abat” (1726)

Al final de la clavería de un año, su titular sabía con certeza –penosa certeza− que algunos vileros no podían pagar sus tasas, así que hacía un listado nominal de éstos y en el que constaba la causa del impago. Lo hacía para que los Jueces Contadores estudiasen si procedía o no descontar aquellas partidas del total a recaudar de los vecinos. (En algunos casos, estos jueces no admitían fácilmente la imposibilidad de cobrar a determinadas personas). En esas enumeraciones de fallidos, todos los años los motivos solían ser los mismos, y algunos eran incluso los que sufrieron el derribo de su hogar (“por casa derribada por el Rey”, se lee en el libro de cuentas del clavario), lo más seguro por las represalias del monarca sobre quienes al principio de la Guerra de Sucesión se inclinaron por el aspirante austriaco. A Agustín Mingot se le impuso ese castigo, así como a Anthonio Baldó y Ginés Pérez. También se les echó la casa a bajo a Joseph Mingot, Joseph Camps, Miguel Zaragoza, Pedro Zaragoza y unos cuantos vecinos más.., los cuales, y sin duda, jamás iban a creer que ordenara aquella venganza….

Por otra parte, había vileros considerados “pobres imposibilitados”, a veces con el agobiante añadido de tener la mujer enferma todo un año… (Otros no habían satisfecho aquel impuesto por no residir en Villajoyosa, dato que, una vez conocido por el clavario o bolsero, le hacía tomar nota… para cuando llegaba la fecha de “mudar la peyta”, que era su rectificación de aquella tasa. Especialmente patética era la situación del contribuyente que no pagaba “por estar cautivo de los moros”, como le ocurría a los vileros Jayme Vila, Miguel Llorca y Pedro Zaragoza, que, además, estarían en cautividad a la espera de que sus familiares recogieran dinero bastante para rescatarle con tal vez la ayuda, tan decisiva a veces, de los padres mercedarios).

El total de peyta no recaudado aquel año de 1726 ascendería a 95 libras, 15 sueldos y 1 dinero, una cantidad nada despreciable y que probablemente aumentaría para el ejercicio del año entrante de establecer a ciencia cierta los vileros que vivían fuera de La Vila. Había otros vecinos que, por cosas de la guerra, habían caído “en desgracia del Rey”, que les había confiscado las tierras. Pero éstos eran pocos.

En el cúmulo de los “gastos que a la Villa se le havia ofrezido hazer”(ofrecido o planteado realizar) de diciembre hasta enero, mes de rendir cuentas, encontramos el pago hecho “a un saludador (curandero) que esta Villa mando venir d Benidorm para saludar (curarlos, procurarles salud) las personas, y ganados d ella porque unos perros rabiosos habian mordido algunos…” Transcribimos también lo de una libra y quince sueldos pagados “a Melchor Miquel de Isidro Arrendador d la panaderia por una veintena d rollicos para dar a los muchachos la vispera d San Anthonio Abat en la Ermita que se halla en la huerta d esta Villa segun costumbre a razon d un dinero cada rollico”. El gasto suplementario en dicho menester lo leemos a renglón seguido: “A Gregorio Diego serero (artesano de la cera litúrgica) por ocho libras, y quatro onzas d turron para repartir adchos. muchachos en la Ermita vispera de Sn. Anthonio Abat segun costumbre”. Eso ascendió a 13 sueldos y 8 dineros… Hubo también que enviar albañil y peones al campanario de Villajoyosa por aquellos días con la misión de obrar “una casica para el Relox nuevo”, y allí estuvieron varias jornadas estos manobres, seguramente porque, como ya hemos escrito en otras crónicas, el reloj viejo mostraba numerosos y definitivos achaques. De éstos se quejaba en mayo de 1726 Jayme Gregorio Zaragoza, que cobró una libra por cuidar del artilugio, una por cada mes y habida cuenta de lo penoso que era subir y bajar a la torre del campanario…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

