Isleta “Sella” o de Benidorm (1808)

LILLAB

Isleta “Sella” o de Benidorm (1808)

En 1452, como unos pocos vileros saben, el rey Alfonso el Magnánimo concedía a los pescadores de Villajoyosal derecho a pescar en la mar de la Isla de Benidorm…y poder vender el pescado allí donde estimasen más beneficioso para ellos, en contra de de la obligación de hacerlo en el puerto benidormense. Un documento redactado en latín declaró dicha decisión real, que fue tomada por el monarca estando él en su posesión de Nápoles el 14 de abril del año referido. Trescientos cincuenta y seis años después, en 1808,, y en un 7 de abril, el Ayuntamiento vilero hubo de encararse con un asunto feo: la intención del Estado de que la isleta Sella (¡!) o de Benidorm era de propiedad suya y no del común de los pobladores de La Vila y Benidorm…La Inspección de Hacienda remitía al Ayuntamiento de Villajoyosa una comunicación refiriéndose a la denuncia emitida por don José Mario Martínez sobre la propiedad del islote. El escrito de la citada Inspección provincial hacía referencia a una petición del Consistorio vilero, que había solicitado a la Dirección General de Propiedades y Derechos del Estado se otorgase a ambos municipios la excepción de venta de la isleta Sella o de Benidorm. Si Villajoyosa emitió esa solicitud el 17 de abril de 1897. Benidorm ya lo había hecho –de común acuerdo con La Vila, suponemos- el día 13 del mismo mes y año. Se había argumentado que el derecho a la pesca y la propiedad de la isleta venían de tiempo inmemorial y suponiendo buena parte del sustento de los habitadores de ambos municipios, que tenían la pequeña isla en usufructo tradicional. El Libro de Actas de 1908 no refleja alusión alguna al pivilegio del rey Alfonso, no obstante, y ello a pesar de haber acordado el Ayuntamiento vilero que su secretario aportara cuantos datos estuvieran disponibles. Por otra parte, la citada Dirección General, y en escrito del 10 de septiembre de 1902, había dispuesto que, una vez practicado el deslinde de la isla y establecida la proporcionalidad en propiedad de cada uno de los dos municipios,La Vila y Benidorm, éstos debían renovar sus razonamientos documentales para que se produjera la deseada excepción de venta.

No cabe duda de que el Ayuntamiento vilero procedió a demostrar ese derecho de siglos, “el de toda la vida” a la pesca en las aguas del islote y sumando a sus argumentos las prescripciones que, para el caso, establecían las leyes, sobre todo la del 8 de mayo de 1888 e instrucción del 21 de junio siguiente. Un estricto seguimiento de las actas municipales posteriores a esas fechas, e incluso algunos de los primeros meses de 1909, llevan a la conclusión de quien esto escribe de que ahí precisamente se zanjó el tema, consiguiendo la referida excepción de venta,,,porque aquel asunto no reaparece.

Con el libro “La nostra memòria escrita” (La Vila Joiosa: Ajuntament, etc….1997), de Mari Pau Vila Pastor y Juan Galiana Chacón podemos leer traducido el referido privilegio de Alfonso V. Antes, en el número 13 de la revista que editara el Instituto de Estudios Alicantinos ya hubo ocasión de leerla cuando apareció dicha publicación, septiembre de 1974. Aquel trabajo se hizo a instancias del malogrado Felipe Ramis Llorca, quien recabó la colaboración del profesor don Juan Giner Giner. (La biblioteca pública municipal de Villajoyosa no dejó nunca de divulgar dicha traducción desde que en noviembre del año anterior (noviembre de 1973) dirigía un servidor el servicio a sus lectores. Finalmente, digamos que el libro aludido líneas atrás, con textos en catalán moderno, lleva un subtítulo esclarecedor y sugerente; “Aproximació als pergamins de l’Arxiu Municipal de la Vila Joiosa”. Una “repesca”, sí, muy bien organizada.

NOTA: Se hace necesario que confesemos nuestra extrema curiosidad por este escrito del archivo histórico vilero…ante el apelativo que se le da a la isla de Benidorm: “isleta Sella”.

Sella
L parece S

¿Pudo haberse confundido el redactor municipal moderno ante cierta caligrafía del escribiente remoto…y tomar la expresión “l’illa” por Sella, habida cuenta de que en el original que transcribía para el acta municipal de su época mostrara una caligrafía abstrusa o complicada para él… y, en consecuencia, tomara unas letras por otras? Recordemos que del término “Encomes”, lugar topográfico que aparece en el texto de la Carta Pobla de La Vila, un experto actual supone que se quiso escribir “Torres”, pues que los varios traslados o copias de ese documento manuscrito han ido pasando con los siglos por diversas manos y caligrafías… 



J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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Vileros en busca de pesca (1712)

VEBDPESCACrónica nº.88. Vileros en busca de pesca  (1712)

Esta crónica, y entre otras cosas, deja constancia de un beneficio económico que percibió el municipio vilero en 1712, los ingresos procedentes del arrendamiento de las regalías de que disponía por concesión regia (de ahí, “regalía”: la tienda, el pilón o carnicería, los molinos, las salinas, etc., intereses económicos de la monarquía, que cedía su explotación a villas y ciudades mediante digamos un alquiler anual que contribuía al patrimonio de la monárquica por su explotación…y a la riqueza de cada municipio). Para aquel asunto debieron de estar reunidos el alcalde ordinario y sus regidores, y proclives ellos a dejar bien atadas las propuestas de explotación presentadas, las mismas que se llevaban a deliberación en aquel mes de septiembre. (Faltaba poco para iniciarse la feria anual de Sa
n Miguel, que llegaba hasta la festividad de Todos los Santos. Y muy posiblemente andarían los nublos tormentosos con su amenaza cíclica sobre el pequeño verano del arcángel de esas fechas, circunstancia meteorológica que comenzó su ausencia anual en los años ochenta del siglo XX; o sea que las denominadas “fiestas de San Miguel dejaron de contener truenos, relámpagos…y lluvia copiosa).

Leemos parte del documento sobre las pujas a estas regalías por explotarlas: “… Y en quanto a las posturas dadas alos arrendamtos. delas regalías −se decía en sesión capitular en referencia a la sisa, tienda y panadería−, son muy proporsionadas [aceptables], y dlas mayores que sean estilado dar por dchas. regalias, como son la que sea dado (…) por Joseph Peres de Jayme, d Nueve Sientas libras Mda. (moneda) del preste. (presente) Reyno (…) que a dcha. Villa (por Villajoyosa) le quedaran buenas ocho sientas setenta y cinco” libras. Venía luego lo de la tienda, viéndose que la postura de Anthonio Mayoral canzaba las 579 libras, “y la que sea dado dla Panaderia por Geronimo Ots en Siento y veinte y cinco”. Tanto de ésta como de la anterior regalía, se obtendría una ganancia que se juzgaba respetable y plausible: 113 libras. “Son todas Posturas −se aseguraba− muy suficientes que no se deven menos presiar”. Con ellas se correría el pregón callejero intramuros, arriba y abajo en plazas y calles donde se preveía que pudiera haber alguien con capacidad para pujar sobre aquella propuesta primera,,,dando más por su explotación. “Por que d no admitirse dchas. Posturas siendo Su fisientes Se le pued. seguir á esta Villa algun perjuhicio retirando alguna d éllas por el dueño que la huviere dado, y en este caso puede Suseder −ahí radicaba el peligro− que dchas. regalias quedn. rebaxadas por falta d Posturas semejantes”. En efecto, si otros no pujaban porque el pregonero Francisco Delfí no se daba prisa en cantar pregón callejero, se corría el riesgo señalado. A aquellas alturas de la sesión capitular, y entrando en otro asunto contributivo, el regidor primero, “en nombre de Sindico” de La Vila, explicaba que se había sabido el fin perseguido por la superioridad administrativa al pedir “testimonio d todos los Vesinos”, lo cual era “Para Cargar el Repartmtº. d quarteles, Vagages áloxamientos y otras cargas [o impuestos] económicos dl Real Servicio”, y que, en consecuencia, “la Mayor Parte d los Vesinos d dcha. Villa la andesertado (se habían escapado), Por ser gente Pescadores y otros pobres, que no tienen ningun ábrigo (recurso económico), y su modo d vivir es dond (donde) Puedan Pescar, y ganar el Real (un jornal), y era muy con veniente (…) el que Por medio de su sindico hiziere Representacion al Sr. Dn. Rodrigo Cavallero (…) para que Su Señoria haveriguase esta Verdad”. Se creía posible que el Intendente promoviese nuevo repartimiento, teniendo en cuenta los vecinos que faltaban por haber desaparecido ante gravámenes tan disparatados para su economía. Los quinientos vecinos del padrón se habían reducido a “dusientos y ochenta”, huidos de La Vila unos trescientos. Caetano Aragonés iría como síndico a Valencia a exponer aquella fuga masiva y explicaría a la superioridad la causa de tan patética escapada de los humildes. También visitaría a D. Andres Monsarrad y a D. Anthonio Pujades para que “les diga en Nombre de la Villa [a la superioridad recaudadora] los Pocos medios que tiene [ésta] Para ácudir (satisfacer) alos a creedores dla Concordia Respeto d haver tenido que pagar quarteles”, hecho, además, provocador de la desbandada de tanta gente pescadora… ¿Y qué hubiera sido de los vecinos de no haberse presentado ese año pujas tan elevadas, beneficio del municipio, para la explotación de la sisa, la tienda y la panadería?

