… y cuatrocientas libras en oro (1771)

… y cuatrocientas libras en oro  (1771)

Los legítimos consortes Vicente Galiana y Rita Soriano se presentaron ante Su Merced el señor Dn. Isidro Lloret, abogado de los Reales Consejos y Alcalde Ordinario de Villajoyosa, y también ante el escribano Miguel Lorca, el día 10 de junio de 1771… para que se redactara una escritura fundamental para el hijo de tal matrimonio, Pedro Galiana. Se les iba a emancipar y de él declaraban los padres “que es mayor delos catorce años y menor de los veinte y cinco, y capaz, y habil para buscar su vida, y aumentos de Bienes [y] le quieren emancipar, y con efecto, en aquella via, y forma que en Drº. (Derecho) haya lugar lo hazen tomandole los adnotados consortes cada uno de su mano, a presencia del expresado Señor Alcalde, de mi el presente escrvº. Y de los testigos que abajo se expresarân, de que tambien Doy fe; lo soltaron [emanciparom]; apartandose delas vezes y acciones, que en dcho su hijo tenian, y otorgaron, que le remiten, y alzan el Dominio y Patria Potestad, dandole Poder, y licencia como se requiere para que desde hoy sin dependencia Alguna, pueda tratar y contratar por si, en ventas, compras, y demas que bien visto le fuere, y en los casos que se le ofrecieren; y para que tenga congrua (disposición conveniente y libre) dthº.su hijo, le dan por via de Donacion, graciosa y voluntaria (…) quedandose los memorados consortes en bienes suficientes para su manutención, de los bienes Raíces, y Caudales siguientes”.
CREU
Daban a Pedro Galiana “una heredad con su casa de campo, Aprisco, y Cubo (¿de pisar la uva?), en la partida de la Cruz [de Piedra]  de este termino plantada de diferentes Arboles, que serân dos jornales, y medio”, con lindes con el propietario Bernardo Sarlanga, camino real de Orcheta y rio público, como se dice aquí al río Sella” . Valor, 600 libras. Además le daban “otra heredad (…) en la Barbera (¿cuál de las dos?), con dos cuartos de Agua del riego de Abajo, con su casita en ella (…) que se compone de cinco jornales, y linda tramontana Camino Real de Benidorm por el Mar senda del azajador y de Poniente con tierras de los herederos de los Llorcas y tierras de Gaspar Linares, por precio de mil y cuatrocientas libras”. Seguía a esto otra heredad “intitulada els Llibers, de este referido termino, con el Drchº. De agua de Escorrimbre (residual “escorrim” del riego de terrenos más altos), plantada de Diferentes Arboles y se compone de quatro horas de labrar”. Esta tierra lindaba con el río, con tierras agrícolas de Bernardo Zarlanga (sic) y con propiedades de los herederos de Jayme Miquel. Su valor, 300 libras. A esta donación se sumaban los 18 jornales de tierra localizados en la partida del Parahiz (sic), tierra que limitaba con propiedades, respectivamente, de Juan Vinaches y Francisco Esquerdo, ¿algo que ver, andando el tiempo, con el sanatorio del famoso doctor de Villajoyosa? Aquellos casi veinte jornales estaban valorados en 300 libras.

Aquella enumeración seguía con la casita y campo de hora y media de arar, con dotación de agua del riego de Arriba y límites de propiedad con Gaspar Esquerdo, Salvador Mingot y Bautista Lloret, sumando un valor de 445 libras. En la partida “deGaugelles” (por Jaugelles) se le asignaban dos horas de labrar y media hora de riego. Lindes, con tierras de Casimiro Baldo, Álvaro Llinares… y camino de Orcheta, por un total de 60 libras. Además había dos mulos de trabajo “y un Lechar (o lechal), con las heinas (eines o instrumentos) de Labranza que en dichas casas haya”. Esto estaba valorado en 120 libras. En el poblado murado (¡!) de Villajoyosa, calle que el escribano denomina “Namada” (¿?), una casa (que era de Bautista Esquerdo), “que toda ella linda por un lado Casa de Joseph Mayor, por otro con la de Lino Barber (…) y por enfrente en la nominada Calle cuya media casa es la parte dela Sala [Ayuntamiento], y Altos”. Esta donación se valoraba en otras 300 libras. Para culminar la cesión, el matrimonio entregaba a su hijo “cuatrocientas Libras en oro” precisamente en el acto de redactar el documento. Los testigos fueron Vicente Marco, y Mas (?), amanuense, Jerónimo Zaragoza, herrero, y Jayme Pérez de Marcos Antonio, labrador, todos ellos vecinos de Villajoyosa… y probablemente boquiabiertos ante las luminosas monedas de oro.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

De un terreno en “Les Torretes” (1775)

Crónica nº. 388. De un terreno en “Les Torretes”  (1775)

Merece nuestra atención un documento del notario Miguel Lorca de 1774 que comienza así: “En la Celda Priorial del Convento de San Agustin extramuros de la Villa de Villajoyosa a treinta, y uno de Octubre, mil setecientos setenta y cinco años. Antemi el Essnº. y testigos fueron presentes el Padre Fray Thomas Espinoz Prior, Fray Fulgencio Gisbert Superior, Fray fecundo (por Facundo) Peres Procurador, Fray Miguel Marti, Fray Nicolas Morant, Fray Antonio Peres, y Fray Joseph Molina sacerdotes todos conventuales en dthº. Convento Juntos y congregados, a son de Campana tañida (…), declarando ser la mayor parte de ella (…) con licencia que han obtenido del Muy Rvdº. Padre Provincial que su tenor (o sentido) a la letra es según sigue = El Maestro Fray Joseph Mollá, Maestro en Artes, Dr. En Sagrada Teología en la Universidad de Valencia, Examinador Sinodal de su Arzobispado, Calificador de la Suprema Inquisición, Provincial en los Reynos Corona de Aragon, del Orden y regular observancia de Nuestro Gran Padre San Agustin (esa titulación viene mediante siglas), Por quanto por parte del Prior y Religiosos de Nuestro Convento de San Pedro de Villajoyosa, se nos ha representado y propuesto, que convenia el que se vendiese un campo que dthº. Convento tiene en la partida Llamada de les torretes con el fin de destinar la suma del precio para la bolsa de Provisiones. Por tanto, por estas nuestras letras patentes damos nuestro decreto, y Licencia adthº. Ntrº. Convtº. Y Religiosos para que puedan vender dthº. Campo, y otorgar cualesquiera actos y estrªs. (escrituras) que para ello fueren necesarias”.

La conformidad del superior se acrecentaba al decir “Y asimismo damos nuestro permiso y facultad para obtener si necesario fuere decreto Judicial de Juez Secular todo lo qual desde haora para entonces por este Nuestro Decreto ratificamos, Loamos, y aprobamos según que de Drº. (derecho) se requiere. Dado en Nuestro Real Convtº. De N.G.P. Sn. Agustin dela Ciud. De Valencia, firmado de nuestra mano, Sellado con el Sello Mayor de Ntrº. Oficio, y refrendado por Nuestro Secretario a diez, y siete de octubre de mil setecientos setenta y cinco (…)”. Por este permiso o licencia “otorgan que venden, y dan en venta real (los agustinos vileros) desde haora para siempre jamas â Gaspar Peres de Joseph de òficio Labrador del mismo vecindario, una pieza de tierra huerta comprensiva de dos horas de arar poco mas, ô, menos. Sita y puesta en (…) les torretes de Gaspar Peres, sequia Mayor eô brasal, con las de Adrian Lloret, sequia en medio ahora de francisco Peres, con todas sus entradas, y salidas, usos, riegos, vertientes, costumbres y servidumbres quantas tiene y le pertenecen, Libre de todo censo, por precio y quantia de ochenta libras, moneda corrte. del Reyno, pagadas en contado, en oro, plata y menudos a presencia demi el escrivnº. Y testigos deesta de que Doy fe”.

La comunidad conventual procedió entonces a otorgar carta de pago o ápoca al comprador, quien se daba por entregado de la cantidad antes mencionada. Firmarían en testimonio del acto Vicente Marco y Mas, escribiente, Francisco Peres, labrador, y Pedro Juan Lloret, Matriculado

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Precariedad y ruinas “en casa” (1876)

TRAJUNTAMENT

Crónica nº. 427. Precariedad y ruinas “en casa”  (1876)

La escuela de párvulos de don Francisco Lloret Galiana nadie sabe dónde estaba porque los Libros de Plenos del Ayuntamiento no suelen precisar calle y plazas mientras el inmueble no esté en ruinas inapelables o haya que hacer obras en esos lugares urbanos. En el caso de la escuelita, el docente manifestaba que “parecia hallarse ruinosa, especialmente desde la puerta de entrada hasta la ventana”, cosa que corroboraría posteriormente el maestro albañil Bartolomé Pérez Lloret ante la corporación municipal. Añadía éste que se había producido un hueco considerable en una pared, dejando al descubierto una campana y el cañón de una chimenea.

Pero el tema de las necesidades quizá urgentes se incrementaba aquel mes de diciembre de 1876 con el propósito consistorial de aumentar el número de dependencias del Ayuntamiento y dotando al edificio de la necesaria holgura o capacidad. Ante el plano del edificio, fueron estudiadas diversas soluciones, así como el presupuesto y la memoria del proyecto, sin descartar discutir sobre solares contiguos, “propios de los herederos de don Pedro Aragonés Bolufer, don Vicente Izquierdo y don Vicente Zaragoza”. Eran terrenos que debía adquirir el Ayuntamiento por compra puesto que sus propietarios estaban conformes en vender, vista la casi imperiosa necesidad de que las Casas Consistoriales ganaran en capacidad, “á fin de que pueda contener las oficinas mas precisas aún (a un) establecimiento de tanta importancia”.

El día 16 de diciembre aquellos solares ya estaban tasados, según el acta municipal. El de los herederos de Aragonés Bolufer en quinientas pesetas, en ciento cincuenta el edificio de Izquierdo y en doscientas cincuenta el de los herederos de Vicente Zaragoza. En el acta de la sesión se anotó que, “Resultando, según se demuestra en el plano que se tiene á la vista, [estaba clara] la conveniencia de adquirir los tres solares de que se trata porque solo con su adicion al edificio municipal podrá comprender este las oficinas de que carece y que le son absolutamente necesarias”.

El ruinoso estado de parte del edificio ya se había tratado en sesión del 27 de agosto; dos años antes se encargó a Bartolomé Pérez que formara el requerido plano para mejorar la fábrica del inmueble, y se presupuestaron entonces 7.500 pesetas. (Digamos que la propuesta de sanear el edificio ya venía del año 1868). Siguiendo las pistas de aquel asunto en los libros de actas hasta llegar al año 1876, no vemos dato posterior a la adquisición de los solares ni se da cuenta de haber realizado allí obra alguna. Sin duda, emergencias más intensas debieron de posponer la deseada transformación de la Sala…Añadimos aquí la novedad que se introdujo siendo alcalde de La Vila Juan Segovia Esquerdo, en virtud de la cual se diseñó una redistribución interior del edificio y se le dio, a la par que un aire más moderno, la posibilidad de disponer de salas o estancias más útiles, que también albergaban a las formaciones de la oposición política… )

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“Que buena pro, que buena pro…” (1737)

270. “Que buena pro, que buena pro…” (1737)

Habiendo fallecido en Villajoyosa el matrimonio compuesto por Gaspar Marcet y su mujer, Theresa Lloret, el alcalde ordinario, señor Jayme Linares, dio orden al pregonero para que “traxere al pregón en arriendo los bienes rahices que quedaron por la fin y muerte” de dichos cónyuges “por tiempo de quatro años sucesivos â instancia de Pedro Marced”. (¿Pregonar el tema por cuatro años…?) Este Marced había quedado constituido en curador (cuidador o tutor) de Gaspar Marced, menor de edad e hijo de los ya difuntos. “Corrido dchº. pregon −leemos− por espacio d ocho dias en el dia Veinte y cinco d Junio pasado d cerca (próximo pasado) Antonio Soriano de Pedro (…) puso postura en dchº. arrendamtº. en dos libras moneda corriente deste Reyno cada un año delos quatro de dchº. arrendamtº. que darâ prinsipio [el arrendamiento] dia de Sn. Miguel”, etc. Esta postura le fue admitida, “y [se] porrogô (sic) el transe, y remate para El dia de oy (2 de junio de 1737) a las dies horas de la mañana; Y haviendola corrido dchº. pregonero la referida postura (…) por algun rato, y no haver quien la pujase Mandô su Mersed [el alcalde] se ensendiese candela (la vela y su duración encendida en su papel de reloj), y se apersibiese el transe y remate, y se prosediera con la postura puesta por dicho Soriano. El pregonero, Giner, hizo su bando a las puertas de la Casa de la Sala o ayuntamiento, y luego, “ensendido una candela pequeña de sera, y continuo disiendo dos libras dan de arriendo por cada un año dlos bienes rahises dla herencia dl ya difunto Gaspar Marced (…) si ay quien haga mejora paresca (se manifieste) que se le admitira que la Candela lo remata âla Una (empezó a contar), en cuya conformidad repitio otros pregones âla Una, â las dos â la tersera pues que no ay [quien] la puje, ni de (dé) mas que buena pro, que buena pro (en favor de…), que buena pro le haga alponedor (o sea al postor que ganó la subasta)”, que era fórmula para felicitar al ganador en la puja.

El texto del escribano municipal proseguía dando fe del correcto transcurso del ritual de la subasta, y decía: “Y a este tiempo se acabo dchª. candela (como si detenido un reloj), y quedo fecho el remate en el mensionado Antonio Soriano d Pedro por la referida quantia (…) Y por no hallarse presente dchº. Soriano no acepto (de viva voz, se entiende) dchº. arrendamtº. Y mando su Mersed se le notifique dchº. remate para su aceptacion”. Actuaron como testigos de aquella operación los vileros Miguel Ortuño, cirujano, Bautista Puig mayor de este nombre (mayor de edad, sí) e Ignacio Urios de Melchor. Como el alcalde no sabía firmar, otro lo hizo por él ante el fedatario público…o notario.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La goleta “Adelaida” (1884)

GOLETA

Crónica nº. 433. La goleta “Adelaida”  (1884)

En el mes de julio de 1884, la goleta “Adelaida” −más bien sus complicados restos− descansaba derrotada y herrumbosa en la playa de Villajoyosa. Abandonada al calor estival y después de haber soportado las inclemencias atmosféricas y los embates furiosos de los oleajes cíclicos del mar, su aspecto debía ser lamentable. Astillada, corroído su hierro por la intensa oxidación que el agua salada perpetra, nadie en el municipio movía un dedo para proceder a su desguace, así que su espectro seguramente estuvo en la playa muchos años antes de que se midiera el grado de su ruina. Por aquellos días, el bergantín-goleta suscitó en La Vila, y por fin, un interés inducido. Un oficio del señor ayudante militar de Marina de la villa trasladaba otro del comandante militar de Marina de la provincia “para que este municipio pueda disponer, efectuar y utilizar el desguace a fin de que desaparezca [la ruina de la “Adelaida”] por ser un foco de infección y un peligro para la salud pública en las presentes circunstancias”.

El alcalde aceptó los argumentos que constaban en aquellos oficios administrativos y acordó con sus concejales iniciar el oportuno expediente de desguace. A tal efecto, se nombró perito para la tasación de los restos del buque a Pedro Marced Pérez, como maestro herrero que era, y a José Vaello Lloret, que dictaminaría como carpintero de ribera y calafate. Se acercaba el momento de limpiar aquella zona playera de la enhiesta y peligrosa podredumbre de la que fuera gallarda goleta tiempos atrás. La tasación que se hizo resultó ser de trescientas ochenta pesetas y, restadas las ciento veinticinco que costaría el desguace, quedaban doscientas cincuenta y cinco pesetas, cantidad de partida para la subasta de aquellos restos casi fantasmales. El Consistorio acordó que se procediera inmediatamente por la urgencia de suprimir aquel peligro cuanto antes y limpiar el paraje. Se autorizó a don Jaime González Segarra, regidor síndico, para que asistiera al acto de la subasta, acompañando al alcalde, que la presidiría. “Para mayor solemnidad del acto”, se pasaba oficio al señor ayudante militar de Marina del distrito por si tenía a bien asistir a la licitación. El rematante de ésta venía obligado a desguazar aquellos restos en el plazo de ocho días, anunciándose al público la actuación mediante bandos a viva voz y edictos.

En las actas municipales sobre el caso no aparece el nombre del propietario del buque, pero la ley mandaba que el dinero obtenido por la subasta quedase a buen recaudo por si, en días venideros, aquél presentara alguna reclamación. Efectuada la subasta, que lo fue a la llana, se adjudicó el objeto a Joaquín Soler Barrachina por la cantidad de cuatrocientas pesetas, ingresadas en las arcas municipales en concepto de aportación eventual y extraordinaria al presupuesto. Casi un año pasaría para que se diera un nuevo caso como aquél, esta vez con la polacra “Hermosa Judith”, abandonada cuatro años antes en la misma playa. Ese otro desguace lo realizaron Miguel López Lanuza y Miguel Furió Vives, habiendo sido tasada aquélla en un producto líquido de ciento catorce pesetas. Ambas embarcaciones habían movido mucho expediente y reflexiones antes de dejar limpia y sana la playa de Villajoyosa…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Abastecimiento de la sal y otros problemas (1727)

Crónica nº. 202. Abastecimiento de la sal y otros problemas  (1727)

Al disolverse el Ayuntamiento vilero el 16 de junio de 1727,vemos que ya se había acordado enviar persona de Villajoyosa a Alicante para la causa criminal sustanciada aquí contra Balthasar Lorca por unas muertes habidas. El alcalde mayor del corregimiento de la capital, y “por vereda”, (mensajero a caballo entre aldeas, pueblos y ciudades) había enviado una carta al alcalde y regidores de nuestra villa “para que vaxo apremio le remita las causas (…) sobre las muertes d Pedro Martí, y Matheo Zaragozí, y no encontrandose dchas. causas en este Jusgado solo unos resibos dl. Sr. Marques dl Risco Fiscal d la Real Sala dl Crimen dla ciudad de Valciª. le parese conbeniente [al alcalde vilero] pase persona d satisfaccion con dchos. resibos para mostrar los a dcho. Alcalde Mayor de Alicante para descargo dla Justicia desta Villa” (No hemos podido averiguar qué fue lo que había ocurrido, y menos las circunstancias ¿de un asesinato doble y por quién o quiénes realizado? En el Libro de Deliberaciones no hay nada al respecto, a veces, y lógicamente, porque el tomo o un par de los siguientes no existen en el archivo…).

En otro asunto, el Cabildo de Villajoyosa había decidido que se personara en Alicante ]uan Buforn de Vicente, hombre de crédito, quien emprendería el viaje dos semanas antes de que otro enviado por el Consistorio vilero pasara a Calpe para asunto muy distinto. El viaje a la villa del peñón no sería tan cómodo como el que llevaba a Alicante, y obedecía a tenerse que ver con don Manuel Garulo, que representaría a nuestra villa en lo relativo al suministro de la sal…, cosa harto importante. Miguel Otero, de esa oficina, había remitido una carta a nuestro Ayuntamiento sobre dicho abasto, y poco después pedía que La Vila enviara a Calpe un síndico para verse con el tal Garulo. Éste era “otro de los Arrendadores d la sal”, y reclamaba presencia vilera que lo informara sobre el vecindario de Villajoyosa al tener que hacer el repartimiento (distribución de cargas contributivas) del impuesro llamado “Equivalente”. Leemos una nota final del Cabildo en este asunto: además de encargar a Isidro Lorca que fuera a Calpe, se le apremia para “que lo haga de inmediato por ser negosio d mucha inportancia para esta Villa pues dlo. Contrario se pueden seguir muchos Inconbenientes por haver muchos vesinos en esta Villa pobres de solemnidad, y otros que notienen asiento seguro, y los jornaleros…”, etc. Repartir el tributo siempre había resultado sobrecogedor, y de la debida y convincente explicación del enviado dependía algunas veces que las cuotas fueran adecuadas a las circunstancias de campesinos, pescadores y jornaleros en general.

En aquello de la sal, y en cuanto tres días después volvió de Calpe el vilero enviado, se dispuso que Villajoyosa firmara escritura aceptando “quarenta fanegas mas de sal” por cada año y a lo largo de cuatro, creyendo el arrendador que el trato beneficiaría al vecindario de La Vila. Estando así las cosas, y mientras Miguel Andreu daba la mayor postura para el arrendamiento de la panadería, el alcalde disponía que se pasara a Valencia “por quanto los Acrehedores Sensalistas claman por lo que esta Villa resta deviendo dl pagamtº. de mayo deste año (…) y le parese conbeniente se remita la mas porcion que se pudiere recoxer [de dinero] para aquietar las instancias (o reclamaciones) y asi mismo se enbie otra porsion al Equivalente para evitar costas al común”. Por lo tanto, se organizó una comitiva para llevar el dinero a Valencia, y con la custodia de hombres armados, lógicamente. Con dichas idas y venidas por vías de comunicación deplorables, y peligrosas por la presencia de bandoleros, era grande el gasto en bagajes y bagajeros, manutención de unos y otros (animales y hombres) y por su permanencia en posadas del trayecto. Pero aún era más arriesgado esperar a que los soldados y sus oficiales irrumpieran en la villa con los bruscos y sostenidos apremios relativos a estos impuestos…, que tantas veces estaban por pagar…

NOTA: ]Hay que recordar que los censalistas eran personas, judíos a veces, que prestaban dinero tanto a los ayuntamientos como a los señores incluso de alcurnia: condes, duques, marqueses…y entidades necesitadas de moneda, por lo que anualmente se tenía que devolver al prestamista parte convenida de aquel préstamo…, y que no siempre era fácil de devolver…, aumentando el gravamen.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Los nuevos Justicias (1718)

Crónica nº. 141. Los nuevos Justicias  (1718)

Leemos: “Don Antonio del Valle, Cavallero del Orden de Calatrava, Theniente General de los Exercitos de su Mag. (…) Por quanto siendo de la Real voluntad del Rey nuestro Señor, que en este Reyno se practiquen todos los medios correspondientes à la mejor administracion de Justicia, y perpetua conservacion de ella, hallandome con los encargos correspondientes à este cuidado, en la misma conformidad que mis Antecesores, y siendo igualmente de Real agrado de su Mag. que al principio de cada año se haga nueva eleccion de Alcaldes, Regidores y demàs Ministros en todas las Ciudades, Villas, y Lugares dependientes à mi Jurisdiccion con la precissa circunstancia de ser los electos dignos de esta confiança, assi por su calidad, como por la inescusable razon de ser, y aver sido buenos vasallos de su Mag. aviendoseme hecho presente por parte de el Ayuntamiento dla Villa de Villajoyosa…”, etc.

A esta larga y rimbombante introducción del escrito de don Antonio seguía la definición del propósito: elegir nuevos Justicias para gobernar el país hasta el primer día del año 1719, y que “dicha Villa ha elegido (…) deviendo observar, y guardar las leyes de Castilla, para alcaldes ordinarios, a Juan Buforn de Pablo, primº. y segdº. a Antonio Linares (dos alcaldes, pues): Para Regidores, a Gaspar Linares de Gaspar (…), Geronimo Zaragoza llamado popularlmente “de la Plaza”, segdº. y tercero á Geronimo Lloret de Pedro; Para Algl. (alguacil) mayor á Joseph Mayor de Agustin; Para Alcalde de la Hermandad á Antonio Lloret de Anthonio Vicente”. (Observamos que vuelve la letra elle para los apellidos, tan vileros, de Llorca, Llinares, Lloret… ¿Porque el escribano ya sabía más o porque era otrodistinto?).

Obviamos reproducir otras fórmulas de esta carta-orden recibida en La Vila, y seguimos leyendo: “Por tanto, ordeno, y mando, que sin la menor omision se les dè possesion de sus empleos, con todos los honores, excempciones, y prerrogativas que les corresponde, obedeciendoles con la debida observancia, so pena de ser castigados à proporcion de su inobediencia, los que incurrieran en la falta de esta obligacion. Y para su cumplimento mandè despachar el presente firmado de mi mano, sellado con el Sello de mis Armas, y refrendado de mi infraescrito Secretario, en Valencia à 28 de febrero de 1718”. Firma el funcionario “Por mandato de su Excelencia”.

Este documento, parte del cual dejamos transcrito, figura encuadernado en el ejemplar del Libro de Deliberaciones de 1718, un tomo de folios, tamaño de 215 por 315 mm, y cuenta con el sello de registro de S. M. Felipe V, de veinte maravedis. De los juramentos prestados para la asunción de cada empleo, el del Alcalde de la Hermandad tuvo lugar el 6 de marzo de 1718, si bien solamente ante el primer alcalde ordinario y presente el escribano. Y juró que “regirá, Governara, y administrara (…) bien y lealmente segun su leal Saver, y entender, dexando aparte toda amistad, parentesco, hodio, Rencor…”, etc. Guardaría Justicia asimismo a los pobres, atendiéndoles en todo sin dar lugar a queja alguna. “Y assi lo Jura −leemos− Dios que le de Mucha grasia, Amen”. Como dijo no saber escribir, el alcalde firmaría por él. Eso hizo constar el escribano, Bautista Cabot.

(Hay que decir que los definitivamente nombrados para los cargos reseñados habían resultado escogidos, salteados o no, por la Superioridad, que a veces modificaba el criterio de los prohombres locales…y según la información paralela que tuvieran de las personas propuestas por los ayuntamientos para el cargo de Justicias…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Del “boalar” al pilón (1725)

Crónica nº. 187. Del “boalar” al pilón (1725)

En virtud de “convocacion” hecha por el portero de la Sala Capitular del Ayuntamiento de Villajoyosa, Miguel García, el día 3 de enero de 1725 se reunieron el alcalde ordinario y sus regidores: Jayme Martinez y Jayme Linares. Estaba sobre la mesa la tarea de resolver el arrendamiento y abasto de la carne, y Joseph Urrios propuso estudiar el convenio que habían formalizado Jayme Aragones (sic) y Francisco Mayor “de dar, y abastezer de carne d carnero a esta Villa, esto es el dchº. Aragones por tiempo d un año que dara prinsipio dia primero d quaresma deste corriente año consecutivo que Fenesera dia ultimo d carnistolendas del año veinte y siete, aquatro sueldos la libra d carne y con obligacion de pagar de bistrecha (bistreta o adelantando dinero) cada un año a dchª. Villa dusientas, y siete libras, y media Mª, Valª. (moneda de Valencia) segun lo estipulado en la escritura de Arrendamtº. [del suministro] de las carnes deste quatrienio”.

A esta exposición seguía el ofrecimiento de los arrendatarios, consistente en que “como la Villa guste de remitirles y perdonarles la bistrecha (…) daran carne de carnero a dchª. Villa y sus vesinos, y a quien conbenga â dos sueldos, y ocho dineros la libra (…) con tal que se les aya d observar, y guardar â cada uno respective en su año los capitulos qualidades, y sircunstansias que se les ofrecio en la escritura (…) de dchº. Quadrienio”. (Por bestreta, explicamos mejor, se entendía un adelanto en moneda que el Ayuntamiento hacía al arrendatario, dos en aquel caso, para que éstos tuvieran dinero con que mercar las reses a sacrificarlas. Ese dinero se iría devolviendo a la tesorería municipal a lo largo del año, pagando de intereses un 5%, al parecer). Marta Díez Sánchez trata muy claramente el tema en su interesante libro “La hacienda municipal de Alicante en la segunda mitad del siglo XVII”, que editaron varias entidades en 1999, una de ellas la Generalitat Valenciana.

El Ayuntamiento vio con buenos ojos la propuesta de aquel precio de la carne “por quanto amás d ser benefisio comun para la salud pbcª. (pública) porque de darse la carne barata qual quier Pobre podra comprar, y mantenerse mejor, como porque la Villa por estar la carne tan cara paga mucho d imposisiones, y de refacciones (comidas) de los oficiales [y] soldados que pasan de transito”. El alcalde pidió el asesoramiento de varios prohombres vileros. De ellos no estuvieron de acuerdo Gaspar Linares, Geronimo Zaragosa y Andres Mayor frente a Vizente Galiana, Joseph Peres, Bartholome Lloret (sic), Gines tosal (apodo aclaratorio), Isidro Lorca y otros como Andres Mayor, Ilario Ivañez y Adrian Lloret. Esta mayoría permitiría a los arrendatarios disponer del bovalar y el pilón gratis por un año. (“Arrendar el piló”, según el Alcover-Moll, es “Arrendar la carnisseria o el dret de vendre carn”. En cuanto a bovalar, es lo mismo que boalaje, dula o boalar, que es lugar donde pasta el ganado mientras no es sacrificado).

El referido abasto se incrementaría con la aportación de los dos toros que el Cabildo traería para las fiestas de Santa Marta y de la Asunción, a lo cual −decimos de paso− se unirían los sermones “pª. la celebridad de dchªs. fiestas (…) y alguna Invencion de fuego y otras demostraciones (…) en atencion alos continuados Beneficios que esta dchª. Villa experimenta por medio dsu Patrona”…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Del insolente capitán Zerón (1715)

Crónica nº. 111. Del insolente capitán Zerón (1715)

El capitán D. Alonso Zerón llegó a Villajoyosa a finales de octubre de 1715 y su presencia se sumaba al destacamento de Caballería que estaba aquí acuartelado en la calle del Pozo de San Vicente. Aunque a Zerón se le alojó en casa de Francisco Mayor, “acudiéndole en todo lo que Sea menester −según se dispuso− para el servicio de su asistencia, y de persona que le sirva, y le tenga la cassa compuesta, y le componga la comida…”, no tardaría este militar en manifestar su furibundia para con Villajoyosa, y pese a que a su teniente también se le había alojado de la mejor manera posible.

Avisado desde el Cabildo de que el cuartel para los soldados estaba preparado, el dichoso capitán lo visitó acompañado del regidor Bartholome Galiana. Después de esa inspección ocular, manifestó el capitán que el lugar “no hera capaz para entrar los soldados en el, que las cassas no eran buenas, y que faltaban muchos trastos (quizá sillas, escabeles o trabejos requeridos en aquel caso de alojamiento…), para el servicio, y que si no se componia (…) en otra parte mejor, tendría a los soldados alojados por las cassas (…), tratando muy mal de Palabras ala Villa”. (Así lo referiría Galiana al resto del Cabildo o ayuntamiento, y aquel trato irritante acabarían comunicándoselo los de La Vila, ya muy hartos, al gobernador, don Luis de Costa Quiroga). Simultáneamente, los alcaldes y regidores, que rehuían los problemas con los militares, se apresuraron a “que la Villa tome las cassas d. Gines Miquel, Jayme Miguel, Melchor Miguel y la de los herederos de Christoval Miguel, anexas todas al quartel delos cavallos que todas se ensierran con una puerta que sale ala Calle (…), y se compongan de todo lo nesesario, y dcho. Capitan quedo gustoso”. Si embargo, se supo pronto que si éste ya había dado por buenos los cuarteles era porque pretendía “que la Villa le havia de contribuir en alguna cossa â mas dla obligacion dlo que manda el Rey que se le de”. Semejante osadía debió desagradar mucho a los capitulares, pero el capitán aún iría más lejos, pues días después, “dadas [ya] las oraciones” (de la anochecida), y llegando “de Benidorme, y luego que entró en la Villa, mando a los soldados que estavan en quartel que se fueran alojarse por las cassas dlos Vezº. (…), que causo mucha inquietud en la Villa por que la mayor parte dlos vesinos estavan ya durmiendo, y otros tenian las camas en el quartel (¡las habían cedido a los soldados!), y se hallavan con los soldados en cassa, sin tener en que darles para dormir”. Todas aquellas estridentes arbitrariedades y atropellos −que anotó el escribano Bautista Cabot− las cometió el díscolo capitán porque había supuesto que, al volver de Benidorm, el Cabildo vilero ya habría preparado “lo que la Villa le havia de contribuir (…), y por haver hallado luego que llego” que Villajoyosa todavía no había dispuesto el dinero o el regalo que él esperaba recibir. Así que dio la orden que dio “para mortificar â dchos. Vesinos (…), y assi mesmo con desconvenencia dlos. Vznº. de no poder entrar y salir (…) â buscar su vida, y Ganar un Real, y d lo que hase de registrar todas las cargas, que entran y salen, y poner Soldados por los caminos como si fueran guardas registrando las cargas (…) todo esto lo haze [el capitán] para obligar â que se le dealguna cossa, como tambien el tratar mal depalabra alas Justicias” (o sea al supuesto “poder civil”) como de contrabandistas a los arrieros de La Vila, controlando minuciosamente sus trasiegos. (Así se demostraba que la aversión a los militares estaba más que justificada en demasiados casos). ¡Y todo ello mientras las autoridades locales aseguraban que el cuartel vilero “es de los mejores que se enquentran en el Reyno.”

No había más remedio, pues, que certificar todas aquellas tropelías y hacérselas saber al señor Gobernador. Así se hizo y el día 17 contestaba éste enviando al Teniente Coronel del Regimiento de Brabante, Don Pasqual de Quevedo, quien revisó los cuarteles sin encontrar faltas o carencias dignas de mención. Pero dijo… que algunos pueblos y lugares del partido añadían algo de dinero a los capitanes para su sostén diario. De ahí que el Consistorio optara finalmente por dar al dichoso Zerón doce sueldos cada día. Y así terminaron los problemas… porque “poderoso caballero es don Dinero”, como rezaba aquel verso del famoso poeta…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila