LÍRICAS DEL BALCÓN

GATO

EL GATO DEL MEDIO RABO

Ese gato negro come carne fresca y soñolienta todas las madrugadas, o casi todas, con su medio rabo y su alborotada pelambre más bien sucio o desaseado y resueltamente negro, pero no porque el refrán diga que de noche…, no. Llega a la glorieta solo y, tras observar el compacto ramerío de los cipreses, trepa fácilmente a la pérgola y se acerca sigilosamente al árbol, uno de tantos. Todavía tiene el cielo las fulgurantes espuelas guiñándole miradas de níquel. Su clara, evidente condición de outsider hace de este gato un experto en caza aprovechable, como he presenciado algunas veces más. Solitario y certero, reaparece muchas madrugadas para buscarse el sustento, dando la impresión de que tiene mucha experiencia en autoabastos de semejante jaez o condición. Quizá agudiza su capacidad depredadora el lamentable aspecto que enseña y que no debe propiciarle amistades fijas, femeninas o no. Solitario y nocturno, muy independiente, agudo nictálope en la noche de sus andanzas por entre contenedores y experto en desplazamientos bajo las ristras de automóviles aparcados en las calles, sabe muy bien dónde ir y con qué cautela para procurarse comida antes de que salga el sol y se rinda al sueño, casi una docena de horas seguidas…

Esta mañana, a eso de las seis y media, ha comparecido en la glorieta con un compañero, quizá compañera ocasional. Seguramente le ha dicho “Ven conmigo y verás” y han llegado juntos, y negros los dos, a la explanada del jardincillo público, a veces tan erosionado por la mala educación cívica de algunos usuarios. Una vez junto al quiosco de prensa, y sin pensárselo dos veces, parece, nuestro personaje ha trepado, rápido y seguro, por el imponente tronco aéreo de la buganvilla, que florece varias veces al año de boquitas encarnadas cinco o seis metros más allá y sobre las últimas vigas de la acogedora glorieta. Su acompañante, y con evidente expectación se ha mostrado muy interesado en aquel movimiento de su cicerone…, siguiéndole con la mirada los pautados pasos hacia la fosca fronda del primer ciprés, tan marcial ese árbol, tal vez el más tupido y puntiagudo de aquel lugar. Le miraba operar sin dar la impresión de saber muy bien qué era lo que buscaba en el árbol el compañero ocasional del medio rabo. Medio minuto después de penetrar la cabeza del cazador entre las erectas ramas hirsutas del árbol, el gato que atestiguaba tan ¿delicada? operación veía regresar de la erecta fronda al cazador con un pajarito tibio y supuestamente amedrentado en sus fauces. Luego veía bajar al del rabo cortado en dos ágiles saltos al pavimento de la glorieta…para alejarse con cierta celeridad por la calle perpendicular y sin hacerle parte al gato que lo viera todo. Éste se quedaba desconcertado junto al puesto de periódicos y revistas (y tantísimas otras amenidades) sin quizá saber qué hacer…

El del medio rabo perdido (¿por accidente?) se había largado con su cena, o desayuno, sin más trámite. Lo más seguro era que se había limitado a enseñarle al compañero cómo procurarse el suyo … ¡ y ya te las arreglarás, “rabo entero”! Pero el novato en aquellos expeditivos medios de subsistencia daba la vuelta y se iba olisqueando por las distintas secciones botánicas del jardín, a veces con los sobresaltos habituales debidos al menor ruido de aquí y de allá…

Uno no quiere ni pensar en la crueldad

de aquel negocio del gato en los cipreses que digo. Asaltar el sueño coral de la pajarería durmiente para llevarse a uno cada día me ocasiona una especie de escalofrío…, Me cuesta mucho disculpar esa violenta intromisión en la placidez del sueño de esas criaturas. Una de ellas al menos ya no se acercará a mi balcón para beber de perfil el agua que a todos les tengo puesta en los dos frascos de las macetas del jazmín, el dondiego de noche o la escardacha, prolífica y tenaz como ella sola. Tampoco podrá viajar a los marjales lejanos del norte provincial donde dicen los expertos que se dirigen…para volver al atardecer al arbolado de esta glorieta… Pero habrá que hacerse a la idea de la ferocidad del montaje, que no debe amilanarnos. Aquí alguien tiene que morir, por lo que se ve, para que otros vivan, y más el gato negro del medio rabo, que él sabrá cuánto ha pasado y combatido su cuerpo para llegar a concebir el regalo mañanero con que se premia…

José Payá Nicolau

 


 

NARANJO  URBANO  EN  VILLAJOYOSA 

ORANGE

 Naranjo, planetario de tu aroma,
crecientes como lunas tus esferas,
tú implantas tu perfume en las aceras,
de noche mucho más, un punto y coma.

Escancia tus planetas la redoma
del cítrico amargor de tus maneras,
lejano del azúcar que quisieras,
quizás para quienquiera que te coma.

Redondo por la poda y sus maneras,
te eleva el crecimiento y ya declaras
tu adorno más urbano, el de tus caras
del astro repetido así, de veras.

Quizá pensaste en mieles que quisieras,
mas llevas otro sino, el que declaras.

J. Payá Nicolau (9 diciembre, 2015)