ALMADRABAS VILERAS EN 1901 Y AGRICULTURA

ATÚN

Crónica nº.457. Almadrabas vileras en 1901 y agricultura

Dos asuntos destacan en el acta municipal del 13 de agosto de 1901: uno de pesca y otro de agricultura. Esos temas fueron prácticamente los que se trataron con el alcalde señor Morales Mayor ese día. (El tercero daba cuenta de los gastos en el mes de la fecha y que sumaron exactamente 16.180 pesetas). Además se daba cuenta de una comunicación del Comandante Militar de Marina de la provincia a través del Ayudante de ese cuerpo en Villajoyosa. Se trataba de que don Pablo Soler Soriano, arrendatario de la almadraba “Río Torres”, solicitaba cambiar el calamento de retorno desde primero de septiembre a fin de diciembre “en vez de primero de abril a treinta y uno de octubre”, que prevenía el artículo 17 del Reglamento de Almadrabas. El alcalde había recabado las opiniones de gente vinculada a las pesquerías en el sentido de que lo orientaran sobre la bondad o posibles perjuicios que el cambio solicitado pudiera traer. Los expertos dijeron que la traslación de fechas no perjudicaba a otros sistemas de pesca y que el cambio favorecía los intereses generales de la población. Para los consultados, pescar en noviembre y diciembre favorecía a la villa y no si se calaban las redes en julio y agosto. Pero los que practicaban otro tipo de pesca opinaban todo lo contrario, diciendo que el cambio pedido perjudicaba a su economía. El Ayuntamiento, que intentaba armonizar los diferentes intereses de manera que hubiera trabajo en abundancia, no tenía más remedio que trasladar a la superioridad competente un informe sobre la división de pareceres… y que dicha superioridad dictaminase al respecto.

El otro tema preocupante era una enfermedad que atacaba a la vid y especialmente a la emparrada, cuyo fruto se destinaba al consumo en fresco. Había, pues, que tomar muestras de aquella uva y enviarlas a un laboratorio para su análisis. De los almendros, asimismo, se tendrían que estudiar ramas y raíces, ya que se estaba perdiendo arbolado, una de las riquezas agrícolas más importantes de nuestro municipio en aquella época y subsiguientes, al menos hasta los años sesenta del siglo XX. De esta situación del campo se dedujo que, para fomentar los intereses agrícolas, habría que crear la formación de un campo experimental en la huerta de Arriba y otro en la de Abajo, arrendados y de unas treinta áreas, para experimentar el cultivo del arbolado, a la vez que el de las hortalizas y los cereales adecuados al país, “invitándose a la clase agrícola para que se asocie á facilitar la ejecución del proyecto, forman..do una junta compuesta por el alcalde, dos concejales y dos propietarios de la Huerta de Arriba y dos de la de Abajo, elegidos estos cuatro por la mayoría de los propietarios”. El Ayuntamiento destinaría 50 pesetas para los gastos que se produjeran.

A 5 de enero de 1902 se daba cuenta al Cabildo de haberse arrendado un campo de tierra agrícola en cada una de las huertas, propiedad el primero de José Esquerdo Mayor, y de Santiago Lloret Llinares el otro. Uno radicaba en la Creueta y el otro en el Partidor, cada cual con la extensión de 18 áreas. Ambos tenían adjudicadas una hora de riego, y su arriendo costó ciento veinte pesetas “sin que el Ayuntamiento pueda en nigún caso pedir rebaja del precio establecido”…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DEL “TOSAL DEL POLLO” A “LA TELLEROLA” (1891)

Crónica nº. 452. Del “Tosal del Pollo” a “La Tellerola” (1891)

