La consabida Serafina

360. La consabida Serafina (1757)

María Miquel, viuda de un Pedro Llorca, estaba muy enfadada e irritable en aquellos primeros días de octubre de 1757. Ya había pasado lo suyo aquella mujer y en esa fecha la afectaba muchísimo que su hija, Serafina, hubiera abandonado la casa parental de Villajoyosa… para darse a la fuga con Choachim Visent, de San Juan, huerta de Alicante. Lo que la viuda exponía al Justicia vilero, Pedro Juan Mayor, lo vemos escrito en los siguientes términos: “Que la dicha mi hija aecho fuga de mi casa y amparada por el Cura y Justicia ordinaria con el fin de efectuar casamiento con (…), a disgusto y contra la voluntad mia y de todos mis parientes por la diferencia de qualidades de su nacimiento y para este fin a extraido illevado (llevándose) de mi casa la consabida Serafina diferentes ropas mias propias que servian para la decencia y uso mio y de mi familia que son las mesmas que se acotan en la nota que en la devida forma presento y Juro, cuyas se me deven restituir i entregar sin dar lugar aque la consabida (…) use de ella en manera alguna por no considerarla al presente en drecho alguno; y como a la restitucion de dicha ropa aia Mediado (¿mediador?) Joseph Urios de Alvaro y ofrecido restituirla a mi poder abligandose en toda forma, iasta el presente nolo acumplido por mas que aia sido solicitado extrajudicialmente y de ello se me puede deducir algun perJuicio no siendo Justo la tolerancia (…) se debe apremiar al consabido Urios para (…) [que] cumpla en debolver ami poder la partida de las ropas anotadas en la Cedula presentada sin extravío de la menor partida de ella y que sea justa restitucion”.
María Miquel suplicaba que, en continente (enseguida) el Justicia actuara reclamando a Urios hiciera el entrego pertinente de las prendas, añadiendo un otrosí provisorio de que la “consabida” Serafina quisiera quedarse alguna ropa alegando que era para “su servicio y como a tal quiere usar de ellas, se devera hazer el Justiprecio en caso necesario por personas peritas en ello y constando ser assi se le entregarân con nota Justificativa y le servirâ en parte de pago de su legitima en los bienes de su difunto Padre”. Ese escrito venía firmado por el Dr. D. Carlos Bas, representante de María, y tuvo la virtud de que el Justicia ordenara al tal Urios que dentro del segundo día pusiera la ropa en poder de Su Merced la demandante. Así debió de ocurrir, puesto que ahí se acaban las diligencias.
En cuanto a la fuga de la Serafina para matrimoniar, ¿qué decir? Se escapó con la ayuda de la Justicia ordinaria y … con la colaboración del señor cura… sin que se precise si estas personas ejercían en Villajoyosa. En aquella época había mujeres que, para no tener que aportar dote al matrimonio, decidían seguir el sistema de abandonar la casa de los padres y buscar acomodo en el seno de una familia digamos honesta y responsable a la vez que pudiente. Allí, como custodiada y apartada de cualquier veleidad criticable por el vecindario, esperaba hasta que llegara el tiempo de contraer nupcias con el varón escogido. (Podía no ser esta la razón que moviera a Serafina a escapar de casa, y más cuando se observa con qué intensidad reclamaba su madre las ropas sacadas del hogar parental, así como lo imperativo de su reclamación. Y parecía que, no estimando adecuado para su hija al dicho Choachim, habría negado dotarla y ésta, en su irritada reacción, arrambló con toda ropa de entidad que había en la vivienda…).

J. Payá Nicolau,Cronista Oficial
de LA VILA JOIOSA

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…Y DEL “CASTILLO VIEJO”

Crónica 364  …Y DEL “CASTILLO VIEJO” (Año 1758)

Aunque el sentido común haya dicho a los curiosos y observadores que algunas de las viviendas contenidas en lo que fuera recinto amurallado se construyeron o recibieron arreglos con una buena parte de las piedras de esas murallas y del castillo, nuestro seguimiento de los libros del gobierno de Villajoyosa no encontró constancia de esa procedencia de materiales… hasta llegar a los documentos del año 1758. Por el diccionario de Pascual Madoz, sabemos que suposadament piedras extraídas de las ruinas de la Torre de San José (més probablement de carrer Canalejas) en el siglo XVI se usaron… para todo lo contrario: para recomponer partes de la muralla y torres del complejo defensivo de nuestra villa. (Una de esas “piedras”, y muy importante por sus dimensiones e inscripción latina, figura en nuestro Museo Argueológico desde hace ya casi treinta años. Con respetuosa elocuencia y razones, procuraron de su cesión por la Iglesia don Juan Llorca Agulló, Jaime Soler Soriano y Jaime Marcet Segrelles… Quien suscribe se ocupó de organizar el traslado mecánico de semejante testimonio histórico. (Lo mismo hizo otras veces con otras piezas costosas de manejar por su peso y envergadura, ¡y adelantando muchas, muchas veces el pago con dinero de su bolsillo!, ya que casi nadie se prestaba a prestar servicios al gobierno pre-democrático por la demora que el departamento de Intervención observaba a la hora de pagar… como recordarán muchos vileros).


En 1758 el alcalde era Juan Linares y los regidores que con él formaban el Cabildo, D. Jayme Aragones, Jayme Llored y Gaspar Mayor. Éstos ordenaron al clavario, Melchor Peres, labrador, que efectuara los pagos registrados en el albarán de noviembre. El concepto de “Castillo Viejo” se utilizó en este tipo de libros −los “Corned/Cornet”− a partir de dos años atrás y en dos ocasiones: una de ellas para aludir a la fuente que hubo a sus espaldas, sin nombrar punto cardinal alguno al aludirla. Una segunda vez fue al describir obras en el mismo castillo. En ese sitio se ocupó, aunque no solo en él, Miguel Andreu, que durante un día estuvo removiendo y “arrancando piedra del Castillo viejo para obrar la Casa de la Villa (la Sala) que se estava cayendo”. En tales obras se emplearía una buena cantidad de yeso.

Anotado quedó el gasto habido el 29 de noviembre “por haber trocado la Villa el cantaro (sic) de cobre y media quarta que tiene la Villa para su servicio por estar ambas piesas derruidas que no servian por otras dos nuevas”. El trato se hizo con un francés mientras se pesaban ambas, “y sin enbargo depedir el frances siete libras quedô ajustado dcho trueje (trueque) con cinco libras quinse sueldos”. Nada se dice de cuánto duró el regateo por conseguir aquella rebaja, y tampoco sabemos a qué tipo de vasija se refiere la nota. Tampoco para qué servía).
“Para el servicio de la Villa hizo Sebastián Selles (sic) unas balanzas de esparto, y Salvi Viñes dos brazos de pesas pequeños y uno grande ademas de componer la puerta del “Portalet”, aportar clavos y también madera usada. Para las mismas puertas, Visente Zaragoza dio clavos para rematar la compostura. En diciembre prosiguen los trabajos en el la Sala, según las notas que nos salen al encuentro. El maestro albañil Juan Vinaches siguió en ello a principio del año siguiente, 1759, ayudado de un oficial y reparando con piedras del castillo viejo una pared de la Sala. (La expresión “castillo viejo” puede suponer que hay otro que no lo es. Quizá se quería decir el “viejo o antiguo castillo”). Hubo un gasto de diez dineros para aceite con que se alumbraban los albañiles en aquellas lóbregas estancias. Al mismo tiempo bajaba de Alcoy un mensajero “con ordn. De rogativas por la salud de ntrô Monarca (Dios guarde)”, y se pagaban ocho sueldos por una libra de pólvora para las rondas que se practicaban de día y de noche. Juan Soler y Vinaches también reconocieron el caño “de la fuente que pasa por la plaza del olmo”, usando estopa por valor de un sueldo. Por componer “una trencada al barranquet de la negra en el Camino Real”, Visente Soriano recibió seis sueldos. Del apartado de las bulas, y calificado de inmenso el hecho de recaudar el valor de 1,056, se pagaron tres libras. De las 76 pagadas al alcalde, regidores, síndico y clavario, 40 correspondían a éste, pues era grande la cuantía de su trabajo a lo largo de todo un año. La limosna que diera el regidor de pobres “vergonzantes enfermos de la Parroquia”, una libra. Un mes más tarde, del “baluarte del Portalet” se extraían más piedras para proseguir con las obras del edificio del Ayuntamiento… “que se estava cayendo”, y arruinado estaba el lienzo de la muralla en el propio Portalet.

J.Payá Nicolau, Cronista Oficial
de LA VILA JOIOSA