La suma pobreza de “Marsed”

La suma pobreza de “Marsed”  (1781)

A Pedro Marsed, labrador viudo de Villajoyosa, no le habían salido bien las cosas y así quiso demostrarlo cuando compareció ante el Justicia vilero en 1781. A éste le pidíó, por escrito poderse librar de pagar salario en acciones judiciales, ya que acreditaba que se encontraba en estado de “suma pobresa, como es notorio”. El Justicia en seguida recabó testimonios que corroborasen la pretendida pobreza de Marsed, y no era de extrañar. En un vecindario como el de aquella nuestra villa pocos serían los que ignorasen situaciones de ínfima, poca, mediana o gran riqueza en quienes se dedicaban al trabajo agrícola. Además, dependiendo de la debida averiguación el salario de los justicias, abogados, escribanos y asesores en asuntos judiciales, ¿cómo iban éstos a dejarse “seducir” por componendas o supuestas situaciones de semejante indigencia? Para aclarar aquella situación, se buscaron testigos y éstos fueron Bautista Esquerdo, Joseph Zaragoza de Vicente y Marcos Lloret, todos ellos campesinos. El día 6 de junio se aportaron los primeros testimonios, diciendo Bautista al alcalde, Joseph Llorca, lo siguiente “Que de vista trato, y Comunicación conoce, âl Contenido Pedro Marset (sic) Viudo, y sabe que este como a bienes propios suyos detiene y posee un bancal de tierra que puede regarse de la Noria de Gaspar Marset su Padre, cito en este termino, y en Partida de Paraiz. Y q. igualmente tiene arrendadas por via de arrendamiento en el mesmo termino, y Partidas de les Puntes y Saboneria: un pedazo de tierra propio de Doña Isidra Morales consorte de Fernando Mayor (Morales y Fernado Mayor, gente distinguida de La Vila); Otro de Joseph Urrios de Joseph menor (de días) de este nombre, y otro de Vicenta Urrios Viuda, constandole ―seguía declarando Esquerdo― que el antedicho pedazo de tierra Partida Paraiz su precio lo es de ciento y cuarenta libras; con las rentas del qual y de los demas (…) cultivandoles, y trabajandoles a sus expensas se alimenta sin serle preciso para este efecto ganar un diario jornal”. Era cuanto tenía que decir, manifestaba, y firmó esa declaración.
El testimonio siguiente vino a decir la misma cosa, aunque se nombraba la finca de la viuda de Bartolomé Lloret, no referida por el primer testigo, de modo que “el memorado Marset” no quedaba sino como pudiente. El informe dado por el último de los declarantes se iniciaba así: “Que de cierta ciencia sabe que el referido Marset por via de arrendamiento tiene (…) unas tierras…”, y confirmaba lo testimoniado antes. Al menos, la huerta que contaba con el riego de la noria ya podía proporcionar alimento bastante al autotitulado pobre para no trabajar a jornal, una riqueza nada despreciable, y sin contar los frutos de las otras tierras que trabajaba para sustentarse y vender los previsibles excedentes. Le fallaron los cálculos y las cosas estaban bien claras. No obstante, don Isidro Lloret, “Abogado de los Reales Concejos”, fue requerido por el Justicia vilero para que lo asesorase en aquel caso. El 8 de junio, dos días después de iniciarse el “informativo”, el alcalde emitió escrito en el que se podía leer ”que devia declarar y declarava no haver lugar por ahora a la pretendida Declaracion de Pobre del citado Marset”. Así lo proveyó, siéndole comunicado este auto al interesado…
HORT 

J. Payá Nicolau Cronista Ofic. de Villajoyosa

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De la “adaza o Paniso”

Siendo el 11 de octubre de 1734, y estando en Valencia el Príncipe de Campoflorido, firmó una orden que llegaría al partido de la gobernación de Alcoy, y, por ende, a Villajoyosa. Nuestro ayuntamiento la pregonó de inmediato, y de ello dejó constancia escrita el escribano Francisco Vaello. Una parte de lo que redactó decía: “Fue publicado este abstracto (quiso escribir “extracto”) por oden del Sr. Jayme Aragones Alcalde Ordinario de esta Villa de Villajoyosa por Gregorio Giner Pregonero por pregon de ella en dies y seis de octubre (…) de que yo el escribano doy fee”. Aseguraba también habérsela comunicado a Ignacio Vaello, el otro alcalde. Aquella orden se refería al producto agrícola denominado “adaza o Paniso”, esa especie de maíz, como sabemos. El Reino de Aragón no había permitido la saca de trigos, previéndose escasez del mismo en las tierras confinantes con Castilla, y por ello no se iba a alcanzar ni la tercera parte del grano que solía consumirse en nuestro territorio. El Príncipe advertía que “Conviene precaver dchª. falta por todos los medios mas eficaces siendo uno de ellos, el que sus naturales se socorran con preferencia a los forasteros de la daza (…) que en el se coge, por lo que este fruto suple entre la gente Pobre y de trabajo para evitar los Perjuizios, que de lo contrario pudiese Resultar”. En consecuencia, ordenaba y mandaba a todos los gobernantes, corregidores o sus tenientes, y a los alcaldes mayores y ordinarios que “con ningun pretexto permitan la Saca, ni extraccion de la Adaza (…) o paniso para fuera del Reyno baxo la pena /ilegible/ del Genero, y vagaje, en que se transportare, con la de `proceder contra sus Dueños, Juezes, y Justisias (…) y no permitir que Persona alguna la Regatee (la orden) ni agaville para Revenderla en perjuisio del publico, para cuio presiso sustento deve servir”. Tanto el reino de Valencia como el de Murcia, no cultivaban trigo, por “no ser fruto ni cosecha  deste Reyno”. Por tanto, había que administrar bien todo el panizo de que se dispusiera. Recordemos que el de Campoflorido era también “Capitan General del Exersito, y Reyno de Valensia, con el Mando Militar del Reyno de Murcia”, teniendo que procurar por los abastecimientos pertinentes de esos territorios.

Algo más de cien años después, y según el diccionario enciclopédico de Pascual Madoz, la tierra agrícola de Villajoyosa, de unos mil jornales, producía trigo, cebada, maíz, algarrobas, poco aceite y vino, además de higos (había extensos higuerales, bosques según ese diccionario), pasas moscateles, hortalizas, legumbres, frutas…Los niños de la posguerra recordamos un extenso trigal propiedad de la finca de la Barbera, trigal que llegaba desde el Camino Viejo de Valencia hasta lo que hoy en día es el juzgado de la ciudad, un sembrado de anchura considerable. Y no era el único campo de trigo en el campo de la Vila, en cuya historia hubo bastantes molinos harineros…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

Fugados de la Vila

1726: Fugados de la Vila (De “Papers de La Vila”)

De todos los libros municipales que dan cuenta de cosas ocurridas en el siglo XVIII en Villajoyosa, ninguno tan curioso como el Corned. En otras ocasiones lo hemos dicho…porque siempre encontramos en él algo que señalar. En el volumen número 17 de su serie, que abarca los años 1725 y siguiente, surgen algunos aspectos de los gastos municipales. Está el gasto  “…que tuvo la Villa (por) quatro marineros que los moros les thomaron la enbarcacion de un refresco d Pan Vino, y pescado que se les dio”.  La anotación del clavario, a la sazón Jaime Urrios, quiere decir que Villajoyosa socorrió a estos marineros —¿de dónde serían?¬— con la comida mencionada, y debido a que los moros les habían quitado la barca. Poco después hay otra partida que reza:  “Arina que la Villa compro para dar de comer alos ladrones que estan en la carsel”,  y que debían ser otras personas. En aquellos días de febrero, y en los siguientes meses hasta primeros de julio, queda anotado, entre otros, un gasto originado por el trabajo de algunos vileros al acarrear tierra y piedras para  “empedrar la plaza d Abaxo y puerta principal”.

También hay un pago hecho por el Urrios referido —siempre por orden del alcalde y regidores locales— “por tres arrovas panezillos d trigo para repartir alos muchachos segun costumbre antigua arrazon d onze sueldos la arrova, y sinco libras, y dos onzas turron (…) para repartir alos muchachos como con efeto se hizo vispera d Sn. Anthonio Abat en la Ermita”.  (Ésta es la primera anotación que vemos en libros municipales en que aparece la expresión  “Sn.Anthonio Abat en la Ermita”, ya que siempre veíamos escrito “San Anthonio de las Huertas”. Hasta los libros del siglo XIX no vuelve a comparecer la aquélla).
El 21 de junio de ese año 1726 se presentó el gasto de una libra al  pagar a Miguel Andreu, (un) propio (empleado) del municipio vilero  “que fue en Requisitoria de Guia âlos lugares de Orcheta Sella Penaguila, Alcolega (sic), Benifallim Relleu, Busot, y huerta de Alicante sobre la fuga, y Rotura de carcel de Miguel, y Francº. Grau Presos que estavan en esta Villa” (por Villajoyosa). Estos dos debían ser los aludidos más arriba cuando hubo que comprar harina para alimentarlos. Otro gasto fue el de 12 sueldos abonados a Vicente Soto, otro propio del municipio jonense, que fue enviado con el mismo objeto  “alos lugares de Benidorm, la Nusia Polop, Altea y Finestrat”. Más adelante vemos que vecinos de nuestra villa trabajan en la cárcel para los remiendos y limpieza necesarios a raíz de la fuga de los Grau. Simultáneamente, Gaspar Rogles subía a Finestrat para traerse ladrillos y lexa (¿lejas?) con destino a obras de la iglesia vilera y de la Casa Capitular. La alfarería o alfarerías de Finestrat suministraban esos materiales al contar con alfareros expertos, agua bastante y buena arcilla…
Días después de estas acotaciones encontramos una que dice textualmente: “Otrosí aun hombre que vino de Alcolega con la noticia de haver prendido a Miguel y Francisco Grau q. havian Echo fuga de la carcel de esta Villa”, la nuestra. Al dicho mensajero se le pagaron cuatro sueldos. Entonces el ayuntamiento de Villajoyosa ordenaba al Alcalde de la Hermandad que subiera a Alcoleja a traserse a los dos fugados hasta la cárcel vilera. (A continuación del gasto de subir a Alcoleja, una libra y doce sueldos, escogemos el que se anotó de este modo: “pr. (por) tres Papeles y Medio de Polvora pª. disparar enla Fiesta de las lagrimas d Nuestra Patrona Santa Martha (la primera vez que vemos nombrada dicha celebración) á razon de 5 sueldos el papel”. Referidas aún al mes de mayo las cuentas del gasto, llega el asiento ocasionado por los consabidos presos, posteriormente fugados , “Pobres Presos —leemos— en las Carceles d dha (dicha) Villa  (…) en comida, una libra, un sueldo”. (Sucesivas notas siguen dándonos una visión muy cercana a la vida de relación humana en Villajoyosa, con mayores o menores sobresaltos, sobre todo en cuanto a los imperativos de pagar al rey las rentas). Finalmente, en el documento consta que al clavario Jaime Urrios se le pagarían 80 libras por su ocupación en aquel cargo durante un año…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

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José Payá Nicolau
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CON SOLDADOS…Y SIN VINO

Con soldados…y sin vino  (De “Papers de La Vila”)

Estando en Villajoyosa el capitán de Caballos D. Guillermo Shanly, y como quedara reflejado en otra crónica de ese mismo año de 1715, había que buscar alojamiento para él y dos alféreces llegados el día anterior ya de noche. Venía este grupo de Caballería a sustituir a D. Alfonso Zeron, capitán que tanto había hecho sufrir al Cabildo vilero y a los vecinos con exigencias y rabietas sin fin, al tiempo que amenazando con que el municipio acabase de pagar la Contribución. Semejante agresividad había hecho que los justicias vileros recurrieran a instancias superiores, de modo que, finalmente, se produciría la tan deseada sustitución. En esa gestión para el cambio tuvo mucho que ver el síndico vilero, Isidro Lorca. Entrevistado en Alicante con D. Lucas Espínola (o Spínola), que estaba allí casualmente, le rogó su intervención en el atosigante asunto del cuestionado militar, y, al mismo tiempo, se encargó Lorca de pedirle una espera sobre el resto de la Contribución que pesaba sobre nuestra villa. “Pero dize dcho. Isidro Lorca —como explicaba el alcalde ordinario— que â tenido mucho que venser con su Excº. en hazer levantar la partida (de los soldados) por que Su exa. en el memorial primero dixo que no havia lugar (para un nuevo plazo) por que hera presiso â Cudir alas pagas dl Rey, y que envista dun gasto tan continuo que la Villa tenia ofresio â unos agentes que como lograsen d su excª. su pretencion (de pagar aplazado el resto del impuesto) les regalaria con dies doblones, y que los agentes le respondieron que menos de veinte Doblones no querian haser empeño con su exª. diciendole  que ellos vivian d esas agencias (o gestiones), y que tenian muy cansado  asu exª. âunque hera verdad que le tenian muy bien servido y que la pretencion dela Villa (por Villajoyosa) hera muy dificultoso el conseguirla, porque levantar la partida d apremio Sin pagar y pedir espera (para el resto) era cossa que nosea via visto éxemplar semejante…” Parecía que aquel favor resultaba excesivo pedírselo, por aquel precio, a los individuos que se ganaban la vida pululando en torno de ciertas autoridades, a las que asediaban continuamente para favores de aquella naturaleza.
Suponemos a nuestro síndico en una situación difícil, pues si no aceptaba dar los veinte doblones a los gestores de aquel favoritismo, los dieciocho “cavallos” con sus oficiales y soldados en La Vila iban a producir gastos desorbitados para el Cabildo vilero, además de las impertinencias inferidas al vecindario. Porque eran grandes las exigencias de los militares, incansables en sus peticiones y amenazas. Por eso, el síndico optó por ofrecer dieciocho doblones (¿uno por cada caballo quizá?), y los agentes —como catalizadores en una reacción química— fueron “a Suplicarle aSu exª. que se dignara d consolar ala Villa en mandar levantar la partida d apremio”. Así lo contaba el escribano de la Sala vilera al dar cuenta de los tumbos del síndico en Alicante. Los agentes tardaron dos días en conseguir algo aceptable de aquella autoridad. Spínola les aseguró que si Villajoyosa pagaba por todo el mes de octubre, ordenaría que los soldados se fueran.
Entre tanto, el Consistorio buscaba alojamiento para los oficiales y el sargento de aquel grupo militar. Éstos, con sus respectivas familias, ocuparían las casas de Alvaro Linares y la de la viuda de Jayme Aragonés, así como las de Serafín Saragossa y Alexandro Ruis. Los soldados tendrían un cuartel adecuado, “acudiendo la Villa a todas partes en todo lo que tenga d obligacion porque no se quejen oficiales ni soldados”,  resolvía el Cabildo.

tabernaSXVIILuego sobrevendría algo alarmante para aquellos militares…porque supieron que la Vila se estaba quedando sin existencias de vino…debido a que nadie había optado por gestionar la taberna. Aunque el Cabildo ya había decidido  “…que la Villa trayga el vino por su quenta, y lo mande vender d su Ordn (obligatoriamente), y en el primer camino (o solución) verá como le sale (cómo le resulta) y si le estuviere bien proseguiria, y sino dispondra lo que sea mas conveniente para todo el comun”.  Y así lo resolvieron, pues era arriesgado que los militares anduvieran sin vino…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. deLa Vila

Un documento (incompleto) de 1608

Un documento (incompleto) de 1608
constituido por interrogatorios hechos a vecinos de Villajoyosa y que figuró en
un Llibre de Cort o del juzgado

 Francisco fuentes ministre del Gover Intimat la desusdita Scriptura y provicio de aquella a Gaspar lenares y aixi en Sa relatio die vigessimo quinto mensis octobre anno Libro de las subastasanativitate domini millessimo Sexentissimo octavo [25-X-1608] Respostes fetes per gaspar lenares demelchior llaurador de lapnt vila de Vilajoiossa habitador y Ursola llinares muller de aquell me dio juramento per aquelles prestat en mae poder demiquel llorca Justicia en lo civil y criminal dela present vila de Villajoyossa.
Gaspar linares de melchior llauredor de la de la dita y present Vila de edat que du ser de quaranta huit anys poch mes, o, menys lo qual jura informa /ilegible/ cuya veritate promete dir veritat si deu li ajude amen
Fonch interrogat E dix que es veritat que Sa cobrat de pere mingot de gines algunes, o, moltes quantitats que les ha cobratdes de lo dit com a procurador de joanmayor fill de joan /ilegible/ y que es ver linforma apoca en lo dit nom y en lo que /ilegible/ als dits moriscos de polop /ilegible/ q no se li feu ni tal li andegut deutes ninguns jamas ni tal deute li consigna y açó es la veritat y no pot dir mes per lo jurament que t prestat.die vigessimo sexto dictorum mensis et anni [26-X-1608].
Ursula Linares muller de gaspar linares de melchior de la prst. vila de Vilajoiossa de hedat que dix ser de quaranta set anys poch mes, o, menys lo cual jura informa juris cuyus virtute promete dir veritat si deu li ajuda amen.
Fonch interrogada ella E dix que lo que ella sap y pot dir sobre lo que esta interrogada es que esta molt be que lo dit gaspar linares son marit Adonat y pagat alguns, o, moltes quantitats aperemingot de gines y que lo dit mingot liferma Apoca perque lo dit mingot Cobrara com procurador de Joanmayor y les pagues eren de una heretat que lo dit mayor vene al dit son marit en la partida dels almisserans y en lo que ja respecte als moros de polop que jamas a entes que moriscos de Polop deguessen al dit son marit y aço y no altres coses dix saber per lo jurament que te prestat
die vigessimo sexto octobris retulit francisco fuentes ministre del Govern intima a pere mingot de ginis les respodtes fetes per Gaspar linares y muller y aixi en sa relatio

iversdie vigessimo octavo mensis novembris anno anativitate domino milessimo sexcentessimo decimo nono [28-XI-1619] presenta gaspar Linares la scriptura seguent: Autto. Sempre resta justificat lo manament executori impetrat per gaspar linares propossant ver encontra Peremingot alo acte presentat en proces y ab lo deduit y allegat ab la scriptura presentada en nou dies del propasat mes de Agost [9-VIII] no obstant lo dit y allegat per dita part altra ni obsta pretendre aquell que auria fet /ilegible/ que se hauria fermat la dita obligatio y que avent tengut Comptes ab dit propossant en dit temps sin /ilegible/ versemblant que sí deguera dites quantitats les agueren Conposades alo que satisfa dient que no constara per jamas que dit pere mingot part contraria haja estat acreedor nomine propio contra dit propossant ni haverli fermat Apoques algunes y supossat que ennom de Procurador de joan mayor de Joan ha firmat apoques a dit propossant no pogué fer conpensatio de dites vint y huit lliures pero que dit propossant no li pagá dites quantitats sino el principal de aquell del qual se preferix no ser conduent la raho fetas perdita part altra nech etiam profecis conceptio de testimoni pretessa per dita part altra per ço que conforme forals dispossicions del present regne es proybit en semblants causes de esecucions poder rebre testhimoni per tot lo qual et altres les parts /de Vuestra mercé ans deguen/ ser y proveir y declarar dit manament executori voler y tenir y a ser portat adeguda y real esecucio possant en aquella no obstant lo dit y allegat per dita part altra ab compdempnacio de despeses de aquella cum si de jure procedat…

 

J. Payá Nicolau, Conista Ofic. de La Vila

Aviso de peste

Aviso de peste

La carta del corregidor don Luis de Costa Quiroga al justicia de Villajoyosa en septiembre de 1715 constituía una seria advertencia sobre “haverse buelto â ensender la peste en Alemania y particularmente en Baviera”. A tan tenebrosa noticia añadía la autoridad que “por esta causa se ha prohibido el comercio con Esquisaros, Bohemia, Moravia, Crohasia y Transilvania; y que (…) por el propio rezelo se ha publicado Vando en la Corte de Roma cuyo hasumpto, de que es copia la adjunta, remitio su Mgd. al Consejo…” para que emitieran órdenes “a fin de que por ningun medio, resquisito, ni accidente penetre a sus Reynos y Dominios este Contagio”. De ese modo, Villajoyosa recibió —como otros lugares costeros— el contenido de las previsiones y “las mas estrechas ordenes” para que en los puertos y parajes de España “se esté en cuenta de no permitir en ellos el desembarco de generos, ni maniobras que puedan venir de los Parages sospechosos en embarcaciones de qualquiera Naciones”. Seguía diciendo la comunicación que el “Senyor Abad de Vivanco, de orden del Consejo” encargaba al Corregidor de Alcoy el debido cuidado en lo tocante a su Partido porque “en cossa de tanta entidad y substancia” no se debía incurrir en el menor descuido. Había que dar también a su autoridad la noticia de cualquier novedad. La carta acababa confiando en las precisas precauciones a tomar en Villajoyosa en aquel asunto.
Las ratas devoran a un difunto
En el Libro de Cartas y Órdenes vemos copiada “la Instrucción delo que han de observar y guardar los Corregidores, Justicias y demas personas a quien tocare en los Puertos y Fronteras de las Ciudades, Villas y Lugares de estos Reynos sobre evitar la introduccion en ellos del mal contagioso que se padese en Alemania y demas partes”, según el referido bando. Éste llevaba fecha de 21 de junio de aquel año. Lo primero sería que el consistorio nombrara comisarios que vigilaran todos los puestos dotados de guardias, que en Villajoyosa tenían que ser, forzosamente, las playas del Xarco, Paradís, Torres y Cala, además de situar controles en caletas como quizá la del Bol Nou, Mallaeta, Cocó y otras donde la costa fuera fácilmente accesible a los que pretendieran desembarcar. Todos estos retenes los visitarían los comisarios día y noche con tal de que se cumpliera la encarecida alerta. “En llegando al Puerto alguna embarcacion —era la orden—, han de enviar gente (los de la Vila) en Lanchas ó Barcos, para que se informe delos parajes de donde vinieren, y pidan los despachos que traen para saber de que Provincias salieron, y si es de las partes sospechosas (…) o de otras donde no se padesca nigun contagio”. No se les dejaría poner pie en tierra, además de reconocer su estado de salud “por un Médico y un Cirujano”, pero sin causarles en manera alguna extorsión ni a sus géneros. En caso de que procedieran de lugares con peste, “no se les admitira al Comercio las ropas o generos delas que especialmente se fabriquen en ellas sin que hagan primero quarentena (…), purificando las que se traxeren con los humos y ingredientes acostumbrados y que se recetasen por los Medicos que fueren elegidos”, que tendrían que ser los más experimentados. Si su procedencia no era de países con la enfermedad, se les permitiría vender su mercancía —operación que producía ingresos monetarios por aduana y demás— “sin causarles molestia, detencion, ni gasto alguno”. En lo tocante a las personas distribuidas para guarda del litoral, se llevaría la cuenta y razón “delo que en esto se gastare y presentandola en el Consejo de dos en dos meses para que se aprueve”. Luego de tomadas esas precauciones y hecho el seguimiento adecuado, se informaría al Consejo a través de auto testimonial al corregidor (en Alcoy), quien apercibía al cabildo vilero de que llevaría observación minuciosa de sus actuaciones. Y si se infligía algún perjuicio a los navegantes u otras personas, ropas y mercaderías, “se procederá al castigo con mayor rigor contra todos los que contravinieren alo que en esta instruccion se contiene”. Se trataba, por supuesto  ¬¿y por qué no?— de asegurar el comercio que se podía producir con la llegada a La Vila de vituallas y cualquier género de mercancía favorables a las necesidades de los vecinos…

J. Payá Nicolau, Conista Ofic de LaVila

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Ciertos deudores de Relleu

Ciertos deudores de Relleu  (De “Papers de La Vila”)

RELLEU

En el mes de octubre de 1718, Lino Vidal, vecino de la “Universidad de San Juan de Alicante” entregaba graciosamente (o a crédito) unos cahíces de trigo a dos moradores de Relleu, Lerio Bernabeu y Francisco Soler. Éstos se obligaban, mediante escritura harto precisa y vinculante, a pagar el importe de los nueve cahíces y cuatro barchillas en dos veces o pagas iguales, “siendo la primera en el dia quinse de Julio proximo pasado, y la otra en el dia quinse del corriente mes, al presio mas alto que pasaria (o se diera) en dicha Villa por el mes de Mayo proximo pasado segun es de ver por la escritura de obligacion que pasó ante Leopoldo Soler escrivano Copia de la qual presento con solemnidad necesaria”. Lo transcrito hasta ahora formaba parte esencial de la instancia presentada al Justicia de Villajoyosa, Joseph Urios, por el referido Lino. Asesorado por un abogado, el alcalde ordinario vilero actuaría en consecuencia, pues el acreedor de las pagas no había podido recibirlas por más que, extrajudicialmente, habíalas reclamado de los susodichos vecinos de Relleu. (El caso, que nada tiene de épico ni de romántico, era muy frecuente en las transacciones al fiado o a crédito, derivándose mucha actividad de los justicias y escribanos, con testimonios y peritajes que prolongaban los casos excesivamente, como se puede suponer).
Al escrito de Lino Vidal se acompañaba un documento mediante el cual se acreditaba el precio del trigo en aquel mes de mayo y en Relleu: 7 libras y cuatro sueldos cada cahíz. La deuda, por tanto, se elevaba a 77 libras y cuatro sueldos. Para cobrarla, y con buena información —dicen que en los pueblos todo se sabe—, el demandante aportaba un dato más a su exposición, y por eso decía: “Y a mi noticia nuevamente aya llegado que Francisco Mayor vecino de esta villa (¿la Vila?) está deviendo Duscientas y ochenta y una libra; y dies sueldos, a dicho Lerio Bernabeu, las que le ha de pagar el dia de Nuestra Señora de Agosto proximo Viniente, que es el mismo dia en que fenese la segunda paga que deven hasere”. De ello podría alcalzarse una solución, opinaba Vidal: “Hacer embargo en poder de dicho Francisco Mayor dela referida cantidad de sesenta y siete libras, y quatro sueldos y las Costas Mandandole las detenga en su poder a orden y disposicion de este Jusgado y no las entregue a persona alguna baxo la pena de pagarla de proprios por ser de Justicia que pido con Costas (…) a Su Mersed supplcº. mande se reciba la declaracion Jurada de este, y Constando de lo Necesario proveher como tengo suplicado”.
El Justicia envió a su escribano a comprobar lo propuesto, quedando meridianamente claro que el tal Mayor debía la cantidad dicha a los dos de Relleu, y, en consecuencia, la autoridad retendría las cantidades requeridas por el acreedor de San Juan, jurando que, “caido el plaso pagará a quien sera de Justicia”. No eran simples palabras del Justicia o alcalde ordinario, quien, como era costumbre, juraba que haría eso. Lo hacía ante su escribano y mediante la señal de la Cruz.
(Recordamos al lector que la medida de áridos llamada cahíz alcanzaba el volumen de 666 litros, y que la barchilla oscilaba entre 16 y 20 en el Reino de Valencia).[/b]

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de LA VILA

CONTEXTO HISTÓRICO

LO QUE LA GENTE MIDE POR AHÍ

Un vecino mío dice que su hijo de catorce años ha estado calculando la distancia que suponían, en kilómetros, los 300 millones y pico que le tocaron al banquero del otro día en la Lotería Primitiva.  Asegura el niño —que recibe clases de Matemáticas en la «nostra llengua»— que, puestas las pesetas en línea recta, y a razón de dos centímetros de diámetro por rubia en disposición tangencial, la distancia de la primera a la última resulta ser de 6.000 km. Pero el escolar parece confundir el radio de las cosas con el perímetro de las mismas…, puesto que le ha dicho a su padre que, para hacerle un cinturón de pesetas a la Tierra, el pellizco de la Primitiva tendría que haber llegado a los 600 millones, cuando todo el mundo sabe que el cinturón ecuatorial de nuestro planeta es aproximadamente de 6.000 millones de las pesetas de metal, premio que ni la lotería más salvaje/primitiva se atrevería a otorgar a un solo acertante, habida cuenta de que estos mecanismos de bolas están destinados a redistribuir la riqueza.

Pero, en fin, el caso es que los  los niños vayan peritando lunas, planetas y otras esferas, como se supone que vivió su niñez Isaac Asimov, mucho antes de proceder a domesticar para el resto de los humanos los parámetros universales: («La medición del universo», Barcelona, Plaza y Janés, 1984).

Por otra parte, y sin que ningún gobierno terrestre pueda adjudicarse el dominio del proceso, una corriente de gas de dimensión desconocida, que alcanza la extensión lineal de 145 billones de kilómetros, está siendo absorbida —está o estuvo— por un agujero negro localizado en el centro de la Vía Láctea, galaxia a la que pertenece nuestro planeta.

Ya se sabe —lo sabe también Stephen W. Hawking, ahí están sus libros— que un agujero negro es un volumen invariable en el que cabe todo, incluso la luz, que no puede escapar a su furiosa atracción.

Se trata de un lugar del universo que no se sacia de engullir la materia que cae bajo su radio de acción, tal una botella —no retornable, al parecer— en la que cupiera todo el material —sólido, líquido, gaseoso— que se le propusiera a su extraña voracidad, y que sus paredes reventaran nunca. De esta singularidad— se puede decir que cuanto más tiene más quiere.

Pues bien, este tremendo núcleo de densidad infinita, bestia negra de los espacios, está a unos 30.000 años luz de Alicante, es decir, a unos 9.460.800.000.000 de kilómetros, asunto en el que, de momento, nada tienen que ver los señores Solchaga y Borrell, ya que no estamos tratando de pesetas en este párrafo. Ni de las rubias ni de las otras.

El posible lector de estas serias disquisiciones seguro que habrá tenido la ocasión de advertir con qué ilusión, con qué entusiasmo se prestan algunos mensajeros —prensa, radio y televisión nacionales— a ofrecernos sus peregrinos cálculos cuando saltan a la actualidad ciertas cantidades astronómicas, que son las que estoy refiriendo ahora, claro. Y quienes, por su oficio, tienen que comunicar barbaridades de este tipo, no pueden soslayar retahilas de números como la que implica esa increíble madeja de gas que está (?) tragando la opacidad del fenómeno descubierto hace poco, y entonces es cuando les aflora el infantilismo comparativo, que casi es un deporte nacional.

Si la madeja de 145 billones de kilómetros -le dicen al que quiere atender- fuera de lana, con ella se podrían confeccionar 18.000 millones de pares de calcetines que vestirían los pies de los 9.000 milIones de seres humanos —dos para cada uno, uno para cada pie— que van a poblar la Tierra en el año 3000…

Estos mensajeros, que suelen ignorar con Malthus, que la población del planeta envejece y las píldoras abortivas aumentan, sin contar con la gratuidad establecida de otros anticonceptivos, se ponen a calcular qué haría el señor Borrell con esos billones, en el caso de que fueran de cable coaxial, ya que, por lo que se rumorea, este Chèvres —«Sálveos Dios, ducado de a dos…»— va a presidir el caos telefónico, pues el señor Solana abandona la entropía de la Telefónica para acceder al Ente de las torpezas contables.

Pero dejemos el rollo de las millas de cable. Bástenos añadir que un astronauta que recorriera esa distancia gaseosa podría ir 360.000 veces a la Luna, independientemente de que —si fuera español— estuviera o no a la de Valencia. Y acabo aquí sin tener tiempo —ni espacio— para calcular algo que tenga que ver con el otro apoyo de la Comunidad Autónoma, Castellón. Por lo que pido disculpas, claro.

José Payà Nicolau
INFORMACIÓN
25 enero de 1989

DEL “GUERRERO DEL ANTIFAZ” EN LA VILA


DEL “GUERRERO DEL ANTIFAZ” EN LA VILA

La portada de mi novela APENAS SI SE SUPO, que es el relato de muchas cosas que sucedieron en Villajoyosa al terminar la guerra civil que inició Franco, contiene una de las ilustraciones continuadora de los dibujos que realicé para mi novelita anterior de las “Crónicas del Guerrero del Antifaz” (Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert: 1994). No podía liberarme de los recuerdos de ni niñez y la de mis amigos de la infancia hacia el héroe más famoso de los tebeos de aventuras que inundó la Península Ibérica. Al tratar la edición de mis crónicas del cristiano enmascarado con la editorial provincial, no salía de mi asombro al  comunicárseme que los ejemplares de “Narrativa” no llevaban ilustraciones…y en fin. Por eso dibujé un cuadernillo de varias páginas en el cual El Guerrero figuraba en todos los parajes señeros de sus viñetas, cuadernillo que dábamos a cada adquirente de un ejemplar del librito que yo había pensado titular “Cróniques d’estrassa”, y que fue publicado antes en capítulos  en “El Butlletí de l`Ajuntamente de La Vila”, que dirigía el inteligentísimo Luis Ruiz Soler. (También me publicó ese boletín poemas y artículos mensualmente, sobre todo la serie “El  llibre per lliure”).

Después de aquellos dibujos, y sin la asistencia dinámica y semanal del Guerrero del Antifaz –aunque cada siete días comprábamos para la biblioteca pública municipal el compendio semanal de la reedición completa valenciana del Guerrero–, con el entusiasmo del alicantino Emilio Soler (Conseller de Cultura del Gobierno Valenciano de Joan Lerma), mi “aventura continuó, empujada por una página entera de aquel magnífico amigo e historiador, que la firmaba en una página dominical del diario INFORMACIÖN…El empuje de Emilio Soler con eso fue para mí un “levántate y anda”, y dio lugar a una especie de redención de los muchachos de los años 40 de Villajoyosa, cuya principal tutela, valiosísima resultó ser, de entre los tebeos de aquellos años, la del Guerrero del Antifaz. (Ahora no se explica uno cómo es que en esta España, la actual, al hablar de héroes de aquellas aventuras, algunos desmemoriados o faltos de información, pasan rozando el héroe de Manual Gago y olvidan sus cualidades de valentía, generosidad y amigo de algunos moros justos y honrados…Será que lo vinculan a los Reyes Católicos e ignoran su nobleza para con todos, singularmente el esclavizado fuera por quien fuera, sin hacer distingos entre moros o cristianos…

La noche que se presentó “Crónicas…” en La Llar se vendieron 88 ejemplares…y porque no había más…y luego se fue agotando rápidamente la edición, que el Gil-Albert no repitió, como tenía en el contrato… (Fue lamentable que los vileros de más de cincuenta años no llegaran a saber que la novelita del Guerrero acababa de llegar a las librerías vileras…porque los niños y adolescentes de esos años nada tenían que ver con aquel héroe cuyas aventuras llegaron a toda España con ediciones semanales de más de 350.000 ejemplares. Pero…).


José Payá Nicolau