El alcalde tranquilo y los moros

ILLA
El alcalde tranquilo y los moros

Pedro Juan Mayor y Simón Vaello comparecieron el 9 de agosto de 1747 ante el notario Miguel Lorca y a ruegos de don Phelipe Thous, que era el Requisidor de la costa marítima del distrito de Villajoyosa. Pedro Juan era regidor segundo del ayuntamiento de la Vila y Vaello, arrendador de los derechos de Baylía y terzio diezmo (…). Dos personas destacadas en el vecindario vilero, desde luego. Además, el regidor era capitán de una Compañía de hombres apostada en nuestra villa…
Declararon ante el notario ese día porque poco después sus ocupaciones, quizá oficiales, les alejarían de Villajoyosa unas cuantas jornadas. ¿Y de qué trataba el documento que suscitaron ante aquel notario? Ambos declararon que “por la tarde del dia veinte y tres de mayo —y ya era agosto—, terzer dia de Pasqua deste presente año, con la voz que corriô en este comun de haver pasado por las Costas desta Playa, un londro Catalan, cargado de Soldadesca de Nuestro Monarca para la ciudad de Barcelona, salieron /aquí, palabra ilegible/ y estando sentados ala puerta y parte de afuera dela casa de Antonio Saragoza, Juntamente con Don Juan Morales Alcalde ordinario y francisco (sic) Vaello Escrivano, vieron que dicho Londro pasô por la parte de tierra dela Isla de Benidorm asu entender —decían— por recelo de dos Bastimentos ‘navios’ que havia en dicha Isla, y hazian mal marinaje por estar en ella encorados y considerando entre los que alli havia (los que estaban a la puerta de la casa citada) si serian los tales Bastimentos de Moros ô Contrabandistas, llego a dicho sitio el antedicho Don Phelipe Thous que havia acabado de venir con su caballo de la torre de Aguilo que està inmediata y frontera ala citada Isla, ê hizo instancia (sugirió) al nominado Don Juan Morales como tal Alcalde que por lo que pudiera suceder, sin embargo de no haver hecho menzion los bastimentos, se rezelaba de ellos de algun insulto malo (insulto es aquí ataque), por no ser bueno su marinaje (o manera de navegar y maniobrar) y assi nezecitarse de seis, u ocho hombres por Compañia delas de Melicia que havia en esta Villa que diera orden dicho Alcalde para que al anocheser estubieran listos para lo que se pudiera ofreser (o suceder), en vista de lo qual, el relatante (Juan) Mayor, sin embargo de que dicho Alcalde Morales no le previno sobre dicha Instancia /aquí, palabra ilegible/ , diô orden azu Sargento Pedro Nogueroles, para que sin la menor detenzion apromptara a la orden de Don Phelipe, los seis, u ocho soldados desu Compañia, que cumplio y efectuô ala ora señalada, pero no lo hizo en forma alguna el referido Alcalde”. (¡Quán extraña aquella indiferencia en el primer regidor!).
Como consecuencia de tan pasiva actitud en el alcalde, quizá de nervios de acero, quizá pigre o vago, “al otro dia se quejava agriamente el dicho Don Phelipe del citado  “por ser muy culpado en la desgrasia que aconteció de unos Canarios (ciertos barcos) de tres palos y vela latina) en el grao de Valencia cautivados por dichos Bastimentos dela Isla que quisa ubiera remediado sile ubiera mandado dar los hombres que le havia pedido, todo lo qual expresaron ambos Mayor y Vaello; y el primero refiriô, que “en otra ocasion que se le previno, y requiriô al que relata, por el mismo D. Phelipe como Comandante delas Compañias de Melizias desta Villa, se alistaran las armas y gentes para contener qualquier desembarco, que se intentara por seis fragatas que se encaminavan assi a estas Playas entregandole la llave de la puerta de dichas armas, y que acudiera el antedicho Alcalde que tenia la otra llave de la misma puerta (…), se passô a la Casa del mismo Alcalde que todavia por ser de mañana estava en cama, y dandole notizia de todo respondio, que se esperase”. Luego, y mientras estaba el enviado a las puertas de la Sala, llegó otro recado urgente con el mismo asunto, y además vino el ministro pregonero Joseph Fita con lo mismo, y al cual trató el alcalde con malas palabras…De aquella manera, la crispación estaba asegurada y había que recordar al dicho alcalde las órdenes del Duque de Caylus en relación a la defensa de nuestro litoral. Firmado aquel documento de denuncia ante la flagrante negligencia del primer edil, parecía que el escribano, Lorca, quería dejar bien sentado que él cumplía con su cometido de fedatario, buscando se entedieran aquellos hombres en su conflictivo enfrentamiento…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila (julio, 12, 2017)

Volver arriba Ir abajo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s