La Barbera de Elisabet (1681)

Crónica nº. 10.   La Barbera de Elisabet   (1681)

Del mismo modo que, investigando en papeles de Villajoyosa, nos encontramos con numerosos hechos de relación humana diversa, bien contractual, bien reivindicando derechos personales, nos surgen también apelativos de la toponimia urbana y rural de la villa de hace unos trescientos años o más. Por documentos refrendados por el notario Francisco Vaello en 1674, accedemos a nombres como el Bell Puig, Les Puntes, el Barranquet, l’Arquet d’Avall, el molí fariner dels Alcocons, Almiserans y otros nombres como font del Murtet, font del Carabassot, etc. Igualmente, nos hemos encontrado con otros a lo largo de documentos de distintos años y diferentes notarios. Son: la font de Mayor, dentro de las murallas, el carrer dels Capellans, el carrer Vaello… denominaciones que se suman a los más conocidos documentalmente, que son carrer Runar, carrer Major, carrer de Baix, placeta de Mosquera, carrer de Soto (cerca del pozo de San Vicente, y que, en 1674 pertenecía a la familia del notario Isidro Miquel). Este último dato proviene de una partición de la herencia de este notario entre sus hijos e hijas… y con el fin de no perturbarse los unos a los otros en derechos y equivalencias de valor en el reparto, según expresión casi literal de Ignacio Miquel al otorgar concordia con sus hermanos y hermanas. El propio molino de l’Alcocó y Acequia Mayor aparecen al enumerar propiedades a repartir, y tercios de casas intramuros, todo de dicha familia.

Por su curiosidad, la escritura de cesión que comentamos con más detenimiento es la que otorga Elisabet Juan Morales ante el notario Vaello en febrero de 1681. Por este texto de la que era viuda del “balle pere i Vanies” (sic) de Villajoyosa, accedemos a otra curiosidad. Dice el escrito en su inicio lo siguiente: “Atés (acento, nuestro) y considerat que Mosen panta leon y Vanies (su hijo) present en lo dia de huí afet dona sió junta ment ab la dita Elisabet Juan Morales, Asensi y Vanies fill y nebot de un tros de terra dit la barbera (¿habría vivienda allí?) que solia ser de Joseph Llorca y com lo dit notari Panta leon y Vanies era señor de dita barbera per la qual raho promet y seobliga la dita elisabet Juan Morales al dit mosen (…) que sempre y quant ten gués (acento, nuestro) nessesitat urgent que vendre del dot de la dita elisa (…) fins suma de tres sentes lliures dempenar (de empeñar) part dea quelles y sia quell no agués de menester no puga lo dit mosen y Vanies donar a den guna persona sinoes Afills y hereus de la dita elisabet Juan morales per toro lo qual (…) renuncia tot qualsevol dret que puga valdre y estiga en faor deles dones”. Actuaron de testigos Pere Rois y Miquel Saragoza, vileros.

Por el talante del texto y por las reservas en él aparecidas, deducimos que los propietarios de aquella “Barbera”, como los de 18 años después, els Aragonesos, procuraron mantener indivisas las tierras de su propiedad. En 1699, siendo ya sus dueños, en un testamento de uno de ellos se insertaba una cláusula por la que los cónyuges testadores se imponían no contraer nuevo matrimonio en caso de viudedad, quizá también por impedir la división de sus tierras. (A esta “Barbera” añadimos aquélla de don Pedro Ruiz Galiana. Al respecto, veamos cómo en 1700, y por el asunto de un censal, se empeña una heredad “dita La Barbera”, situada en la huerta de La Vila. Ésta lindaba con tierras de la viuda de Frances Galiana, con tierras de Pere Jusep Vaello, “ab ribes de la mar y ab cami de Benidorm sequia en mig”. (“¡ab ribes de la mar!”). No cabe duda de qué “Barbera” se trataba, visto que, por el Este y por el Sur, terminaba en los ribazos ya dichos. Lo que no nos queda claro, y no ayudan los diccionarios consultados, es que características reúne lo que en aquellos años y hasta la actualidad denominamos “barbera·, apelación que no vemos usado en ninguno de los pueblos que de nuestra provincia conocemos…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La lluvia en los papeles (1986

riua

Crónica nº. 522.   La lluvia en los papeles   (1986)

En 1986, mi admirado Miguel Guardiola Fuster, divulgador de la historia de su pueblo natal, La Nucía, y después Cronista Oficial de esa población, me entregó unos papeles antiguos con textos todos alusivos a Villajoyosa. Eran transcripciones de documentos señeros en la historia de nuestra ciudad y datos y curiosidades anotados a lo largo del siglo XIX. Naturalmente, y con cierto nerviosismo, me propuse sacarles provecho al irlos publicando, resumidos o no, en la revista anual de fiestas de “moros y cristianos”. Encargado de su edición de 1987 −y de otras antes y después−, ese año ya publiqué lo que catalogué como Carta Pobla de la Vila Joiosa, así como dos textos más: uno relativo a los pozos o minas tradicionales de nuestro municipio y otro sobre el inicio en Villajoyosa de la fabricación −artesanal, desde luego− del chocolate y según las prácticas de un italiano que, fugitivo de las tropas napoleónicas, recaló en Villajoyosa.

