De almadrabas vileras y plagas en 1901

Crónica nº. 457.   De almadrabas vileras y plagas en 1901

El otro tema, sumamente preocupante, era una enfermedad que atacaba a la vid y especialmente a la emparrada, cuyo fruto se destinaba al consumo en fresco. Había, pues, que tomar muestras de aquella uva y enviarlas a un laboratorio para su análisis. De los almendros, asimismo, se tendrían que estudiar ramas y raíces, ya que se estaba perdiendo arbolado, una de las riquezas más importantes de nuestro municipio en aquellas épocas. De esta situación del campo se dedujo que, para fomentar los intereses agrícolas, habría que crear la formación de un campo en la huerta de Arriba y otro en la de Abajo, arrendados y de unas treinta áreas, para experimentar el cultivo del arbolado, las hortalizas y los cereales adecuados al país, “invitándose a la clase agrícola para que se asocie á facilitar la ejecución del proyecto, formando una junta compuesta por el alcalde, dos concejales y dos propietarios de la Huerta de Arriba y dos de la de Abajo, elegidos estos cuatro por la mayoría de los propietarios”. El Ayuntamiento destinaría 50 pesetas para los gastos que se produjeran.

A 5 de enero de 1902 se daba cuenta al Cabildo de haberse arrendado un campo de tierra agrícola en cada una de las huertas, propiedad el primero de José Esquerdo Mayor, y de Santiago Lloret Llinares el otro. Uno radicaba en la Creueta y el otro en el Partidor, cada cual con la extensión de 18 áreas. Ambos tenían adjudicadas una hora de riego, y su arriendo costó ciento veinte pesetas “sin que el Ayuntamiento pueda en ningún caso pedir rebaja del precio establecido”.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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LA ANGUSTIA DEL PARO (1914)

LA ANGUSTIA DEL PARO  (1914)

Después de las guerras balcánicas (1912-1913) y del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria por un estudiante de Bosnia el 28 de junio de 1914, Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia. El nudo de las alianzas con uno u otro bandos dio lugar a la Primera Guerra Mundial (1914-1918)…y Villajoyosa también sufrió algunas de sus consecuencias más inmediatas. El 17 de agosto de 1914 el Consistorio vilero se reunió en sesión extraordinaria y urgente con mayoría absoluta de ediles. El alcalde explicó que “á consecuencia del conflicto europeo habían regresado á sus lugares [de origen] multitud de familias obreras que se hallaban trabajando en Argelia y Francia”, resultando que, en virtud de la pertinaz sequía que azota á esta comarca, la clase labradora no puede emprender trabajos agrícolas de clase alguna, y careciendo este municipio de medios para poder emprender obras, es evidente que se avecina un serio conflicto porque en breve la miseria y el hambre se ha de enseñorear de las clases obreras, reduciéndolas á la más espantosa indigencia”. La alcaldía, no cabe duda, pedía al Ayuntamiento la consideración de la infausta situación “para que concienzudamente se estudie porque urge con perentoriedad la solución demandada”. Y era que, simultáneamente, una multitud de obreros se hallaba en aquellos instantes a las propias puertas del Ayuntamiento en imponente manifestación y solicitando “pan y trabajo”…

Ante el vivo y tumultuoso apremio con que se exponían aquellas adversidades sociales, el Ayuntamiento tomó la determinación de ponerlas en conocimiento del Sr. Ministro de Fomento y del Gobernador Civil de la provincia, “pidiendo a aquél que cuanto antes se abran los trabajos de la carretera de la masía de Seguró á Sella, y la de Relleu”, así como las obras del puerto de l`Alcocó, las del recrecimiento del pantano [de Relleu] y los trabajos de conducción de las aguas que se estaban alumbrando…y al gobernador el apoyo de tal petición ante Su Majestad. Todas aquellas peticiones del acuerdo serían
transmitidas a sus destinos telegráficamente. No podía ni debía ser de otra manera, visto el tumulto de la clase obrera ante el Ayuntamiento de Villajoyosa.

Las actas municipales nada reflejan de aquella situación a lo largo del año 1914, pero en enero del año siguiente el alcalde-presidente informaba a sus ediles que don Juan Gavarda Laborde, ingeniero de minas, había hecho entrega del pozo construido en la sierra de Orcheta con fondos del Estado para alumbrar aguas con destino a Villajoyosa. Ante tan buena noticia, no era posible destinar cantidad alguna para el sostenimiento del motor mecánico y los demás gastos que originaría la elevación de las aguas, acordándose requerir de Fomento una ayuda o nueva subvención “con objeto de que dichas aguas puedan ser sacadas de pie”. Suponemos que en los meses transcurridos se habría llevado a cabo el acueducto, aunque no sólo, para dar trabajo a las famélicas familias de vileros sin trabajo campesino…
SINPUERTO
Respecto al puerto previsto construir en la punta de l’Alcocó, digamos que fue en noviembre del año anterior cuando el Ayuntamiento recibió un telegrama del Excelentísimo señor Director de los Registros y Notariado, don José Jorro Miranda, que textualmente decía: “Le saluda y participa firmado expediente autorizando Jefatura de Obras Públicas de Alicante redacción proyecto puerto refugio Villajoyosa”. Y la corporación, alborozada, decidió enviar una salutación a la Mayordomía Mayor de Palacio para que, llegando a manos de S. M. el Rey, pudiera apreciar la gratitud del pueblo de Villajoyosa, especialmente el de la clase marinera…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

SOLICITUD DESESTIMADA (1911)

SOLICITUD DESESTIMADA (1911)

(Esta crónica NO estaba incluida en la serie que vengo publicando)

Al acometer estas líneas sobre un suceso meteorológico acaecido en el vecino pueblo de Finestrat en el año 1911, parece inevitable aludir al nublo o “capell” con que a veces se toca el Puig Campana anunciando lluvia que puede resultar abundante y hasta violenta. (Creemos que Villajoyosa dispondría de un régimen pluviométrico más bondadoso para la agricultura si contara con una proximidad orográfica (léase montuosa) favorecedora de la lluvia, circunstancia que, además de en Finestrat, se da en Calpe y Altea, por no ir más lejos…Con ello el tiempo tormentoso de Levante se acumularía en los altos y escarpados roquedales y daría más lluvia de la que viene dando desde hace siglos…).

La noche del 12 al 13 de mayo de 1911 descargó una tormenta (¿) sobre Finestrat que causó, al decir de sus representantes políticos, graves perjuicios a su territorio y cosechas agrícolas, y fue por ello que se pidió al Gobierno Civil de nuestra provincia que se le perdonara la contribución territorial al municipio . Los terratenientes se dolían de cuantiosos perjuicios causados por la lluvia y las consiguientes inundaciones que produjo la tormenta.
Si la solicitud referida se formuló al gobierno provincial ese mismo mes de la supuesta tormenta, en mayo del año siguiente el Ayuntamiento de Villajoyosa daba cuenta de un oficio recibido del señor gobernador al respecto. Los pueblos de Villajoyosa, Orcheta y Benidorm tendrían que emitir un juicio sobre la “exactitud é importancia de la calamidad (…) como más próximos al municipio perjudicado, con la advertencia de que el perdón que haya de concederse al pueblo solicitante será a más repartir entre los demás de la provincia”.. (Desde luego, aquella presión no iba a caer en saco roto).

El acta municipal que en Villajoyosa se redactó sobre aquel asunto tuvieron que dilucidarla tres ediles asistentes a la sesión del 7 de mayo de 1912, que fueronIgnacio Zaragoza Zaragoza, alcalde, y los concejales José Sala Orts y Vicente Sellés Llorca. El escrito refleja un juicio poco acorde con lo pretendido por los señores de Finestrat, incluidos los componentes de su informe pericial. La tormenta, según la constatación del Cabildo, no había resultado perjudicial para Finestrat más que en las barrancadas, donde la turbulencia natural de las aguas arrambló con las cosechas, “pero en la mayor parte del término municipal. escribíó el secretario del Ayuntamiento de Villajoyosa, fueron mayores los beneficios que los perjuicios, pues aquellos campos, en su mayoría plantados de viñedos y arbolado (…), agotados por la pertinaz sequía que nos afecta, resultaron regados copiosamente, mejorando notablemente” (…)

Aducía nuestro Ayuntamiento, por otra parte, que terrenos próximos al linde vilero con Finestrat habían recibido aquella lluvia –“agua de mayo”, sin duda- con mucha satisfacción de sus propietarios, añadiendo que el aspecto de la tierra llovida había mejorado notablemente en aquel municipio con respecto a terrenos a un tiro de piedra, loas que no habían recibido lluvia, estando los primeros pletóricos de vegetación. Y, como argumento final de nuestro Ayuntamiento, se consideraba que, de perdonar la contribución a Finestrat, los vecinos territoriales verían un agravio comparativo. “Se daría el caso de que los pueblos hoy más castigados por la pertinaz sequía, los más necesitados, los más pobres, los que se merecen en razón y justicia la condona (o perdón de la contribución), los que hoy acuden a los poderes públicos implorando auxilio y que se les exima de la contribución, serían los que habían de satisfacer la correspondiente al que se encuentra en mejores condiciones”. En vista de esta reflexión, acordó el Consistorio de Villajoyosa que “que no debe acceder á la solicitud del pueblo de Finestrat por condona de contribución por no considerar justificada su petición”. Muy drástico aquel dictamen…, aunque apoyado en datos relevantes. (Quizá así se comprenda –es un aventurado decir- con cuánto “entusiasmo” se apedreaban los vecinos de municipios aledaños en gran parte de este país…siempre que “había” ocasión…y recíprocamente…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Calles de Abajo y Mayor (1910)

Crónica nº. 472.  Calles de Abajo y Mayor  (1910)

HOSPITALC.MAYOR

Crónica nº. 472.  Calles de Abajo y Mayor  (1910)

En marzo de 1910, y presidida la sesión del Ayuntamiento por el teniente segundo de alcalde, don Juan Btª. Lloret Llinares, se leyó una instancia relativa a la calle de Abajo, la que hoy llamamos de Fray Posidonio Mayor. Estaban presentes los ediles Miguel Guardiola Martí, José Sala Orts y Vicente Sellés Lorca. Propietarios de casas en esa calle exponían al Cabildo que, con el fin de que éstas se pudieran comunicar con la Plaza de la Constitución en el punto de acceso al puente sobre el río, habían recibido de doña Ángeles Mayor Pérez la promesa de cederles a título de venta las casas nº. 4 de la bajada al río y la nº. 10 de la calle de Abajo, propiedad de esta mujer, obviamente. La cantidad que se les pedía era de mil quinientas pesetas. Consideradas estas dos viviendas suficientes para alcanzar la ventajosísima salida de la calle a la plaza citada, ofrecían al Ayuntamiento el pago de aquel importe… a cambio de que se derruyeran y se practicara semejante salida, un claro beneficio para toda Villajoyosa. Los ediles acordaron unánimemente declarar de utilidad pública la intervención solicitaba, que dejaría los solares resultantes como vía de uso general. El Ayuntamiento recibiría la cantidad antes referida, otorgaría escritura de compraventa e iniciaría las obras sugeridas. Antes de cerrar el acta municipal en este punto, se acordó reconocer el generoso gesto de los ciudadanos que dieron esa solución. (Adquiridas ambas viviendas y derribadas, el pago de la operación de demolerlas se sufragaría con el dinero que se recaudara en pública subasta de los materiales del derribo, tan solicitados en aquellos años de estrecheces).
Relativa a esta actuación hay que señalar la decisión municipal de limpiar los solares comprendidos entre la calle de Abajo y Mayor. Por ciento cincuenta pesetas, se sacaría a subasta la limpieza de los solares, que resultó rematada por esta cantidad a favor de doña Ignacia Martínez Lanuza. Se subastó otro solar que requería un aseo urgente, que quedó adjudicado al único postor que se presentó, don José Martí Vaello. (Destacamos que este vilero se proponía ceder dicho solar al Ayuntamiento, pues opinaba que en ese lugar urbano hacía falta una plaza o plazoleta que lo embelleciera. Ese pequeño solar terminaría dedicado en los años ochenta al médico vilero don Miguel Ruiz Galiana, y constituyendo en la actualidad un sitio de ornato, higienizado y acogedor con una fuente central).

José Payà Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La biblioteca pública municipal de 1958

Crónica nº. 519.  La biblioteca pública municipal de 1958

El día 15 de septiembre de 1958 se reunieron en Villajoyosa unas personas dispuestas a crear una biblioteca pública municipal. Las había convocado el alcalde, don Jorge Ruiz Cabanés, y de aquella reunión saldría, al menos, el acta de constitución del Patronato que regiría el organismo cultural propuesto. Reseñados al margen del documento municipal, el presidente sería Luis Soler Soler y los vocales los siguientes señores: José Mayor Llinares, Joaquín Vidal Márquez, José Llorens Llorens ,Jerónimo Lloret Galiana[, Juan García Farach, Vicente Antón Jiménez, Cristóbal Zaragoza Sellés y Vicente Pascual Llinares. Para encargarse de la biblioteca a crear se designó a Joaquín Lloret Sanchis. La constitución de aquel Patronato la motivó la orden recibida en la Alcaldía, una orden fechada en el 27 de noviembre anterior y procedente del Centro Provincial de Coordinación de Bibliotecas de Alicante, que instaba a crear una biblioteca en La Vila, un organismo que, en 1973, “respiró” tranquilo cuando, tras negarme varias veces, y razonando debidamente mi miedo, acepté el encargo de disponer y dirigir nuestra actual biblioteca…

(En 1958 sólo había una colección pública de libros en nuestra ciudad y ésta era patrimonio de la Asociación Deportiva de Pescadores con Caña, sita en la Plaza de la Nueva España, colección dispuesta para quien era o se hiciera socio de dicha entidad. 3EN1

De esa colección, casi testimonial, algunos socios de la referida entidad leíamos preferentemente novelas de Lajos Zilahy, Somerset Maugham, William Faulkner y demás autores extranjeros a nuestro alcance, pero esa dedicación no evitaba que, de cuando en cuando, y trasnochando por las calles principales de Villajoyosa o a lo largo del paseo marítimo, no volviéramos a decirnos que lo que hacía falta en nuestra ciudad era… una biblioteca, una Biblioteca Municipal. Pasaba el tiempo y siguió pasando sin que llegásemos a enterarnos del proyecto que el señor Ruiz Cabanés había planteado a un grupo de vileros, proyecto que quedó en nada.

Tendría que llegar el 6 de noviembre del año 1973 para que abriera las puertas la Biblioteca Pública Municipal de Villajoyosa… y quien escribe entrara en sus dependencias para organizarla y abrirla al público muy pocos meses después, tras la clasificación y catalogación de los 4.020 libros que envió el Ministerio de Cultura. (Paco Payá tuvo un papel determinante en la catalogación, por el sistema C.D.U.(Catalogación Decimal Universal), y gratuitamente, de aquellas obras de diferente y variada materia y según un par de folios de explicación que llegaron con las obras. Ya en 1999 esa biblioteca contaba con 40.000 libros y cerca de ochomil carnés de socios lectores, aparte de que se me había encargado, con la mayoría socialista en el Ayuntamiento, preparar sendas bibliotecas de barrio para la “Costera El Pastor”, La Ermita y “Pati Fosc”, 6,000 volúmenes que registré en los libros administrativos correspondientes. (De las angustias y constantes desánimos que me afectaron a lo largo de los primeros quince o dieciocho años no voy a hablar, entre otras cosas porque veo muy difícil que cualquier lector pueda comprender cómo fue posible que un par de ayuntamientos locales se sintieran tan ajenos a la marcha de la biblioteca municipal y las poquísimas personas que trabajábamos en ella. Después de treinta y tres años al frente de ella,sólo deseo olvidar ciertos grados de estupidez que llegué a percibir a mi alrededor, máxime cuando acometí el asunto de crear el museo…).

Volviendo a la nonata Biblioteca Municipal de 1958, digamos que de los vocales aludidos más arriba, José Mayor Llinares lo había propuesto el Ayuntamiento. La representación sindical estaba encarnada por Joaquín Vidal Márquez, que además de ser delegado comarcal, era un excelente pintor muy querido y admirado en Villajoyosa. La Cofradía de Pescadores aportaba su presidente, José Llorens Llorens, y el Gremio de Hilados designó a Jerónimo Lloret Galiana, su presidente. Por el sector cultural estaban Juan García Farach, mi maestro de primaria y primeras asignaturas del Peritaje Mercantil; el abogado Vicente Antón Jiménez; Cristóbal Zaragoza Sellés, Licenciado en Filosofía y Letras, y Vicente Pascual Llinares, que era oficial técnico del Cuerpo de Correos y Comunicaciones. El acta de aquella reunión la firmó el secretario accidental de la Corporación Municipal, a la sazón José Tito Llorca.

Quizá alguien afecto al hecho administrativo pudiera añadir algún matiz o dato que explicara qué cosa o cosas dieron al traste con tan encomiable pretensión. Nosotros, los jóvenes inquietos de aquellos años en Villajoyosa, seguiríamos acercándonos por la Sociedad de Pesca con el fin de llevarnos en préstamo algún que otro libro. Así podríamos atravesar aquellos años de escasez de todo, viajando hacia el conocimiento y la ensoñación que dejaban ya de proporcionarnos los tebeos y, asimismo, las novelas de El Coyote, en mi caso, unas pocas del prolífico y superficial Estefanía y otras, las menos, de Fidel Prado…

NOTA: Si repito ahora esta crónica, con pequeños matices respecto al original, se debe a que se me ha propuesto por María Ángela Gualde, concejala de Cultura en este año de 2016 del presente ayuntamiento, participar en un acto público en el que, si no entendí mal, tendría yo que hablar de cuando en noviembre de 1973, y tras negarme varias veces a estructurar y dirigir la biblioteca vilera y, asimismo, regir la Casa de La Cultura donde quedaba ubicada la futura biblioteca, claudiqué penosamente por la razonable insistencia de la señora directora de las bibliotecas de la provincia de Alicante, doña Esperanza López Villellas. (La exigencia digamos estatal de que La Vila entrara en la red bibliotecaria dependiente de la Consellería de Cultura de Valencia ya contaba con la fallida operación del año 1958…y se insistía ante el Ayuntamiento vilero para que aquella empresa cultural no fallara una vez más.

Expliqué hasta la saciedad a quien quiso escucharme que yo estaba atemorizado ante el hecho de tener que depender del aquel ayuntamiento vilero…y puse ejemplos reveladores de la soledad en que se me iba dejar por su parte. Con el tiempo, y nada más comenzar mi complicada tarea, lo que yo temía, bastante cruel en mis pronósticos, se fue agravando de modo que fui un náufrago revolviéndome en un mar de indiferencia oficial…, que, por otra parte, se suele contemplar como natural, dada, diríamos, la complejidad de un órgano de gobierno municipal al que se le “obliga” a disponer de un complejo cultural que, forzosamente, grava su economía…(Pero esta “historia” es mucho más larga y penosa incluso cuando, sin quererlo quien esto firma, le vuelve a la mente).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

El pescado, en Benidorm (1736)

Crónica nº. 264.  El pescado, en Benidorm  (1736)
L'Illa
Tras numerosas décadas de librarse los pescadores de Villajoyosa de vender obligatoriamente el pescado en Benidorm, el día primero de enero de 1736 recibió el Cabildo vilero un memorial de esos pescadores pidiendo lo contrario: no tener que descargar y vender su pesca en La Vila. En la sesión capitular correspondiente se trató también de las bulas y su venta a los creyentes de la villa. Sobre ambos temas deliberó y decidió el Ayuntamiento, compuesto por el alcalde ordinario, el doctor Juan Mayor, también abogado, y los regidores Pedro Nogueroles e Ignacio Paulino Miquel, además del Síndico Procurador General, a la sazón Pedro Joseph Vaello.

El segundo regidor manifestó que aquel día había comparecido Gerónimo Nogueroles expresando su ánimo de hacerse cargo “de las bullas de este corriente año, y dar dos libras a beneficio de esta villa, con la condición de no fiar ni alargar Bullas a nadie, como lo han acostumbrado algunos vecinos”. A esta propuesta se replicó diciendo que era “espiritual consuelo de las almas el fiar Bullas”, añadiéndose que por no poder dar limosna al contado muchos vecinos se quedarían sin semejante beneficio, “y que Ignacio Miquel de Gines (…), sin interes el menor, se obliga a la venta de dichas Bullas tanto al fiado como al contado”.

En lo referido al memorial presentado por los pescadores de Villajoyosa, éstos pretendían vender el pescado cogido en la isla “asi en esta como en los rincones de este distrito y fuera de el, valiendose de la deliberacion formada en diez de agosto del año ya pasado mil stecientos veinte y quatro, y que en su virtud no vienen obligados a traer pescado del que se mata en dicha isla para el abasto de este comun (por Villajoyosa), lo que les es perjudicial y contra la misma ordenanza”. Aún presionaban más al decir que ningún capítulo, añadido o no, podía prohibir la venta en otras partes, y que si se invocaba el abasto de La Vila era sólo para poder cobrarles el derecho de sisa, consistente en rebajarles peso en las pesadas. Además, aducían, no solía faltar el aludido abasto. Oídas estas consideraciones, el Ayuntamiento determinó se formara “capitulo en cuyo se expresase que tengan obligacion los patrones, o qualquiera arte de pesquera, de traer para el abasto de este común el pescado que sea menester, y de mejor calidad baxo la pena de tres libras de moneda, y, dexandose aparte dicho correspondiente pescado (…) puedan vender en dicha isla y demás partes, sin perjuizio de los arrendadores del Diezmo, el demas pescado, pagando al de la sisa sus devidos derechos, según queda prevenido en la citada deliberacion…”

(Téngase en cuenta que, desde el tiempo de los señores feudales, los vecinos de ciudad, pueblo, villa o lugar tenían que pagar sus tasas y que en algunos sitios éstas eran muchas y casi crueles, por lo que las poblaciones con vasallaje al señor de la tierra aspiraban a convertirse en villa de realengo, del rey. En esta última situación, al quedar el monarca a mayor distancia por lo general del fiscalizado y no con la inmediatez leonina del conde, marqués o abad, las tasas o cargas eran más llevaderas… porque se demoraba pagarlas con menos miedo. No obstante, durante la guerra borbónica ya hemos visto que esos impuestos se recrudecieron además de persistir las regalías. En la época feudal, y también con el reinado de Felipe V, había que moler obligatoriamente en el molino del rey, comprar la carne en su carnicería y hacer el aceite en el molino real… y quien no lo hacía a veces tenía que trasladarse con su familia a otros lugares para escapar de las sanciones…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La venta del esclavo Amett Borchí (1733)

Crónica nº. 242.  La venta del esclavo Amett Borchí (1733)

He aquí la tranhttp://go.microsoft.com/fwlink/?LinkId=121315scripción referida a una venta singular habida en nuestra villa en el primer tercio del siglo XVIII: “En la Villa de Villajoyosa â diez de Settiembre mil setecientos treinta y tres, antemi el escrivano, y testigos parecio (se presentó) Jayme Aragones d Jayme familiar del Santo oficio, y Tribunal de la Inquisicion de esta Villa vezino, y Dixo: Que por quanto el Sr. Isidro Llorca Alcalde ordinario dela mesma ha resibido del excelentissimo señor Principe de Campo florido (sic) Governador y Capitan General de este Reyno Carta orden su fecha de sinco de los corrientes cuyo tenor es el siguiente = En vista del informe del Memorial presentado por parte de Mosen Thomas Ots, y del que expone el Alcalde Mayor de esta Ciudad al margen de otro, que ambos remitio â Vuesa Merced; Dispondrá Vuesa Merced se execute la venta del esclavo de Jayme Aragones, en la conformidad, y sircuntancias que expresa el citado Alcalde Mayor de esta ciudad (por Alicante) Don Joseph Antonio Requero, en el referido Informe. Guarde Dios a Vuesa Merced muchos años, Alicante sinco de Setiembre de mil setecientos treinta, y tres – el Principe de Campo Florido – Señor Alcalde de Villa Joyosa – En su vista −relataba el escribano, Carlos Llorca a la sazón− se le hizo saber el contenido de dicha Carta por mi el presente escrivano, quien enterado; Y para que dicha orden quede en todo, â por todo obedecida Por tanto, vendia, y dava en venta real el expresado Mosen Thomas Presbitero, y Vezino del lugar de Benidorm un esclavo havido en buena guerra y no de paz llamado Amett Borchí de unos veinte, y seis años, color castaño, mediana estatura, y pelo negro, cerrado de barba, y sin señal alguna en el rostro, el que no esta hipotecado, ni obligado â credito alguno, ni ha cometido delito digno de pena corporal, sano de todo genero de accidentes, y por tal se lo asegura (el vendedor); pero se le vende, con las demas tachas, que tubiere a uso de feria, y mercado, por presio de ciento, y dos libras (…) dinero en contado, que ha cesivido a su satisfaccion renunciando las leyes de la non numerata pecunia, y demas, que deven intervenir, declarando, que sin embargo de aver efectuado ventta del referido esclavo â sierto tercero por cantidad de ciento, y quarenta libras, con la reserva de no quedarle al otorgante perjudicados qualesquier drechos, que le puedan competer en su caso, y con salvedad de qualesquiera leyes, que sobre particular hablan, con cuyo supuesto se deciste del drecho de patronato, possesion y Señorio que tenia â dicho esclavo, y lo cede, renuncia, y traspasa en el dicho comprador, y los suyos, para que como a tal estè sugeto a servidumbre, y le vende y enagena a su voluntad, a cuyo fin se le entrega desde aora, en cuya señal le otorga esta escritura…”

Después vendría la firma del documento otorgado, la de Aragonés y la de quienes figuraron como testigos de aquella venta, que fueron Salvador Saragoça, Gaspar Galiana de Bartholome y Pedro Adrover, todos ellos vecinos y habitadores de Villajoyosa. Nada podía opinar el esclavo, lógicamente, el cual salía de las manos de un miembro de la Inquisición española… para ir a manos de “un mosén”. Como diría Cela, Camilo.

NOTA: Este cronista no puede enfadarse con quien se extrañe de que con frecuencia comparezca en estos escritos el personaje del clavario o bolsero, y conste que ya me suponía que el término clavario disentía, digamos, del que nombra a mayorales o cargos festeros en muchas poblaciones…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Casetas de baño (1914)

KSTAS

Crónica nº. 483. Casetas de baño  (1914)

En julio de 1914, y ya con los rigores del calor veraniego en nuestra tierra, en el Ayuntamiento se leyó una petición presentada por Andrés Martínez Segarra, un emprendedor muy dinámico. La escucharon, seguramente con atención, el alcalde, don Jaime Soler Urrios y los concejales Orts Ivorra, Sellés Llorca y Mayor Ruiz. Una parte del documento, la introductoria, decía “Que concurriendo en esta ciudad durante la época de verano una colonia bastante numerosa de forasteros cuyo principal objetivo es tomar los baños, se hace preciso la instalación de casetas con tal fin, y a la par que con ello se sirve al público prestándole comodidades, se enaltece el buen nombre de nuestra ciudad, siendo un atractivo más para congregar en nuestras playas mayor número de veraneantes”. La exposición sobre la conveniencia de esas casetas en la playa proseguía diciendo: “Y como la instalación de unos baños supone gastos que nadie se aventura a hacer por cuenta propia”, el solicitante se comprometía a instalarlos en la denominada Punta Almelles, “siempre que el Ayuntamiento le subvencione en alguna cantidad para en parte atender a los gastos”. Se añadía que, dado lo avanzado de la estación, tendríase que resolver cuanto antes. La Corporación discutió brevemente sobre el tema y decidió que la propuesta no sólo era justa, sino que era laudable además, y, por lo tanto, se daba el permiso correspondiente y se ayudaría al promotor con la cantidad de sesenta y cinco pesetas. En la misma sesión se presentó otra instancia con el mismo tema pero referida a una comodidad particular: Marcos Zaragoza Galiana solicitaba “la implantación de una caseta para baños en la playa titulada (sic) Rebollet”. Vista esta petición y “el favorable informe del señor ayudante militar de Marina de este trozo” (“trozo” procede del léxico de distritos marinos), se accedió a conceder esta petición. (Creemos que “Punta Almelles” era el lugar donde estuvo emplazado el “Balneario Neptuno”, aunque ignoramos el porqué de esa denominación topográfica).

En junio del año siguiente los dos mismos vecinos repitieron con el mismo tema, resolviendo el Ayuntamiento que se concedía, “siempre que las instalaciones se adapten a las disposiciones legales”. Aquellos inicios del ejercicio veraniego de algunas personas en nuestras playas, como los señores que desde Alcoy accedían a la del Paraíso, confirmaban la belleza y prestaciones de nuestro paisaje marítimo, de sus caletas de arena y cantos rodados y, en suma, de la benignidad del clima que ofrecía Villajoyosa. No en vano nuestro Blas Mayor había cantado en verso las excelencias de nuestros parajes, la luminosidad del cielo de Villajoyosa y la calma rutilante del mar en la mayor parte de los días del año. Respecto a las casetas de baño, pocos vileros habrá que no hayan visto fotografías del “Balneario…” y de la batería de esas casetas en la misma caleta de guijarros redondeados que cobijaba tan apreciado establecimiento. Son recuerdos amables de un tiempo que ya pasó y que, sin la ayuda de las fotos, ya sólo recuerdan muy pocas personas en La Vila…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

El control de los clavarios (1711)

Crónica nº. 74.  El control de los clavarios  (1711)

Desde 1708 a 1741, y siguiendo los avatares por los que fue pasando Villajoyosa en diferentes aspectos de su administración, no hemos observado ninguna laguna o imprevisión de las cuales derivaran injusticias o vulneraciones de la ley en la economía local. La función que los clavarios llevaban a cabo −con mayor o menor fortuna, con más o menos celo− era siempre analizada con pulcritud y eficacia una vez que terminaba su ejercicio de cobros y pagos. Las cuentas se las tomaban unos pocos vileros supuestamente enterados del diario desarrollo económico de la administración pública local.

En septiembre de 1711 había que tomarle esas cuentas a Vicente Nogueroles, y los jueces contadores elegidos —y que aceptaban serlo aunque con salario— resultaron ser Francisco Vaello, que era escribano, Bartholome Galiana, Asencio Ivañez (sic) Bayle, Fernando Mayor y Melchor Miquel, todos ellos vecinos de La Vila. Para llevar un control favorecedor de la justicia popular, intervendría en la recepción de aquellas cuentas el Síndico Procurador General del Cabildo, a la sazón Francisco Bellés. Éste podía intervenir en cuanto los referidos jueces aceptaran del clavario auditado un argumento de dudosa justicia para el pueblo o, precisando más, para aquel vecino que no pudo pagar sus impuestos o cargas. Se discutiría si el impago se debía o no a causas lógicas y razonables. Del mismo modo, si se daba el caso de que los contadores aplicaran rigor desmesurado en uno o varios casos, siempre estaría el síndico con su vara de medir, de manera que se contemplaran debidamente los condicionantes o circunstancias de una deuda no satisfecha. Este defensor del pueblo debía contar con muchos elementos de juicio y tener conocimientos bastantes de todos y cada uno de los vecinos, y para ello también tendría que prestarse a que los implicados en deudas muncipales le contaran sus cuitas o las adversidades por las que atravesaban en su diario vivir.

El día 2 de junio de 1718, por ejemplo, los miembros del Cabildo se produjeron de este modo cuando llegó la hora de tomar las cuentas al clavario, quien había terminado de cobrar un repartimiento: “… y en nombre d esta dchª. Villa, le tomen las referidas quentas (…) al susodchº. (…) con Injuncion (?) dl Señor Gaspar Linares d Gaspar, regidor y Sindico [y] pueda protestar dchªs. quentas, encontrando en ellas algun herror y partidas malgastadas, para lo qual se le de todo el poder que d Drº. (derecho) se requiera, y sea nesesario al dchº. Sr. Gaspar Linares”. También dejaban constancia del salario a percibir por los jueces, y el del escribano “por hasistir â dchªs. quentas”, siempre según su trabajo e inversión de tiempo en él.CORNET

Todas y cada una de las partidas de cobros y gastos se reflejaban en el “libro Corned”, explícitas y matizadas en lo posible (a veces no demasiado), y extendiéndose su redacción de ítems o capítulos a numerosos folios después encuadernados. Aun no estando explicadas las razones por las que se admitían los diversos conceptos por parte de los jueces, el relato da idea de una clara determinación. “Cargo y descargo” son epígrafes que encabezaban la relación aportada por el clavario y que el escribano redactaba en limpia caligrafía… algunas veces. Relativo a la clavería de aquel Vicente Nogueroles, leemos que “juró haver Dado esta Cuenta Bien, y fielmente, sin fraude, ni colusion alguna (…) Vista por los dchºs. Señores Juezes Contadores la dchª. Cuenta, Cargo, Data, y Alcance”, y el extenso etcétera del final del documento…

NOTA: Coludir y colusión significan “acordar dos personas algo en perjuicio de una tercera”.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila