Vileros en busca de pesca (1712)

VEBDPESCACrónica nº.88. Vileros en busca de pesca  (1712)

Esta crónica, y entre otras cosas, deja constancia de un beneficio económico que percibió el municipio vilero en 1712, los ingresos procedentes del arrendamiento de las regalías de que disponía por concesión regia (de ahí, “regalía”: la tienda, el pilón o carnicería, los molinos, las salinas, etc., intereses económicos de la monarquía, que cedía su explotación a villas y ciudades mediante digamos un alquiler anual que contribuía al patrimonio de la monárquica por su explotación…y a la riqueza de cada municipio). Para aquel asunto debieron de estar reunidos el alcalde ordinario y sus regidores, y proclives ellos a dejar bien atadas las propuestas de explotación presentadas, las mismas que se llevaban a deliberación en aquel mes de septiembre. (Faltaba poco para iniciarse la feria anual de Sa
n Miguel, que llegaba hasta la festividad de Todos los Santos. Y muy posiblemente andarían los nublos tormentosos con su amenaza cíclica sobre el pequeño verano del arcángel de esas fechas, circunstancia meteorológica que comenzó su ausencia anual en los años ochenta del siglo XX; o sea que las denominadas “fiestas de San Miguel dejaron de contener truenos, relámpagos…y lluvia copiosa).

Leemos parte del documento sobre las pujas a estas regalías por explotarlas: “… Y en quanto a las posturas dadas alos arrendamtos. delas regalías −se decía en sesión capitular en referencia a la sisa, tienda y panadería−, son muy proporsionadas [aceptables], y dlas mayores que sean estilado dar por dchas. regalias, como son la que sea dado (…) por Joseph Peres de Jayme, d Nueve Sientas libras Mda. (moneda) del preste. (presente) Reyno (…) que a dcha. Villa (por Villajoyosa) le quedaran buenas ocho sientas setenta y cinco” libras. Venía luego lo de la tienda, viéndose que la postura de Anthonio Mayoral canzaba las 579 libras, “y la que sea dado dla Panaderia por Geronimo Ots en Siento y veinte y cinco”. Tanto de ésta como de la anterior regalía, se obtendría una ganancia que se juzgaba respetable y plausible: 113 libras. “Son todas Posturas −se aseguraba− muy suficientes que no se deven menos presiar”. Con ellas se correría el pregón callejero intramuros, arriba y abajo en plazas y calles donde se preveía que pudiera haber alguien con capacidad para pujar sobre aquella propuesta primera,,,dando más por su explotación. “Por que d no admitirse dchas. Posturas siendo Su fisientes Se le pued. seguir á esta Villa algun perjuhicio retirando alguna d éllas por el dueño que la huviere dado, y en este caso puede Suseder −ahí radicaba el peligro− que dchas. regalias quedn. rebaxadas por falta d Posturas semejantes”. En efecto, si otros no pujaban porque el pregonero Francisco Delfí no se daba prisa en cantar pregón callejero, se corría el riesgo señalado. A aquellas alturas de la sesión capitular, y entrando en otro asunto contributivo, el regidor primero, “en nombre de Sindico” de La Vila, explicaba que se había sabido el fin perseguido por la superioridad administrativa al pedir “testimonio d todos los Vesinos”, lo cual era “Para Cargar el Repartmtº. d quarteles, Vagages áloxamientos y otras cargas [o impuestos] económicos dl Real Servicio”, y que, en consecuencia, “la Mayor Parte d los Vesinos d dcha. Villa la andesertado (se habían escapado), Por ser gente Pescadores y otros pobres, que no tienen ningun ábrigo (recurso económico), y su modo d vivir es dond (donde) Puedan Pescar, y ganar el Real (un jornal), y era muy con veniente (…) el que Por medio de su sindico hiziere Representacion al Sr. Dn. Rodrigo Cavallero (…) para que Su Señoria haveriguase esta Verdad”. Se creía posible que el Intendente promoviese nuevo repartimiento, teniendo en cuenta los vecinos que faltaban por haber desaparecido ante gravámenes tan disparatados para su economía. Los quinientos vecinos del padrón se habían reducido a “dusientos y ochenta”, huidos de La Vila unos trescientos. Caetano Aragonés iría como síndico a Valencia a exponer aquella fuga masiva y explicaría a la superioridad la causa de tan patética escapada de los humildes. También visitaría a D. Andres Monsarrad y a D. Anthonio Pujades para que “les diga en Nombre de la Villa [a la superioridad recaudadora] los Pocos medios que tiene [ésta] Para ácudir (satisfacer) alos a creedores dla Concordia Respeto d haver tenido que pagar quarteles”, hecho, además, provocador de la desbandada de tanta gente pescadora… ¿Y qué hubiera sido de los vecinos de no haberse presentado ese año pujas tan elevadas, beneficio del municipio, para la explotación de la sisa, la tienda y la panadería?

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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