Los ameradores de esparto

460. Los ameradores de esparto (1905)
amerador

L’amerador del esparto de la Punta de l’Alcocó fue el primer asunto tratado por el Consistorio vilero el 18 de noviembre de 1905, asunto provocado por una instancia firmada por varios industriales esparteros de Villajoyosa. Los firmantes fueron Pedro Morales, José Lloret Vives, Francisco Morales, Cosme Adrover, Jorge Ruiz, Vicente Zaragoza, Andrés Morales y la viuda de José Alemany. Éstos expusieron al Cabildo municipal la orden del señor ayudante de Marina prohibiéndoles cocer esparto en los ameradores del lugar antedicho. Los industriales lamentaban que “se veían en la dolorosa necesidad de interrumpir la industria a que se dedican hasta que las bajas mareas de enero les permitieran construir nuevos lavaderos en el sitio que al efecto les destinara la autoridad competente”. Leída que fue la instancia, usó de la palabra el alcalde, que sugirió arbitrar una fórmula para conciliar los intereses de los esparteros con los propios de los pescadores. Por ello proponía solicitar al capitán general del departamento de Cartagena concediera a los esparteros una prórroga de tres meses con tal de que pudieran construir nuevos corralones donde cocer el esparto “sin interrumpir esta operación y sin dejar de dar, por consiguiente, esta primera materia a la clase proletaria que se ocupa en la fabriación de cordelete”. Jaime Llinares Xerri no estuvo de acuerdo, pues se extrañaba de que aquellos industriales hubieran hecho caso omiso de la resolución del ayudante de Marina de la villa, dando lugar a la intervención del capitán general citado sin haberse propuesto ubicar en otro lugar los controvertidos ameradores. Si se conseguía la prórroga, añadía, sin excusa ni pretexto debían abandonar la Punta dentro del plazo que el Ayuntamiento se comprometía a pedir a la superioridad…

Después intervinieron Juan Lloret Vives y otros para decir que la clase espartera no se había propuesto poner trabas a los pescadores, y que entendía precipitada la orden de desmontar los corralones cuando la citada Punta todavía no estaba habilitada para que las barcas pescadoras se pudieran guarecer en ella. Era tanto como decir que se perjudicaba a la espartería sin beneficiar a la industria pesquera local. Y se acordó que el señor alcalde pidiera telegráficamente el plazo sugerido, dada la urgencia del asunto. En la sesión del 2 de diciembre del mismo año la presidencia del Ayuntamiento manifestó que le constaba que el telegrama enviado a Cartagena había sido mal acogido por determinadas personas de Villajoyosa y con términos ofensivos para la corporación municipal. También comentó que el semanario El Obrero emitía conceptos falsos sobre el Consistorio al criticar su mediación y tratando de desprestigiarlo. El 13 de de enero de 1906 varios industriales del esparto se vieron con la corporación vilera y dijeron que la Junta Local de Sanidad “ha calificado los ameradores de peligro para la salud pública, prohibiendo esas operaciones en la Balseta del Oli y en el Monxó (sic), y que, habiéndose hecho lo mismo con la Punta de l’Alcocó por el ayudante de Marina de este trozo (sic), no había modo de que Villajoyosa contara con esparto para las labores de cordelería, infiriéndose un grave perjuicio a la parte de la población que vivía de ese trabajo. Pedían se les permitiera macerar el esparto durante ocho meses del año, exceptuados junio, julio, agosto y septiembre, en que los malos olores del esparto en remojo podían, efectivamente, resultar molestos. El Ayuntamiento pasaría dicha petición a la corporación de sanidad…

José Payá Nicolau

LOS SANTOS AGUSTÍN Y GERÓNIMO

Un rincón resueltamente venerable este de San Agustín y San Gerónimo. Creció Villajoyosa en el siglo XVIII fuera de sus murallas, produciéndose la aglomeración reglada de los arrabales, como buscando el aire fresco del mar, desprendido el vilero del miedo ancestral y nada supuesto a los sangrientos desembarcos de los de Argel y la isla Djerba. Remitían los ataques incluso del corso turco y ya se podía acceder a un “solar per a fabricar casa” extramuros. (Solía costar la pequeña área de suelo ya urbano lo mismo aproximadamente que un mulo de trabajo, que esto se repite aquí por constatar. Los santos de la invocación en “taulellets”  también están en el corazón de los vileros, y no solo de quienes viven en esa barriada playera. Nos acompañan en cualquier momento de impetración o súplica en petición de mercedes, los sentimos en el hogar, acompasando su corazón al de quienes en ellos cifran una ayuda, o preservación de cualquier mal. La imagen de los santos con nosotros, siempre justamente al lado). Villajoyosa está bien asistida y no decae en devoción, no les olvida. (El importante vilero don Juan Beneyto Pérez, de niño escolar alumno de don José Gordero Chamorro, ya de mayor, y desde Madrid, escribió un artículo con ese tema, el “dels taulellets”, para al revista de fiestas en  honor a Santa Marta, al tiempo que recordaba sus visitas de la niñez y adolescecia a esas calles vileras…)

 J. Payá Nicolau

SAN JUAN BAUTISTA, EL PRECURSOR

Puede que la figura del Bautista, en su retablo vilero, sea una invocación banalizada por las veces que hemos visto representado su personaje en films que se suelen pasar en nuestro país en la Semana Santa, días de piedad y de reflexión cristiana. Pero en esas cintas poco se dice de su biografía, muy extensa en los diccionarios enciclopédicos, y en donde se ve su figura humana relacionada con personajes históricos como Herodes Antipas y Herodías, a los que se suman Nicéforo, San Jerónimo, Aretas (rey de Arabia), por lo del castillo llamado Macheronte, prisión de San Juan antes de ser decapitado. Se sabe que, por citarlo San Jerónimo, el cuerpo del Bautista fue enterrado con los de los profetas Elíseo y Abdías. En tiempos de Valente, emperador arriano, la cabeza de San Juan fue encontrada en Jerusalén por unos religiosos, que dieron orden de que fuera llevada a Constantinopla. A quince millas de Calcedonia, las muías que tiraban del carruaje no siguieron su marcha, de ahí que se depositara la preciosa carga en la ciudad de Cosilaon… Personaje de Oriente, he aquí su retablo en el otro extremo del Mediterráneo, la representación de quien recibió la gracia divina de anunciar al Hijo del Eterno en carne humana.

J. Payá Nicolau

¿LA VILA…O VILLAJOYOSA?

Ahora parece que han desaparecido todos los problemas que tiene La Vila o Villajoyosa, que son los corrientes en miles y miles de municipios españoles, y hay personas que se han enzarzado en el ¡¡problema!! de denominarlo LA VILA o VILLAJOYOSA, con sus partidarios de una forma o la otra.
En una crónica mía del siglo XVII hay un encuentro violento entre algunos pobladores de nuestra Villa, y se le atribuye participación en la trifulca a una persona a la que el notario llama “el castellà”, lo cual da a entender que en toda la población de aquellos años en nuestra “pobla” había un poblador al que se le conocía así, puesto que, al parecer, podría ser una persona procedente de tierras de Castilla.

En Villajoyosa denominamos “castellà” a la persona o personas que, habiendo venido su familia de Andalucía (no de Castilla), se pusieron a vivir y trabajar aquí. En los primeros años de mi labor en la Biblioteca vilera, me encontré personas jóvenes “castellanas” que ya hablaban nuestro valenciano ¡y el académico! mucho mejor que yo: esa es la primera muestra de asimilación a los vileros que tienen algunas personas inteligentes y con capacidad para integrarse en una comunidad extraña. Aquí convivimos gentes de muchos rincones de España, y respecto a lo más adecuado para la convivencia en casos de nomenclatura del pueblo o ciudad, cada cual tiene su preferencia…, cuando no hay intención política (que a veces todo lo ensucia) de cambiar una denominación. (¿Quién o quiénes serían los que comenzarían a llamar AMADORIO al río SELLA? Agustín Galiana Soriano, con su extraordinario libro sobre la “pobla medieval de Vilajoiosa” nos sugiere cómo pudo llegar a ser apelado Amadorio el río que no se llamó de ese modo…Viniendo los primeros pobladores de La Vila de Aragón y Cataluña mayoritariamente, aquí se hablaba y escribía el valenciano que leemos en los libros del Ayuntamiento vilero. Y respecto a quienes se amparan en el nombre dado a La Vila, que se escribió VILLAJOYOSA en la copia que descubrí de la “Carta Pobla” vilera, tengo que afirmar, una vez más, que quien hizo esa copia de una anterior seguramente se quedó plácidamente contento al escribir VI-LLA-JO-YO-SA., como si se tratara de ponerle nombre a un chalet o algo parecido. A mí me extrañó mucho ese nombre para una “pobla” del año 1300, pero eso es lo que hay…, de momento.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Más cerca con el “Quernet”

331. Más cerca con el “Quernet” (1751)

Por el “Quernet” de 1751, y repasando algunos meses del mismo, sabemos que ya entonces se celebraba lo que denominamos “lágrimas de Santa Marta”. Otra cosa digna de mención sería el plantío de álamos de que disponía Villajoyosa para ir trasplantando arbolillos que poblaran el último tramo del río y también el camino que llevaba desde la Plaza del Olmo a la zona playera, es decir la posterior Calle del Mar. Otra ocupación que se acometía en aquellas fechas y posteriores era la producción de seda. Por eso “vemos” cómo Basilio Peres (sic) realiza el justiprecio de la cosecha de hoja de morera de aquel año, ocupándose cinco días en hacerlo y percibiendo una libra por su trabajo. Los testimonios del total cosechado serían llevados luego al Corregimiento de Alcoy por el veredero Visente Nogueroles. Juan Vinaches, oficial de albañilería, y Francisco Lopes aparecen reseñados por el trabajo de empalmar las cañas que servirían en el acondicionamiento de la fuente de la Quarteta, habiendo sido suministrado el hilo requerido por Thomas Martines…
Por ese libro municipal sabemos, por ejemplo, que el gobierno vilero “encargó a Miguel Jerónimo (a) ¿Monrrava?, Jues de Valensia, que sacara dos copias simples De dos Privilegios antiguos el uno Del Rey Dn. Fernando de Aragon, y el otro del Rey Dn. Carlos para que se saquen con facilidad en estos, copias testimoniadas parapresentar en juicio en fecha de 11 de febrero de dchº. Año”, y aventuramos que se trataba de dos de los pergaminos que posee el Archivo Histórico Municipal de Villajoyosa, textos que serían requeridos en juicios reivindicativos de derechos de nuestra villa.
En algunas anotaciones del clavario se revelan los gastos ocasionados por el uso de distintas bestias de carga que acarrearon tierra sacada de la propia Plaza del Olmo y que era llevada a otros lugares, quizá al arreglo de una acequia o de un margen, tal vez de alguna fuente. Ello nos incita a pensar que la plaza en cuestión era entonces algo abrupta, espontáneamente sembrada de rocas y con desniveles de consideración, que ese trabajo se repite año tras año. Sin duda, aquellas extracciones irían creando facilidades para que se iniciara el arrabal de San Agustín, como mínimo…
En lo referente al suministro de nieve a Villajoyosa, una regalía que como tal tenía que pagarse a las arcas reales, leemos que “Pagó el Clavario de ordn. De dhos. SS (los señores capitulares) â Antonio Basques de la Ciudad de Valencia recaudador del drº. de Nieve, la quantia de veintey tres libras por razon del Encabezamiento que los señores capitulares efectuaron, con el Apoderado de dhº. Basques, y es por el año proximo pasado de mil settºs. cinquenta y uno”.
Otra curiosidad. Vino un mensajero de Alcoy con “vereda” (mensaje) que avisaba de un acuerdo de los Señores de la Sala [de Alcoy] “sobre que davan departe de Sumajestad [un premio] al sujeto que revelase quien havia hurtado el veril (por viril) de Santa Tecla de San Phelipe”, antes Xàtiva.

(Realmente, hay que decirlo, el “Quernet” es un libro municipal que acercacornetconsiderablemente a la textura vital de un núcleo de población, al día a día del vecindario y señalando en qué se ocupan algunos de sus habitantes, el precio que se ponen a sus servicios, la frecuencia con que son requeridos y la naturaleza de las necesidades diarias del vecindario. Por estos libros sabemos, además, quién era el cirujano, quién el alarife, los verederos habituales en distintas épocas, la comadre de partear o los molineros, y también quién llevaba la tienda, la carnicería o la taberna en fechas concretas: un modesto compendio de la vida local y de quienes la dinamizaban día tras día… Y lo mismo se puede decir de quiénes eran y de qué modo decidían sus gobernantes en buena parte del vivir de los pobladores).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

APARTADO DE CORREOS

Nadie recordará en Villajoyosa, ¡imposible! que estuve de corresponsal del semanario LA MARINA desde el número 21 hasta el 397, sin fallar ni una sola semana y escribiendo casi dos páginas a la semana en ciertos momentos, valiéndome de seudónimos por no dar a entender al público “pobreza de colaboradores”.  En números normales, los originales que me entregaban algunos espontáneos de mi cercanía amical  presentaban como “un florilegio” de faltas de Ortografia o de estilo, y yo los mecanografiaba de nuevo, quedándome algunas noches hasta las dos de la madrugada repasando y repasando expresiones y tachando redundancias, claro. Incluso a esas horas, y algunas madrugadas, me acercaba a Correos (entonces en lo que hoy es “Ciudad de Valencia) y echaba el envío para la semana.

Cuando llegaban las fiestas de Santa Marta y por Navidad, tenía yo que visitar las tiendas y comercios buscando publicidad para “sacar” un número extraordinario. Lo que me torturaba era ese asunto, la desgana de los posibles anunciantes y el regateo sombrío de algunos de ellos, que deseaban un anuncio muy, muy visible…y barato. Sacado el extraordinario, de muchas más páginas que los corrientes, el director propietario de la publicación me daba un 25% de lo obtenido de los anunciantes…, aunque siempre había letras de cambio devueltas y obtener su pago formaba parte de mi remuneración de aquel porcentaje.

Para preparar en la Imprenta Moderna de Alicante los números “extra”, yo me desplazaba a Alicante y, al mismo tiempo entraba en contacto con la lineotipia de los hermanos Fonseca, que pasaba los textos a renglones de plomo. Yo corregía algunos e iba entendiendo algo de aquella técnica…hasta que convencí a las imprentas de La Vila la suprema ventaja de no componer los textos de caja, letra por letra, a mano. Desde entonces todo cambió en nuestras imprentas locales…

Mi tutela de los extra de LA MARINA hizo que, tanto el Boletín de la Comunidad de Regantes y sus ediciones con el Ayuntamiento (más páginas) aceptaran “el plomo”, ahorrándose horas y horas de buscar letras en la caja en las diversas imprentas. Lo mismo se hizo con las revistas de Moros y Cristianos, algunos años a mi cargo. Todos contentos, todos…

Bien: uno de esos días de trabajo en Alicante para LA MARINA, don Juan Sapena y Torres, su propietario y editor, me envió desde la lineotipia a recoger el correo del apartado. Era un lunes y el recinto de los apartados de Correos estaba a rebosar, y casi todo el mundo discutía los avatares de los partidos de fútbol del día anterior. Entre las piernas de los allí presentes, fumadores y no, deambulaba un perro seguramente perdido o despistado. Algunos de los presentes lo espantaban sin violencia, molestos por el ir y venir del perro…hasta que se abrió una ventanilla al fondo y un funcionario anunció que ya el correo estaba rn los correspondientes cajetines. En muy pocos momentos, el lugar casi quedó vacío y con la niebla que impartieron los fumadores. El can seguí allí, más sosegado, no se iba. Entonces el funcionario arriba aludido pronunció su nombre y el perro se puso ante la ventanilla apoyándose sobre sus patas traseras. En ese equilibrio pudo coger en su boca un buen fajó de cartas y algún que otro periódico, dio la vuelta.y abandonó aquel pasillo…hasta perderse en una esquina de la calle.

J. Payá Nicolau

Mensaje

AQUÍ ESTA EL CASTILLO

Antonio  Linares  Ortiz,  aquel  amigo entusiasta, artista en fotografía y en el escenario,  deseaba fervientemente que los desfiles de las compañías de moros y cristianos  se  celebraran  en la playa. Sus argumentos no se derrumbaban: si en la  calle  Colón se desfilaba con cierto desahogo y buen ritmo, en el tramo del Arsenal  a  Pescados  el alarde mejoraría sobremanera. A más, con la proximidad del  mar  y su brisa, el fluir de las compañías entre palmeras y mayor amplitud de  espacio  darían  al  acto  la  grandeza  conmemorativa más deseada. Por otra parte,  y  como se ha visto años y años, el público espectador cuenta con gradas abundantes  y  satisfactorias  para  el disfrute del espectáculo. También decía Antonio  del  emplazamiento del castillo festero. Esa conquista la disfrutó este hombre…(él y los suyos, desde su balcón)  y  todos,  y  más  cuando  el  fingido baluarte cumple su función de conquista  y  reconquista entre bellas alturas de las prolíficas palmeras. Otro argumento  era  el  de  la  predisposición  ambiental que aquí tenían desfiles y castillo  para  la  fotografía más sustanciosa. Aquí está, pues, el castillo. Al volver  esta  página fantástica de Pedro Estevan, el lector pasará revista a las tropas contendientes,  en  cuya filas, si no forma Antonio, siempre habrá algún pariente, grande o pequeño, que figure…

Habría que recordar –la gente mayor siempre lo hacemos– los festejos de esta naturaleza cuando el castillo figuraba ante el edificio “dels Aragonesos” en la antigua Plaza de la Nueva España en el año 1947, castillo que los moros festivos no querían rendir y que los cristianos asaltaron violenta y copiosamente…hasta que las vigas cedieron y todos los combatientes rodaron por sus suelos al tiempo que a alguien, desde el interior venido abajo estrepitosamente, se le disparó el arcabuz…, aunque pocos heridos hubo. Se dijo que el “Rey Moro” no quería seguir el guión porque en su cuartel real había aún muchas garrafas de bebida y “moltes toñes” y otros comestibles para “sus moros”…Y era cierto.

J. Payá Nicolau

F I N

FACHADAS EN LA CALLE DE SAN PEDRO

 FACHADAS EN LA CALLE DE SAN PEDRO 
  A la memoria de Antonio Linares Ortiz.24 El de San Pere.jpgSe  agrupa  el  crecimiento,  necesario,
del marco al contramarco, y la persiana
duplica su repliegue en la ventana,
más alta, un metro más, en su inventario.

Repítese  el  concepto indumentario
de puertas, pero nunca será hermana
la forma del tamaño en esta humana
versión y proporción de lo contrario.

Su  múltiple  porción,  su  abecedario
del ángulo total aquí servido
da espacio para el vuelo y para el nido
del ala golondrina y su rosario.

Dinteles y derrames ven su horario,
solar y trashumante, así medido.

José Paya Nicolau (1985)

NOTA: Cualquier lector vilero se dará cuenta en seguida que me equivoqué estrepitosamente cuando apliqué este soneto al dibujo magistral de Pedro Estevan. No estábamos ante las fachadas de “San Pedro” sino en la que un día se denominara Plaza de la Nueva España, hoy en día de la Generalitat Valenciana.Mi disculpa consiste en que escribí muy aprisa los pies de las ilustraciones para que la Asociación de Santa Marta tuviera cuanto antes el original para el libro en cuestión. (Algunos comentarios han recibido añadiduras de texto según van pasando ante mis ojos al transcribirlos, y no sólo en éste hay que corregir o extender). El dibujo, ya se advierte, nos presenta edificios de la plaza aludida (uno de ellos contiene esas voces informativas del ágil contenido de “Onda Cero”). Recuérdese que algunos de estos edificios crecieron sobre el talud de arcilla que daría a la Carretera General (“Carretera Nova”), borrando, sí, la esencia campesina “dels Parrals”. y después de haberse deshecho Villajoyosa, en la II República, con don Ángel Tomás de alcalde, de los restos del convento de los agustinos, aquejados asimismo de peligrosos derrumbamiento.

J. Payá Nicolau

PLAYAS DE VILLAJOYOSA

Playas  de  Villajoyosa, la mayoría de los días remanso de paz como regalo de la naturaleza. Sus aguas, limpias  y  transparentes, hacen de este lugar el paraíso soñado de todos los que las visitan. (Hay una foto antigua, además, que, tomada desde Villa Giacomina, o “Mallaeta”, nos representa el tupido y perfumado terreno vilero más próximo al mar, repleto de almendros floridos hasta un éxtasis de perfume  que encanta a cualquiera. Contemplando esa fotografía, de los años treinta posiblemente del siglo XX, una mente algo imaginativa podría comprender la razón por la cual tantas personas de la remota antigüedad eligieron nuestro territorio para hacerse sedentarios y vivir aquí, cerca del mar y de las fuentes naturales conocidas en aquellos tiempos

La moderna configuración de Villajoyosa,  con  sus  edificios más recientes, se ha ido  extendiendo  muchísimo alineándose  en  la playa y dándole una pintoresca perspectiva al bello panorama que en todas direcciones provee este territorio…con el Puigcampana al Norte, por supuesto. (Dibujé un boceto, además de dar mi idea a un ayuntamiento, de que el final del Parque de la Creueta quedara, sin la proliferación de edificios tremendos, la visión completa de esa montaña espectacular…, pero, claro, los intereses pecuniarios no lo permitieron: hubiera sido la postal más envidiada de muchísimas personas de nuestra ciudad y de todos nuestros visitantes…

En esta nuestra playa y las que se suman a ella en este territorio, se respira la alegría propia de nuestras costas. Desde  la orilla del mar y en contrapartida a lo que estamos viendo, aparece una línea  de  montañas  y más montañas, cumbres y crestas de peladas rocas asomando las  unas  detrás  de  las  otras  en distintos planos y formando un conjunto de ensueño. Y, si observamos las colinas del Poniente cuando se va poniendo el sol, el paisaje es rotundamente prístino y gratificante, como el de las varias playas de este nuestro término… Playas  tranquilas  donde  revolotean sobre sus aguas gaviotas tan blancas como los rizos del mar al visitar la arena…

José Payá Nicolau