100 escopetas contra los moros en 1752

Crónica nº. 335.  100 escopetas contra los moros en 1752 (Repetida)

Tal y como afirmamos en otra crónica, las primeras fiestas de “moros y cristianos” en Villajoyosa se celebraron en 1752, según un documento que hemos leído, y un año antes de lo que se había dicho en cierto texto publicado aunque no nuestro. El documento que prueba dicha celebración es el “libro Cornet” de nuestra villa, libro que, por sus características, se presta a cierto enmascaramiento de los hechos diarios del municipio… hasta que se descubre que alguno de sus asientos contables refiere algún gasto ocasionado por determinado festejo local. En su reflejo de las fiestas a Santa Marta, celebración tan del agrado de los vileros, nos basamos aquí y ahora para recordar una ironía histórica bajo la cual tuvieron que vivir nuestros antepasados: la del acecho simultáneo y real de partidas de moros de Berbería al tiempo que se llevaban a cabo fiestas de “moros y cristianos” en nuestra villa. Esa coincidencia la prueba una carta-orden que el Cabildo vilero recibiría el 14 de marzo de 1750 y que avisaba de la posible irrupción de navíos moros en la costa de Villajoyosa.

Los ediles vileros se reunieron el 8 de abril de ese año para tratar de estudiar la orden recibida. Presidía la corporación municipal el Alcalde Primero Ordinario,Geronimo Zaragoza y estaban presentes Dn. Jayme Aragones, Regidor Preheminente, y los regidores Pedro Soriano y Gines Perez (sic). Parte del contenido del escrito antes aludido lo vemos en la siguiente transcripción: “… para que esta Villa ô su Sindico por ella passe âla Villa de Alcoy, y Ciudad de Orihuela, â recebir, y entregarse de cien escopetas [,] cinquenta que ha de entregar el Sr. Marques de Leon Govdor. de dha Ciudad de Orihuela segun se desprende todo por la sitada Carta ordn. (…) cuyas escopetas han de servir para la defensa de esta Villa (por Villajoyosa), y su costa, y por inpedir qualquiera invacion que intentaren los Moros”. Los gobernantes vileros “dieron todo su Poder cumplido, y en nombre de sus oficios, y demas Particulares individuos de este comun (…) â Dn. Bruno Asensi vznº. de la Villa de Alcoy ausente (en aquella reunión) bien como si estubiere presente ya este Poder acceptante y al referido Simeon Buforn sindico actual de esta dha. Villa (…) para que en sus respectives nombres detales apoderados puedan comparecer y comparescan…” ante los señores que habían de librar o entregar ambos grupos de escopetas, “… y reciban las zitadas escopetas, y hagan la obligacion, ô cautela que se les manda haser sobre el entrego de dhas armas, arriba insinuadas (…) por manera que por falte de Poder no han de dejar cossa alguna por obrar”. Firmaron los ediles aquellos poderes y, ¿cómo no?, comprometieron por fianza los bienes que poseían y futuros que pudieran tener. De todo ello dio fe el notario Isidro Miquel. Nos queda por decir que la carta-orden de que derivó el documento venía firmada por el Excmº. Duque de Caylus, Gobernador y Capitán General de los reinos de Valencia y Murcia en aquellos años. Quizá aquellas cien escopetas no llegaran a ser usadas en repeler acción mora alguna, que era lo deseable siempre. Pero aquel mismo año, como ya hemos dicho, habría refriegas simuladas de “moros y cristianos” en Villajoyosa.-ya lo dijimos en otro escrito- que concurrieran fatalmente lo simulado…y lo real.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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Moros presos en el Censal (1727)

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Crónica nº. 207   Moros presos en el Censal  (1727)

El “Llibre Rebredor” del notario Franses Vaello de 1727 nos da una sorpresa grande por la condición de una “notta” que este hombre insertó inmediatamente después del índice con que dotó a su volumen. Su texto es el que sigue: “En 14 de Abril de 1727: los vehins de la prst. Vila armaren dos barques, y un exabech (¿xabec?) q. era de Yvissa q. estava a la llengua dl aigua y donaren casa a una fragata eô, exabech d Moros argelinos q. vingué (acento, nuestro) inmediato ala punta dl Alcoco y el seguiren hasta ifach, y el prengueren, y portaren a dit pago (lugar) en setze moros de presa, la Vila donà aconte al Sr. Virrey, y Govdor. dl. partit, y sels manà (acento, nuestro) posarlos adits Moros, y christians en Quarentena hasta huit dies, y despues es feu el reconoiximent pr. (per) les metges, y sirugans davant mi lo notari y es reberen actes (se levantaron actas notariales) pasanlos primer pr. el perfum (¿un fumigado preventivo?) y despues visitats pr. dits metges, ysirugans y perfumada la roba es llavaren en la mar, los Moros, y de alli los condujeren ala heretat d Miquel Buforn, Censal (a espaldas del terreno agrícola del convento de los agustinos) y pasat altres dies mes estant d sentinela alguns vehins q. anaren a dita presa foren aixi mateix perfumats dits Moros, y roba, y visitats així mateix es rebé (acento, nuestro) acte: tot lo qual para en poder dl Sr. Gaspar Linares; y la Carta de sa Excelencia para en poder dl libre de Cartes Ordens que te la Vila en la Sala enlo añy 1727”.

Por esta anotación, no vinculada a ninguna escritura notarial, y hallada en página habitualmente en blanco, deducimos que el hecho había que describirlo cuanto antes y sobre el primer soporte de papel que el notario tuviera a mano. Por otro lado, digamos que el propietario del terreno denominado ya entonces El Censal era aquel Miquel Buforn, persona que figura en varios contratos de compraventa de terrenos agrícolas por aquellos años, aunque no tanto como sus vecinos de propiedades, los religiosos del convento de San Agustín, a la sazón a espaldas de aquella heredad de Buforn. (Los terrenos de los agustinos también lindaban con la “partida rural” de Els Parrals por el Norte y quedaban a espaldas del arrabal de San Agustín o calle del Trinquete.

Volviendo a los moros apresados, y mediante una escritura de poderes del propio notario que registró el suceso, vemos cómo el día 22 de abril del mismo año, redactada en la partida del Censal, “huerta de esta Villa de Villajoyosa”, los marineros que apresaron los moros daban poderes a Felix Cabot, “visitador de la Real Renta del tavaco del partido de esta Villa” para que cobrara de las autoridades de Valencia los servicios de captura de los argelinos y de la barca “o laut”. Los maravedises que aspiraban a cobrar serían por el riesgo corrido y por lo apresado, sabiendo que Su Magestad el Rey premiaba estas empresas de “buena guerra”. Poco más tarde pero todavía en abril, y luego en julio de aquel año, algunos de los argelinos fueron vendidos, pasando a ser esclavos o criados en diferentes sitios próximos a Villajoyosa, sin que hayamos encontrado documento alguno donde se confirmara que los marineros de La Vila y los demás del apresamiento recibieran del rey el premio por semejante captura… aunque la gestión para conseguirlo ya se había iniciado y seguramente recibirían la compensación fijada por la Ley…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila.

Reclamación de los soldados (1712)

Crónica nº. 80.  Reclamación de los soldados  (1712)

En el libro “Rebredor” de Bautista Cabot, escribano real de Villajoyosa en 1712, nos encontramos con una concesión de poderes a Geronimo Nogueroles para que, en nombre de varias personas, elevara una reclamación de haberes a la superioridad correspondiente. El documento se inicia así, obviada su entrada por consabida: “… como Nosotros Nicolas Martines, Joseph Molto, Pedro Juan Mestre, soldados dla torre de la Galera del Distrito dela Villa de Villa Joyosa, Dn. Gaspar Tous hijo de Dn. Gaspar Alcayde (su cargo) del Castillo d Cabonegrete (castellaniza el escribano), Andres Selles Artillero, Pedro Vicente Barxa (apodo), Pablo Julian, Joseph Loret, Soldados d dcho. Castillo = Dn. Vicente Tous Alcayde del Castillo d Altea, el licenciado Mn. (mosén) Anthonio Llopis Capellan de dcho. Castillo, Vicente Garsia Artillero, Joseph Barber Ataxador del mismo Castillo, Pedro Juan Belenguer, Pedro Juan Martines de Joseph, Jayme Garsia, Matheo Mestre, Joseph Barber d Jayme, Soldados dl referido Castillo d dcho. Distrito = Pedro Juan Martines de Fcº., Miguel Baro (por Baró), Jayme Pedro, Soldados dla torre dla Gonbarda (¿de la Bombarda?) dl mismo distrito = Juan Ballester, Joseph Ots, Soldados dla Guarda den medio eô, Peñas del albir = Maximo Lorca Alcayde dela torre delas Escaletas, Caetano Morales, Pedro Guerra, Juan Ballester Soldados de dcha. Torre = Dn. Gaspar Tous de Dn. Vicente Alcayde dl Castillo de Benidorme, felipe Morales, Juan Berlanga, Ataxadores de dcho. Castillo, Jayme Such, Juan Ivorra, Anbrosio Lorca, Domingo Vives, por dies dias que guardo en el mes de Setiembre mas cerca pasado como Soldado que hera d dcho. Castillo, que en su lugar entro Juan fluxa, Por lo que le toca de tres meses y Veinte dias que aguardado, Soldados todos del mismo Castillo dl distrito dla Villa de Villa Joyossa, todos Juntos, y cada uno d nosotros d persí y a solas de nuestro buen grado…”, etcétera, daban todo su poder cumplido −éstas eran las palabras en estos casos− a Geronimo Nogueroles, a su vez soldado de la torre del Aguiló, y que tal vez gestionara mejor que otros las reivindicaciones de aquella índole, consistentes en reclamar la paga de esos soldados. Este Nogueroles no estaba presente en el momento de redactar y firmarse aquel documento, cosa nada extraña y posiblemente por hallarse de servicio en alguna de las atalayas relacionadas aquí.

¿Qué tenía que hacer este hombre en representación de los demás? Tenía que ser quien “resiba y cobre dlos Intendentes Administradores dla Generalidad deste Reyno d Valencia ô, dla persona, ô personas à quien tocare pagar ala Gente de Guerra dla costa maritima d este dcho. Reyno la paga que se nos esta deviendo dlos meses de Setiembre, Octubre, Noviembre, y Diziembre, mas cerca pasados del Año Mil Setecientos y onze, segun consta en el libro dlos asientos de dcha. costa (…) y dlo que persibiere, y cobrare nuestro Procurador (Nogueroles) en ntrº. nombre, d cartas (dé cartas) d Pago fin y quito podr (poder), y lastos (pagar uno en nombre de otro), y nosiendo las entregas ante Esscnº. que d fee de éllas las confiesse, y renuncie ala Excepcion dla Non numerata pecunia”.

La frecuencia de estos documentos nos da idea de lo desatendida que estaba la tropa de quienes, y desde las atalayas naturales y torres y baluartes, vigilaban los posibles movimientos del enemigo. Y no solamente de las fuerzas austracistas, porque también se seguían los movimientos de desembarcos berberiscos. (Aunque, en tiempos de guerra como aquélla, pocos serían los piratas que se atrevieran a desembarcar en el litoral). Todos los años los soldados tenían que acudir al notario para dar poderes a alguien que llevara el asunto de los consabidos atrasos en la paga… así que los documentos de este tipo aparecen en los libros de manera cíclica y frecuente.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

A Santa Marta en 1725 con “el Cavallico de Fuego”

Crónica nº. 191. A Santa Marta en 1725 con “el Cavallico de Fuego”

Jayme Urrios, el clavario de 1725, se topó con gastos del año anterior que aún no habían sido pagados, y que, en gran parte, se debían a las fiestas celebradas en honor a Santa Marta. Así empezaba aquella su clavería. Nada más entrar a leer las anotaciones que iría haciendo, y como muestra de la miseria en que se vivía en aquella época, como durante otros siglos, vemos un pago a Geronimo Zaragoza “por lo que bolbio (devolvió) del truexe (trueque o cambio) de un pozalico viexo a uno Nuevo para sacar agua los vesinos d esta Villa d la sisterna dl conbento”. Como se confirma aquí, del agua de esa cisterna se servía el vecindario, sobre todo y seguramente los habitantes de las posibles casas de fuera de la muralla, viviendas que se iban levantando en la Plaza del Olmo, que allí estaba el convento cuyo edificio daba la espalda a lo que en el siglo XX serían los edificios donde estaba situado el “Bar Avenida”…

Preparando ya las fiestas en honor a Santa Marta, se señalan en el libro de cuentas los pagos por ese motivo. En sus páginas vemos la compra de 34 libras de “sera labrada”, que el hijo del calvario se trajo de Alcoy. Al mismo tiempo, Bartholome Orts acarreaba arena y más arena para allanar “la plaza de amunt para correr el toro de Santa Marta”. Trabajaba en ello el ubicuo y consabido mozo del clavario, quien, con su pollino subía arena de la playa para aquella obra. Con motivo de las fiestas también se compraban “dos trenzas para la torre del campanario [destinadas] a componer las disparadas y salidas de los juetes (cohetes), y dmas Fuego para la fiesta”. A efectos de enramar la iglesia, se traía alguna que otra carga de murta, y también cañas para fabricar los cohetes, aunque algunos otros se compraron en Alicante. Hay un asiento por una docena de pollos “para correr y saltar”. Al padre Anthonio Belos, y “por sacar los papales de la comedia que se exejutó (acento, nuestro) en la plaza, se le dieron seis pollos, y otros seis al padre Agustín Fuster por haber hecho la loa, y quatro al Maestro de Gramatica por haver asistido (o ayudado)” no sabemos en calidad de qué… por los crípticos rasgos caligráficos de ese ítem. Aparecía un gasto asimismo en harina y aceite, azúcar y aguardiente para seis panes bendezidos (sic), por hacer los hoyos en la referida plaza y por tablones traidos y “arboles del mar” para el tinglado teatral. (Quizá el término “árbol” se refería al velamen de las embarcaciones… y no a parte de los que crecían, ornamentales, en una zona de la extensión playera, la denominada “Alameda del Rey”). Se gastó en refrescos de nieve para la gente que componía los cohetes, que no se dice si eran de La Vila o forasteros, a lo que se sumaba el pago del alquitrán, de la moltura de cañas, papel y varas.

