La soldada de Josepha María Lorca


La soldada de Josepha María Lorca

En el año 1701, la niña Josepha María Lorca entró a servir en una casa de Villajoyosa. Había nacido en nuestra villa y bautizada en la iglesia parroquial de Finestrad en el año 1688. La bautizó quien era retor en esa baronía, es decir mosén Juan Ganga. Lo sabemos porque en 1729 hubo una demanda del marido de esta mujer, Balthasar Lorca, que la inició contra los herederos de Raymunda Sebastià. La partida de nacimiento de Josepha constaba en la primera hoja de las actuaciones judiciales de  esa demanda. El demandante decía que Josepha había entrado a servir en casa de Raymunda a la edad de trece años, y que más tarde se trató, por voluntad testamentaria del ama, que aquella sirvienta recibiría con seguridad el pago de su soldada por todos los años servidos. (Raymunda también le dejaba “el aposento del entrar dela Cassa que abito amano drecha para abitacion de las susodichas a condicion que no puedan acoger a Persona alguna para vivir con ellas en dicho aposento, y quiero —terminaba el testamento en este asunto— y es mi voluntad…”, etcétera. Las “susodichas” eran María Lorca y otra sirvienta, la llamada María Cabot. Al parecer, dispondrían de aquel aposento mientras fueran doncellas…


La demanda iniciada por Balthasar se debía a la considerable demora en el pago a su mujer de las ganancias de ésta desde 1701 a 1718. Debido a eso, había recurrido al Justicia de La Vila, que era Geronimo Nogueroles, para que estudiara el caso y dictara autos en ese sentido, ya que las herederas de la finada Raymunda, las llamadas Gregoria y Laura Linares, estaban obligadas a cumplir lo testado. (Nos parece que Balthasar ya se presumía que el litigio duraría lo suyo, y compareció ante el Justicia declarándose pobre de solemnidad, incapaz, por tanto, de correr con los gastos judiciales. Y se le concedió esa calificación. En 1721 los honorarios ya ascendían a 13 libras y algo más, que pagarían las intervenciones del alcalde o Justicia, de su asesor en Derecho y de los diferentes escribanos y abogados. También del alguacil y de otras personas…).
Miguel Buforn, que  representaba a las herederas Gregoria y Laura, decía que ellas reconocían el débito, aunque habría que subastar cosas muebles que fueron de Raymunda, además de buscar tasadores que hicieran corresponder el valor de lo subastado con la deuda. Nombrados esos peritos, ya se hablaba de ciertos objetos e incluso de “una casa dentro la poblacion d dcha.Villa en la calle llmada (llamada) el traveser la qual linda con casas de los herederos de Jasinto Loret (…) y de Visenta Garzia“. Balthasar se dirigía al Justicia pidiéndole una caldera de teñir sardinales y la “botiga o casa Cita en la plaia de la orilla del Mar, que linda con Cassas de Jayme Aragones, con solar y Cassa dlos herederos de Hilarion Cardona, y con Cassa de Joseph Linares, y con la dcha. playa”. Y sobre esta propuesta, y asesorado, determinaría el alcalde en su función de juez. De la asignación de la casita fueron testigos Thomas Galiana, Simon Mayor y Jayme Selles, labradores, y con la presencia de Valor Esquerdo, que era el alguacil.
Resumido el contenido de los cincuenta folios del proceso, quede constancia de que fueron cuatro las veces que se llevó a pregón aquella subasta…para obtener sesenta y ocho libras adeudadas a la sirvienta María Lorca. Pasaban las semanas y nadie pujaba. El cobro de la soldada parecía no llegar nunca. Su marido insistía con nuevas instancias al alcalde. Siendo ya pregonero Francisco Delfí y alcalde Nicolas Saragosa, se mandó “avivar la vos del pregon, hir en la execucion adelante, aserse transe y remate de los Bienes executados y de su valor, entero y efectivo pago del prinsipal”. El pregón siguiente no dio postor alguno, y así se notificaba a las partes. Por esas fechas estaban las herederas de Raymunda habitando “en el pago dl Sensal, huerta de esta villa”, escribía el pregonero en su informe a la alcaldía. Un maestro albañil, Juan Torres, y el herrero Juan Saragosa fueron nombrados de oficio para tasar la caldera de teñir y la casita de la playa. (Este maestro albañil era fraile del convento de San agustín, “fuera de los muros”). El modesto inmueble playero se llegó a tasar en 33 libras, y más adelante se pediría al Justicia que embargase una porción de cebada que las herederas referidas tenían en les Quartetes, tierra arrendada al mediero Francisco Segarra. El pleito terminaba en ¡junio de 1742! María Lorca ya era viuda de Balthasar. “Pleitos tengas y los ganes”, reza una maldición antigua…y seguramente desde mucho antes de ese año.

José Payá Nicolau, Cronista Oficial de LA VILA JOIOSA

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