El 23 de agosto de 1891 el Consistorio de Villajoyosa tenía que ocuparse de los aprovechamientos forestales del monte vilero. A su sesión plenaria concurrieron, con el alcalde, don Juan Btª. Lloret Galiana, los concejales Martínez Esquerdo, Vaello Lloret, Esquerdo Urrios, Vinaches Lloret, Esquerdo Lloret, Pérez Lloret, Valenzuela Nogueroles, A.Tomás Martínez, Galiana Soriano, Galiana Buforn y Ruiz Galiana. El primer edil dio cuenta al Pleno de que en el Boletín Oficial nº. 187, del 19 de aquel mes, “se inserta el plan de aprovechamiento para el año forestal 1891-1892 relativo a los montes públicos no incluidos en el catálogo formado con arreglo á lo dispuesto en el B.O. de 22 de Enero de 1862”. En el mismo plan figuraban, “entre otros de este término Municipal los denominados ‘Tosal del Pollo’, ‘Tosal de Quico’, ‘Tosal del tío Tono’, ‘Caida de la Moratella’, ‘Ermiteta de San Vicente’, ‘Foyeta de la Horta’, ‘Loma de Lanuza’, ‘Malladeta del Paraíso’, ‘Mosquera’, ‘Sequeret’ y ‘Tellerola”, una relación que hemos escrito tal y como aparece en el documento municipal aunque aportando algún que otro acento ortográfico. (El secretario municipal de aquellos años escribía “Malladeta” y parece que de acuerdo con textos antiguos en los que a veces aparecía también la forma Molladeta, uno, sobre todo, de la historia de altea).

El apartado de lo forestal seguía registrando un “pero” a la condición de los terrenos aludidos, “resultando -se decía en aquella sesión- según se ha manifestado por varios señores concejales ser algunos de éstos [montes] de propiedad particular, y los restantes pequeñas colinas de nula producción (de madera o esparto), se acordó autorizar al Señor Presidente para (…) solicitar del Señor Ingeniero Jefe de la provincia, la rectificación de dicho plan eliminando del mismo á las pequeñas colinas antes espresadas y figurar consten como de la propiedad, como así es, del común de vecinos”.

(Adelantándonos al contenido de aquella petición, señalamos que en futuras enumeraciones de terrenos forestales nunca más aparecieron incluidos los lugares cuya exclusión se pedía en la sesión municipal que nos ocupa).
El asunto, no obstante, volvía por sus fueros en la sesión plenaria del 17 de noviembre de aquel mismo año, cuando se leyó la réplica dada al Ayuntamiento. En el escrito recibido de la Superiocidad se hacía referencia a la legislación entonces vigente, que era de los años 1863 y 1865, y nuestro Ayuntamiento sólo podría ganar instruyendo un expediente, lo cual quedó acordado. En él tenía que indicarse la condición municipal de los terrenos en discusión y sólo había una salvedad a tener en cuenta: que únicamente era propiedad particular la colina denominada Sequeret.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“MATADOR DE LAS CARNES” (1726)

Crónica nº. 190. “Matador de las carnes” (1726)

En 1726, y con Jayme Morales de Síndico Procurador General, se llevó a sesión municipal la mala situación de los pescadores de La Vila, pidiéndose atención municipal a ese asunto. Al no haber pesca bastante, el Consistorio tendría que promover ayudas, y a Morales se le daba “todo el poder que de drecho se requiere, y sea nesesario pª. como atal procurador Genl. y sindico haga parte (intervenga) en lo que fuere desu obligasion, y en favor de todo el comun en los ayuntamientos (o sesiones municipales) que estavilla se les ofresiere selebrar pª. el buen govierno de ella”. (En lo entrecomillado por ser transcripción, hemos evitado las muchas y complicadas abreviaturas que aparecen en el acta de la sesión).

Otro asunto que ese día se trató era el referido al “matador de las carnes”, o sea el matadero. Fue el regidor decano, Gaspar Linares, quien llevó ese tema a la sesión, y decía a los concurrentes que “el matador de las carnes que esta Villa oy tiene pª. la carniseria esta en un paraje muy Públcº., y entiempo de la calor suele echar mal ôlor, y siendo el sitio donde suelen concurrir comun mente los Sres. de Govierno y Plaza (?) le parese conveniente semude en otro paraxe comodo y que no de (dé) hastidio (fastidio) â Persona alguna”. También estimaba de importancia que “se dividan las carnes en dos tablas asaber la carne d carnero en una tabla y lade ôveja y macho en ôtra, pª. que deesta forma se puede vender laque se pida y no aya lugar el dezir el carnisero que por equivocacion âdado una por ôtra y segun se practica en otras partes”. Por lo visto, se habían dado casos en que se permitía una situación tan primitiva y fácil con que engañar al comprador.

Ante semejante queja y proposición, se decidió que “se mude el matador para las carnes, (o matadero) y se haga un paraxe convente. (conveniente) siempre que esta Villa tenga ôcasion, por considerar que el paraxe donde oy esta es incomodo y por el êdor (hedor) que sale en el verano pueda hazer daño âla salut publica”. Del aspecto diferenciador de las dos tablas también se trató, de manera que se pudiera “quitar (…) qualquier sospecha” (de calidades y precios, aclaramos)..

Imaginamos cuánta falta de higiene pública suponía el caso de aquella carnicería… a cuya localización y desperdicios cárnicos se intentaría poner solución… ¿pero sólo porque ante dicha “casica” tenían que pasar a diario los ediles? ¿Por qué los médicos locales y sanadores no llevaban el tema ante la autoridad municipal? A propósito de los médicos, en otra sesión de abril se recibió la súplica del Dr. Pedro Joseph Vaello, “natural de esta Villa y medico hactual enla de Alaquas (…) pª. que le admitan por medico condutado (con iguala) en êlla (en Villajoyosa) con el salario q. bien visto fuesse por quanto en estos años pasados ya lo havia meresido, y por cierta circunstancia no pudo por entonces (…) y que âgora confia obtenerla…” En cuanto se le admitiera, se le asignarían ochenta libras al año y se uniría a otros dos médicos que había en La Vila, D. Asencio Ortuño y D.Jayme Maior. Con ello ya serían tres para detectar también las inmundicias en la vía pública, buscar que se sanearan determinados lugares de la urbe y alejar ciertas enfermedades del vecindario con medidas preventivas, tan poco practicadas en España…incluso en nuestra actualidad.

NOTA: Ante situaciones como la que aquí se relata, y visto aquel panorama de la sanidad pública…en España, nos parece hasta lógico que la población estuviera sujeta a enfermedades difíciles de alejar de sus miembros, sobre todo si la higiene de aquellos súbditos dependía, sobre todo, de la asistencia diaria de agua potable y de letrinas acordes con las necesidades primarias de los individuos. Echar la vista atrás resulta sobrecogedor…y más si se tiene en cuenta con qué penosa frecuencia el pueblo estaba vinculado a milagros y gracias celestiales que, en general, podían desbaratar ciertas actividades científicas que pusieran remedio a tanta penuria en cuanto a salud pública…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

EN ALGUNAS CALLES DE 1866

OLMO

Crónica nº. 402. En algunas calles de 1866

Con don Gaspar Martínez de alcalde de Villajoyosa, y en octubre de 1866, se dio cuenta a los miembros del Ayuntamiento de una instancia presentada por don Vicente Lloret sobre una casa que, por estar en ruinas, era un serio peligro para sus inquilinos y el vecindario en general. La vivienda estaba en la llamada “Calle de la Iglesia”, siendo sus ocupantes, quizá propietarias, Vicenta Lloret Iborra y doña María Urrios, viuda de don Antonio Lloret. Esta casa daba la espalda a la Plaza del Olmo, donde probablemente ya se asentaba el mercado dominguero, aparte de haber allí algún que otro comercio y ser lugar bastante transitado por los vileros. Aun sin haber actuado de oficio ante aquel problema, el señor alcalde constitucional había ordenado al maestro albañil Galiana “reconociese dicha casa (…); que verificado [el encargo] á hecho relacion en la que consta que aquella [vivienda] amenaza ruina muy grande y mas por la parte de la fachada de la plaza del Olmo (…) lo que es de evitar el undimiento (…) y desgracias que pueda ocasionar”,,.su hundimiento.