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

De la clavería de 1710

Crónica nº. 67. De la clavería de 1710  (1711)

El día de 1711 en que se tomaron cuentas al clavario (también denominado “bolsero”) de La Vila, la sala capitular registraba mucha concurrencia humana, más que otro día del año. Estaban el alcalde ordinario y regidores, los Jueces Contadores, el síndico, el clavario o mayordomo de las rentas y, asimismo, el escribano, presencia imprescindible. Se trataba de enumerar cargos y descargos de la clavería del año contable que iba a terminar, es decir aclarar lo cobrado, lo pagado y aquello que quedó sin cobrar por el clavario. (Creemos que es válida la definición que de clavario nos da Marta Díez Sánchez en su obra La hacienda municipal de Alicante en la segunda mitad del siglo XVII, que editó el Instituto de Cultura “Juan Gil-Albert” con otras entidades en 1999: “Además de encargarse de saldar todos los gastos ocasionados al municipio y de percibir todas las rentas que correspondieran a éste −leemos−, el clavario actuaba como depositario y cobrador de todas las derramas [o aumento de contribución] que pudieran efectuarse (…) y como receptor de las fianzas que estaban obligados a presentar ciertos oficiales antes de tomar posesión de sus cargos” ).
En las Casas Consistoriales, y junto a los restantes cargos públicos, el clavario expresaba por escrito su disposición a la operación fiscalizadora, y decía: “Estoi pronto a dar quentas de los maravedís (véase nota al pie de esta crónica) que endicho nombre he cobrado de los vecinos de ella para que conste la parte que fuere alcanzado”… o cobrado del vecindario. Se refería al cumplimiento por su parte del encargo que se le había hecho un año antes. El clavario era Visente Nogueroles y, al admitírsele la rendición de cuentas, ya se apelaba al síndico, Francisco Selles, y se convocaba a los contadores elegidos por el ayuntamiento, que fueron aquel año “Bartolomé Galiana, llamado de Antonio; Asensio Ibáñez, Bayle de apodo; Francisco Vaello, menor escrivno.; Melchor Miguel y fernando Mayor, vcnos. Desta Villa, como a Juezes Contadores d. ella; Los quales dieron por Respuesta, estavan prontos á Tomar cuenta d. que doy fee”, escribió Bautista Cabot menor (de días), que era el escribano (un cargo de designación real y duración perpetua, aunque ese día y el siguiente estuviera ocupado, probablemente, por su hijo).

Viene luego, en el “libro Corned” la exhaustiva enumeración de cobros hechos por la clavería durante aquel año, y en ella aparecen los nombres de vileros que, en total, abonaron “Dos mil nuevecientas, ochenta y quatro libras, diez y ocho sueldos, y siete dineros (…) contenidas, en las partidas abaxo [pormenorizadas], en cada un Ittem Expreçadas”, y que quien firma esta crónica no transcribe por ser muy extensos. (Aclaramos también que en tiempos medievales los “maravedies”, más arriba mencionados, eran una moneda de origen almorávide, y fueron el impuesto que se pagaba en la antigüedad al rey en Aragón). Peitas, arrendamientos, censos, derechos de guarda, derechos de agua para riego y otros llamados de General y Médicos figuran cobrados a los vecinos por el año de clavería iniciado en mayo de 1710 y que terminaba en junio de 1711. Siguen otras percepciones, como la “de Vicente Ortuño (…), Arrendador d la sissa mayor”, así como del de la tienda, Gaspar Lorca; y de Jerónimo Orts por la panadería; y un cobro, además, a Miguel Selles por arrendamiento del estiércol de la villa. A continuación de las 2.984 libras, 18 sueldos y 7 dineros que hubo pagado el clavario llegaban los “descargos” en ese ejercicio, y ante ello los jueces contadores tenían que supervisar todos y cada uno de los pagos cumplimentados por quien entregaba las cuentas, así como los cobros fallidos. Con la fórmula “Se le Admite en Descargo” era la expresión usada respecto a cada ítem o partida, que decía en qué cosas o servicios se había consumido el dinero, y según “labalan” (albarán), que el escribano confeccionaba para buen gobierno y trabajo del clavario. Se señalan pagos de esta manera: “al Dotor Joseph Gosalbes, Cura d la Iglesia (…) por las Penciones d los sensos” y a Bautista Puig por otro censo, y a Francisco Mayor por lo mismo… Los llamados Bartolomé Vaello, Gaspar Linares Mayor (de días), herederos de Gregorio Buforn, Baltasar Milan y las monjas de Carcagente recibieron dinero del clavario. (El tal Milan era abogado de Villajoyosa). El “Doctor Leonart Esteve y Cassanova (…), abogado de los acreedores d esta Villa” también había cobrado, así como D. Andres Monserrad y Crespí, procurador de la señora Viscenta Crespí. Igualmente, se había satisfecho deudas a Vicente Vasques, escribano de Valencia; al procurador del convento de Nuestra Señora de Portaceli, y a D. Agustín Queito, saliendo a colación nombres como Roque Pitarch y D. Ximen Peres de Calatayut y Chaves, conde del Real…
Nos dejamos “en el tintero” una más extensa relación, y sólo nos resta decir que la villa quedó debiendo al clavario algo más de doscientas libras…

Golddinar, Almoraviden, Sevilla 1116

 

NOTA: El maravedí era el nombre dado por los cristianos españoles al dinar almorávide de oro (3,88 gramos).

Alfonso VIII acuñó,MARAVEDALVIII a partir de 1172, maravedís de oro a imitación de los dinares almorávides…pero desde fines de la Edad Media se utilizó, fundamentalmente, como moneda de cuenta (no de cambio). El maravedí se mantuvo como moneda imaginaria con diversos valores, hasta que por la reforma de 1854 fue sustituida la contabilidad de maravedís por la de céntimos.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“Vagages” en las cuentas (1713)

Crónica nº. 90. Vagages” en las cuentas  (1713)

El cargo de clavario o “bolsero” que ejerció Alvaro Linares duró desde el 2 de abril de 1712 al último día de abril de 1713. Entregadas sus cuentas a los Jueces Contadores, ocho personas ese año, y presididos por el alcalde, Bautista Puig, fue el escribano Francisco Cabot quien las pasó detalladamente al libro “Corned”. El documento terminaba con el visto bueno a los pagos realizados por Linares a lo largo del año, y que ascendieron a 4.923 libras 9 sueldos 10 dineros. Eran gastos con cargo a las arcas municipales, gastos de suministros y de servicios que necesitó ese año el municipio. Pero no salían las cuentas, porque a los cobros efectuados por el clavario (que harían posibles los pagos contraídos por suministros y servicios al Ayuntamiento)¬ les faltaban 55 libras, la mayor parte de ellas no cobradas por la imposibilidad económica de los vecinos pobres, que no podían pagar las tasas municipales. En tal documento aparecía la relación de esos impagos acompañada de la causa de los mismos, que eran imprescindibles razonar ante los jueces contadores. Éstos aceptarían, o no, los informes del clavario.

Visto semejante déficit, y establecidos los cargos y descargos por los Jueces Contadores, que razonaban cuándo un impago resultaba aceptado por razonable, exponemos ahora, digamos, el proceloso veredicto de aquéllos ante el déficit habido, un razonamiento que, copiado al pie de la letra, nos deja algo confusos. Los citados Jueces condenaban “á dha. Villa (Villajoyosa), y a Su Sindico Por ella, en las dhas. cinquenta y cinco libras d Su Alcance para que las pague en termino d Seis dias al dho. Alvaro Linares y a quien por el fuera aparte, reservandole á dha. Villa Derecho para cobrar las cantidades dlos inposibilitados admitidas en el descargo, que por su pobreza no anpodido pagar lo que cada uno lleva señalado”. El municipio, pues, quedaba debiendo las 55 libras al clavario, que no tenía la culpa de que los no pudientes, los “imposibilitados” en aquel lenguaje, no pudieran pagar sus cargas…(El clavario cobraba, insistimos, las tasas indicadas por el Ayuntamiento y pagaba los gastos municipales según las “facturas” emitidas por los autores de bienes y servicios al Ayuntamiento).

He aquí algunos de los gastos habidos y debidamente satisfechos por aquel clavario o bolsero: pagó 2 libras 12 sueldos “en quize d Abril d dho. año treze (1713), en esta forma, que dla Plaza d Denia Pasava un destacamento (soldados y monturas) d Infanteria ala d Alicante, y dla dha. Plza d Alicante Pasava otro destacmtº. d Infanteria ala d Denia, que dhos. dos destacamtos. pasaron la Noche dl dho. dia en esta Villa (por Villajoyosa), y cada uno d éllos traya (traía) dies Vagages (diez monturas), que heran de Benisa los que venian con el de Denia, y los que venian con el destacmtº. d Alicante heran d San Juan, y dhos. destacmtos. Pidieron áesta Villa (por La Vila) Veinte vagages Para la marcha esto es, el que pasava [a] Alicante los pedia hasta San Juan que es el tranzito Primero, y el que Pasva á Denia los Pedia hasta Altea ó benisa, y la Villa áJustó con los Vagageros d San Juan con quatro arrobas y Media d Algarrobas Para los vagages, y quatro reales Para comer á los Vagageros que Pasasen con dtho. destamtº. hasta San Juan, y lo mismo á Justo (ajustó), y Por el mismo Precio, con los Vagages d Benisa, que Passaron el destacmtº. que hiva á Denia hasta Benisa que en dha. cantidad −sigue tan espeso relato− de Algarovas y dinero libró (acento, nuestro) la Villa, el darles Veinte Vagages le Sirvio de Mucha conviniencia y d alivio Para los Vesinos, que las Nueve Arrovas d Algarrobas á dos Reales la arroba valen una libra dies y Seis Sueldos, que con los ocho Reales que se dieron Para comer alos Vagageros hazen la suma dlas dos libras doze sueldos, cuya Cantidad no se le havia Puesto en albalar (por albarán) al dho. Clavario Por olvido, y haviendo constado á dhos. Sres. Jueses contadores el haverse gastado el Clavario esta Partida y no tenerla buena (no tenerse en cuenta), segun consta Por Razon dada Por los dhos. Sres. Alcalde y Regidores d dho. Año, se le admite el descargo”. Aquello era lo mismo que decir que no responsabilizaban de aquello al clavario, deducción nuestra.

(Sin duda, explicaciones tan prolijas denotaban el escaso dominio de la lengua al uso, y sólo la experiencia de las partes en el asunto de que se trataba podía hacerles inteligible lo que para los ajenos suponía un batiburrillo bastante incomprensible y mareante en algunos puntos. Hemos querido exponerlos para que se vea la incapacidad comunicadora de aquellas personas… al menos a la hora de expresarse por escrito, y también la envergadura de semejante hazaña relatora. Se advierte igualmente con qué precisión manejaban algunos clavarios los hilos de aquellos asuntos, sobre todo, lo más seguro, porque al fondo del ejercicio contable estaban siempre los llamados Jueces Contadores con su fiscalización de ingresos dinerarios y de pagos… Los cuales multarían a dicho bolsero en cuanto no razonara satisfactoriamente determinados gastos..o imposibilidad de haber cobrado lo que tocaba pagar a determinados vileros…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La memoria de 1927

Crónica nº. 500. La memoria de 1927

La memoria de la gestión municipal de Villajoyosa en 1927 no fue impresa… de inmediato. Su manuscrito comienza con la constancia del sobresalto sufrido por el Consistorio vilero ante la posible supresión del Juzgado de Primera Instancia de Villajoyosa, “como consecuencia del anteproyecto de la nueva demarcación judicial del territorio de Valencia”. Si se daba esa resolución, Villajoyosa perdería su calidad de cabecera y tendría que incorporarse al juzgado de Callosa d’En Sarrià. O al de Altea, como se proponía más tarde por la Audiencia Territorial. (El brillante y verdadero informe que el secretario municipal redactó ante aquella amenaza evitó que se nos quitara aquel juzgado…

Junto a la descripción de tamañas tribulaciones para La Vila, en la memoria venía el relato de cómo había reaccionado nuestro Ayuntamiento: elaboró una rápida y eficaz información pública con un escrito que condensaba las múltiples y atendibles razones en que se fundamentaba La Vila para retener el juzgado. El escrito fue entregado por el alcalde vilero al señor presidente de la Audiencia, y del mismo panfleto se hizo una “copiosa tirada impresa para difusión de nuestras legítimas pretensiones”, palabras que se leían al final de la versión impresa. Después de asunto tan acongojante comparecían las gestiones para recabar agua bastante para el municipio: se habían encargado informes a un geólogo de la Sociedad La Fertilidad al objeto de localizar aguas subterráneas y estudiar su alumbramiento. Al mismo tiempo se reanudaban las conversaciones con el Ayuntamiento de Polop, suspendidas en 1925. Ahora se le pedían ocho litros por segundo por un canon de 10.000 pesetas anuales. Sin embargo −informaba la memoria−, llegada la hora de formalizar el trato, Polop exigía condiciones onerosas y altamente lesivas o perjudiciales para nuestro municipio. Sus representantes estimaron que “era preferible no resolver el abastecimiento a resolverlo con vilipendio para la ciudad”.

(En noviembre de aquel año el alcalde vilero obtuvo de sus propietarios el compromiso de venta del Mas de la Monja o de Morgoch, “en el cual existe un manantial −se decía− de exquisita pureza”, y según análisis del Instituto Provincial de Higiene. Con aquel alcalde, don José Vaello Zaragoza, y en 1929, el agua potable de la masía llegó a La Ermita… y antes que a la ciudad. (Jacinto Lloret Orozco nos cuenta que en los años sesenta del siglo XX, y siendo él concejal del Ayuntamiento de Villajoyosa, hubo un intento de suprimir esa fuente urbana del barrio, a lo que él se opuso con el debido razonamiento, consiguiendo que ese caño siguiera en la plazoleta de las antiguas escuelas…, y gracias a Dios ).

Por la memoria de 1927 sabemos que, en ocasión de los festejos a la Santísima Trinidad que celebró, como siempre, el Barrio Nuevo, se inauguró allí un pozo para alumbrar aguas con que cubrir las necesidades del vecindario. Tan preciosa mejora se unía al proyecto de una plaza de mercado municipal en la zona SE de Villajoyosa, en el solar que, en posguerra, llamábamos “de la imprenta” Esquerdo, la única imprenta que entonces había, que estaba a espaldas de las suntuosas casas de la calle Colón. Lo del mercado en esa zona no prosperó, como ya sabemos.. Ese año se construyó un nuevo evacuatorio en el paseo playero del Dr. Esquerdo y se amplió la acera de la plaza de la Constitución, de la Generalitat actualmente. El resto de la memoria municipal, elaborada por don José Cazorla Sevilla, eficiente secretario municipal, aludía a la inauguración del servicio telefónico urbano e interurbano, solicitud de escuelas y otras mejoras de interés. Ese año, 1927, no obstante, la hacienda municipal sufrió un duro quebranto, ya que el vino subió de precio…, ¡el vino!

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Del arco a la bombilla (1911)

Crónica nº. 472. Del arcoLámpara de Arco a la bombilla  (1911)

El Ayuntamiento de Villajoyosa había contratado en 1906 el servicio de suministro eléctrico a la empresa “José Lloret y Compañía” y en marzo de 1911 se daba lectura en sesión municipal a un escrito de don Francisco Pérez Zaragoza, quien, como gerente que era de dicha razón social, exponía varios extremos relativos al servicio y su costo. El punto principal se refería a la mejora que en el servicio público y privado había introduido esta compañía productora de electricidad… aun sin haberle pasado cargo alguno al Ayuntamiento desde “el mes de noviembre”. La compañía proponía seguir prestando dicho servicio −durante las horas nocturnas− y aumentar en un veinte por ciento la cantidad objeto de la contrata con un aumento de lámparas a un precio de cuatro pesetas las dieciséis bujías, y que tendría que abonar el municipio desde primero de enero de aquel año, “entendiéndose que este aumento de luz y de precios lo será tan sólo por el tiempo de dos años, que principien en primero de enero (…) y terminen en treinta y uno de diciembre de 1912”. Si al cabo de un año ninguna de las partes contratantes decía algo en contrario, se entendería prorrogado el contrato por otro más, y así sucesivamente.

La Compañía creía que para mejorar su servicio era de absoluta necesidad “la colocación de un cable neutro que será extendido en la forma que se estime conveniente”. También, y atendiendo a los deseos del vecindario, y si se acordaba con el Ayuntamiento, “se sustituirán arcos voltaicos fijos colocados en la plaza de la Constitución y playa por lámparas incandescentes equivalentes a las 800 bujías que representan dichos arcos, que serán situados donde y en la forma que determine el Ayuntamiento”. Los gastos de dichas mejoras serían compartidos por mitad entre éste y la sociedad. También se pedía el acuerdo consistorial de autorizar la extensión del cable aludido hasta el final de la calle Hernán Cortés, por todos conocida como dels Parrals. (Con dicha operación, al parecer, la pequeña zona así denominada pasaba a ser zona urbana (!) y no rural, como era considerada hasta aquellas fechas…).

Quedó enterado el Cabildo, que reconoció que la Compañía suministradora había aumentado las horas de iluminación por su cuenta y riesgo desde el mes de noviembre, lo cual era dar luz por la noche “hasta un cuarto de hora antes de la salida del sol”. Respecto al tendido del cable neutro, sólo se autorizaría para la duración del convenio. En cuanto a la sustitución de los arcos voltaicos, habría que colocar las lámparas de forma que en un momento determinado se quisieran quitar y reponer éstos, o en ciertos días, abonando el Ayuntamiento el costo de la sustitución momentánea. Villajoyosa, pues, se incorporaba a uso de uno de los adelantos más decisivos de los tiempos modernos, aunque unos veinte años después de que la Compañía Eléctrica de Edison −de Thomas Alva Edison
iluminara las primeras casas neoyorquinas de su clientela el 4 de septiembre de 1882.

Nuestra villa, aunque lentamente, por ser española, fue prescindiendo de los fuegos de leña y carbón, así como de los candiles y quinqués done los hubiera. Y en las calles, si bien con extremada penuria, la luz de gas fue sustituida paulatinamente por la eléctrica. Prueba de ello son los reverberos de petróleo, que en 1850 ya iluminaban como bien podían nuestras calles. Buena muestra de ellos son los que rescatamos de un cuchitril de las Casas Consistoriales en 1975… para instalarlos en nuestro Museo Etnográfico después de una intensa batalla contra el óxido..y que allí siguen instalados.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila.

Un justiprecio de aquel año (1728)

Crónica n.º 215. Un justiprecio de aquel año  (1728)

En noviembre de 1728 había comenzado ya el justiprecio de las tierras de los terratenientes vileros para que los pudiera formular o componer D. Francisco Gomes de orden del señor Intendente. Dieciséis días se ocuparon en ello los vileros que relacionamos: Pedro Soriano, Jayme Martines, Geronimo Zaragosa y otros como Vicente Galiana, Jayme Linares de Cristoval, Geronimo Loret y Vicente Nogeroles (sic). Otro vilero, Jayme Buforn hizo de justipreciador. (Puede que encajara en aquella operación −¿era una cabrevación?− el valorar también “la madera de las cassas desta Villa de sus arravales y huertas, segun dcha. Orden”. Hasta hace pocos decenios, era grande el énfasis puesto en calibrar la viguería de una vivienda, y sus jácenas o vigas maestras). Más de cuarenta días estuvo en ello el maestro albañil Agustin Vinaches, tan aceptado siempre su peritaje. Pero, aunque a todo el peritaje tenía que pagar La Vila, lo más apremiante era la deuda contraída con el señor Gomes. Por eso pasó a Alicante el regidor primero Isidro Lorca: iba a solventar algo referido al cupo de la sal… y, de salirle bien, traerse dinero a crédito,”si en contrava para pagar las dietas (…) por la inposibilidad delos vezinos a razon de ocho reales cada día”.

Pero eso no fue todo… porque el forastero estuvo en nuestra villa nada menos que ¡tres meses! y alojado y mantenido en casa de Joseph Miguel Lorca (con un gasto total para éste de siete libras en moneda del reino de Valencia). Mientras tanto, el ministro pregonero Peris, alojaba en el mesón a varios oficiales que iban de tránsito. Esto se hizo “por no alicarles (?) ni mortificar alos vezinos”.

Aquel ir y venir del justiprecio de propiedades urbanas y agrícolas de Villajoyosa hizo que aumentara la necesidad de papel de escribir, adquiriéndose del denominado común y también papel de oficio. No sobraría en cualquier caso porque estaba pendiente asimismo el papel necesario “para la formacion del equivalente”, según leemos. En el albarán de diciembre se cita el pago de la encuadernación de varios meses del “Corned”, trabajo de artesanía que se encargaba al maestro de niños Blaz Julian. Otros apartados de aquellos meses corresponden a pagos a verederos, a albañiles y a obreros en general, y como satisfacción de deudas municipales por alquiler de animales de carga o de montar. Quedaron registrados los abundantes acarreos de tierra para mejorar el patio de la escuela local y para tapar grietas en el suelo de la iglesia porque de ellas se desprendía cierto hedor, hedor que salía del subsuelo debido a que en él se practicaban enterramientos de gente sin recursos… sin posesión de “vas” o cripta del que disponían los pudientes..

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

De la investigación de un crimen (1730)

Crónica nº. 228. De la investigación de un crimen (1730)

Habitualmente, la minuciosidad con que, por lo general, se enumeraban los gastos en el libro “Corned” (anotación de gastos y pagos municipales) no alcanzan a hechos de conducta humana abominable…, si de pasada figuraban en sus asientos contables …, ya que esos dispendios se trataban aparte por relacionarse con algún que otro hecho de naturaleza criminal. Los libros del Justicia o de Cort sí que relatan casos de esa naturaleza, pero la mayoría de sus ejemplares no figuran en el Archivo Histórico de Villajoyosa aun teniendo que haber existido, lógicamente… Nos han llegado algunos ejemplares, muy estropeados e incompletos, que no son sino burdos borradores, quizá apresurados, de interrogatorios a testigos de actos delictivos, plagados de inconexiones y con caligrafía muy irregular, o sea relatos abocetados sobre la marcha…y respondiendo en valencianos los interrogados..(Se entiende su desconcertante redacción si se contempla el hecho de que fueran notas tomadas en el lugar del posible crimen e interrogando a quizá testigos del hecho).

JUSTICIAA finales de 1730 se anotó en el “Corned” el gasto que hizo el “alcalde vilero por subir a Orcheta sobre la Causa Criminal d la muerte de Geronimo Lopes”. En mayo iría a Valencia ]ayme Mayor con cartas del alcalde “participando alos Sres. de la Sala el estado dla Causa Criminal sobre la muerte de…” Aquel mismo día de la ida a Valencia se anotó que se pagaban dos libras “a Joseph Selles, un propio (empleado del Ayuntamiento) que fue con carta Requisitoria sobre la averiguacion dla muerte d dchº. Geronimo lopes alos lugares d Benidorm, Althea, Calpe, Benisa, Ondara, Pego, Parsent, Tarbena, Callosa d Ensarria, Polop, Finestrad, Sella, Relleu, Busot, San Juan, Mucha Miel y Orcheta”. (La cavalgada debió ocuparle casi tantos días como destinos se le ordenaron alcanzara…). Sobre el mismo asunto también subió a Orcheta, en un mulo alquilado, Bautista Puig, alguacil mayor de La Vila, con un gasto de cinco sueldos. (No deja de ser curioso el número de lugares, dieciocho, a que tuvo que ir el sobredicho Selles enviado por el Justicia de Villajoyosa, y no podemos imaginar qué razones movieron al funcionario a ordenar tan exhaustiva y onerosa batida).

Ya terminando junio se anotaba un pago a favor de “Francisco Juan Lorca (sic) essnº. por haber subido a la Encomienda de Orcheta con el Sr. Alcalde,Jayme Linares, â formar autos sobre la muerte d Geronimo lopes d Finestrad en que se ocupo sinco dias endos viaxes por ajuste (el pago) tres libras y diez sueldos”. Por el mismo suceso, se le pagaron cinco libras al Dr. Gaspar Linares, abogado, “por haver hido adchª. Encomienda por asesor al mismo fin”, que allí subió dos veces. (Por estas notas de gastos ya sabemos que el muerto era de Finestrat, deduciendo que el Justicia o alcalde trataba de averiguar quién o quiénes lo habían asesinado, y dónde podía estar el asesino, quizá asesinos.

Como en otros casos muy parecidos, el asunto desaparece de las enumeraciones siguientes en las páginas del “Corned”, aunque sin perjuicio de que este que tratamos reaparezca en las que van más allá de agosto de 1730. Poquísimas veces hemos visto averiguado el autor de un crimen, aunque sí los nombres de los detenidos al respecto. (En el albarán de enero de 1731 encontramos un pago hecho a Sebastian Selles, “que fue ala Varonia de Finestrad con cartas del Sr. Jayme Linares Alcalde ordnº. (ordinario) de esta Villa (La Vila) para el Alcalde Mayor d dhª. Varonia para que mandase bajar â Vizente Martinez, y Anthonio Buforn, para declarar sobre la muerte del consabido Geronimo Lopez de Juan”. Y eso fue todo lo que nos ha llegado…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“Padrón de la renta líquida y utilidades de los vecinos y terratinientes” (1730)

Crónica nº.226. “Padrón de la renta líquida y utilidades de los vecinos y terratinientes” (1730)

Una leve y esporádica incursión por el Libro Padrón de 1730 nos concede una entrañable cercanía −casi sentimental para el cronista− al vecindario porque enumera propiedades y rentas o utilidades del trabajo de algunos de sus miembros. A lo largo de este ejemplar (por cierto, encuadernado al revés, según su rotulación, y en letra gótica), comparecen los nombres de 636 vecinos “en que se incluien viudas y Pobres de Solemnidad, con mas diez y nueve terratinientes”. Este libro era uno más que, como escribano, tenía que preparar el titular municipal en su condición de fedatario. El epígrafe que encabeza el volumen es “Padrón de la renta líquida y utilidades de los vecinos y terratenientes”. Su formación en 1730 la ordenaba la autoridad pertinente, es decir “D.Francisco Salvador de Pineda, del Consejo de S. Magd. Intendente Gnrl. (General) de los Reynos de Valencia y Murcia, por lo respectivo a Guerra y Tropas de êllos, Corregr. (Corregidor) y Justicia Maior dla Ciud. de Valª.”. Éste mandó hacerlo “para que esta Villa (Villajoyosa) forme Padron de todos sus veznos. y terratinientes, de qualquiera calidad y condicion que sean, exseptuando solo âlos Eclesiasticos y Señores de la Jurisdiccion”. (Las odiosas y duraderas excepciones, que nadie discutía en voz alta, seguían prolongando y acreciendo las injusticias que sufrían principalmente los siervos de la gleba, los humildes. ¿Cómo no iba a seguir la Iglesia pegada al poder y tan satisfecha, exenta de contribuciones y receptora de otros favores de la Administración… ?).
PADRÓN
Operación previa a la reseña explícita, y controladora, de propiedades y rentas de cada vecino forzosamente tenía que ser la de su listado, y en él se advierte que noventa de los vileros, noventa familias, “no tienen cassa ni tierra”. Para confeccionar el Padrón se nombró a las personas cualificadas de La Vila, que llevarían a cabo el justiprecio requerido. Fueron “los Dotores Pedro Miquel y Gaspar Linares, abogados, y Geronimo Zaragoza Maior de este nombre, Joseph Perers, Gaspar Maior de Estalislao, y Joseph Maior de Agustin”. Tan distinguidos vecinos, junto con los regidores locales, tenían que deducir, asimismo, las cargas reinantes y dejar constatado el líquido hacendístico en cada caso. (Entre los componentes de esa lista había personas totalmente ágrafas o analfabetas … pero sus conocimientos agrícolas, sobre todo, y su habilidad para justipreciar tierras, cosechas y fincas rurales o urbanas los habilitaba para aquella misión).

Un ejemplo de labrador propietario de 1730 podría ser, y a efectos de aquel padrón, Bartholome Loret, con bienes que se valorarían en 1,282 libras. Tenía 49 de renta y las utilidades de su trabajo se cifraron en 48. Por carga de Justicia (?) tuvo que pagar 13 libras y 6 sueldos, resultándole un líquido de 83 libras y 14 sueldos. Blas Zaragosa, que era palero, disponía de una propiedad valorada en 38 libras, 3 de renta, y percibía 24 como pago a su trabajo anual. Dieciocho labradores propietarios reunían un total de 30.901 libras en propiedades; de ellos, las de Caetano Aragones se valoraban en 5.409, mientras que de los restantes solamente Isidro Lorca alcanzaba las 3.110. Aquellos que no poseían casa ni tierra quizá fueran pescadores, arrieros, tal vez artesanos o medieros. La media de los ingresos por trabajo en estos últimos casos oscilaba en torno a las 8 libras anuales. Los demás eran pobres de solemnidad.

Hay notas aclaratorias escritas en el margen izquierdo del justipreciado por propiedades o percepciones de renta: A Francisco Juan Lorca “se le cargan las 20 libras que se le han rebajado a Frcº. Vaello”. (¿Se quería decir con esto que, revisado un caso, se le deducía parte de su contribución para cargársela a otro vecino?). Otra anotación en ese sentido llega aquí: “Es muda (se cambia) a Gines peres y a visent saragosa y a franses mayor” (sic). (¿Se trataba de tierra o era una propiedad en general que había cambiado de dueño desde la redacción del padrón anterior?). Otro epígrafe era éste: “Se le rebaja (a alguien) la renta del Bancal de la palmera por aver pasado a las Beatas de Llorca”. De otro vilero se lee lo que sigue: “Este tiene una casica y no esta en la adjudicacion”… Al llegar al final de todas aquellas asignaciones, el escribano utiliza la expresión cautelar de “parese importar”, indicando quizá que, salvo error u omisión, los totales eran los nuevamente asentados en el Libro Padrón. “En testimonio de la verdad” era la expresión que precedía a la firma del escribano al término del documento… y visto bueno, parte del cual, y rectificado donde cabía, era como poner “los puntos sobre las íes” en aquel sombrío reparto de las propiedades o medios de subsistencia…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila