Vileros en el Cornet (1711)

Crónica nº. 63. Vileros en el Cornet  (1711) CORNET

Por el “Cornet” de junio de 1711 sabemos que el escribano municipal, Bautista Cabot, cobró 12 libras por haber dispuesto la relación descriptiva de gastos que se ofrecieron hacer a nuestra villa. El asiento contable número diez lo indica. Los anteriores enumeran gastos por salario de médicos, organista, maestro de Gramática, cuidador del reloj y maestro de niños. También se pagó a la comadre de partear, al sacristán, al pregonero y a una tal Viscenta Caragosa (sic) (por Zaragoza, suponemos), la cual limpiaba la iglesia. No se olvidaba el pago a Francisco Roys (¿Ruiz?) por cuidar del pantano. Los asientos posteriores, hasta superar los sesenta, comienzan con el gasto de la cera para la fiesta del Corpus (ocho libras y tres onzas de peso para fiesta tan sumamente importante para los cristianos), continuándose con un dispendio de una libra, ocho sueldos y seis dineros en pastas para la celebración referida. Se hicieron panes benditos para los que se necesitó de “Aseyte, Agua Ardiente, Arina (…) y traer una carga d murta para en Ramar la Igla. Y d Azucar”, según leemos.

Después sobreviene el gasto de más de 34 libras de moneda por la estada en La Vila del Alcalde Mayor de Xixona y acompañantes. Se presentaron aquellas personas por oden de la Real Chancilleria y con motivo de “la Causa criminal dl hurto, que se ha hecho en cassa Agustin Garcia”, permaneciendo 17 días este personal en Villajoyosa. Se les suministró comida y también bebida: “pan, carne, vino, Pescado, Pollos, Gallinas, Ensaladas, Aseyte y d mas especies (…) de sevada, Algarrovas, Paxa y hierva, para sus cavalgaduras”. Josepha la Espitalera (¿del hostal acaso?) “sirvio en la cosina, d componer la comida”. Y hubo alquiler de camas y colchones, de casa de Miguel Vaello y de la de Viscente Nogueroles (sic), y colchonetas de la viuda de Joseph Julian para la familia de D. Miguel de Sada, y de la viuda de Pedro Lorca, Tardà de apodo. Por “savanas y dos Almoadas” se pagarían 14 sueldos a “la muger de Estanis Lao Mayor (…) por dies y siete dias”. Luego se suman los correos a pueblos del partido y pagos por ir a devo lver papel sellado que le sobraba a La Vila, y por adquisicion de más “Aseite pª. alumbrar a los presos d la Sala”, (¿presos en el Ayuntamiento?) y por dispendios provocados por un capitán de Infantería que llevaba prisioneros a Alicante con la considerable escolta de setenta hombres: gasto al ir y gasto al volver de Alicante. Todo, once libras.

Además, hubo que comprar “papel Sello d Oficio”, un gasto ocasionado por el proceso criminal, el del hurto arriba mencionado. Se pagaron una libra y ocho sueldos al veredero que vino a Villajoyosa de orden de D. Joseph Predrajas, Intendente General de Rentas Reales, que pedía al Ayuntamiento enviara un delegado para el asunto de Alcabalas (otro impuesto), y que la Justicia local diera “testimonio d la cosecha d la seda”… Los religiosos también figuraban en aquellas listas, pues a Mosén Jayme Peres se le entregarían 5 sueldos por la misa “de Espiritu Santo (…) por cuenta d esta Villa (Villajoyosa) como es costumbre para que los ilumine con su Gracia para la buena Eleccion d Clavario”. También habían consumido lo suyo los mulos, cavallos y pollinos cuando estaban prontos a viajar a Peñíscola llevando grano al ejército. Las cuidó Viscente Belviure dos días y dos noches, cobrando dos sueldos. Dos más cobró Mateo Sens “por pasar unas cartas hasta la torre dl Charco, d orden de Alcalde y Regidores”. “Por la fiesta d las lagrimas d la Señora Santa Marta”, se entregaron tres más al reverendo clero, y por la de San Gregorio, otro tanto. Hubo intensa vigilancia de quince noches en la Malladeta (sic), efectuada por Mateo Saragosa y Joseph Barber, dos turnos distintos, y en el río Torres otros vileros y el mismo número de noches. En la puerta de la villa estuvo todo el mes de vigilancia Antonio Morales, por cuya prestación recibiría 2 libras y 5 sueldos. Luego venían las medias añadas de los religiosos de Villajoyosa, y el donativo a pobres y a un enfermo, finalmente, y por alquiler de un mulo que llevase a Alcoy al Dr. Peres con un envío de dinero. Fue Joseph, alguacil mayor local, quien puso la bestia para el traslado…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“Quarteles” en la Calle del Pozo (1715)

POUET

Crónica nº. 105. “Quarteles” en la Calle del Pozo  (1715)

¿Sería natural de Villajoyosa la mujer que, llegado el caso, tendría que componer la casa y las comidas de alguno de los oficiales de la soldadesca cuando ésta irrumpía en nuestra villa? ¿Se alegraban esas mujeres de tener ese trabajo, y cobrar por ello, o hubieran preferido quedar al margen y no tener que asistir a militares que a veces ostentaban un cierto rango? La abigarrada y redundante presencia en La Vila de los frecuentes destacamentos del ejército debía resultar sombría para la mayoría del vecindario aunque algunos fueran justicias locales, prohombres, propietarios pudientes o regidores del gobierno local, pues ya se sabe que las tropas suelen producir descontento entre la población civil. La inopinada irrupción de los militares −y agravada por su frecuencia en aquellos tiempos− ponía en estado de alerta al común de las gentes. Sus alcaldes y regidores sabían, además, cuánto se jugaban cuando no podían cumplir a rajatabla las órdenes de la superioridad castrense, y por ello ponían gran empeño en cumplirlas, cayera quien cayera, que ésa era la situación.

Fechada en Gandía el 6 de agosto de 1715, una orden de don Lucas Espínola y Coloma, Caballero de la Sagrada Religión Ierosolimitana (sic) −entre otras cosas que era este señor−, instaba a Villajoyosa que acogiera a la compañía de Caballería que, “por sus transitos regulares”, pasaría unos días entre el vecindario vilero, y decía esa orden lo siguiente: “Ordeno y mando a los Alcaldes, y Regidores (…) la den el Alojmtº. Simple ordinario con solo tres Bagages, Gratis (…), y en el lugar d Villa Joyosa donde debe residir el thte. (teniente) con dies y ocho caballos se le dara el simple cubierto con cama para cada dos soldados, leña, y dos libras d aseite al dia”. Lo mismo se aplicaría en “Benidorme”, aunque allí serían diez soldados. El Cabildo vilero expresó su voluntad de cumplir debidamente la orden recibida, mientras que se enteraba −¿se lo diría el teniente, de nombre Fernando Quertenmunt?− de que el corregimiento de Alcoy ya tenía un nuevo gobernador. (Al saberse esto, se envió un mensaje al síndico vilero, Gaspar Linares, que esa misma mañana había emprendido viaje a esa ciudad por diversos asuntos a solucionar allí, “advirtiendole que en nombre desta Villa (por La Vila) de (dé) el bien venido al Sr. Gdor. Nuevo, y se le d (dé) noticia como después que â salido esta mañana (el síndico) d esta Villa para su viage â entrado en ella una Compañía”, etc. Lo que se le ordenaba era interceder ante el recién nombrado Corregidor para que “vea de aligerar â esta Villa d algunos Cavallos (…), y suplique a dchº. Governador, que es por mano de quien redespachan las partidas de apremio, para que mire â esta villa con piedad” por aquello de la contribución local aún no satisfecha. Se esperaba que se aceptara el pago por la festividad de todos Santos. Don José de Chaves Osorio, que tal era el nuevo gobernador, diría “que de los cavallos no puede minorar ninguno por ser orden superior”, mientras que se comprometía a no enviar a La Vila partida de militares para exigir la contribución, siempre que se apresurara Villajoyosa a satisfacerla. 225(Al parecer, el estrenado cargo que ostentaba no le daba la experiencia requerida para decisiones personales).