En relación a esos papeles, antiguo y maltratado compendio, que don José Cortés Lloret quien los donó al inquieto investigador Miguel Guardiola. El maestro vilero, tan admirado por sus inquietudes culturales y cívicas, había ejercido en La Nucía su portentoso y pulcro magisterio y dejado allí una sembradura luminosa de su agudo amor por la pedagogía y la escuela. En Villajoyosa, su pueblo natal, don José había sido concejal del Ayuntamiento republicano de don Ángel Tomás Llinares, y director del colegio “Álvaro Esquerdo”. Miguel, un alumno suyo en La Nucía, incluiría la biografía de don José en 1989 en el libro “La Nucía: gentes de antaño” (Ayuntamiento de la Nucía, 1989), cuando ya hacía dos años que había pensado él que los referidos manuscritos estarían mejor en mis manos en tanto que director de nuestra biblioteca pública municipal. A través de nuestra común amistad con Ramón Llorens Barber, aquel alteano ilustre por tantas cosas pero sobre todo en saber estar y escribir, la entrega de las transcripciones se hizo inmediata.

Siguiendo con dichos textos, algunos muy difíciles de leer por las lesiones del papel, castigado por la humedad centenaria, el descuido y el transcurso del tiempo, quiero dar cuenta de comentarios que contienen, quizá redactados en el año 1870, tal vez en años cercanos, arriba o abajo. Estas notas siguen a la transcripción de los documentos antiguos que, en efecto, tenemos custodiados en el Archivo Histórico Municipal de Villajoyosa, que tantos años han estado bajo el estudio y custodía de Paco Payá y, de alguna manera, de quien esto escribe. Las notas de que hablo también contienen una minuciosa enumeración de fenómenos meteorológicos ocurridos en La Vila y aledaños. El primero del que se habla data de 1815: el agua de la lluvia torrencial produjo un barranco desde el Clot de Mayor hasta el mar. En 1835, y en noche de Reyes, la precipitación también fue considerable y como consecuencia manaron fuentes en la Robella, Racó de Basilio y Foia de Mossén Vicent… manantiales secos desde el año 1784. Antes de estas líneas comparece el año 1807 y nos enteramos de que cayó nieve en la isla de Benidorm. En 1821 y 1827, y en enero, fue tanto el hielo medido, que una balsa del río Torres llegó a un palmo y tres dedos de espesor. El 7 de noviembre de 1842 amaneció nevado desde Cabeçó al Puig Campana, pero fue en 1849 cuando la nieve cubrió el Tossal del Paller, Damunt l’Horta y la Cala. Estos datos del tiempo atmosférico abarcan hasta 1864 en las notas que tomó el anónimo redactor. El 16 de abril −continúa éste− amaneció el tiempo sereno y el sol abrasador”, y se añade que el 17 hubo un nublado que se fue espesando hasta el mediodía, en que empezó a llover. Lo hizo hasta las ocho de la noche y prosiguió lloviendo el día 18 hasta la madrugada del 19. “Al amanecer de ese día −se anotó− amanecieron también muchísimos manantiales por la huerta y el agua rebosaba en ciertos pozos, bullendo como en una fuente”. No hubo más daños que el derrumbamiento de márgenes, no por la corriente del agua, sino por el mucho calado de la tierra, se afirmaba. Los comentarios terminan así: “Hoy, 22, siguen las charcas y manantiales. El día 23 amaneció sereno y el sol, abrasador”. (El lector podría relacionar este entusiasta y casi asombrado registro pluviométrico con las cuantiosas huellas de humedad que todavía enseña el acopio de papeles testimoniales que Miguel Guardiola conservó… y puso años después en mis manos).

La persona que fue haciendo esas copias de documentos históricos de Villajoyosa más las numerosas notas legibles sobre otros aspectos del municipio y breves estadísticas de las cosechas, plagas y demás singularidades; esa persona, cuyo nombre y condición ignoramos porque no firmó aquel trabajo, fue con seguridad la que, interpelada por la Casa del Diccionario de Pascual Madoz, le envió muchas de las anotaciones manuscritas que tenemos ante nuestros ojos, y nosotros hemos dado en creer que quizá sería el erudito local Francisco María Martínez Esquerdo, según los datos que hemos deducido de otras lecturas. (Tras enviar sus notas informativas para el artículo “Villajoyosa” de ese diccionario, que comenzó a editarse en 1845, este erudito vilero siguió tomando apuntes sobre La Vila, pero éstos fenecen cuando los dos últimos folios pierden su estructura celulósica por la mordedura inclemente de la humedad y la mala o nula ventilación quizá en el sombrío y polvoriento reducto municipal donde estuvo el archivo histórico del Ayuntamiento de Villajoyosa…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. deLa Vila

NOTA: No extrañe al lector de estas crónicas que de vez en cuando se publique una que ya en su día fuera publicada, cosa que se hace por consideración a quienes comenzaron a frecuentar su lectura en la Red.

“El pou del Portalet” (1708)

Crónica nº. 38.   “El pou del Portalet”   (1708)

En la memoria laboral que redactó el maestro de obras Juan Vinaches en 1708 (Xuan binaches en el original), asistimos al correlato de una descripción que no hemos encontrado antes en otra parte. Se trata del movimiento de personas y animales de carga ocupados durante unas cuantas semanas en “el pou del Portalet i tancar el Raval”, trabajos iniciados en 20 de noviembre del año indicado. (La letra de la redacción de dicha seda o listado ha dado al cronista mucho trabajo). Creemos que esa enumeración se haría a pie de obra y, como decimos más arriba, a cargo del “obrer de vila” que era el tal Xuan. En cuanto al trabajo en ese pozo, y que duraría bastantes días, eso nos da idea de que se limpiaba o ahondaba, quizá por agotamiento del agua en su ánima manantial. Por otra parte, lo de cerrar el Raval podría relacionarse con algún que otro derrumbe en la muralla y tal vez provocado por acciones de los austracistas. Del pozo mencionado nos intriga su situación “fora del portalet”, pues la expresión sospechamos que indica inmediatez a ese portillo de expeditivas entradas y salidas. Por tanto, no sólo disponían los vileros del “pou de San Vicent”, aunque tendrían que movilizarse en la época de extremadas sequías, seguramente buscándose agua de las quiméricas fuentes de l’Alcavó, del Ribàs y Baldoví… Así, pues, los trabajos en el pozo señalado y los numerosos vileros que trabajaron en él confirman la intuición de quien sospeche que existía otro pozo del que valerse los de La Vila en la parte amurallada o inmediato a esa parte. (El denominado de la Bomba, que servía también para la aguada de las embarcaciones y seguramente desde muy antiguo más el pozo localizado en l’Hort de Lau, demuestran el tesón vilero por proporcionarse agua del subsuelo. Y a pesar de la proximidad del mar en estos sitios).

La entrega de la memoria para su firma y conformidad a “ses Mersets Dr. Thomas Perez, Gaspar Linares y Pedro Linares, Jurats” se efectuó en “Die nono mensis february anno antte. Dmi. MDCCCViiiy” (1709), por haber pedido esos jurados se hicieran los trabajos del Portalet. Esa fecha nos dice cuánto duraron las obras, las cuales costaron 39 libras y algunos dineros. No hay constancia de ningún tipo de material, lo cual señala que se trató de limpieza del pozo, quizá habiéndolo hecho más profundo para alcanzar mayor caudal. Varias veces se utilizaron asnos y un mulo, que era del clavario. Con no poca dificultad, llegamos a una anotación que dice así: “en 29 es comensa a traure aigua del pou”: La ausencia de entusiasmo ante el éxito de haber obtenido mayor caudal nos fuerza a pensar que, quizá por esperado, eso no representaba gran novedad. Pero ya se sabe que un agregado de personas con “el mestre de cases” o paleta al frente, y dando órdenes, no es situación para testimonios de júbilo. Aparte de que los peones podrían andar, si no extenuados, sí al menos cansados de tanto tirar de cuerda y cargar “matxos i ases”, según el valenciano de la época, muy parejo al actual. Los vecinos vileros que doblaron allí el espinazo fueron más de veinte, aunque no todas las jornadas trabajaron los mismos. He aquí su relación de ellos: Juan Linares, Jaume Adrover, Thomas Galiana, Lasaro (por Lázaro), Miquel Maior, Esteve Martines, Juan Binaches, Thomas loret, Jusep Llopis, Visent Soto y uno apelado Montoroxo. (El parentesco con vileros actuales se disipa siempre por la repetida ausencia del segundo apellido, salvo en el caso de que se hiciera constar el apodo). A este grupo se añadían Gaspar Tonda, “el tardá de Llorca, Jayme Vaello, Jaume Lloret i son fill, Pere Marset, Jaume Selles i son germà Jusep Soler, Visent del virey, Visent Soto de Juan…” Hay epígrafes que dicen “un ome i un maxo del clavari. Thomas Galiana i dos ases”, y que son recurrentes a lo largo de meses, y sólo se hace una alusión a materiales: “de una es Ponxa” (¿esponja?). Una esponja que costó un dinero, que era 1/12 de libra monetaria. En aquella época,una gallina de peso medio podía costar 13 sous, o una libra y un sou. Los vileros que estuvieron en el Portalet percibían de dos a cuatro sous cada día. Thomas Galiana recibió nueve el 29 de noviembre, aunque aportando el trabajo de dos de sus asnos. (Hay una seda (recuérdese; una lista) que firmó el “Jurat de Pobres, en con sentiment dels atres dos Srs. Jurats”, y que era para subvenir gastos creados por atención al “espital” u hospital “dels soldats malalts del regiment de Osuna, [seda] que comensà dia 5 de giner de 1709”. En el documento advertimos el gasto de dos docenas de huevos, que se pagaron con 10 sous. Eso nos da el precio de cinco dineros por cada huevo. El pan que consumía una persona al medioadía costaba seis sueldos, cosa que expresamos de este modo porque pocas veces consta escrita la unidad de peso del producto, a no ser que sean barchillas de algarrobas, trigo o cebada, esas unidades de volumen. Únicamente en el caso de tratar con arrobas dilucidamos el peso de las cosas… mientras se dé a esta unidad el peso de doce kilogramos…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La Vila, “a fosques” (1917)

SCrónica nº. 489.  La Vila, “a fosques”  (1917)

Por Real Decreto del 15 de julio de 1917 se dispuso “que, mientras otra cosa no se previniera, se suprimiera desde las once de la noche en adelante la mitad de los focos ó luces del alumbrado público en todos los ayuntamientos de España donde dicho alumbrado sea de gas ó electricidad, si el fluido se produce por vapor, y que los ayuntamientos concierten con las empresas de alumbrado público las rebajas que proceden, teniendo en cuenta, de una parte, la disminución del consumo y de otra el precio de los carbones que en lo sucesivo adquieran las fábricas con destino á los expresados servicios municipales, y ordenándose por el señor Gobernador Civil se proceda á llevar a efecto tal medida dando cuenta de su cumplimiento y participando la economía producida en la luz y su equivalencia en el carbón, y cuyos datos se remitan cada quince días”. El Ayuntamiento de Villajoyosa acordó comunicárselo a los señores José Lloret y Compañía (la empresa suministradora de luz) y designó una comisión de concejales para llevar a cabo el concierto de la rebaja que de la orden ministerial se desprendía. Esa comisión dijo días después haber dispuesto que la mitad del alumbrado público sería proporcionado por 51 lámparas de 10 bujías de intensidad, 26 de 16 bujías, 4 de 50 y una de 100, todas ellas incandescentes, y que constituían un total de 1,626.

El gerente de la Compañía sugería al Ayuntamiento manifestara al Gobierno Civil que “la supresión de la mitad del alumbrado público no producía economía en el carbón y que el motor eléctrico es movido á gas pobre, por si por ello dejara de estar comprendido el alumbrado de Villajoyosa en las disposiciones del R.D. de 15 de julio último, a pesar de utilizarse el carbón para la fabricación del gas pobre que se consume, a fin de que dicha superior autoridad resuelva si procede o no la continuación de aquella medida, limitando el alumbrado público”. (Al propio tiempo, la Comisión indicada había concertado con la empresa “José Lloret y Cía. “que percibiría trescientas pesetas cada mes por la reducción de la potencia consumida, y el Ayuntamiento no aceptaba cómputo distinto). En octubre compareció ante el alcalde don Virgilio Gonzálbez Seva, representante de la empresa referida, y manifestó que la supresión llevada a cabo no producía economía alguna en el consumo de carbón, y que el personal de la empresa seguía siendo el mismo. Al señor alcalde le pedía sometiera estos dos extremos a su Ayuntamiento. Por escrito del mismo señor Gonzálbes, leído el 19 de marzo de 1918 en sesión municipal, la alcaldía daba cuenta oficial de la suspensión del alumbrado público por parte de la susodicha empresa y su reacción era pedir a ésta indemnizaciones. A ello se opuso don Ricardo Urrios, que pretendía se pagasen a la Compañía las últimas cuatro mensualidades que se le adeudaban. La presidencia no estuvo de acuerdo y, sometido a votación el asunto, se inclinaron por pedir indemnización los concejales Juan Tomás Galiana, Juan Btª. Lloret, Nicolás Zaragoza, Manuel Sellés, Jaime Urrios y José Senabre, además del alcalde. Votaron en contra de ello Ricardo Urrios, Juan Soriano, José Aveño y Francisco Aragonés.
afoskes
Hasta el año 1921 estuvimos en La Vila siguiendo el tema del alumbrado público, que, al parecer, estuvo brillando por su ausencia meses y meses. Nada relativo al asunto reaparece, así que, con mucha probabilidad, los vecinos vileros estuvieron aquellos meses lamentablemente “a fosques” y muchísima gente alumbrándose con candiles…o con aquellos tubulares artefactos que la gente denominaba “carbureros”.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La casa vendida a Vaello (1745)

Crónica nº. 311.  La casa vendida a Vaello   (1745)

No podemos saber cuándo ni por qué razones decidió Gaspar Reos vender una casa de morada a Manuel Vaello, una vivienda situada en el arrabal vilero de San Agustín. Seguramente ya habrían hablado de ello días antes, o semanas antes de aquel 25 de enero de 1745, y, una vez que acordaron la operación, se presentaron ante el notario, Isidro Lorca. El escrito notarial dejaba constancia de las palabras del vendedor, quien “Dixo: Que vendia, y dava en venta Real por juro deeredad para siempre jamas (a Vaello) una casa de morada situada en el Arraval de San Agustin de dthª. Villa, y Calle que va de la Asenia al huerto de Joseph Buforn (o sea, desde la “Bomba” a la finca de la Senyoreta de l’Hort horten en siglo XX) la misma que linda con Cassa de Bartolome Alambi (¿Arabí?), y con Callejuela de Cayetano Aragones, por franca y libre [la casa] de qualquier tributo, memoria, ni obligacion especial ni jeneral; Y en esta forma transfiere los suelos, techos, paredes, puertas, ventanas (no se dejaban dudas de lo que se estaba vendiendo, desde luego), usos, y costumbres quantos oy tiene, y en el tiempo aver puede assi de echo como de drô. (derecho) por precio de quarenta, y sinco libras pagadoras en esta forma diez libras realmente, y de contado las que confeso aver resibido el sitado Reos, del enumerado Vaello”, concretándose la relación de los plazos al uso, que finalizarían por Todos los Santos del año 1747. También decía el documento de la presencia de peritos en el justiprecio del inmueble. A renglón seguido se indicaba que el vendedor  “desde oy en adelante se desiste, quita y aparta del drecho de propiedad, señorio, y posecion titulo, voz, y recurso con las demas acciones reales, y personales que en dthª. cassa le pertenescan ôpuedan perteneser, todo lo qual cede renuncia, y transfiere en el dthº comprador, y sus causas avientes para que como propietario lo gozen, posean, cambien, vendan, y en agenen segun fuere su voluntad absoluta con toda independencia”, etc. La retahíla no acababa ahí, muy caudalosa en su expresión del Derecho, como previsora casi cruel de lo que pudiera pasar al comprador, pero suponemos que después del florido retablo de los aspectos legales de entonce[s, vendría el caluroso apretón de manos contractual… y quizá hasta festivo.

El día de ese documento los testigos del mismo fueron D. Miguel Morales, Bautista Puig y Vicente Morales, “manuense”, leemos, de dicha villa de Villajoyosa. Puede que este amanuense (persona que redacta un escrito al dictado) fuera el autor de algunos disparates ortográficos que se recogen en el documento, nada especialmente perseguible. Respecto al huerto de Buforn, recordemos que fue allí donde, por su proximidad al mar en la bahía vilera, bien pocos pasos, se procedía a desinfectar a los moros que los corsarios de La Vila apresaban de vez en cuando, aunque también a ellos… (Aquí hay que preguntarse en qué tendría su origen el topónimo vilero “Puntes del Moro”…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

La perra de don Cayetano (1781)

393.  La perra de don Cayetano  (1781)

En mayo de 1781 D. Cayetano Aragonés debía estar bastante irritado por lo lentas que andaban las diligencias tendentes a recuperar una perra que había desaparecido de su heredad la mañana del 25 de abril de ese año, cosa que había ocurrido en ocasión de la visita que le hizo D. Antonio Fernández Mendizábal (sic), Administrador de Rentas del Partido y buen amigo suyo. “Gitana”, una perra podenca muy apreciada por el poderoso terrateniente vilero, a la sazón Subdelegado de Marina en Villajoyosa, ocasionaría un buen cúmulo de papeles en los juzgados de La Vila, Monóvar y Novelda, puesto que el manso animal había seguido un farragoso itinerario y pasado, a la vez, por diversos amos momentáneos o circunstanciales. La crispación de D. Cayetano, si no obedecía a su natural y a lo principal que era por sus cargos administrativos oficiales, vendría a cuenta, sobre todo, de la indecisión del juzgado de Novelda, que estimó que las costas del proceso se incrementarían considerablemente… y que era mejor se informara al rico hacendado vilero de este aspecto. De ahí que, con previsible consternación, el aludido dirigió al alcalde de Villajoyosa nuevo escrito que repetía cómo se había producido la pérdida de “Gitana”, haciendo constar las idas y venidas del conductor de la requisitoria del alcalde vilero, juez o Justicia local. Ese conductor, Antonio Beneito, traería a D. Cayetano el recado del alcalde o juez de Novelda, a cuyas manos había llegado la requisitoria expedida en La Vila. Su airada respuesta era el documento que señalamos. Era un texto muy crítico para los justicias que ponían obstáculos al ejercicio de los derechos ciudadanos, y que además anunciaba la intención de apelar a instancias más altas de no proseguirse con las diligencias y autos que se derivasen de su pedimento.

Al parecer, la pacífica perra salió de Villajoyosa siguiendo al Administrador de Rentas del Partido, pues, según dijo el dueño del animal, ese funcionario “iva vestido con ropas iguales a las mías”. Además, la perra conocía bien al criado del Administrador, Gaspar Baldó (acento, nuestro), “lo que dio causa para seguir a este asta dchª. ciudad (Alicante), donde desaparecio dla Posada dla Fruta la mañana siguiente dia veinte y seis del citado abril”. No se nos dice cómo, pero D. Cayetano tenía noticia de su “Gitana”, añadiendo que “desde Alicante se llevo la Perra cierto yndividuo atada ala zaga de su carro, y posteriormente existía enpoder de Antonio Pico (sic) Maestro Serero de la Villa de Novelda”. Y era que el animal había seguido a un tal Benito Lledó desde Alicante hasta Monnovar, “haviendola [éste] atado antes de llegar ala universidad (o núcleo poblacional) de Monforte, y que pasados ocho o dies dias, quela tenia en su casa, la vendio por seis pesetas” al “sucreño” apellidado Picó. Curiosamente, éste quedó a deber una peseta al cerero.

La esquemática exposición que de los hechos hacemos no se corresponde ni de lejos con el proceloso papeleo que el caso produjo, interviniendo asimismo el alcalde/juez del juzgado de Monóvar, quien determinó que pasase el requisitorio a su juzgado porque Picó era de su vecindario.

Preguntado por el paradero de la Resultado de imagen de PERRA GRANDE DE PELO ROJIZOperra, se supo que su comprador tenía decidido salir a cazar con ella al denominado “Huerto de la mala Muger”, término y jurisdicción de Hellín… confesando finalmente que había perdido al animal, una perra que era “bastante corpulenta, pelo largo, y rojo, roxada en el medio extremo, cabeza grande, barbuda y cortada la punta dela oreja Yzquierda”, que era la descripción hecha por el escribano de Villajoyosa Gerónimo Cabot… y al dictado, un mes antes, del amo del animal, por supuesto. En la apelación que hemos citado, D. Cayetano decía que la perra le hacía mucha falta “por su calidad, y circunstancias con que se promete en la casa, y en el resguardo de mi hacienda”. Pedía justicia para sus derechos y castigo al cómplice o cómplices de la desaparición de “Gitana”, y de quienes recibía pretextos y evasivas que el terrateniente calificaba de frívolos…, y sin que posteriores documentos nos hayan dicho qué fue finalmente de aquella perra.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

“Lo bol davant La Vila” (1667)

Image result for jabega

Crónica nº. 7.   “Lo bol davant La Vila”   (1667)

Es más que probable que fueran de otoño las lluvias torrenciales que afectaron a Villajoyosa en 1667. La turbulenta avenida del río Sella, que muchos llaman Amadorio, debió sembrar las aguas de la bahía vilera de troncos, ramas y demás arrastres producidos en el cauce fluvial por regueros, barrancos y ramblas tributarios. En consecuencia, y como siempre que se producían esas avalanchas de origen tormentoso, había que proceder a despejar las aguas marinas de la desembocadura de obstáculos flotantes para que las barcas pescadoras, “les xàvegues, pudieran echar sus redes sin que éstas recibieran sensibles desgarros. Ya en febrero del año siguiente, 1668, el vilero Andrés Sellés de Pere se presentaba ante el Justicia, Maximiano Llorca, con un escrito en el que decía que el año anterior se había comprometido a limpiar el bol, cosa que había hecho ante el entonces Justicia Simeón Mayor, Nicolás Galiana y Simeón Pedro Mayor, jurados de Villajoyosa. Se comprometía Sellés a “netejar el bol major de davant la Vila pera que es pogues peixcar francament ab aquell trahen la lleña y tronchs queaporta la venguda del Riu, y que faria el comparent [Sellés] quatre bols ab son bolich; dos per la part de llevant y dos per la part de ponent, y constava per relacio dels patrons deles xavegues dela pnt Vila estar net dit bol prometeren y se obligaren los desusdits de donar y pagar ha dit Compnt. (comparent o compareciente) sexanta lliures moneda Reals de Valª. en esta forma so es vint lliures ans de entrar a netejar lo bol, vint ala metad y vint en acabar de netejar, y com ell Compnt. haja fet per sa part lo que li tocava de netejar dit Bol y haver fet los dits quatre bols y que en lo dia de huy (por hoy) note cobrades mes de les vint lliures que se li donaren ants de entrar anetejar, y com desije cobrarles restants quaranta lliures…”, esperaba que el Justicia interrogara a los patrones para que alegasen por qué de tal demora en la satisfacción de la deuda: “… lo que demana per ser aixi conforme a Justisia”. Era el 18 de febrero. Dos días más tarde ya comparecía ante el escribano del titular de la Cort vilera “Anthoni Saragosa de pasqual patro de una xavega de pexquera”, y prestaba juramento antes de ser interrogado. Dijo “que no en sap res de tot lo contes (contenido) en dita escriptura (o denuncia) y que no pot dir si lo bol major de la pnt Vila esta net de leña…”. Resulta ilegible lo escrito a continuación, como en muchas de las notas tomadas a los comparecientes de otros casos. Pero todos coincidían, a la postre, en que no sabían nada de aquel trato. De esta negativa de tantos patrones como fueron los convocados creemos debe deducirse que el Justicia y Jurados del año anterior no habían dicho nada a estos pescadores, o quizá lo dijeran sin establecer con claridad quién tendría que pagar las sesenta libras por aquella limpieza “davant la Vila”…

Tras las respuestas de los interrogados por el alcalde, Andrés Sellés presentó un segundo escrito en aquella corte, pero la dudosa letra caligráfica no nos permite averiguar matices esclarecedores de las obligaciones de pago pretendidamente establecidas para aquella labor de limpieza.

Para iluminar un poco aquel mundillo pesquero de La Vila, digamos que los patrones de xàvega que pasaron ante el Justicia fueron Anthonj Saragosa (46 años de edad), Franses Martj (30 años), Franses Miralles (30 años), Jusep Furio (34 años), Vicent Adrover [ilegible su edad] y Franses Rostoll (39 años). Todos ellos firmaron su declaración con una cruz… por no saber escribir.

(En éstos como en otros muchos documentos del juzgado vilero, siempre es difícil desentrañar alguna que otra parte de lo escrito: hay signos equívocos, cognombres en minúscula, palabras que aparecen fraccionadas o soldadas a otras o a sus inicios, y sin contar los orificios abiertos en el papel debidos al paso del tiempo con los parásitos, tres centurias en algunos casos. Lecturas y relecturas de dicha caligrafía pueden llevarnos a comprender el asunto tratado, pero no siempre se captan los matices que tal vez puedan decidir en el pleito. Aparte están las jotas suplantando a las íes, latinas o no, al usar el notario o su ayudante la “i caiguda” en algunos casos…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Fora els murs de La Vila (1688)

Crónica nº. 15.   Fora els murs de La Vila   (1688)

Los protocolos notariales de la primera mitad del siglo XVIII, y a pesar de lo intrincado de su lectura por la decrepitud del papel y la tinta, nos han ido informando de cómo los vileros fueron accediendo a zonas extramuros “pera fabricar cassa”. Se había ido perdiendo el miedo a los ataques berberiscos y, además, no quedaría ya espacio para más viviendas en el interior de la muralla. Cuando, en 2004, hemos empezado a estudiar los documentos de los notarios del siglo XVII,(después de transcribir y comentar de otros volúmenes) y solventado su lamentable contenido y continente (algunos protocolos llevaban casi 300 años sin abrirse e intentar su lectura), hemos advertido la espectacular eclosión de La Vila en aquella época. Consistió aquélla en el afán por conseguir “casses pera habitació” fuera de las murallas, que de ese modo irían apareciendo ambos arrabales.

Una serie de esos protocolos, de los años 1687 a 1708, son los textos agrupados por el notario Franses Vaello. Se trata de concesiones de “patios” o solares a particulares por parte del balle de Villajoyosa, Asensi j Vanies (sic). Este Ibáñez concedió más de ochenta licencias de construcción de vivienda como representante que era de Su Majestad. Veamos a continuación, aunque resumida, una de las muchas que se produjeron para levantar una casa, y añadamos asimismo que todas las de esta serie quedarían “de front lo portalet”.

“Die XXiÿ Mensis february anno a Natte. dmi. (año de la natividad del señor) Mdclxxxiÿ (o sea, año 1688). In dey nomine Amen Noverint Universi (sepan todos) com lo Magni fic Asensi y Vañes Ciutada Valle (por “bal•le” o “batle”) per Sa Magt. en la prnt. Vila d Vila Joiossa en virtud y en execucio dela de lliveracio feta per la Real Junta patrimonial y rebuda per Andreu motoses notari es Criva (escribano) del Real patrimoni de Sa Magt. en huit de octubre (…) del añy Mil sis sents huitanta y set (…) lo dit Asensi y Vañes (…) con se deix (concede) A Jaume pla llaurador de dita Vila (…) un pati pera fabricar una Casa en aquel situat y posat fora els murs (…) front lo portalet so es vint y quatre pams de am Plaria y trentados de llargaria que afronta ab pati de Casa de Berthomeu play ab pati de Casa de Joan martinez a sens de tres sous y sis diners moneda Reals de Valª. cas cun añy paga dors en lo dia y festa de San Juan de Juin en una paga ab dret de lluisme y fadiga y tot altre dret emphiteutich segons furs de Valª. lo qual establiment fa lo dit Valle al dit Jaume pla ab los pactes seguents y no sens aquelles…”

El primer capítulo o condición que tendría que aceptar el dicho Pla sería, como lo fuera para todo el mundo, reconocer que el único propietario del “patio” aquel, o solar era Su Majestad el Rey. El segundo, pagar cada año lo acordado bajo pena de comiso o retirada de la concesión. El tercero sería que Pla respondía con sus bienes “havidos y por haver” en cuanto descuidara una de las predichas obligaciones. Lo mismo ocurriría a sus sucesores en caso de fallar al compromiso aceptado ante Ibáñez y el notario Vaello ese 23 de febrero de 1688.
CASTELL
Por entonces se dieron más de ochenta contratos ante el notario, como en una fiebre constructora de viviendas, y de éstos casi la mitad eran de solares que daban o encaraban al Portalet. Los restantes estaban situados paralelos a la playa, tan cercana, y siendo más que nada pequeños almacenes para salazones, talleres de cabuyería o espacios cubiertos dedicados a artes de pesca. ¿Los beneficiados? Pues los linajes Galiana, Lloret, Llorca, Camps, Furió, Torner, Ortuño, Urios, López, Zaragoza, Vaello (mosén Berthomeu), Sanchis, Monsarat y Borja, siendo casi cuarenta los labradores que allí tendrían morada, y “peixcadors” los demás, habiendo también un “paler”, un “mestre d’aixa”, un “espardeñer” e incluso el capitán de milicias Fernando Mayor. Los establecimientos aludidos, y por el serio deterioro del libro donde constan señalados y descritos, abarcan hasta 1704, siendo los penúltimos a favor de los Ferrandis, Villó, Agulló, Nogueroles, Tonda, Terol y Sellés. Extensión media de los solares: 16 por 32 palmos, a razón de 21 centímetros el palmo. El último solar concedido por aquel “bal•le, balle o batle” iba a ser el terreno frente al mar que pedían los eclesiásticos vileros… para levantar una ermita a “Sent (…) Christòfol”

J. Payá Nicolau, Cronista Oic. de La Vila

Disparos contra el comandante (1708)

Crónica nº. 36.   Disparos contra el comandante   (1708)

La mañana del 19 de agosto de 1708, y después de cierto suceso ocurrido en la playa de Villajoyosa, el Justicia vilero Pere Soriano acudió a la casa del capitán Fernando Mayor, situada “dins los murs dla dita y pnt. Vila al cap damunt dl Carrer davall”. Allí, en palabras apresuradas y descuidada caligrafía del ayudante del dicho Justicia, leemos que “fonch atrobat (…) Dn. Andrés Fos capitá (acentos, nuestros) Comandant: y Governador dles Armes de dita Vila, nafrat, ab dos nafres (o heridas), çoes (esto es) una en lo colse del bras dret, y altra a damunt lo os femur ala part dreta fetes al parexer ab Arma d foch dles quals fonch vist eixir efusio de Sanch Dequibus omnis ettª.”. Fueron testimonio para aquellas notas del “Llibre Rebredor” Cosme Adrover y Tomas Valverde“practicant de barber”… quizá presente ante el herido por la condición de los barberos de la época en su otra función de cirujanos… ¿Qué habría podido pasar para que un militar recibiera dos escopetazos? El capitán comandante emitía su confesión ante el escribano del alcalde y Justicia tras haber prestado el juramento debido, “Fonch interrogat −leemos− E dix que lo que ell relant (el relatante) y testimoni sab y pot dir (…) es que aventli donat un recado un soldad a cavall (…) faltantli ala cortesia dient que el cap de la cavalleria manava en la pnt. Vila li obligà a ell relant y testimoni atenent, al mal recado que li portà, y replicantli per segona volta dit soldat se arribà ell relant y testimoni asi al dit soldat (…) pera que abaxara del cavall per a efecte de portarlo pres per les rahons damunt dites (dudar de las atribuciones de comandancia de D. Andrés) y avent lo referit soldat d acavall posat ma dos, o, tres vegades ales pistoles, se les llevaren (quitaron) algunes persones que se trobaren alli presents , y donà orde ell relant (…) que el portaren pres, aventli pegat de pla en lo espasa dos, o tres, voltes, tot lo qual pasà en presencia y asistencia del fiscal dela Ciut. d Alacant y de moltes persones mes ala pnt. Vila; y apres -continúa la transcripción− senanà ell relant (…) al ort de Miquel que està prop dl arraval (…) a beure aigua fresca dla senia ab compª. de Manuel Ortí dla ciutad d Valcª. y de un alferis dl dit Regiment y d altres persones”. En aquellos momentos, decía el comandante afectado, “Ohí un Gran remor d. cavalls [que] venien amotinats [y] es retirà en continent (de inmediato) auna Casa que ya en dita heretat y tancà la porta dient «cavallers valga la cortesia, que no es lo que vostés se pensen y avent dit al tinient d acavalls que sosegara la gent (…) li respongué que bé podia eixir sobre sa paraula que li oferia no lo agraviarien en ninguna cosa, y que sense perill ningú podia obrir y avent eixit, ell relant y testimoni, y estant parlant en lo dit tinient li tiraren dos escopetades sens, trobar en dit tinient fera diligencia alguna de lo que li avia promés»…”

Sin embargo de estas manifestaciones, admitía D. Andrés Fos que no podía decir con certeza quién o quiénes le habían disparado porque “Sols pogué veure que un soldat d cavall, que es diu y nomena Francisco lo Castellà per estar molt prop d ell relant y testimoni, podrà dir qui son los que li tiraren dites escopetades perque li pareix (…) que ell seria un de los qui li tiraren per evir (¿venir?) dla part que dit Castellà estava ab dos, o, tres mes soldats els quals pogué conexer”, etc. Y seguía diciendo ante el Justicia: “Asó es lo que sab y pot dir per lo Jurament que te prestat, y per trobarse nafrat del bras dret y per no poder fermar son nom feu una creu en presencia dels testimonis infraescrits”. Una nota adicional hace relación y suma del dinero que llevaba encima el Comandante: 543 libras, 2 sueldos y 6 dineros. Algunas monedas eran de oro: “Sis monedes dor d aquatre”, y todas diferentes, incluso había dinero portugués…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila