MILAGRO (DESEADO) PARA UNA LEVA (1726)

Crónica nº. 191. Milagro (deseado) para una leva (1726)

En diciembre de 1726, y ya quintados unos cuantos mozos vileros para la Armada Real, uno de ellos se había dado a la fuga, leemos en un “Corned” de aquel año. El prófugo era un tal Manuel López, y el Alcalde de la Hermandad de Villajoyosa pasó enseguida a Alicante a recabar ayuda para apresarlo. Comisionado por nuestro Ayuntamiento, fue “a presentar una carta al Sr. Governador d dha. Ciudad para que le auxiliasse que hiva en busca d Manuel Lopes Soldado quintado (…) y de alli paso à Guardamar en su busca”. A esta anotación que reproducimos seguía la suma de las dietas consumidas por el de la Hermandad, que era Jayme Buforn. También vemos en el asiento contable derivado que seguía lo pagado por la compañía de “quatro hombres d un laud que [se] Alquilo para traher adho. Manuel Lopes desd. el castillo d Stª. Pola aesta Villa (Villajoyosa)”. El apartado posterior enumera por su nombre a los marineros que viajaron al castillo citado, y que fueron Andrés Buforn de Juan, Miguel Martinez de Juan, Joseph Gonsales y Pablo Santa Maria de Benidorm, y vemos que todo se hizo en cuatro jornadas. Por otra parte, el gasto que produjeron los otros tres soldados o quintados “que estuvieron en la casa del Cabildo presos hasta que fueron conduzidos â Alcoy” sumó dos libras y cuatro sueldos…

Los dispendios por aquella leva no pararon ahí, pues al Padre Fray Miguel Lorca se le abonaron cuatro sueldos “por una misa alas Almas que esta Villa mandó (acento, nuestro) çelebrar en ocho del mismo [mes] por la mañanita alas dos horas (!) para que la Justicia pudiese conducir los soldados quintados sin alboroto d la gente”. El alboroto que se evitaba era la protesta familiar de los enviados a la Armada… por los peligros de muerte que ello suponía y por restar ayuda en la economía familiar, claro.

Por aquellos mismos días, albañiles y peones vileros trabajaban para remediar el mal estado en que se encontraban las escaleras del castillo, y subsanar también algunos orificios practicados por gente anónima en la muralla con el fin de buscarse un atajo y acceder sin rodeos al interior de la ciudadela, cosa que ya hemos visto aquí, en otras crónicas, denunciada con insistencia por los gobernantes de Villajoyosa. También había obras y limpieza en la cárcel. Otros trabajos municipales, más delicados, consistían en el dorado del altar mayor del templo, tarea que se había encomendado al dorador Joseph Borrell. (Una carta suya leída en el Libro de Cartas Órdenes de ese año comunicaba al Consistorio vilero que, de no enviarle dinero, no podría adquirir materiales para dicho altar…).

En la misión de llevar al Corregimiento de Alcoy a tres de los quintados fueron de guardianes Jayme Mayor de Ador y Francisco Ruiz, además del propio Alcalde de la Hermandad. El padre fray Anthonino Lorca recibiría seis sueldos como “limosna d dos misas que esta Villa le hizo celebrar para el sorteo d los soldados quintados para que Ds. (Dios) eligiesse los que menos Falta hazían (a sus familiares), y para que Ds. desviase la orden que esta Villa havia recibido d los soldados d acavallo que venian d apremio aesta Villa”. Es decir, que celebraban misas para acertar con los mozos vileros más prescindibles o menos requeridos por la situación laboral de sus deudos. Y también para que la soldadesca recaudadora de impuestos fuera a parar a otro municipio con su fuerza y requerimiento.

Todavía el 20 de aquel mes llegaba un veredero desde Alcoy con misiva del Gobernador para que se “Sortease otro soldado en lugar d Joseph Llopis por haverlo deshechado el Inspector por estropeado d una pierna”. Quedaría aún por satisfacer el gasto del viaje a Valencia con un soldado custodiado, aquel Ginés Pérez de Ginés…(Aquellos epígrafes, aclaramos, se consignaban en el “Corned” por ser de de gastos municipales y pagos),

J.Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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One thought on “MILAGRO (DESEADO) PARA UNA LEVA (1726)

  1. “La estructura socioeconómica del XVIII no era muy distinta de las del XVI y XVII y la pobreza había sido siempre el factor determinante que obligaba a los hombres a enrolarse en una unidad militar. Las dificultades a que tenían que hacer frente las clases menos favorecidas, siempre grandes, se agravaban en el invierno al reducirse la demanda de empleo para el trabajo en el campo. Era precisamente en esta estación cuando mayor actividad desarrollaban los oficiales encargados de la recluta. La suspensión de todo tipo de actividad bélica al final del otoño -la retirada a los cuarteles de invierno- servía entre otras cosas para cubrir las bajas que se hubieran producido en los regimientos. Una de las grandes preocupaciones de los generales del siglo XVIII era poder alcanzar sus bases entre la sementera y la siega, período durante el cual los hombres del campo se encontraban absolutamente desocupados y dispuestos a cualquier cosa por llevarse un pedazo de pan a la boca. Y cuanto más duro era el invierno, mayores posibilidades había de reclutar soldados.
    Desde 1726 se empezó a llamar leva al llamamiento de un número determinado de hombres, mediante el repartimiento de cupos por municipios; era un sistema antiguo y tanto el rey como los súbditos eran conscientes de la excepcionalidad del procedimiento”

    http://www.aulamilitar.com/pagiht96.htm

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