Resultado coherente fue que se comunicase a los inquilinos desalojasen las viviendas, “y a las dueñas (…) la aseguren por de pronto para evitar dicho undimiento, cercandola para que el publico no sufra alguna desgracia, y procediendo á su reparación o derribo á la mayor brevedad”. Eso era lo mismo que se pedía para otra casa que, situada en la Calle de los Archivos, pertenecía a los herederos de Vicente Zaragoza y don Vicente Izquierdo, edificio también ruinoso, según la denuncia que firmaron Pedro Zaragoza Marced y Bautista Aragonés. Respecto a una vivienda que se construía en la Calle Nueva [de Mitja Galta], la corporación había designado a don Antonio Esquerdo, don Melchor Urrios y otros concejales más para que informaran de aquellas obras. Su propietario, Francisco Orts, había dejado libre una porción de terreno sin construir en la cara del edificio que miraba a la Plaza de la Constitución, sin duda para que las ventanas que a ella daban proporcionaran luz bastante a las habitaciones. La comisión formada vio que tal disposición no afectaba al bien común, ni siquiera al uso de la pequeña balsa de aguas sobrantes de la fuente allí ubicada, que también era abrevadero. Sin embargo, esa comisión añadía que dicho propietario “debe precaver lo que puede acontecer en lo sucesivo y por lo mismo es de opinión que se convenga de un modo solemne con el Orts, que ni este, ni sus sucesores impedirán en ningún tiempo, ni bajo pretexto alguno, que el Ayuntamiento ó quien le represente edifique sobre la balsa ó deposito indicado, dejando en todo caso el deslunado ó claraboya correspondiente”.

La sesión siguiente se celebró el primer día de enero de 1867 y en ella se trataron temas como la pared del exconvento, el río Algar (!) y aquello tan decididamente importante del ministro Barzanallana, es decir “la construcción de camino de Alicante á Valencia por la Costa”, que originaría un auténtico clamor popular de gratitud a lo largo de los pueblos litorales del reino de Valencia…, como se puede comprender.

NOTA: La referida fuente y abrevadero, reflejados en algunas ilustraciones fotográficas que aquí se han aportado en otras crónicas, venían a estar precisamente donde en la actualidad está la Caja de Ahorros de la Plaza de la Generalitat…y años antes los quioscos de prensa y refrigerios estivales de agua-limón y de cebada, así como la tómbola parroquial, tan cercana su instalación estival a lo que en los años treinta estuvieron los restos del convento de los agustinos, derribados para abrir la carretera general…o “Carretera Nova”…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

MIL LIBRAS PERDONADAS POR FELIPE V (1718)

Crónica nº. 145. Mil libras perdonadas por Felipe V  (1718)

Debido a las muchas súplicas presentadas por los justicias vileros a las autoridades superiores pidiendo comprensión para la patética situación económica de La Vila, hubo respuesta satisfactoria del rey, la que llegó en noviembre de aquel año de 1718. El municipio había emitido un memorial dando cuenta de las horrendas consecuencias de las arraigadas enfermedades asentadas en su población. Este documento contaba con las certificaciones de los cuatro médicos que asistieron a los enfermos a lo largo de varias semanas. El Duque de San Pedro envió el escrito y la constatación de la morbilidad de la epidemia a Su Majestad Felipe V, “para que con su gran piedad” favoreciera a la villa. (En el transcurso del ataque epidémico −fruto también de la desnutrición que sufrían tantos vecinos y forzada ausencia de la debida higiene−, se apelaba lastimeramente a Valencia para que sus autoridades enviasen alguna “porsion de dinero” a Villajoyosa, pero la respuesta no había sido especialmente bondadosa en ayudas. Ahora, y según leemos la carta del duque aludido, vemos que fue el fiscal del Consejo de Castilla, D. Joseph Rodrigo Villalpando, quien incitó a las autoridades de Valencia para que a su vez informaran al Ayuntamiento vilero de que el monarca les perdonaba mil libras en la contribución al impuesto denominado Equivalente, un “invento” del gobierno de aquel rey.

El inicio de la carta recibida por La Vila sobre tal beneficio decía: “Haviendo passado ânoticia del Rey el memorial; y justificacion deesa Villa, sobre la grave epidemia, que ha sobrevenido a sus naturales; se ha servido S.M. (como desu Rl. orden seme participa por carta de, etc) perdonarla en consideracion a este contratiempo, y su imposibilidad, mil Libras demoneda de este Reyno”. También se incluía la orden de que “hasta q. no haya pasado (la situación) no se le estreche por el resto”. O sea, se ordenaba no atosigar a la villa con el pago de atrasos, que lo contrario sería acorralarla y hundirla. (Se nos hace presente al respecto la actitud del monarca de dirigirse en varias ocasiones a sus cortesanos pidiéndoles que fueran modestos y discretos en el vestir, e igualmente que no se exhibieran con joyas desproporcionadas. Felipe sabía en qué situación habían quedado los pueblos tras la Guerra de Sucesión, y, como quiera que sus empresas bélicas aún no habían terminado, tal vez temía que sus vasallos se rebelaran ante los impuestos y en viendo a la vez los derroches de los cortesanos en lujos y propiedades…).

La misiva del Duque de San Pedro terminaba así: “Lo que participo a Vuestras Mercedes para que se hallen en la inteligencia del Paternal Amor con q. S. M. les há considerado ensus afliciones. Dios guarde a Vm. muchos años como desseo…”

El día 1º. de diciembre de aquel mismo año, el regidor Gaspar Linares regresaba de Valencia seguramente cansado y con natural desánimo, y no había para menos. Quizá la ingenuidad del Cabildo había creído poder traerse aquellas mil libras nada más llegar su síndico a la capital. Mas el Superintendente indicó a Linares que la tesorería no entregaría dinero a Villajoyosa sin los recibos que avalaban entregas previas del municipio a los agentes recaudadores. Y era que se les reclamaban las cartas de pago “del año proximo pasado y las del corriente pertenecientes a las Contribuciones de [a] Su Magestad”. (Este síndico también indicó al Superintendente que, si se quitaba a Villajoyosa el derecho de la sisa, la pondría en un serio apuro. El derecho de “la sisa” consistía, como se ha dicho en otra crónica, en la operación, por ejemplo, de vender un producto de un kilogramo -es un decir- restándole algo de peso…con la aceptación del comprador en la tienda o el mercado…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

DEL MÉDICO AL SALUDADOR (1718)

Crónica nº. 144. Del médico al saludador (1718)

Estando Villajoyosa muy dedicada a procesiones religiosas para que Dios se apiadase de ella ante tantos enfermos en su censo, llegaron dos personas casi de modo providencial, quizá como respuesta a las impetraciones o invocaciones piadosas al Sumo Hacedor. El hecho lo comunicó Anthonio Linares al Ayuntamiento el 28 de septiembre de 1718. Alguien le había comunicado tan esperanzadora noticia y seguramente estuvo esperando el final del acto penitencial multitudinario, la procesión impetratoria, para asegurarse de la buena nueva. El vecindario vilero estaba con el temor y la desesperación en el cuerpo, los cirios en vilo, temblorosos, y pidiendo a los santos del cielo la intervención de Dios. El número de enfermos disminuía poquísimo… y la gente no sabía aún lo que Linares había comunicado al alcalde, y que era que al convento de los agustinos, extramuros, acababan de llegar “unos hombres forasteros, y se dicurre (o se cree) que son el Dr. Guillem, mayor de dias, medico dla Ciud. de Alicante, y un Sirujano, y que dizen pasan a la Varonia de Polope a ciertas dpendiencias (o asuntos), con [lo] que seria muy del caso que si es el Dr. Guillem, se le suplicara siqueria detenerse (…) dos o tres dias, para que vesitare a los enfermos (de La Vila), y por ser hombre de tanta Inteligencia podria ser diera alguna advertencia alos medicos desta Villa” sobre el modo de rebajar la virulencia de la enfermedad. Esto fue lo que, finalmente, expuso el alcalde a los regidores, quienes dieron el visto bueno para bajar y acercarse al convento, expresándole al doctor que la villa le daba “el bien venido, y le suplicara que ya que Dios ntrº. Sr. asido servido en caminarle por estos parajes sea de servir favorecer â esta Villa el detenerse en ella (…) por que son muchos [los enfermos] y los medicos no pueden asertar en su curacion”. La Vila, al decir del Cabildo, pagaría bien sus servicios.

Hecha esa propuesta, respondió el médico que se quedaría dos días “de muy buena gana”, confesándole al primer edil que se le había enviado con un cirujano, teniendo la misión de averiguar “con toda disimulacion que generos de enfermedades heran [las que afectaban a nuestra villa], porque en Alicante y otras partes corria mucho la voz que hera mal contagioso”. Tras dos semanas visitando enfermos de la aterrada población, muy menguada ya, el doctor diría qué clase de mal sufrían más de ¡cuatrocientas personas! Y se supo, además, aunque no se divulgó, que el viaje a Polop era un pretexto para saber los doctores alicantinos sobre la enfermedad que a tantos afectaba en Villajoyosa. Cuando Guillen y su acompañante ya se disponían a regresar a Alicante, determinados prohombres de Villajoyosa fueron consultados por el Cabildo sobre la conveniencia de buscar un médico más. Maximiano Lorca, Juan PeresGerónimo Nogueroles, como Francisco Mayor, Jayme Aragonés y otros fueron de ese sentir, y se aprovecharían de que Guillem se volvía a Alicante, siendo éste quien gestionara allá la colaboración de otro galeno…para el preocupante caso de los enfermos vileros.

Igualmente, y para tanto mal, se pidió ayuda al doctor Ivars de Altea, y lo propio se hizo con el de Relleu, sin olvidar que Caetano Aragonés se trasladó hasta Benimantell por “si podia ágenciar que el medico (…) baxase à esta Villa”. De allí volvió diciendo que el invocado tenía también muchos enfermos que atender en lugares aledaños de la serranía. (Entre tanto, y para que Valencia se apiadase y enviara donativos, se esperaba que Guillem diera certificado de aquello que estaba aniquilando la salud de los vileros. El 8 de octubre llegaba a Villajoyosa “el Dr. Guillem el Moso” (el hijo del primero), y se hospedó en el convento, mejor que en una vivienda, y según criterio del Cabildo: “…que los religiosos le hagan la comida y le saldra mejor a la Villa”. Ya se sabía esto cuando se preparaba bagage para que el de Altea pudiera venir, pues Villajoyosa necesitaba, al menos, de seis médicos. Llegado éste, se le albergó en casa de la viuda de Isidro Miguel que le compondría la comida diaria. A éste lo sustituiría, llegado el caso, el doctor Pasqual, quedándose en la misma vivienda.

A 23 de octubre ya, se envió un joven a Alicante por si podía venir el saludador (curandero) “para saludar (sanar a) los mulos, ganados, y perros (…) por ô casion de haverse havido algunos perros rabiosos, y puede ser haver mordido algunos ganados, y particularmte. los carneros que se matan en la carneseria, que de ordinario estan apasentando por serca la Villa, y puede ser muy contingente, ¿probable?, (…) se ayan engendrado las enfermedades de la Villa…”

El 6 de noviembre, y para mitigar los malos olores de las enfermedades, y de la falta de higiene, se quemaban en las calles cargas de “Ginebre (enebro) y romero”, según ordenaron los médicos. Por la sesión capitular siguiente sabemos que el mal iba remitiendo, y se decidía prescindir de algún médico por ahorrarse gastos… mientras que para nada se llegó a decir −no consta en ningún documento− qué tipo de enfermedad acosaba a nuestros antepasados. (Sabemos por testimonios que lo vivieron que hace unos ochenta años, en Villajoyosa aún era corriente hablar de “saludador/a” refiriéndose bien a un médico, bien a una curandera…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

EL SALARIO DE BAUTISTA CABOT (1716)

Hombre con vela, óleo de Godfried Schalcken.

Crónica nº. 123. El salario de Bautista Cabot (1716)

El escribano municipal, Bautista Cabot, que también lo era del juzgado, quizá no quiso esperar al año 1716 para ejercer sus reivindicaciones salariales. Seguramente, y a lo largo de 1715, estuvo tentado de llevar sus quejas a una sesión del Cabildo. O ya se las habría expresado de palabra al alcalde ordinario… sin que aquello, lo suyo, se resolviera para su contento y tranquilidad. (“¿Qué hay de lo mío?”). Como quiera que no se cumplía su aspiración, decidió gestionarlo de manera oficial el día 18 de diciembre de aquel mismo año. Previamente a su caso se habían tratado asuntos de recibos que respaldarían ante el gobernador los impuestos vileros ya satisfechos, y el tema de la paga misma a esa autoridad superior por su empleo, la parte alicuota correspondiente a Villajoyosa, puesto que entre todos los municipios del Corregimiento de Alcoy pagaban el salario al Corregidor, residente en aquella ciudad.

(Al parecer, el ministro escribano Cabot se contenía un poco en su reclamación por estar enterado de las penosas apreturas económicas por las que atravesaba La Vila, pero, al propio tiempo, también él andaría molesto por tener que exigir aquello que era suyo, eso creía, mientras alcaldes y regidores, sabiéndolo, no se lo otorgaban de oficio.

Decidido ya que el Ayuntamiento vilero enviara los recibos referidos a Alcoy para saldar la situación con la autoridad corregimental, el dicho escribano −como consta en el acta que él mismo redactó, muy expresiva ella− expuso “que la Villa le deve muchas diligencias que por ella tiene hechas como es bien notorio, que solo de las cartas que escrive (muchas, desde luego) por la Villa se le devia satisfaser un buen Salario. Y assi mesmo haver asistido (…) a todas las cobranzas d Quarteles en que â estado ocupado muchos dias, y particularte. que d todas las escrituras d fiansas delos entregos dlos libros intitulados el Corned, dlos Clavarios que la Villa â nombrado (…) y otras muchas ocupaciones que la Villa le a embarasado sin ser d su obligacion, lo que se le deve reconoser por ser trabaxos d mucha consequencia”. Decía todo esto y más. Pedía la pronta solución de cuanto se le adeudaba, rogando “se le abonen y pasen en cuenta treze libras que le an cargado d quarteles, esto es las nueve (…) por el donativo General que S.M. mandó cobrar (…) desde setiembre dl año pasado mil setecientos y catorze, hasta fin d febrero dl corriente año, y las quatro Por la contribucion (…) por equivalente d Alcavalas, Sientos, y Millones, y demas rentas ordinarias” o impuestos al uso. (Lo curioso de la administración monárquica de aquellos tiempos era que estos impuestos tenían que haber desaparecido sustituidos por uno solo que los abarcara, el “equivalente”. Pero, además de ser exigidos los antes nombrados, también se cobraba éste. La situación, portentosamente española, era tan deplorable como curiosa… Y contra algo de eso luchaba Cabot, quien sabría muy bien sus derechos como contribuyente… y la abundancia y veriedad de sus trabajos a favor de la administración local).

Después de expuesto su caso, decía al Cabildo municipal “que con esta corta porcion se dará por satisfecho de la Villa por considerarla en suma pobresa, no obstante que los Escrvnºs. de Ayuntamiento por las muchas ocupaciones que continuamte. tienen en dependiencias (asuntos) d Villa sin ser satisfechos deven ser francos (o libres) de todo genero de Contribuciones”, ¿estar exentos de impuestos locales…?

Al escuchar estos razonamientos, tanto Francisco Juan Lorca como Gaspar Linares y Bartholome Galiana dijeron: “Es razon que se le satisfagan sus trabaxos”, los cuales, en verdad, eran muchísimos, desde asistir a la cobranza de impuestos en el pueblo murado como en la Huerta, acompañando al clavario o bolsero en ese menester, y contribuyendo a dilucidar múltiples y variados asuntos con los vecinos. Porque igual tenía que intervenir cuando se perdía un animal de carga de los brindados al ejército, como redactar cartas y otros documentos que no caían dentro de su estricta obligación. También estaba presente en cobros de impuestos cercanos a las tresmil libras recaudadas a los vecinos, con lo de diversidad de casos que eso suponía y las notas que había que tomar por las incidencias sobre la marcha… Asimismo, tenía que dedicar mucho tiempo a la redacción de las partidas contables del “Corned” por ser el escribano, claro. “Y solo se contenta −hacía constar como colofón a su exigencia− en que le pasen y tomen las dchas. treze libras” (de los impuestos), que, según él, no tenía por qué haber pagado o habérsle retenido. Etcétera. El Cabildo reconoció la verdad de tanta ocupación de Cabot en la vida administrativa local. Y declaró que “devia la Villa âtenderle en todo genero d contribuciones, por ser muchas las ocupaciones en que (…) le emplea sin reconoserle ninguna como es bien notorio a todos”… y leída que fuera el acta de aquella sesión, no hubo peros a su contenido. La firmaron “los que dixeron saver escrivir, y por los que no, lo refrendé yo el Escrivano de que Doy fee”, o sea el mismo Cabot.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila