LA CLAVERÍA DEL AÑO 1718

Una clavería, la de 1718

Para conseguir una demora en el pago de contribuciones, el ayuntamiento de Villajoyosa tuvo sesión el 22 de junio de 1718. El alcalde ordinario, don Anthonio Linares, explicaba a sus regidores cómo iban ciertos asuntos a los que había que buscar pronta solución. Se sabía que en Valencia daban buenos resultados los pasos seguidos por los apoderados de La Vila en el pleito que se seguía por los terrenos de la Cala. Por esto y por algunos temas de menor entidad, “deve esta Villa estar por aora asegurada d no tener pesadumbre alguno, pero segun la respuesta que Dn. Phelipe tous atenido dl Secretario del Marques d Mirasol de Valencia —explicaba el alcalde— no ay esperanza alguna con la espera (o demora) dla contribucion corriente hasta el mes de Setiemebre proximo venidero”. Era ésta una petición llevada a cabo en aquella capital, y que se refería al pago de la “tersia segunda d dcha contribucion “. No había más remedio que acudir al vecindario vilero para reunir el dinero que se adeudaba. Mas, estando ya a mitad del año, aún no se tenía clavario que recaudara…, no pudiéndose pagar deudas municipales con lo que quedaba por cobrar a la población. Para este cargo se eligió a Jayme Buforn de Juan…”para que en nombre d esta Villa pueda cobrar, y cobre dlos vezinos y terratinentes d ella, y forasteros d qualquier estado y condicion que sean todas y qualesquiera cantidades, que por qualquiera via, forma, y manera, fuesen deudores â dcha. Villa, y dcho. Clavario las tuviese a su cargo, y para sus Cobranzas pueda hazer quales quiera dilixencias por Justicia portandose con toda equidad, y fedelidad con los vezinos solesitandoles muchas vezes para sus cobranzas, antes de apremiarles con gastos para lo qual selea (se le ha) d otorgar poder bastante”.
Elegido el clavario, y presentadas éste las fianzas para serlo, el Cabildo ordenaría al escribano municipal que “Incontinenti se haga (…) el libro Intitulado el Cornet,CORNET como y en la forma que todos los años sea costumbra, mudando las peytas (impuestos variables por cambios en la propiedad) que los vezinos tuviesen que mudar, por termino d ocho dias (…) en cuyo libro constaran todas las deudas que â esta Villa deven contribuyr sus vezinos y terratinentes, y los demas que se le dieren en cargo, y concluydo dcho. libro se le entregue al dcho. Jayme Buforn (…) para que saque copia  del (de él) para poder cobrar lo que se le diere en cargo, y dlo prosedido pague, y gaste segun sele Mandare por los dchos. Sres. Alcaldes y Regidores, y la notificacion que se le hiziere se ponga â continuacion d este Ayuntamiento para que conste siempre que conbenga”.

Ni que decir tiene con qué insistencia y rigor tendría que moverse este hombre, intramuros y fuera, en arrabales incipientes y descampados remotos del municipio para cumplir con sus cobros. Sobre todo porque, siendo ya época de cosechar las gramíneas, y pronto las algarrobas y almendras, muchas familias andarian por los campos agrícolas y terrenos situados en las leves anfractuosidades del piedemonte, o en la huerta. Localizar a estos contribuyentes, y a los que eran pescadores,PESCAno era fácil…, porque, además, y como había ordenado el Cabildo, primeramente se avisaría de que se avecinaba el cobro…y después se intentaría hacerlo efectivo. Sendas y caminos, trochas y ramblas serían buena parte del trayecto a seguir, a lomos del mulo, por el clavario y ayudantes suyos para recaudar las peitas, por ejemplo, o escuchar un pretexto razonable para no pagarlas. Los abundantes testimonios de pobreza insuperable quedaban luego reflejados en los libros del ayuntamiento, que  más adelante vería el modo de percibir aquellos impuestos. Debido a los esfuerzos del clavario mirando y remirando los listados del vecindario, no es extraño que nos haya llegado sus libros en lamentable estado, recurrentemente manoseados…en busca de una esperanza.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de Villajoyosa (13 julio 2017)

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El alcalde tranquilo y los moros

ILLA
El alcalde tranquilo y los moros

Pedro Juan Mayor y Simón Vaello comparecieron el 9 de agosto de 1747 ante el notario Miguel Lorca y a ruegos de don Phelipe Thous, que era el Requisidor de la costa marítima del distrito de Villajoyosa. Pedro Juan era regidor segundo del ayuntamiento de la Vila y Vaello, arrendador de los derechos de Baylía y terzio diezmo (…). Dos personas destacadas en el vecindario vilero, desde luego. Además, el regidor era capitán de una Compañía de hombres apostada en nuestra villa…
Declararon ante el notario ese día porque poco después sus ocupaciones, quizá oficiales, les alejarían de Villajoyosa unas cuantas jornadas. ¿Y de qué trataba el documento que suscitaron ante aquel notario? Ambos declararon que “por la tarde del dia veinte y tres de mayo —y ya era agosto—, terzer dia de Pasqua deste presente año, con la voz que corriô en este comun de haver pasado por las Costas desta Playa, un londro Catalan, cargado de Soldadesca de Nuestro Monarca para la ciudad de Barcelona, salieron /aquí, palabra ilegible/ y estando sentados ala puerta y parte de afuera dela casa de Antonio Saragoza, Juntamente con Don Juan Morales Alcalde ordinario y francisco (sic) Vaello Escrivano, vieron que dicho Londro pasô por la parte de tierra dela Isla de Benidorm asu entender —decían— por recelo de dos Bastimentos ‘navios’ que havia en dicha Isla, y hazian mal marinaje por estar en ella encorados y considerando entre los que alli havia (los que estaban a la puerta de la casa citada) si serian los tales Bastimentos de Moros ô Contrabandistas, llego a dicho sitio el antedicho Don Phelipe Thous que havia acabado de venir con su caballo de la torre de Aguilo que està inmediata y frontera ala citada Isla, ê hizo instancia (sugirió) al nominado Don Juan Morales como tal Alcalde que por lo que pudiera suceder, sin embargo de no haver hecho menzion los bastimentos, se rezelaba de ellos de algun insulto malo (insulto es aquí ataque), por no ser bueno su marinaje (o manera de navegar y maniobrar) y assi nezecitarse de seis, u ocho hombres por Compañia delas de Melicia que havia en esta Villa que diera orden dicho Alcalde para que al anocheser estubieran listos para lo que se pudiera ofreser (o suceder), en vista de lo qual, el relatante (Juan) Mayor, sin embargo de que dicho Alcalde Morales no le previno sobre dicha Instancia /aquí, palabra ilegible/ , diô orden azu Sargento Pedro Nogueroles, para que sin la menor detenzion apromptara a la orden de Don Phelipe, los seis, u ocho soldados desu Compañia, que cumplio y efectuô ala ora señalada, pero no lo hizo en forma alguna el referido Alcalde”. (¡Quán extraña aquella indiferencia en el primer regidor!).
Como consecuencia de tan pasiva actitud en el alcalde, quizá de nervios de acero, quizá pigre o vago, “al otro dia se quejava agriamente el dicho Don Phelipe del citado  “por ser muy culpado en la desgrasia que aconteció de unos Canarios (ciertos barcos) de tres palos y vela latina) en el grao de Valencia cautivados por dichos Bastimentos dela Isla que quisa ubiera remediado sile ubiera mandado dar los hombres que le havia pedido, todo lo qual expresaron ambos Mayor y Vaello; y el primero refiriô, que “en otra ocasion que se le previno, y requiriô al que relata, por el mismo D. Phelipe como Comandante delas Compañias de Melizias desta Villa, se alistaran las armas y gentes para contener qualquier desembarco, que se intentara por seis fragatas que se encaminavan assi a estas Playas entregandole la llave de la puerta de dichas armas, y que acudiera el antedicho Alcalde que tenia la otra llave de la misma puerta (…), se passô a la Casa del mismo Alcalde que todavia por ser de mañana estava en cama, y dandole notizia de todo respondio, que se esperase”. Luego, y mientras estaba el enviado a las puertas de la Sala, llegó otro recado urgente con el mismo asunto, y además vino el ministro pregonero Joseph Fita con lo mismo, y al cual trató el alcalde con malas palabras…De aquella manera, la crispación estaba asegurada y había que recordar al dicho alcalde las órdenes del Duque de Caylus en relación a la defensa de nuestro litoral. Firmado aquel documento de denuncia ante la flagrante negligencia del primer edil, parecía que el escribano, Lorca, quería dejar bien sentado que él cumplía con su cometido de fedatario, buscando se entedieran aquellos hombres en su conflictivo enfrentamiento…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila (julio, 12, 2017)

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IMPUESTOS DE GUERRA

Mensaje1711: impuestos de guerra

AUSTRACISTASEstamos en diciembre de 1711, en plena Guerra de Sucesión, que terminaría en septiembre de 1714 con la caída de Cardona y la ciudad de Barcelona. Villajoyosa recibe una orden de “Don Francisco Caetano de Aragon (sic), Theniente General de los Reales Exercitos de su Magestad, Primer Theniente de las Reales Guardias de Corps en la Compañia Italiana, y Comandante de los Reynos de Valencia, y Murcia, y de las Fronteras de Castilla, y Cataluña”, según reza la ortografía del documento al que hacemos referencia, y cuyo contenido es recabar medios pecuniarios con que poder mantener las tropas en sus cuarteles de invierno. Las ciudades y villas del reino estaban ocupadas por contingentes de soldados, que, además de controlar al enemigo austracista, combatían el bandolerismo y, en muchos casos, tenían que estar presentes para que los tributos fueran pagados. El régimen fiscal de la Nueva Planta pretendía igualar las contribuciones de Aragón, Cataluña y Valencia a las de Castilla, y esto no se producía sin obstáculos: la práctica burocrática borbónica tardaría años en imponerse de forma digamos definitiva. (Una obra de Enrique Giménez López, “Gobernar con una misma ley” —Universidad de Aliante, 1999— desarrolla intensamente esta temática, cuyo subtítulo es “Sobre la Nueva Planta Borbónica en Valencia”. En tan exhaustivo texto se advierte el grado militarista de los gobernadores asignados a las ciudades y cómo había un amplio sector de intelectuales que pretendían que esa autoridad estuviera en msnos de hombres de letras…).

SOLDADOS
La orden más arriba aludida proporciona datos sobre el número de vecinos de Villajoyosa a principios del siglo XVIII, qué cantidades se tributaban, con qué frecuencia y qué agentes se encargaban de entregar lo tributado, unas veces en la capital, Alicante, y otras en Alcoy, que a su gobernación pertenecía nuestra villa en alguna ocasión. La orden dispone que, para pagar a las tropas, y para que no haya desorden alguno, “paguen igualmente todos los vecinos del presente Reyno, y que dicho dinero estre en Tesoreria. (…) Y aviendo hecho el computo , toca à cada vezino quince reales de moneda Valenciana al mes : y siendo en el lugar de Billajoiossa trezientos y beinte vezinos, importa al mes quatro zientas libras. Lo qual ordenamos, y mandamos à los Alcaldes y Regidores de dicho Lugar, que dentro de seis dias de estregada la presente orden, depositen el importe de dicha cantidad”. La entrega debía hacerse en Alicante, que allí radicaba el tesorero. “Y dicha cantidad —proseguía la orden— se ha de pagar cada quince dias hasta segunda orden; y no serà (acento, nuestrp) ninguno exempto de pagar, excepto los Estanqueros del Tabaco.. Y de no executar la presente orden, se embiarà en continente Tropas à aquartelar en dicho Lugar. Por convenir asi al Real servicio. Dado en la Ciudad de Valencia, a 27 de octubre de 1709. Francisco Caetano y Aragon”.
A título de curiosidad, veamos quién efectúa algunas de las entregas en aquellos años de guerra. Lo hace en una ocasión el Regimiento de Flandes, y también los de Infantería de Lisboa y de Luxemburgo, así como el Regimiento de Caballeros de Uribe, el de Infantería de Milán y el Batallón de Inválidos de San Felipe. (San Felipe fue el nombre que se le dio a Xàtiva por haber seguido la causa del Archiduque, oponiéndose a Felipe V). Otras veces es un vecino de Villajoyosa, Gaspar Linares (sic), síndico de la villa, o Andres Maior, y también el Ayudante Maior de la  Primera Compañía de Guardias de Corps…. Algunos recibos del tributo nombran a Joseph Monllor y a Gerónimo Nogueroles de Vicente, o a Joseph Buforn, síndico. Y comparecen en las órdenes los deseos regios de que los repartos del impuesto se hagan con ecuanimidad…”por que no se levante el villano contra la autoridad y haya revueltas…”

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila (8 julio 2017)

TRILLAR PANES EN JUNIO

 Trillar panes en junio

Como todos los años, y en cuanto apuntaba el buen tiempo y se intuían los rigores del calor veraniego, Villajoyosa empezaba a ocuparse de su reserva de nieve para, sobre todo, los posibles enfermos que de ella necesitaran, y naturalmente para elaborar los refrescos al uso en ceremonias y festejos. Once días llevaba el pregonero Francisco Delfí o Delfi dando a conocer por las calles de la Villajoyosa amurallada la convocatoria del trance y remate de la subasta que otorgaría la venta de nieve al mejor postor mediante arriendo anual. Esa concesión de venta se cifraba en 14 libras, pero nadie pujaba en aquella subasta. Únicamente Geronimo Saragossa, leemos, se prestaba finalmente a esa proposición y siendo ya el 12 de mayo de aquel año, 1715. Por la mañana, el Cabildo decidía convocar la subasta para las dos de la tarde, esperando “que acudan para dcha. hora los que quisiesen decir en dcho. Arrendamiento”. Debió quedárselo el tal Saragossa, pues en ayuntamientos posteriores el tema no reaparece.
Mientras se gestionaba este suministro, se daba cuenta de las “ochenta y quatro “foxas y media” (foxas= hojas) a que había llegado la lista de deudores de la Vila por tributos impagados, lista elaborada por el escribano municipal. La cantidad era significativa: 3.906 libras, y había que intentar cobrarlas. Sin levantar mano, ni prestarse a demoras, se pondrían a ello el alcalde, Joseph Peres, y todos los oficiales del Cabildo, quedando lo recaudado en poder de Joseph Izquierdo “y este lo tenga con toda seguridad, para que la Villa pueda â cudir â sus mayores nesesidades”.
Otro asunto que se trataría por entonces, ya en ayuntamiento del 28 de mayo, era el miserable estado en que se hallaban las acequias del riego. Las autoridades municipales pocas veces actuaban de oficio. Tenía que ser la insistencia del vecindario la que incitara a que el problema fuera llevado a deliberación en la Sala, porque “los Vesinos se quexan por que las asequias mayores por dond. entra la Agua del Rio â regar la huerta, como son la Asequia llamada dela huerta de Arriba, y la que riega la huerta de abaxo, estan siegas de tal forma que no puedn. coxer la agua”. Después de muchas y pormenorizadas alegaciones, llevadas al Cabildo por boca del alcalde ordinario, todos los asistentes a la reunión determinaron se atendiera a solucionar aquel importante asunto para que las dichas acequias “esten limpias por que (Si Dios Ntrº. Sr. fuese Servido) de Inbiar agua (que lloviera) esten prevenidas dchas. Asequias para entrar cantidad de agua aregar la huerrta”.
A primeros de junio, y en otro orden de cosas, se resolvía que ya era tiempo de que se confeccionara el libro intitulado Corned o Cornet “…con todos los cargos (o pagos) de Villa que los vesinos estan obligados â corresponder y pagar todos los años, para cuyo trabaxo (a realizar por el escribano Bautista Cabot) siempre se gastaran lomenos ocho dias para finalisarle”. Era el libro fundamental, e imprecindible, para llevar las cuentas públicas del municipio. Ese libro no se había hecho antes porque los vileros no estaban áun en condiciones de hacer frente a sus impuestos. Los oficiales del municipio sabían que “los Veznos. estan trillando Sus panes de donde podran â cudir a las obligaciones d Villa”, significando que muchos vecinos pronto habrían recogido los frutos del año y ya estarían en disposición de poder pagar las tasa e impuestos.

Al parecer, a primeros de junio ya estaba el trigo en las eras y bajo el trillo. Esta constancia se repite cuando se está a punto de tomar y contrastar las cuentas al clavario de 1714 y, por tanto, dispuestos los Jueces Contadores a revisarlas al detalle. En el acta consistorial del día 19 se lee: “…y estando ya en tiempo dla cosecha, (y) que los Vesinos se pueden valer delos granos: assi para comer, como para âcudir alas obligaciones que devieren…” Pero ¿cuánto grano había que reunir al alzar de eras para pagar tributos y no quedarse nuevamente sin recursos para sobrevivir? (Un escrito de Antonio López Lloret en el semanal “Plaça Major” de Villajoyosa del mes de octubre de 1999 relaciona un centenar de eras para trillar, la mayoría ya desaparecidas. En ellas, como decía este inteligente y sensible vilero, además de trigo, se trillaba cebada, lentejas, garbanzos y un suculento etcétera. Lo podrían confirmar, y con muchos más detalles —porque nacieron antes que Antonio— otros vileros como, por ejemplo, Jacinto Lloret Orozco y Vicente Mingot…).

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila (7 julio, 2017)

BATRESÓ