Otros gastos se debieron a las tres noches en que hubo danzas… a la luz de los hachones hechos con “faixcar” o cuerdas de esparto verde, además del refresco (o cena) ofrecido a los que bailaron. Pedro Juan Mayor cobró lo suyo por dar de comer al toro de la fiesta durante cuatro días en su heredad. (Para la Plaza de Abajo se compró una lámpara en Valencia, que costó doce sueldos, y se pagó una libra a Francisco Faraix “por matar el toro y hazerle pedazos para repartir”, ¿entre el vecindario? El reverendo clero cobró por oficios religiosos habidos, gasto que ascendió a más de treinta libras, ¡cuadruplicando los demás gastos de la fiestas! El vilero llamado Bartholome Vaello llevó en procesión y ¡en brazos! la imagen de Santa Marta, y se le abonarían cuatro sueldos. Durante cuatro jornadas tocó el músico acompañado del tamborilero, y recibieron ocho libras. Hubo “un toro de Fuego”, pues consta que el soguero Joseph Martines percibió su dinero por cuatro libras y media de hilo para los cohetes, y vendió asimismo ocho varas de cordel para el toro ígneo… Un fraile, frayThomas Galiana, agustino del convento vilero, recibiría su pago por fabricar cohetes y preparar artefactos para truenos y para el denominado “Cavallico de Fuego”…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Un arrendamiento en “Alcocons” (1759)

Crónica nº.369.  Un arrendamiento en “Alcocons”   (1759)

En diciembre de 1759 se concertaron varios vileros para redactar una escritura de arrendamiento de tierra de regadío en Villajoyosa. Los reunidos fueronJoseph Buforn, Jayme Buforn de Jayme y los testigos Vizente Llenares (sic) de Vizente, Antonio Zaragoza y Gaspar Vaello, labrador, hortelano y marinero respectivamente. Todos ellos estaban reunidos con el escribano Miguel Llorca “en el huerto del Arrabal de Sn. Agustin” de La Vila, heredad del primero de los citados, quien, al parecer, tenía varias propiedades. Se trataba de arrendar a Jayme Buforn tierra agrícola situada en la partida de Alcocons, dos jornales de tierra plantados de “algarrobos, Igueras, y otros Arboles, con tres oras de Agua Regadoras en sus tandas del riego de dicha partida, Lindante en tierras delos herederos de Barnabe Ots, Casimiro Lloret, Miguel Lloret, Asagador Real (paso para el ganado), sequia y Brasal que baxa de la Mayor y Rio para que de todo ello goze por tiempo de quatro años, que empezaron â correr y contarse dia del Señor San Miguel deste corriente año mil setecientos cincuenta y Nueve, y fenecerán otro tal dia del que vendrâ, mil stecientos sesenta y tres en prezio y Renta cada uno de dichos quatro años de treinta y quatro Libras moneda deste pais”. Eso redactó el notario, relacionándose o exponiéndose luego los plazos y, como siempre en tales documentos, se ponían condiciones que tenían que ver con el buen trato a la finca que se arrendaba: “Primeramente: Que a de regar, Labrar y Cultivar, el [ilegible] pedazo de Tierra, sus arboles, y plantas, â Uso, y Costumbre de buenos Labradores el dicho Jayme Buforn, y estando impedido, otra persona por su cuenta y a sus expensas. Item, ê ultimamnte. Que al expresado pedazo de tierra con sus tres oras deAgua, y sus productos y fruttos, selas arriendo al mismo Buforn, asu riesgo, y ventura de Quema, piedra, Niebla, Elada, Avenida, û otro caso fortuyto del Cielo, y de la tierra experimentado ô no, por que aunque todos, ô algunos de ellos sucedan, no por eso ha de poder pedir, baxa, ni descuento alguno del prezio desde arrendamiento”.
Otra porción del texto avanza la posibilidad de que el dueño de la tierra tuviera que retirársela por alguna razón y por tiempo impreciso. De ahí que éste manifestara lo que sigue: “y me obligo, a que durante ese tiempo, le serà cierto y seguro el mismo pedazo de tierra, Agua, y frutos, pena de darle otra finja (finca) igual, en tan buena parte y lugar por el dicho tiempo y prezio donde cumpla enteramente su arrendamiento, amas de pagarle todas las Costas, y daños que por dicha incertidumbre sele ocasionare”.

Sin exagerar demasiado, podría resultar sobrecogedor el rosario de impertinencias climatológicas que, previsiblemente, cayera sobre aquella tierra de labor… Pero lo que se produjo nada tenía que ver con los fenómenos del tiempo (que, por cierto, no incluían la sequía y sí desbordamientos de las aguas tormentosas). Y fue que Jayme Buforn ¡no pagó el plazo que le tocaba pagar! No se consiguió extrajudicialmente que lo hiciera y, en consecuencia, se entabló pleito. Buforn recurrió al carpintero Miguel Soler para que le representara en los autos ante el Justicia, que era Jayme Llored, alcalde de Villajoyosa… cuando ya era marzo de 1762. Como quiera que no se conseguía lo adeudado, se dictó embargo de bienes de aquel Buforn. La llevaría a cabo el Alguacil Mayor de La Vila, Pedro Nogueroles, personándose en la casa de morada del embargado “en la que fue encontrada su consorte y preguntada por dicho su marido, dixo que se hallava fuera”. Procedióse a embargar, pues, “un empostado de cama con colchón telas azules, dos savanas, un bufete, dos sillas, una arca vacía…”, advirtiéndose en el acto que se extendería a otros bienes en caso de hallarlos. Todo ello se subastaría previos los pregones de Gregorio Giner y Juan Peris, ministros del Juzgado como del Ayuntamiento, etcétera. El 8 de julio de aquel mismo año se cerraba el pleito y suponemos, si no es mucho suponer, que el acreedor cobraba lo demandado.

NOTA: El término “alcocons” viene a significar que en aquella zona de Villajoyosa había, y perduran, las cavidades que el arrastre de las aguas del río van produciendo en la roca de su leccho, cavidades unas más grandes que las otras…y donde no es raro encontrar agua almacenada…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

¿Fiestas a Santa Marta en 1720?

Crónica núm. 163.  ¿Fiestas a Santa Marta en 1720?   (1720) 

Iniciado el mes de julio de 1720, el Ayuntamiento de Villajoyosa trató un único asunto: las fiestas a Santa Marta… Lo hizo a pesar de los duros trances por los que atravesaban aquellos nuestros antepasados en tan delicada época. No obstante esas adversidades, el primer regidor, Semion Buforn, manifestó “que todos los vecinos dla Villa, estan con vivos deseos el que se le haga una fiesta proporcionada ala Patrona (…), en atencion a lo mucho que han sesado las epidemias que padesian todos los Veznos. y porque alargan el discurso diciendo que des de que no se le haze fiesta ala Señora Patrona (…) padese la Villa muchos trabaxos (reveses) y que á unque es verdad que el no haverse hecho esta fiesta conforme Sea estilado, lo han causado, y causan los exsesivos gastos que la Villa tiene d. contribuciones, aloxamtºs. (atención a tropas militares, etc.) y otros muchos en el Real Servicio (a lo que mandara el rey). Seguía el edil exponiendo el sentir popular, y manifestaba “que la Villa, con cinquenta libras mas ó menos no á de ser su ruina, y gastandose estas con festexar la Patrona, podra ser que por su Intersesion gane la Villa mucho mas”, y también que los vecinos se quejaban de que, con demasiada frecuencia, había restricciones para el culto divino. Con todo esto por delante, alcalde y regidores tenían que decidirse… cuando faltaban unos veinte días para tan querida celebración. En consecuencia, acordaron que habría festejos, pues, al decir de los vecinos, supuesto que tenían que pagar por otras cosas, ¿por qué no emplear unas cuantas libras en esa celebración… que, además, era cosa muy parecida a una inversión, puesto que, según aquella mentalidad, aplacaba la ira del Cielo?

¿Y qué programa iba a desarrollarse? En la Sala se habló de captar buenos predicadores para el octavario, “que es lo prinsipal”, decían; y, naturalmente, el músico, como se acostumbraba, “con alguna disparicion (de disparar) d. algunos generos de coetes, hasiendole sus salvas con diferentes tiros, y para que la gente se alegre, se busque un toro para correrle por la Villa, y matarle, y assi mismo se practique con los estudiantes [¿cuántos habría en el vecindario y qué estudios seguirían?] para que dispongan algunas comedias (obritas de teatro, seguramente) (…), sirviendo todo en onra y gloria dla Santa, que tal vez por los gastos que se ofreseran no hallegaran á cinquenta libras, y tal vez por intersesion de tan buena Patrona se libre la Villa dalgunos aogos”… Se haría lo adecuado para adquirir pólvora y se buscarían personas para hacer los cohetes, aparte de comprar un toro “a donde se sacare con mas conbeniencia”[por su precio], que era como decir más barato. Sin embargo de aquel ilusionante empeño, malas fiestas iban a tener los ediles, porque una semana después de aquella sesión capitular, llegaban dos apremios de la superioridad para el cobro de impuestos. Uno de ellos provenía de don Francisco Gomes, de Alicante, y otro del superintendente, desde Valencia. Por el primero, de no reunir el dinero en seis días, se procedería “contra los Alcaldes y Regidores, por pricion, embargo y venta d. bienes (propiedad de los ediles) hasta su entera satisfacion”, además del pago de cada día a la persona que fuere a la cobranza, de dies Reales moneda de este Reyno, y a seis soldados que le asistan un Real todos los dias a cada uno”. También estaba en Villajoyosa, y con las fiestas patronales a la vista, el comisario don Antonio Ramos con misión de cobrar impuestos de fortificaciones y reparo de cuarteles… ¿Y qué se hizo? Se viajó a Alicante y a Valencia, respectivamente, para pedir una espera o demora en el cobro, dada la crónica y repetida imposibilidad de La Vila de satisfacer aquellos débitos. El 17 de julio entraban en la villa un sargento y seis soldados para detener y poner en manos del corregidor de Alicante al alcalde Gerónimo Nogueroles y al regidor Pedro Juan Mayor…por no haber reunido el municipio lo que debía en impuestos. Estarían en prisión hasta que nuestra villa reuniera todo o parte del dinero del impuesto. Una semana después, los restantes ediles de Villajoyosa se planteaban si procedía festejar a Santa Marta o no, pero optaron por hacerlo por creer que ello podía suponer una intercesión de la patrona en aquellos problemas fiscales…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

 

En las cárceles de Alcoy (1714)

Crónica nº. 97. En las cárceles de Alcoy (1714)

En el otoño de 1714, dos labradores vileros estaban ante el notario Bautista Cabot para que redactara un documento por el que salían fiadores de la persona de Marco Anthonio Lorca, que estaba preso en las cárceles de Alcoy. ¿Qué habría hecho ese hombre para estar en prisión? Los dos campesinos explicaban “que por quanto Marco Anthonio Lorca (…) por siertas cantidades (…) esta dviendo al Real Patrimonio d Su Magd. (Dios le guarde) sido executado (intervenido) y por defecto d fiador d Saneamiento preso que actualmente lo esta en las Carseles dla Villa d Alcoy d Ordn del Sr. Dn. Juan Merita Cal dVila (Capdevila o Capdevilla) Governador y Justicia Mayor dla dcha. Villa d Alcoy, y Su Jurisdiccion, y haviendo merecido dcho. Marco Anthonio Lorca el buen selo (celo o rigor) d dcho. Sr. Dn. Juan Merita, el poder tener por carsel la dcha. Villa (…) y sus Arrabales con la obligacion d dar fiadores legos llanos y abonados (es decir, seguros y responsables) por el Alcalde de esta Villa (¿por Villajoyosa o por Alcoy?) en mil libras (…) prometiendo no salir dla dcha. Villa de Alcoy y Arrabales, y que assi mismo estara a todo Ordn dcho. Sr. Dn. Juan Merita, o, d otro Jues que competente le sea siempre que pedido fuere y a donde le fuere mandado presentarse, y en contravencion alo referido y en falta d su persona paguen (los fiadores) las dchas. fianzas la referida cantidad d mil libras (…) y queriendo poner en execucion lo propusto por benificiar al dcho. Marco Anthonio Lorca en librarle dla carsel donde al presente se halla…”, etc. Librarle de la cárcel implicaba otros grados de compromiso para los fiadores, pues la circunstancia así lo determinaba. De ahí que se lea más abajo: “Por tanto y como prinsipales (se invoca la condición del fiador) haziendo como hazen d Causa y negosio ageno el suyo propio, ambos á dos Juntos (de consuno) d man comun, y cada uno d porsí y por el todo Juan Lorca de Simón InSolidum (…) otorgan, prometen y se obligan al dcho. Sr. Dn. Juan Merita Cap dVila, y en su lugar a quales quiera otros Justicias que competentes lo sean à que el dcho. Marco Anthonio Lorca tendra por Carsel la dcha. Villa d Alcoy y Sus arrabales y que no saldra d àquella sin ordn d dcho. Sr. (…) y se presentara á dond dcho. Señor le fuere mandado…” Al respecto, el alcalde vilero hacía constar en la escribanía de Cabot que los fiadores podían responder bien y cumplidamente porque disponían de patrimonio suficiente para tal menester. Por si acaso, el primer edil, que era, llegó aún más lejos pues también comprometía en aquello sus bienes… y por si fiadores no pudieran cumplir. El documento lo firmaron por testigos Félix Cabot, Pedro Soto y Luis Ivañes, de Villajoyosa. Los fiadores no lo hicieron por decir no saber escribir…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Azudes, acequias y balsas (1740)

IMAGE242Crónica nº. 289. Azudes, acequias y balsas  (1740)

Para los básicos riegos de la primavera de 1740 había que limpiar los azudes, balsas y acequias de modo que el agua corriera sin trabas y sin pérdidas de caudal por la red de Arriba, de Abajo y por la destinada a los Huertos de La Vila. (Los “Huertos” podríamos decir que eran las tierras a espaldas del convento de San Agustín, las que quedaban a la parte de Levante de la Plaza del Olmo, del río y particularmente las tan feraces del Censal…Esos “huertos”, como el de Centella y otros, que bajaban hacia el mar, con el tiempo supondrían una agricultura digamos ornamental con variedad de plantas de flores aromáticas y selectas).

Al mismo tiempo que se formulaba aquel propósito, fluía la queja de los cargos concejiles con su alcalde, Maximiano Llorca, a la cabeza. Se lamentaban de no disponer de fondos para la urgente labor de la limpieza y puesta a punto de toda la red hidráulica. ¿Y qué se podría hacer? Lo que parecía más eficaz en aquel caso era convocar al vecindario para sacar a subasta el arrendamiento de semejantes trabajos. El regidor decano, que era entonces el doctor Juan Mayor, defendía aquel procedimiento al estimarlo más conveniente para el Común, más que la solución de pagar jornales. Muy poco después acordaron “se lleve al pregon desde Luego dicha hasienda (o tarea) a rematar [la subasta o puja] a las tres horas de la tarde deste dia (de aquella misma jornada) (…) y para ello se le notifique á Joseph Fita, pregonero”. Éste haría público el acuerdo consistorial “en altas é intelegibles Vozes por termino de una
hora”, callejeando con su vozarrón en ejercicio para que en La Vila todo el mundo interesado quedara enterado de la subasta a celebrar aquel mismo día.
Los capítulos o puntos que el Cabildo imponía fueron sugerencia de Isidro Miquel, Jaime Aragonés y el síndico Ignacio Paulino Miquel. Se reducían a ocho y bajo el epígrafe de “Capitulos para el arrendamiento de conducir las aguas del riego de la Huerta de esta Villa, componer los Azudes, limpiar las asequias y Balsas”. Por el primero se obligaba al arrendador (se quería decir arrendatario) a que tuviera “los asudes de riego de arriba y bajo bien compuestos, y que el agua se encamine a las asequias sin que por ellas se pierda”. Había que reconstruirlos si, por avenidas del agua, hubieran resultado malparados. La cláusula segunda estipulaba que las acequias se mantuvieran limpias de hierbas y de objetos extraños, limpiándolas dos veces cada año… Esa limpieza abarcaría desde el azud llamado de Arriba hasta el molino de l’Alcocó, y desde “la Azud de abajo hasta la foradada, en un dia cada una, avisando a los regantes que huviere en ellas para que las limpien en dchº.dia, dandole facultad [al arrendatario] para que lo pueda hazer si no lo hizieren ellos, en el mismo dia á costa dellos tales”. Siempre que se le ordenase desde el Cabildo, limpiaría las balsas una vez al año, según el punto número cinco. El siguiente versaba sobre la inspección o “visura” de lo hecho por parte de un regidor acompañado de una persona experta… sin la presencia del arrendatario para ver cómo de limpio y capaz estaba todo a esa hora… (Si el juicio que emitía aquella inspección era adverso, en tres días y sin otro aviso, tenía que ponerse remedio a la cosa. Y si no se hacía, el arrendatario pagaría diez libras “aplicables a la administración de las aguas”).
Eran las obligaciones de quien ganara en la subasta. En relación al pago de los trabajos, el arrendatario recibiría cuarenta libras mediante tres tercias: la primera, el uno de mayo y la tercera sería el día 31 de diciembre de aquel año. En virtud de la octava condición, el arrendatario aportaría una fianza a más de pagar derechos de correduría. Así lo aceptó Joseph Llorca de Ginés… porque nadie se atrevió a implicarse con tales exigencias del Ayuntamiento

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

¿Afrentas al rey en 1691?

Crónica nº. 18. ¿Afrentas al rey en 1691?

Por una orden del Excelentísimo señor marqués de Castel Rodrigo, Virrey del Reino de Valencia, el Justicia de Villajoyosa (o alcalde) Antoni Llorca quedaba preso en Alicante y sin saberse en nuestra villa por qué razón. Por ello, el ciudadano vilero Agustí Major, Jurado Segundo, había dado orden de convocar y reunir al Consejo municipal. Y se hizo mediante el sonido de la campana, que para esos menesteres y otros era usada. La reunión tendría lugar el viernes, 10 de febrero de aquel año de 1691, para arbitrar medidas adecuadas y solucionar la prisión de Llorca, notario a la sazón en Villajoyosa y precisamente por acto de protesta en contra de la convocatoria emitido y firmado por el vilero Fernando Major, que en 1703 ya sería capitán, como dicen de él otros protocolos. Decía Mayor a su merced Agustí Major que no tenía por qué haber convocado al Consell, cosa que se había hecho apoyado por Valoriano Lloret (sic) “tambe ciutada altre de dits Jurats y per Pere Joan Llorca etiam Ciutada Regente y Justicia de dita Vila y que haven los Interrogat −el tal Fernando− que Pera quin effecte lo cridaven VM. Y los sobre dits li repongueren que Pera que donas orden −pues que era la máxima autoridad local− que es tocara a consell general Pera el dia de demà divendres (…) ans migdia Per Rahó (acento, nuestro) e Volien Veure els privilegis que tenia la dita Vila, y que havent ell comparent (el compareciente) replicat a Vm. Yel demes que se ha dit…” Item más: lo volvieron a reunir, a pesar del criterio en contra del que les replicaba. (El mismo día era presentado otro escrito de protesta que firmaba Assensi Yvañes exponiendo los mismos argumentos, es decir, que aquello “era materia tocant al dit Señor Virrey y a dit Justicia, a que este devia obeir sens fer ajuntar dit consell. Perque ademes que ell comparent no ho devia obeir sens fer ajuntar dit consell (…) per ser este contra els ordens Reals, podria resultar del dit consell algun deservici dela Magestat aque en manera alguna devia donar lloch”.
También se aducía que lo ocurrido era asunto entre el Virrey y el Justicia de La Vila, que éste sabría por qué le habían puesto preso, y que todo aquel apresuramiento podía producir o significar una afrenta al rey y su persona y bienes. Una temeridad, ciertamente. Aquellas amonestaciones terminarían reflejadas en carta y a instancias de los denunciantes del despropósito. Y a todo ello respondía el amonestado, calificando de frívola la protesta de aquellos jurados, porque “comngregar y ajustar Consell no es pera els fins y efectes que es diu per Vm. en dita protesta y extrajudicial intima, ni pera deservir a Sa Magestad que deu gde (guarde) sino pera Son real servey, conservacio y consuelo dels vehins y habitadors de la present Vila la qual esta devent als hereus de Joseph Puig 1.600 lliures, y a Sa Magestat que deu guarde 200 lliures per dret de Maridatge (o matrimonio) y per…”, etc. Y se daba una enumeración de deudas contraídas por Villajoyosa que, de no pagarse, traerían a la villa toda suerte de males, aparte de que, según el replicante, se tenía orden gubernamental de “rehedificar les muralles, fer una Plasa ferma y fer tres carros ab tres canons de artilleria, y trobanse tan exausta y necesitada la present Villa −seguía el argumento− pera haver de cumplir ab lo desusdit, pues cada acrehedor per sa part comina fer gastos y executar, lo que es gran dañ, perjudici y descredit dela present vila y lo vehins”. En resumen, que los convocantes del Consell no se arredraron, dando la razón de que la convocatoria ¿ocultaba? fines diferentes en beneficio de los vileros y no por solventar la prisión del Justicia Antoni Llorca en Alicante…

NOTA: Con mucha probabilidad, el lector puede quedarse “colgado” ante decisiones como la que aquí se atribuyen al ayuntamiento vilero…porque no nos queda claro por qué unos ediles querían convocar el Consejo Local y otros no. que estimaban que la prisión del alcalde vilero Antonio Llorca sufría por aquellas fechas. El apellidado Mayor estimaba, nos parece, que el asunto del encarcelamiento del alcalde vilero en Alicante no requería convocar la Junta Municipal vilera, que había otro organismo establecido, y superior en la Administración, para asuntos como aquél.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila