LAS FIESTAS PATRONALES DE 1931

LAS FIESTAS PATRONALES DE 1931

 
 En la sesión plenaria del 13 de julio del año 1931 se tomó el acuerdo de que la ANGEL
comisión especial de festejos de verano redactara el programa “de funciones públicas civiles que tendrían lugar los días 25 al 29 del mes en curso” y a efectos de que se aprobara por el Ayuntamiento. Cinco días más tarde ya estaba aprobado, pero no hay documento que hable de su contenido.
Llegados a la sesión extraordinaria del 21 de aquel mes, el alcalde presidente, don Ángel Tomás Llinares, expuso que el señor cura párroco había invitado a la corporación municipal a los actos religiosos en honor de la patrona de la ciudad, y que le había rogado que el Ayuntamiento sufragase los gastos de asistencia de la banda de música a dichas funciones. Tras larga discusión de aquel asunto, se acordó agradecer la referida invitación, así como abstenerse la Corporación de acudir al acto religioso por prohibirlo una disposición del Gobierno de la República, y no contribuyendo a los gastos de referencia. Además, y a pesar de que el Consistorio reconocía que “todas las ideas tienen derecho a manifestarse públicamente, dadas las especiales circunstancias que actualmente atravesamos”, rogaba al señor cura considerase la conveniencia de abstenerse de organizar ningún acto público procesional “por aconsejarlo así la más elemental prudencia”. Un periodo revolucionario como el que se estaba viviendo podría mover a ciertos individuos a la creación de conflictos sociales en nuestra ciudad, dada la intemperancia de algunas personas, derivándose posibles alteraciones de orden orden público “de consecuencias lamentables”. Como en actas posteriores no hay alusión alguna al tema de aquella procesión, suponemos que no se celebró y puede imaginarse el lector la consternación, aunque fuera solapada, de una parte del pueblo. Habiéndose “perdido” en el Ayuntamiento de La Vila ciertos documentos de aquellos años, creemos que buena parte de semejante confrontación popular no se sabrá jamás).
En plenos festejos cívicos, y como dato curioso, el ciudadano Juan Lloret Galiana pedía permiso al Ayuntamiento para abrir una cafetería en Hernán Cortés, número 7, que estaría servida por señoritas o camareras, una novedad social y quizá escandalosa para algunas damas vileras… El 1º. de agosto, reunidos en sesión plenaria alcalde y concejales, se acordó gratificar a Andrés Díaz, Pedro Baldó y José Alemañ (sic) por la eficaz ayuda prestada a la comisión municipal “de festejos de verano”. La cantidad a repartir se elevó a 50 pesetas. No acabaría aquel verano sin otra novedad mal vista por muchos vecinos de La Vila. El 5 de septiembre, y a propuesta de Tomás Llorca, se aprobaron diferentes cambios en los nombres de calles y plazas de la ciudad. La del Pal se denominaría de Salvador Seguí, el anarcosindicalista Noi del Sucre; la Plaza de la Luz, en el Barrio Nuevo, pasaría a llamarse de Lenin; la de la iglesia, de León Tolstoi… y la de Santa Marta, calle de Pi y Margall.
Sin duda, el tacto de aquellos inflamados políticos dejaba mucho que desear, no obstante reconocer la libertad de las creencias y el derecho de la gente a manifestar sus opiniones.
Semejante decisión política no era más que una muestra de infantilismo de quienes, al
parecer, no sabían bien en qué país se encontraban… como ya se vio, lamentablemente, cuando ganaron la guerra los golpistas de Franco.

 

J. PAYÀ NICOLAU, Cronista Ofic.
de LA VILA JOIOSA

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