La goleta “Adelaida” (1884)

GOLETA

Crónica nº. 433. La goleta “Adelaida”  (1884)

En el mes de julio de 1884, la goleta “Adelaida” −más bien sus complicados restos− descansaba derrotada y herrumbosa en la playa de Villajoyosa. Abandonada al calor estival y después de haber soportado las inclemencias atmosféricas y los embates furiosos de los oleajes cíclicos del mar, su aspecto debía ser lamentable. Astillada, corroído su hierro por la intensa oxidación que el agua salada perpetra, nadie en el municipio movía un dedo para proceder a su desguace, así que su espectro seguramente estuvo en la playa muchos años antes de que se midiera el grado de su ruina. Por aquellos días, el bergantín-goleta suscitó en La Vila, y por fin, un interés inducido. Un oficio del señor ayudante militar de Marina de la villa trasladaba otro del comandante militar de Marina de la provincia “para que este municipio pueda disponer, efectuar y utilizar el desguace a fin de que desaparezca [la ruina de la “Adelaida”] por ser un foco de infección y un peligro para la salud pública en las presentes circunstancias”.

El alcalde aceptó los argumentos que constaban en aquellos oficios administrativos y acordó con sus concejales iniciar el oportuno expediente de desguace. A tal efecto, se nombró perito para la tasación de los restos del buque a Pedro Marced Pérez, como maestro herrero que era, y a José Vaello Lloret, que dictaminaría como carpintero de ribera y calafate. Se acercaba el momento de limpiar aquella zona playera de la enhiesta y peligrosa podredumbre de la que fuera gallarda goleta tiempos atrás. La tasación que se hizo resultó ser de trescientas ochenta pesetas y, restadas las ciento veinticinco que costaría el desguace, quedaban doscientas cincuenta y cinco pesetas, cantidad de partida para la subasta de aquellos restos casi fantasmales. El Consistorio acordó que se procediera inmediatamente por la urgencia de suprimir aquel peligro cuanto antes y limpiar el paraje. Se autorizó a don Jaime González Segarra, regidor síndico, para que asistiera al acto de la subasta, acompañando al alcalde, que la presidiría. “Para mayor solemnidad del acto”, se pasaba oficio al señor ayudante militar de Marina del distrito por si tenía a bien asistir a la licitación. El rematante de ésta venía obligado a desguazar aquellos restos en el plazo de ocho días, anunciándose al público la actuación mediante bandos a viva voz y edictos.

En las actas municipales sobre el caso no aparece el nombre del propietario del buque, pero la ley mandaba que el dinero obtenido por la subasta quedase a buen recaudo por si, en días venideros, aquél presentara alguna reclamación. Efectuada la subasta, que lo fue a la llana, se adjudicó el objeto a Joaquín Soler Barrachina por la cantidad de cuatrocientas pesetas, ingresadas en las arcas municipales en concepto de aportación eventual y extraordinaria al presupuesto. Casi un año pasaría para que se diera un nuevo caso como aquél, esta vez con la polacra “Hermosa Judith”, abandonada cuatro años antes en la misma playa. Ese otro desguace lo realizaron Miguel López Lanuza y Miguel Furió Vives, habiendo sido tasada aquélla en un producto líquido de ciento catorce pesetas. Ambas embarcaciones habían movido mucho expediente y reflexiones antes de dejar limpia y sana la playa de Villajoyosa…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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