En cuanto al teniente, alférez, cabo y dieciocho soldados de paso por nuestro municipio, el Cabildo ordenó formarles cuarteles. Dijeron los justicias vileros “que la Villa tiene las Cassas de Aleandro (sic) Ruis y dla Vdª. De Gines Zaragoza que estan proximas ala Cassa del Pozo, donde han d estar todos los cavallos juntos (quizá en la parte trasera, junto a la muralla, pensamos; suponemos que se habla de la casa con patio donde aún perdura el Pouet de Sant Vicent, en el carrer del Pou, naturalmente) y que en dchªs. dos casas componga la Villa camas para los soldados y de todos los dmas trastos (sic) que tuvieren menester (…), mercandolos delos vesinos los trastos que se ofrecieren” (Aquí, y según el diccionario de doña María Moliner, el vocablo “trasto” no es un despectivo, pues con él se designan muebles de una casa).

Como siempre, la opinión de los alcaldes y regidores era que no se hospedaran soldados en las viviendas de los vecinos, y no sólo por el gasto inferido a éstos, sino por razones de convivencia con los soldados, etc. Dejamos constancia aquí de que los vileros con militares en casa accedían pronto a las desmesuradas peticiones de éstos, que sobrepasaban dispendios y atenciones señalados por la superioridad militar en algunos casos…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Para la Sala, para el campanario, para los difuntos (1729)

RELOJCrónica nº. 222. Para la Sala, el campanario y los difuntos (1729)

En noviembre de 1729 había obras de albañilería y trabajos del carpintero en la Sala Capitular, y también en el campanario. Ignoramos, porque las anotaciones de gastos no lo dicen, en qué podían consistir estas últimas. El 15 de aquel mes, el mozo del clavario subía a Finestrat para traerse una carga de ladrillos de una alfarería, quizá la de Onofre Rico, cosa que repetiría en varias ocasiones y para las obras del referido campanario. Ese mismo día se habían gastado dos libras y diez sueldos en “frontisas y Clavos que esta Villa (por Villajoyosa) mando comprar pª. las Puertas dela Sala Capitular y escala para enterrar los Difuntos”; y también ese día Juan Soler de Jayme subió a Finestrat por tejas para la “Casa dela Villa”. A las pocas horas, el carpintero Basilio Giner compuso “la escala” de enterrar a los muertos, mientras que Gines Peres entregaba una puerta encargada por el Ayuntamiento. (Se adquirió, además, una “colayna” o acebolladura, concepto alusivo a la exfoliación de la madera en cintas y que nada nos dice). El trabajo más recurrente sería el del mozo del clavario, que sacaba repetidas cargas de tierra de la balsa de abajo… cuando no estaba ocupado en otros trabajos para aquel Ayuntamiento.

Otro gasto anotado corresponde a los tres manperlanes (tiras de madera para el borde de los escalones) que hizo Jayme Gregorio Saragosa “para la escalera dela Casa Capitular”, y también compuso un poyo de dicha Sala e hizo una puerta “para la privada de dchª. Casa dela Villa”. Otra tarea del mozo del clavario −al que conocemos como muy laborioso− era traer cargas de cenizas [1] para aquella obra de la Sala. Hubo una cuenta de cinco libras, dieciocho sueldos y cuatro dineros al adquirirse “texa ladrillos y taulles (¿taulellets?) en la alfarería de Onofre, materiales para la Sala y también para la casa abadía. Se practicaron otros acarreos de ceniza para las obras del Ayuntamiento, además de traerse atocha o esparto. Para la escalera de los difuntos, la Villa había ordenado comprar “una colayna y una Gambia” (?), y traer más atocha y más ceniza…

Las últimas intervenciones del mozo del clavario se dieron el día 2 de diciembre. Acarreó cargas de cal para la Sala, de la cual, al mismo tiempo, se ordenó “sacar mundicia” o suciedad, posiblemente ocasionada por las obras allí llevadas a cabo. Al término de aquel ejercicio contable, la suma de lo gastado en esas obras y por otros dispendios municipales ascendería a 560 libras, 8 sueldos y 5 dineros, cantidad ciertamente alta para lo habitualmente pobres que estaban las arcas del dinero público…en aquella nuestra Vila.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

[1: Para mantener las propiedades físicas y mecánicas de los morteros.] 

La nieve de “Cosentayna”, pues (1733)

emblemático castillo de cocentainaCrónica nº. 235. La nieve de “Cosentayna”, pues  (1733)

La probabilidad de que Villajoyosa se quedara sin nieve para el verano de 1733, y que ciertos enfermos no dispusieran de ella, empujó a su Cabildo o Ayuntamiento a gestionar con eficacia el suministro de ese producto. Si en otras crónicas hemos citado Guadalest como origen de la nieve para el verano, ese año el Cabildo enviaba a Jayme Aragones a “Cosentayna” para averiguar, como primera aproximación al tema, si había nevado en “Aytana” aquel invierno. En Cocentaina fue Joseph Giner la persona que se comprometía con La Vila para el apetecido suministro. Aquel Giner vendería a nuestra villa unas cuantas cargas a razón de una libra y cuatro sueldos cada una, un precioso suministro que sería un alivio para La Vila.

Respecto al agua para el riego agrícola, aquel mes ya supo el Consistorio del mal estado de la pared del pantano [de Relleu], cosa ya dicha en crónica anterior. Joseph Lorca de Gines se postulaba para el trabajo de cantería y conducción de materiales requeridos, todo por un precio de 350 libras. El Ayuntamiento, así que fue recibida esa propuesta, quiso saber de otras. Y por ello ordenó al pregonero que la hiciera pública con la esperanza de que otros pujaran por menos dinero. Pregonado aquello, se esperó “durante la candela de tranze y remate”, resultando adjudicada la obra a un tal Joseph Miguel, hijo de Ginés (no se dice si era vilero), quien había mejorado la postura comprometiéndose a realizar lo mismo por 300 libras…

En el mes de septiembre, y siguiendo con la cosa del pantano, decía el alcalde en sesión capitular que, “haviendo pasado a esta Villa Jayme Congost, Maestro Albañil, para prinsipiar la obra del Pantano, hizo relación este maestro (o dijo) que no es tiempo proporcionado para execucion y principio de dicha obra por motivo que aquel paraje es mui frio y la obra no se podra enpezar y que era de sentir dicho maestro se prorrogase para el mes de abril del año venidero (…) por ser entonces el tiempo de Conviniencia para dicha obra”. (Nos sorprende la “aparición” de esta persona en el trayecto del tema, aunque quizá sólo se le consultó… sin tener que actuar en las proyectadas obras). El primer edil opinó que “se deve deliberar lo que mas convenga”, forma habitual que seguía al planeamiento en la Sala ante cualquier problema. Lo mejor sería, se decidió, esperar al mes señalado por Congost. Las obras, según leemos en el acta de esa sesión, no se pudieron llevar a cabo durante el verano que terminaba por “no haver havido agua para poder amasar la cal ni aun para bever en el discurso de tres meses”, tal fue la sequía que azotó Villajoyosa. Hasta ese extremo se había llegado… ante la ineficacia de los gobernantes locales y de los de la monárquica superioridad. También a pesar de las rimbombantes rogativas del clero, que únicamente servían, al parecer, para cobrar del Ayuntamiento sus buenas libras… de moneda valenciana.
PANTARRELLEU
En mayo del año siguiente comparecía ante los ediles aquel Joseph Miguel del principio y pedía que le alargara un dinero “para poder concluir las piedras que faltaban para la citada obra… por haverse llevado la avenida del agua (la riada, ¿cuándo?) parte de la cal y manposteria”, seguramente porque las aguas pluviales habrían resultado torrenciales… y quizá obedeciendo a la febril impetración a los santos mediante las sufridas y azarosas rogativas.

CAL

 

 

 

 

El regidor primero del Ayuntamiento, Pedro Soriano, propuso en 1734, que se construyera un horno de cal para esas obras…¡Ya era algo!

 

 

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Y una “sentella” además (1734)

Un rayo globular o centella destruye el techo de una iglesia en el 21 de octubre de 1638.

Crónica nº. 245. Y una “sentella” además  (1734)

A primeros de 1734 el escribano municipal, y en el Libro de Deliberaciones o de sesiones,, tuvo unas actuaciones caligráficas que ahora nos suponen obstáculos casi insalvables. Para incremento de las dificultades, el ejemplar de aquel año está muy deteriorado por el paso del tiempo, 270 años, y debido a la terne actividad de los organismos consumidores de papel… aunque se tratara de papel oficial y sellado: “Sello Qvarto, veinte maravedis, año Mil Setecientos y treinta y qvatro”, como reza la estampilla. Pero, no obstante esos inconvenientes, buscamos temas destacados de aquellos días en Villajoyosa.

De enero a febrero, el Cabildo se planteó un par de temas a resolver, y serían el Alcalde Ordinario, Jayme Aragonés, y los regidores Pedro Soriano y Visente Nogeroles (sic) quienes los afrontarían con el concurso del Síndico Procurador General, que era Visente Galiana. El doctor Isidro Lorca había vuelto por entonces de Valencia con el mensaje o recomendación de que el Ayuntamiento vilero estableciera una nueva Concordia con los acreedores de Villajoyosa en la ciudad del Turia, diciendo “ser preciso que esta Villa otorgue nueva obligasion para la dchª. Concordia, y que Igualmente se havian de obligar algunos Vesinos delos mas acomodados (…) por haverse asi tratado con dchªs. Señorias acreedores de la Ciudad de Valciª. le parece combenite. −escribía Vaello− que Juntament. con algunas Señorias Capitulares (vileras) se obliguen Maximino (sic) Lorca, Simeon Buforn, Ignacio Llored (…), el Dr. Juan Mayor abogado y Joseph Buforn, todos Vezinos de dchª. Villa”. (Un tema final de aquel ayuntamiento o sesión tenía que ver con las malas condiciones que presentaba la “Casa Abadia”, que estaba inhabitable, al decir del cura, desde que recibiera el feroz impacto “de una Sentella”. Derruida como estaba por aquella versión de un rayo, había que reparar los estragos en ella producidos, lo cual se acordó sin circunloquios).

Unos quince días después el regidor decano planteó otro asunto al comunicar al resto del Consistorio que ya había persona “que ofrese y se obliga à condusir la sal a sus expensas desde el Alfolín (o almacén) dela Cidad. de Alicante â esta Villa la q. tiene obligasion [de retirarla de aquel estanco] vendiendola por su quenta sin que tenga obligasion dchª. Villa de pagar Costas algunas en caso de comisionarse dandole quarenta libras, y que el dcho sugeto ofrese observar y guardar los mismos capitulos y condiciones q. tenia Martin Lopes enelaño pasado asaber en cinco dAgosto d Mil Setecientos treinta y dos, vendiendo la Barchilla â dose Sueldos y seis dineros en menudillos mndª. (moneda) antigua (!) sin pagarle ningun aumento”. El vilero que ofrecía era Pedro Juan Tonda. Se le hizo ir a la Sala y, una vez allí, y leídos que le fueron los capítulos establecidos, los aceptó. Quizá lo hiciera sin pestañear…, pensando ya en los beneficios que obtendría de aquel trato..

La relación contractual de La Vila con los acreedores censalistas, o prestamistas de dinero a nuestro municipio, tenía que solucionarse cuanto antes, pues debido a la Pascua de Navidad se había retrasado esa renovación. Isidro Lorca iría a Valencia una vez más, y tenía otra misión, tal vez importante por su presentida impertinencia: la exención de algunos mozos ante el servicio militar basada en la pretensión de ser de familia noble de Villajoyosa, según el asunto de Morales para sus hijos. En Valencia consultaría con la autoridad superior sobre tan obstinado y ruidoso asunto.

NOTA: Una “sentella” o centella sabemos que es una chispa liberada de una tormenta con aparato eléctrico, eso que con tanta rareza de por medio ya casi se anhela en esta comarca y su perversa sequía. Una centella también es una hierba venenosa que suele crecer en ciertas hondonadas o congostos del terreno…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“De nación, francés” (1760)

Bandera  de FranciaCrónica nº. 367. “De nación, francés”  (1760)

El labriego de La Vila Jayme Linares de Juan contrajo una deuda con otro vecino de Villajoyosa el 22 de diciembre del año 1760, deuda que no pudo pagar al llegar el primer plazo estipulado (¡!), que era el día de San Juan de junio y cumpliéndose el segundo en San Miguel de septiembre. En consecuencia, aquel deudor había ingresado en las Reales Cárceles de La Vila (cúmulo de inmundicias y malos olores allí concentrados), cosa que ocurría el día 2 de octubre de 1761. Y ocurrió eso porque a la hora de señalar bienes suyos para ser subastados, declaró que no poseía nada de nada. El ministro judicial, Gregorio Giner, o sea un subalterno del juzgado, lo tomó preso en una calle vilera. A continuación ese ¡ministro! y el escribano del Juzgado, Isidro Lorca, se encaminaron al pago dels “partidors” del riego en la huerta de Villajoyosa, para cerciorarse de si tenía o no tenía Linares algo material con que responder a la ejecución ordenada por el Justicia, a la sazón Vicente Galiana. Allí se toparon con su mujer, Ana María Martínez.

Los objetos que, de oficio, se embargarían, tras mostrar a la mujer el auto judicial, fueron éstos: “un bufete pequeño, tres sillas pequeñas, un telar de texer tela de lienso casero, una arca vacía, y vieja; en cuyos bienes −dice el documento− el mencionado Alguacil hizo latrava (la operación) de execucion de oficio, en vos, y nombre delos demas bienes, queal tiempo del remate [de la subasta], se encontraren ser propios del expresado Linares reo ejecutado, ausente”.

Siguieno las diligencias judiciales, vemos que Ana María compareció ante el Justicia diciendo que “a Pedimento de Antonio Fillol, negociante y vezino desta Villa (a quien se debían 19 libras 6 sueldos y 7 dineros por tratos con su marido) se a mandado travar execucion en una pieza de Tierra huerta en la partida de les Mediases (…) comprensiva [de] un dia de labrar mas ô menos, por cierto credito que supone dcho fillol le esta deviendo cuio pedazo de tierra se halla especialmente obligado ala seguridad de mi Adota (su dote) aportado al Matrimonio que contraxe con dcho mi Marido de ochenta libras de capital, y de quinse libras que me hisso donacion y diò en arras; y como sea que reselo quedar indotada por haver venido el dcho mi Marido en pobresa, y ser los bienes que le quedan a este mui pocos…”, etcétera. Resumiendo, que la mujer buscaba forma de razonar la improcedencia de tener que cargar sobre sus bienes dotales el impago de que se acusaba a su consorte.

Entre tanto, y sin que advirtamos auto de libertad para Jayme Linares, nos encontramos con que lo habían dejado libre y llegado a un acuerdo con el tal Fillol, “de Nación francés” (así se decía de la nacionalidad de alguien), pacto que no prosperó por incumplimiento del demandado. Pero, con fecha de 6 de febrero de 1762, catorce meses después de contraída la deuda, diligencias del escribano judicial dan fe de que se habían ajustado las partes en litigio, sin que palabra alguna explique en qué términos se llevó a cabo eso. Parecía que el “de Nación francés” ya estaba a muy poco de recibir el valor del dinero que se le debía…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Carta del ministro y festejos en su honor (1867)

Crónica nº. 403. Carta del ministro y festejos en su honor (1867)

El día 25 de marzo de 1867 resultó memorable para Villajoyosa. En su Ayuntamiento, y presidida por el alcalde, don José Urrios, hubo sesión extraordinaria con 16 concejales y 56 mayores contribuyentes. Solemnemente, y ante gran expectación, el señor Urrios manifestó que disponía de una copia de la carta que el excelentísimo señor don Manuel García Barzanallana había dirigido a D. Juan Thous, carta que iba a leer a los presentes Rafael Rocafull, secretario de la corporación municipal. El ministro comunicaba a Thous la real orden por la que se aseguraba la construcción del camino (sic) de Alicante a Valencia por la costa, nada menos. Al hacerlo, reconocía que tanto nuestra villa como la provincia siempre habían aportado al acervo común más caudales que los invertidos en ellas, mostrando, además, la enorme satisfacción que sentía por la consecución de tal empresa no sólo por Villajoyosa, sino también por otros pueblos de la costa. Aquellas palabras de regocijo del ministro embargaban de emoción a la concurrencia, haciéndose difícil llegar al final de la carta. El señor secretario anotó en el acta que antes de ello, “una exclamación espontánea resonó en los salones (…) y la numerosa concurrencia que los llenaba prorrumpió en continuas y entusiastas vivas al ministro…”

Cuando la presidencia logró que se restauraran el orden y el silencio para continuar con la sesión, se invocaron algunas facetas por las que Villajoyosa había atravesado con el discurrir de los tiempos. Así surgió el recordatorio de la concesión del pantano en 1653, que había evitado emigraciones, como la época en que La Vila vio reducida su población a 170 vecinos; se recordaron angustias históricas provocadas por los invasores piratas, de los que se defendían sus pobladores tras la muralla y los torreones, y también se dijo de lo emprendedores que siempre fueron sus vecinos, campesinos, marineros, trajineros por España en una época en que se contaba con mil caballerías y 300 buques mercantes. Villajoyosa iba a sentirse abierta a otras localidades, abierta al ámbito mercantil y de relación con el logro de la carretera soñada.

En tan histórica sesión se acordó, naturalmente, demostrar gratitud al ministro. Se encargaría un retrato suyo que presidiera el salón de la casa capitular; se propuso cambiar el nombre de una de las calles por las que cruzaría la carretera y ponerle el nombre del ministro, y que el domingo siguiente, 17 de marzo, hubiera repique de campanas, iluminación de toda la villa y hogueras en los montes y puntos culminantes del litoral y su término todo. Asimismo, se ordenó engalanar los buques de toda la bahía con gallardetes, guirnaldas y banderas y que recorrieran las calles las bandas de música de La Vila, así como la presencia de las dulzainas y tamboriles. Había que levantar cucañas y demostrar el júbilo y la satisfacción “de que se halla animada la población (…) haciéndose multiplicadas salvas de artillería a los toques de oraciones. Y se comisionaría a una persona para que, visitando los pueblos beneficiados por la futura carretera, lograra promover un festejo más amplio en obsequio del señor ministro.

J. Payá Nicolau, Cronista Oic. de La Vila

Un clavario para La Vila (1715)

Crónica nº. 102. Un clavario para La Vila  (1715)

“En la Villa de Villa Joyosa, alos Catorze dias del mes de henero de Mil Settºs. Quinze Años…” se juntaron en la Sala del Ayuntamiento los señores alcaldes y regidores, y decía la primera autoridad “que Antonio Ortuño, Clavario actual de esta Villa, a fenecido (terminado) el año de su Claveria, y se halla la Villa con suma des conveniencia el notener Clavario que cumpla con los gastos que ala Villa todos los dias se le ofresen [hacer], y de sacar Clavario nuevo le parese que à deser des conveniencia dlos Vezns. Por que el Clavario nuevo para podr. à cudir alas obligaciones que le fueren mandadas, es presiso, que cobre delos Vezns (¡naturalmente!). Lo que les señalare dvan pagar por tachas (impuestos) é Imposiciones d Villa”. El alcalde, Francisco Juan Lorca, proseguía diciendo, y con visible pesar suyo seguramente, que supondría para el clavario a nombrar una gran confusión, “y desinquietud con los Vzns. Porque siendo assi que no pueden â cudir [pagar los mpuestos] ala Contribución tan precisa de quarteles mal podrian â cudir al Clavario, por cuyos motivos es de sentir que nose nombre Clavario, sino que dchº. Anhtonio Ortuño Clavario actual prosiga en su Claveria cobrando algunos rosagos (¿rezagos o atrasos?) que le estaran deviendo, de donde podra subvertir [pagar] a los verederos por y sise le ofrecieren algunos Correos…” Esta última consideración contemplaba la posibilidad de una urgencia y que tuviera Villajoyosa que enviar veredero o correo a alguna parte del partido, y sería entonces cuando el clavario requeriría a vecinos con deudas para que cumplieran con ese cometido, denominando a éstos el escribano “Vzns. Imposibilitados”. Nos suponemos que este clavario constituía un menor rigor en las cobranzas, pero que la energía nueva de ser recién nombrado podría atosigar peligrosamente a los sufridos vecinos.

Con este ápice del razonamiento, tan aparentemente insignificante, y sin prever situaciones más angustiosas para la villa, el alcalde seguía diciendo “que se pasará el riguroso tiempo de Inbierno PUIGque es cuando los Vesinos se hallan con mas necesidad, y entrando en el verano, que ya los Vesinos tendran Pan, y podran pagar algun Real, y habra salido la Villa dlas Pagas del preste. (presente) cuartel se podra nombrar Clavario [uno nuevo] para que cobre las rentas dla Villa”. Una vez cobrados aquellos atrasos, obviamente, ese dinero se gastaría “con lo que se le fuere mandado como es costumbre”. También se resolvió que al clavario que seguía, si fuera necesario, “se le satisfaga el tiempo que sirviere ala Villa Sin estar â Salariado”. Así se convino y a continuación certificó el escribano municipal, Bautista Cabot, el acuerdo. En el propio Libro de Deliberaciones añadió éste la diligencia de comunicación al interesado, quien aceptaría lo que el Consistorio acababa de determinar, lo cual, se entiende, le prolongaba su misión municipal…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La tierra y los papeles (1716)

121. La tierra y los papeles  (1716)

No cree el cronista ocupar su tiempo con banalidades o cosas fútiles cuando divulga temas de la historia social de Villajoyosa que extrae de la sombra donde permanecerían innominados o a trasmano, inaccesibles a los ojos del hombre de la calle. Procurando que su proclividad personal no le vuelva excesivamente subjetivo, el cronista elige asuntos que aportan atisbos o aproximaciones a negocios habidos entre vileros hace dos o tres centurias. Unas veces, estos negocios derivan de la necesidad que alguien tiene de pagar una deuda, adquirir más propiedades agrícolas o procurarse una mejora económica cambiando “una casa de habitación”, quizá una botiga, por otra u otras dentro o fuera de las murallas, o unos terrenos cultivables por otros diferentes, quizá “entre alcores y barrancadas”, como diría Azorín. En estas operaciones, escrituradas por quien daba fe del acuerdo y con la presencia de los interesados y testigos, también llegamos a saber cómo se denominaban algunas pocas calles vileras del siglo XVII y posteriores, claro. Lo mismo ocurre con las partidas rurales y determinadas subdivisiones de las mismas, que obedecen a la conveniencia popular de entenderse los pobladores de nuestra villa. Es curioso advertir también los nombres o apelativos topográficos usados para establecer los lindes de algunos terrenos campesinos, como verá el lector cuando se citen los terrenos incluso donde perviven los espartales…
POBLE NOUU
El Juez de Bienes confiscados D. Christoval Morales era citado en el documento que se firmó el 15 de noviembre del año 1716 en ocasión de arrendar a Melchor Miquel “un pedaso de tierra en el pago dels Orts (¿Huertos?), que sera (será) medio dia de arar (…) [terreno que] alinda con tierras de Marco Adrover, con la plaia del mar y con tierras de dicho arendador, el qual arendamiento ase (hace) por tiempo de tres años que empiesa acorrer dia de todos Santos dl corriente año (…) y por quantia de tres libras Moneda corriente…” El arrendador se obligaba a la certeza de dicha operación y a que duraría el tiempo acordado. El arrendatario (quien cultivaba el terreno, teniendo un tiempo su “dominio util” (los frutos o cosechas), aparte de aceptar los plazos del pago, pagaría los intereses en caso de dilación al devolver a su dueño aquella tierra de labor. Tierra que, por cierto, limitaba al Sur con el mar, y que, como l’Hort de Lau (¿de l’Au?) , podría formar parte de la línea de terrenos agrícolas que hasta hace pocos años corrían paralelos a la carretera que va al puerto. No lejos de allí y en el denominado Paseo de San Pedro existían numerosas botigas. La proximidad del mar (estaba cerquita el llamado pago dels Sardinals), las barcas varadas, ancladas o haciendo aguada dinamizaban muchísimo la zona, y no extrañaba lo concurrido de ese sitio playero. Se confirma esa animación por las muchas veces que encontramos en los documentos contractuales el trueque o compraventa de botigues, pequeños almacenes de mercancías o de implementos relacionados con la pesca y la navegación. (No obstante, habrá que decir que los negocios de compraventa de tierras de cultivo, los tratos sobre el agua del riego huertano y otros aspectos de la propiedad y trabajo agrícolas superan en mucho los negocios documentados que vemos entre la gente del mar: los asuntos de tratos en torno a barcas de pesca rara vez asoman entre el cúmulo documental que investigamos, y, si lo hacen, el motivo es la división de la propiedad de una barca pesquera al producirse una herencia o una partición de parte de su propiedad).

Como curiosidad relativa a lo apuntado antes sobre la intervención del Juez Confiscatorio, y entre muchas otras transacciones que motivan otras crónicas, traemos aquí un arrendamiento de tierras de cultivo, o sea “un pedaso de tierra huerta d arriba en el pago d Sn. Anthon llamada la heredad dla Cruz plantada parte d viña, y d almendros (…) con su Casa y Torre”. Se trataba de Torre la Cruz, así llamado el lugar por el padre Belda (aquel amateur empecinado de la Arqueología), emplazamiento, sí, de la villa romana y la portentosa y milenaria Olivera Grossa.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila