DEL “GUERRERO DEL ANTIFAZ” EN LA VILA


DEL “GUERRERO DEL ANTIFAZ” EN LA VILA

La portada de mi novela APENAS SI SE SUPO, que es el relato de muchas cosas que sucedieron en Villajoyosa al terminar la guerra civil que inició Franco, contiene una de las ilustraciones continuadora de los dibujos que realicé para mi novelita anterior de las “Crónicas del Guerrero del Antifaz” (Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert: 1994). No podía liberarme de los recuerdos de ni niñez y la de mis amigos de la infancia hacia el héroe más famoso de los tebeos de aventuras que inundó la Península Ibérica. Al tratar la edición de mis crónicas del cristiano enmascarado con la editorial provincial, no salía de mi asombro al  comunicárseme que los ejemplares de “Narrativa” no llevaban ilustraciones…y en fin. Por eso dibujé un cuadernillo de varias páginas en el cual El Guerrero figuraba en todos los parajes señeros de sus viñetas, cuadernillo que dábamos a cada adquirente de un ejemplar del librito que yo había pensado titular “Cróniques d’estrassa”, y que fue publicado antes en capítulos  en “El Butlletí de l`Ajuntamente de La Vila”, que dirigía el inteligentísimo Luis Ruiz Soler. (También me publicó ese boletín poemas y artículos mensualmente, sobre todo la serie “El  llibre per lliure”).

Después de aquellos dibujos, y sin la asistencia dinámica y semanal del Guerrero del Antifaz –aunque cada siete días comprábamos para la biblioteca pública municipal el compendio semanal de la reedición completa valenciana del Guerrero–, con el entusiasmo del alicantino Emilio Soler (Conseller de Cultura del Gobierno Valenciano de Joan Lerma), mi “aventura continuó, empujada por una página entera de aquel magnífico amigo e historiador, que la firmaba en una página dominical del diario INFORMACIÖN…El empuje de Emilio Soler con eso fue para mí un “levántate y anda”, y dio lugar a una especie de redención de los muchachos de los años 40 de Villajoyosa, cuya principal tutela, valiosísima resultó ser, de entre los tebeos de aquellos años, la del Guerrero del Antifaz. (Ahora no se explica uno cómo es que en esta España, la actual, al hablar de héroes de aquellas aventuras, algunos desmemoriados o faltos de información, pasan rozando el héroe de Manual Gago y olvidan sus cualidades de valentía, generosidad y amigo de algunos moros justos y honrados…Será que lo vinculan a los Reyes Católicos e ignoran su nobleza para con todos, singularmente el esclavizado fuera por quien fuera, sin hacer distingos entre moros o cristianos…

La noche que se presentó “Crónicas…” en La Llar se vendieron 88 ejemplares…y porque no había más…y luego se fue agotando rápidamente la edición, que el Gil-Albert no repitió, como tenía en el contrato… (Fue lamentable que los vileros de más de cincuenta años no llegaran a saber que la novelita del Guerrero acababa de llegar a las librerías vileras…porque los niños y adolescentes de esos años nada tenían que ver con aquel héroe cuyas aventuras llegaron a toda España con ediciones semanales de más de 350.000 ejemplares. Pero…).


José Payá Nicolau

Anuncios

LAS MANTAS PARA LOS SOLDADOS

Las mantas para los soldados (1723)

Antes de que la peste comenzara a ser cosa excepcional en Europa, en 1720 se declaraba en la ciudad portuaria de Marsella, quedando Villajoyosa y otros puntos del litoral mediterráneo en actitud vigilante y poco menos que atemorizados. Como en otras ocasiones, y ante el fantasma sobrecogedor de semejante enfermedad, en 1723 se habían habilitado en nuestra villa las ya nombradas barracas para los soldados enviados por el rey a custodiar el litoral. Cualquier navío que apareciera ante la costa sería sometido a cuarentena antes de permitirse el desembarco de personas y de mercancías. (La peste solía cebarse en los individuos con deficiente alimentación y afectados de falta de higiene). Del pavor que experimentaban los habitantes de la Vila, y de las naturales precauciones que se tomaron ante la amenaza, en los libros de cuentas municipales quedaron los reflejos de las actuaciones que se llevaron a cabo en tamaña situación de alerta.
Resultat d'imatges de MANTAS Y FRAZADAS 1723
En las anotaciones del mes de octubre está el dato de una “flazada que la Villa le tomo (a los herederos de la viuda de Felix Ots) para componer las camas para los soldados que habitavan las barracas sobre el Mal de Marsella (para la estrategia de alejar ese mal) que de servir un año se rompio por ser usada”. La viuda de Lorenzo Buforn también proporcionó una flazada (manta de cama con mucho pelo) para lo mismo, y hubo de ser Isidro Lorca, el alcalde, quien aportó una pieza idéntica para tal menester. (Cada pieza podía valer doce sueldos). Medio vecindario vilero tuvo que contribuir con esta clase de elementos, que ahora nos parecen nimiedades…porque quizá se nos olvide en qué niveles de miseria vivían muchos vecinos vileros de la época.
La relación de vecinos que contribuyeron con mantas ya viejas es extensa. Está reseñados Pedro Juan Buforn, la viuda de Miguel Zaragoza, los herederos de Juan Soriano…y otras viudas, entre las que estaban la de Anthonio Loret. Gaspar Loret, Cauet (apodo), entregó otra manta usada y frazadas, mientras que Bartholome Quadrench entregaba una “manta de Catagena”. Otra la aportaría Miguel Tonda, y Francisco Galiana hizo lo mismo. Como se sabe, las barracas eran construcciones muy precarias y frágiles, y los hombres en ellas cobijados podían sufrir el frío y los embates de los vientos litorales, de modo que era muy humano ofrecerles mantas suficientes para combatir los rigores nocturnos, que en octubre ya serían previsiblemente intensos. (Una curiosidad gramatical de ese mes en el escribano fue que escribió “thomo” cada vez que quiso escribir tomó…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila (De “Papers de La Vila”)

Perdidos un mulo y…un libro

Perdidos un mulo y…un libro
Resultat d'imatges de MULO PERDIDO

El cronista encuentra muy curiosos los textos de gobierno municipal de los siglos XVII, XVIII y XIX en Villajoyosa,  y cree que al lector, con un poco de suerte, puede ocurrirle más o menos lo mismo. Por eso transcribe esos documentos y los comenta en estas crónicas. En 1713, un pagamento que efectúa el clavario tuvo que ver con la pérdida de un mulo en ocasión de haberlo proporcionado un vilero para el servicio del rey Felipe V. La nota contable de dicho clavario reza textualmente: “Apagado (ha pagado el clavario, quiere decirse) y entregado de dho. Pagamento de Orden delos dchos. Sres. Alcalde y Regidores Una libra de Mdª. (moneda) al hijo de Jayme Loret de ¿Masiana/Mariana?, que se le dio para ayuda de costa dl Gasto que hizo dho. loret, en haver ido á Valª. de Orden de esta Villa en busca de Un Mulo suyo que se perdio estando por vagage en el Servicio del Rey ála retirada de Campaña d Ptrats d Rey, que la Villa se lo devia Pagar, y con la Noticia que dho. Mulo lo tenia en Valª. un Capitan de Cavallos, y con este motivo lo Inbio (envió) esta Villa, al dho. loret, á Valª. Para esta diligensia  donde le encontro al dho. Mulo y el oficial que lo tenia no se lo quiso dar, y con esta noticia se bolbio áesta Villa y…” Como consecuencia de ello, y según sigue diciendo el texto, “…hizo la Villa diligencias y bolvio a Valª. el dho. Loret, en Compañia de  Gines Peres quien conocia muy bien al dho. Mulo porque al tiempo que seperdio con otros Mas se hallava Por Comisario delos Vagages, que esta Villa tenia en el Real Servicio, y Puestos en Valª. los dhos. Loret Y Peres, Justificaron la Pretension y Pusieron Memorial al Sr. Dn. francº. Caetano Comandante quien Mando bolver dho. Mulo, y lo baxaron á esta Villa”. ¡Menos mal dentro de la angustia de esos viajes!
cornet   A esto de la pérdida del mulo seguía el ítem de la pérdida de otra cosa y su correspondiente recuperación. Veamos. Del dinero recaudado por el arrendamiento de la tienda de La Vila, “que fenesio (que acabó) en Primero d Abril”, y que detentaba Anthonio Mayor, se pagaron dos libras a Vicente Nogueroles en concepto de “trobaduras por haverse hallado el libro Ámostasen (libro del almotacén, lo más seguro) que esta Villa tiene que haviendose Perdido Mandaron dhos. Sres. (los alcaldes y regidores) hazer Pregon que se darian dos libras de trobaduras áqualquiera que se le huviese hallado, y haviendoselo hallado dho. Nogueroles lo entrego a la Villa, y se le dieron las dhas. dos libras d trobaduras”. Si la pérdida del mulo arriba tratada supuso idas y venidas y consiguientes gastos de dinero ¡y de tiempo!, el libro del almotacén (del “fiel almotacén”, también mustaçaf) aún era más vital. Y no podía el Cabildo resignarse a su desaparición. El de almotacén —ya se dijo y repetimos— era un empleo municipal singular e importante en una villa, pueblo o ciudad. Era cargo de prestigio…y de buenas ganancias para su titular. Su función consistía en vigilar las pesas y medidas usadas en el mercadeo y la tienda local, así como las obras municipales y privadas que afectaran a la estructura urbana: la anchura de las calles en proyecto, las reformas de las viviendas, tapiales, etc. Asimismo, vigilaba este funcionario la pescadería, los hornos o flecas y tahonas, además de lo que expendía la taberna. Desde la Edad Media, se le había dotado de mucha autoridad, hasta el punto de que cargos de mayor poder llegaban a colisionar con las disposiciones y competencias asignadas al almotacén. Éste no tenía salario fijo. Estaba determinado que un porcentaje de las multas que ponía iba a su peculio particular, a su bolsillo. El libro, pues, de sus actividades de vigilar y sancionar era importante, y no era buena noticia que, por un descuido suyo, o de un ayudante, el libro de sus anotaciones se le hubiera perdido o se lo hubieran robado…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofc. de La Vila

Del ladrón de joyas

Del ladrón de joyas [1724]

Los gastos que tuvo Villajoyosa en el mes de noviembre sumaron, finalmente, 151 libras y 11 sueldos, como se supo un mes después. Los donativos a pobres de solemnidad y a familias menesterosas los ejercitaba el Regidor de Pobres, y el clavario las anotaba en el Corned al final del ejercicio mensual. De 1724 traemos aquí la aportación realizada para sostenimiento de un muchacho que criaba por aquellos días la viuda de Bartholome Zaragoza, al cual “No se les conose padre y (por) haver le hallado en la playa resien nacido para que no se pierda”. “Para que no se pierda” o se muera… el niño, quería decirse. Se le asignó a la viuda un sueldo diario. Aparte, y al principio del ejercicio de ese mes, se lee que el mozo del clavario realizó un día de trabajo con su pollino acarreando piedra a la obra de la pared del “simenterio”. También llevó piedra al mesón de La Vila para unas composturas. El día 9 de aquel mes Pedro Soriano subsanó “un pedazo d sequia a la orteta del Moro, que estava mala, y se salio el agua por ajuste quatro sueldos”. (Se ajustó el trabajo por ese dinero). La referida “orteta”, como algunas personas mayores saben en la Vila, tenía buena dotación de agua para regar, y allí daban su rendimiento hortalizas, gramíneas y frutales, tan cerca del romper de las olas del mar.
Ese mes también produjo gastos la llegada y estancia de un Comisario de la Sal, que vino con apremio para que el municipio se hiciera cargo de la parte de ese producto que le había tocado en el correspondiente y obligatorio reparto. Luego se llevaría a Sella al dichoso comisario. Días después vemos un asiento que da cuenta de que Bartholome Mayor de Ador y Anthonio Saragosa habían “acarreado de la Marina (de la parte de la playa vilera) a la casa de Dn. Phelipe Tous los trastos para componer la casa, y camas para los Padres Misionistas de la Congregación de Valencia que vinieron a esta Villa” (a La Vila). También aparece una compra de dos estibas “para llevar una porsion de dinero a Valencia para hazer el pagamento alos Acrehedores”.

Por aquellos días de noviembre llegó una orden del Corregimiento de Alcoy “para que la Justicia de esta Villa hizieran diligencias de prender â Francisco Chufre, Nacion Catalana, por haver hecho fuga de la Corte llevandose muchas joyas y alajas de diferentes particulares”. Por lo tanto, había orden de apresarlo.
miedo-fobias-oro-metales-preciosos

Llegados al final de los conceptos por los que pagar, hay anotados varios trabajos del cerrajero Gregorio Saragosa, que remendó ls puerta de la carnicería “donde se sierra la carne”, en palabras del texto. Hizo otro trabajo en la iglesia, en el llamado poyo, o banco de los oficiales (donde se sentaban los ediles). Habiéndose construido una “casica” en la puerta principal de la muralla para el servicio de guardia, también el cerrajero tuvo allí algo que hacer. Pero los que más hicieron fueron los albañiles, que consumieron 21 cahíces y 4 barchillas de yeso. Parte de ese yeso se destinaría a las obras en el cementerio, que continuaban. (Pero, ¿el cementerio del calvario? Podía ser..y no.). Hay una anotación posterior que ya especifica más, pues dice “el siminterio que mira al camino del mar”. Pero éste era el de la iglesia, sin duda, que, no hacía mucho había recibido muchas cargas de tierra…para evitar los malos olores que de él se desprendían. Finalmente, leemos que la puerta “de la calle de la Escuela de los muchachos” requería una llave. La hizo Agustín Miñana, así como otras cosas en la iglesia y también trabajos sobre escopetas y objetos municipales…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofc. de La Vila

El cinematógrafo en Villajoyosa

TANQUEH

431. El cinematógrafo en Villajoyosa (1880/1900)

Alguna que otra vez se ha comentado entre vileros sobre cuántas salas cinematográficas habrá habido en total en nuestra ciudad. Cuando alguien ha aventurado que 15 ó 16, algunos de los que escuchan dudan de cantidad tan alta… porque les falta información o les falla la memoria. Haciendo un recuento minucioso, partiremos del denominado teatro-circo, establecimiento que se plantó cerca de la calle de la Bomba en el año 1880 y en cuyo recinto llegó a proyectarse cine. También estuvo el “Vista Alegre”, situado en el lado Este del paseo dedicado al doctor Esquerdo Zaragoza, junto al lugar del faro, dispositivo de ayuda que derribó el temporal de 1949. Algunas personas recuerdan que en la calle Colón hubo dos cines de verano, quizá ambos con el nombre de “Cinema Azul”. Uno venía a estar donde en la actualidad hay un establecimiento de óptica y el otro, el que con más intensidad recuerda este cronista, era el que estuvo situado en la esquina Colón-Pizarro (una de las dos “travesías del Sensal”, según otras crónicas) con su entrada donde queda el estanco de tabacos. Casi enfrente de cine de verano estaba el teatro “Olympia”, sala de invierno que además de ofrecer obras de teatro, nos pasó “cintas” portentosas para la época… mientras que en unos frenéticos segundos habíamos terminado con la patética menudencia de los diez céntimos de cacahuetes, a veces, y altramuces para seguir mordisqueando el paloduz o regalicia.
En el transcurso de los años, otra sala de exhibición fue el cinema “Jonia”, y también el “Gloria Cinema”, situado en la hoy calle de la Constitución y esquina a Pizarro, justo enfrente de la parte trasera del Olympia. (En él asistimos a la proyección de “Rashomon” y “De aquí a la eternidad”, entre otras recordadas películas). Hubo un “Terraza Jonia” que estaba muy cerca del mercado de abastos, y otro cine o terraza de verano (denominado tal vez ‘’Mediterráneo?) en la hoy calle de la Constitución, casi enfrente de lo que ahora es el edificio del juzgado. (El “Terraza Jonia” sabemos que se levantó, y muy sobriamente, para redondear el cupo de locales de exhibición de cine en Villajoyosa…). Más tarde, poco, se abrió el “Cinema Paz”, y se crearon después el “Palasiet”, el “Mediterráneo” y el “Aitana”, muy cerca éste de la Creueta, así como el cinema de La Ermita, todos ellos gestionados y sostenidos por Jacinto Lloret Orozco. Aparte de éstos estaba el cine de verano “Colón”, de dueño forastero, y en la actualidad están funcionando las salas de los minicines. No obstante, antes que todos los cines del siglo XX se construyó el local que había justo al pie de la vía del ferrocarril y a poquísimos pasos por el Oeste del puente ferroviario sobre el río. Sobre éste hay algo más que decir, como vamos a ver.
Siendo alcalde don Bartolomé Galiana Llinares, en la sesión del 27 de marzo de 1916 −un año después de que se desmontara el “Teatro-Circo” y aprovecharse su madera para construir embarcaciones− se presentó en el Ayuntamiento un escrito de don Miguel Cano y Sanz, de Mogente (Valencia), con objeto de obtener licencia para construir un cine “en el sobrante del ferrocarril entre el camino del muelle de mercancías de la estación y el paso inferior”, construcción de piedra, cal y ladrillo, cuyo croquis acompañaba. El Ayuntamiento encargó del tema a la Comisión de Policía Urbana y Rural, que en sesión del 3 de abril informó que el solicitante debía seguir trámites oficiales, claro, ante instancias superiores y presentar un plano firmado por un arquitecto. Lo que un día sería un recinto de proyecciones cinematográficas, y hoy taller de automóviles, no duraría mucho, nos dicen algunas personas ya mayores. Al salvajismo de algunos adolescentes, que apedreaban seriamente el tejado algunas noches valiéndose del balasto de la vía ferroviaria, u orinaban (¡) sobre los que salían del loca, lse sumó algún tiempo después la desgana del público por acudir a lugar tan apartado… hasta que terminó aquella aventura.
(No podemos ni debemos cerrar esta crónica sin volver al vilero J. Lloret Orozco, en Villajoyosa conocido por “Orozco”), un hombre que llegó a llevar simultáneamente cuatro salas en La Vila y haciendo todas las labores propias de la exhibición de películas, desde la contratación de éstas (llegó a conocer 52 distribuidoras en Valencia) hasta la distribución de la cartelería por nuestra ciudad, proyección de los films en muchísimas ocasiones y, en suma, dando un ejemplo de lo que una persona honesta, responsable y esforzada es capaz de llevar a cabo. Los cines “Mediterráneo”, “Jonia”, “Palasiet”, “Aitana” y el de la Ermita de San Antonio funcionaron con pasmosa intensidad llevados por su inteligencia natural −apenas si pisó la escuela en su breve niñez no laboral− y esfuerzo fsico, que incluía constantes viajes de madrugada, y en moto, a Valencia para visitar a las casas distribuidoras… tras haberse apartado del Cinema Paz. Además, todo el cine de “arte y ensayo” que se produjo en Villajoyosa fue debido a su generosa contribución y a las facilidades que dio: además de proporcionar la sala gratuitamente, gestionaba el film que le sugería el experto en cine, Antonio Sivera Sánchez… Jacinto, además, mantuvo muchos veranos la ilusión de tantos y tantos niños y no pocos adultos contratando impecables copias de películas infantiles, para gozo de las familias vileras y los veraneantes. Lo hizo en todos los cines que llevaba pero principalmente en el “Palasiet”. Parecía que, habiendo sido su infancia un largo tramo de trabajos ubicados en el monte bajo, ayudando a su padre en la producción de carbón, y siguiendo con trabajos de hilatura de cáñamo que se extendían al trabajo nocturno, Jacinto se había hecho el propósito de ofrecer a los niños el pase de películas infantiles de lo más selecto, y de ese ejercicio existen anécdotas magníficas de interlocución con los niños. Además de hilador de selectos acabados, tras haber sido peón de rueda en los ingenios de la hilatura del cáñamo, fue pescador ocasional, también agricultor con invernaderos por él instalados y haciéndolos producir antes que nadie en La Vila. Muy eficiente en albañilería y poderoso leñador, tuvo que encargarse, y sintiéndolo en el alma, de limpiar muchos parajes campestres de Villajoyosa del arbolado muerto algarrobos, olivos, almendros− o en vías de extinción. En una sola finca rural hizo 23.300 arrobas de leña. (No obstante, nuestro queridísimo y común amigo inglés Martin Johnson aún tuvo ocasión de dibujar los ejemplares que tenían las horas contadas… y que, con el Puig Campana al fondo, iban siendo adquiridos a un precio módico por muchas familias vileras. La Casa de la Cultura acogió tres de sus exposiciones, vendiéndose todo lo expuesto…). Aparte de su voluminosa tarea de leñador, levantó con sus manos una vivienda rural, excavó un pozo a pico y pala y, además, construyó dos balsas, con capacidad en suma de más de 260.000 litros de agua, que resultó ser de la mejor calidad. (Resulta sorprendente la simultaneidad con que se ocupó a diario de trabajos distintos, algunos de elevado esfuerzo físico, y también sorprende que aquella trayectoria laboral pasara desapercibida para tantos vileros… Otra cosa que suele ignorarse es que se presentó para concejal de nuestro ayuntamiento y que resultara elegido por la candidatura que enarbolaba la defensa de la “Zona Verde”, lugar urbano de Villajoyosa que se convertiría en el “Parque del Censal” con el alcalde socialista Juan Segovia Esquerdo).
El cine en Villajoyosa, sobre todo en su última época, siempre ha de tener e
en cuenta la esforzada gestión que llevó a cabo este querido Lloret Orozco, el cual, y sin ayuda de nadie para las programaciones y exhibición de los films ―eso y muchas más cosas bien lo saben bastantes vileros―, ofreció al público de Villajoyosa una surtida y bien seleccionada serie de películas durante muchos, muchos años… y sin que le competencia lograra equiparársele en ningún aspecto. Hoy en día cuenta con el respeto y admiración de quienes lo conocen de cerca.

José Payà Nicolau

Los ameradores de esparto

460. Los ameradores de esparto (1905)
amerador

L’amerador del esparto de la Punta de l’Alcocó fue el primer asunto tratado por el Consistorio vilero el 18 de noviembre de 1905, asunto provocado por una instancia firmada por varios industriales esparteros de Villajoyosa. Los firmantes fueron Pedro Morales, José Lloret Vives, Francisco Morales, Cosme Adrover, Jorge Ruiz, Vicente Zaragoza, Andrés Morales y la viuda de José Alemany. Éstos expusieron al Cabildo municipal la orden del señor ayudante de Marina prohibiéndoles cocer esparto en los ameradores del lugar antedicho. Los industriales lamentaban que “se veían en la dolorosa necesidad de interrumpir la industria a que se dedican hasta que las bajas mareas de enero les permitieran construir nuevos lavaderos en el sitio que al efecto les destinara la autoridad competente”. Leída que fue la instancia, usó de la palabra el alcalde, que sugirió arbitrar una fórmula para conciliar los intereses de los esparteros con los propios de los pescadores. Por ello proponía solicitar al capitán general del departamento de Cartagena concediera a los esparteros una prórroga de tres meses con tal de que pudieran construir nuevos corralones donde cocer el esparto “sin interrumpir esta operación y sin dejar de dar, por consiguiente, esta primera materia a la clase proletaria que se ocupa en la fabriación de cordelete”. Jaime Llinares Xerri no estuvo de acuerdo, pues se extrañaba de que aquellos industriales hubieran hecho caso omiso de la resolución del ayudante de Marina de la villa, dando lugar a la intervención del capitán general citado sin haberse propuesto ubicar en otro lugar los controvertidos ameradores. Si se conseguía la prórroga, añadía, sin excusa ni pretexto debían abandonar la Punta dentro del plazo que el Ayuntamiento se comprometía a pedir a la superioridad…

Después intervinieron Juan Lloret Vives y otros para decir que la clase espartera no se había propuesto poner trabas a los pescadores, y que entendía precipitada la orden de desmontar los corralones cuando la citada Punta todavía no estaba habilitada para que las barcas pescadoras se pudieran guarecer en ella. Era tanto como decir que se perjudicaba a la espartería sin beneficiar a la industria pesquera local. Y se acordó que el señor alcalde pidiera telegráficamente el plazo sugerido, dada la urgencia del asunto. En la sesión del 2 de diciembre del mismo año la presidencia del Ayuntamiento manifestó que le constaba que el telegrama enviado a Cartagena había sido mal acogido por determinadas personas de Villajoyosa y con términos ofensivos para la corporación municipal. También comentó que el semanario El Obrero emitía conceptos falsos sobre el Consistorio al criticar su mediación y tratando de desprestigiarlo. El 13 de de enero de 1906 varios industriales del esparto se vieron con la corporación vilera y dijeron que la Junta Local de Sanidad “ha calificado los ameradores de peligro para la salud pública, prohibiendo esas operaciones en la Balseta del Oli y en el Monxó (sic), y que, habiéndose hecho lo mismo con la Punta de l’Alcocó por el ayudante de Marina de este trozo (sic), no había modo de que Villajoyosa contara con esparto para las labores de cordelería, infiriéndose un grave perjuicio a la parte de la población que vivía de ese trabajo. Pedían se les permitiera macerar el esparto durante ocho meses del año, exceptuados junio, julio, agosto y septiembre, en que los malos olores del esparto en remojo podían, efectivamente, resultar molestos. El Ayuntamiento pasaría dicha petición a la corporación de sanidad…

José Payá Nicolau

LOS SANTOS AGUSTÍN Y GERÓNIMO

Un rincón resueltamente venerable este de San Agustín y San Gerónimo. Creció Villajoyosa en el siglo XVIII fuera de sus murallas, produciéndose la aglomeración reglada de los arrabales, como buscando el aire fresco del mar, desprendido el vilero del miedo ancestral y nada supuesto a los sangrientos desembarcos de los de Argel y la isla Djerba. Remitían los ataques incluso del corso turco y ya se podía acceder a un “solar per a fabricar casa” extramuros. (Solía costar la pequeña área de suelo ya urbano lo mismo aproximadamente que un mulo de trabajo, que esto se repite aquí por constatar. Los santos de la invocación en “taulellets”  también están en el corazón de los vileros, y no solo de quienes viven en esa barriada playera. Nos acompañan en cualquier momento de impetración o súplica en petición de mercedes, los sentimos en el hogar, acompasando su corazón al de quienes en ellos cifran una ayuda, o preservación de cualquier mal. La imagen de los santos con nosotros, siempre justamente al lado). Villajoyosa está bien asistida y no decae en devoción, no les olvida. (El importante vilero don Juan Beneyto Pérez, de niño escolar alumno de don José Gordero Chamorro, ya de mayor, y desde Madrid, escribió un artículo con ese tema, el “dels taulellets”, para al revista de fiestas en  honor a Santa Marta, al tiempo que recordaba sus visitas de la niñez y adolescecia a esas calles vileras…)

 J. Payá Nicolau

SAN JUAN BAUTISTA, EL PRECURSOR

Puede que la figura del Bautista, en su retablo vilero, sea una invocación banalizada por las veces que hemos visto representado su personaje en films que se suelen pasar en nuestro país en la Semana Santa, días de piedad y de reflexión cristiana. Pero en esas cintas poco se dice de su biografía, muy extensa en los diccionarios enciclopédicos, y en donde se ve su figura humana relacionada con personajes históricos como Herodes Antipas y Herodías, a los que se suman Nicéforo, San Jerónimo, Aretas (rey de Arabia), por lo del castillo llamado Macheronte, prisión de San Juan antes de ser decapitado. Se sabe que, por citarlo San Jerónimo, el cuerpo del Bautista fue enterrado con los de los profetas Elíseo y Abdías. En tiempos de Valente, emperador arriano, la cabeza de San Juan fue encontrada en Jerusalén por unos religiosos, que dieron orden de que fuera llevada a Constantinopla. A quince millas de Calcedonia, las muías que tiraban del carruaje no siguieron su marcha, de ahí que se depositara la preciosa carga en la ciudad de Cosilaon… Personaje de Oriente, he aquí su retablo en el otro extremo del Mediterráneo, la representación de quien recibió la gracia divina de anunciar al Hijo del Eterno en carne humana.

J. Payá Nicolau

¿LA VILA…O VILLAJOYOSA?

Ahora parece que han desaparecido todos los problemas que tiene La Vila o Villajoyosa, que son los corrientes en miles y miles de municipios españoles, y hay personas que se han enzarzado en el ¡¡problema!! de denominarlo LA VILA o VILLAJOYOSA, con sus partidarios de una forma o la otra.
En una crónica mía del siglo XVII hay un encuentro violento entre algunos pobladores de nuestra Villa, y se le atribuye participación en la trifulca a una persona a la que el notario llama “el castellà”, lo cual da a entender que en toda la población de aquellos años en nuestra “pobla” había un poblador al que se le conocía así, puesto que, al parecer, podría ser una persona procedente de tierras de Castilla.

En Villajoyosa denominamos “castellà” a la persona o personas que, habiendo venido su familia de Andalucía (no de Castilla), se pusieron a vivir y trabajar aquí. En los primeros años de mi labor en la Biblioteca vilera, me encontré personas jóvenes “castellanas” que ya hablaban nuestro valenciano ¡y el académico! mucho mejor que yo: esa es la primera muestra de asimilación a los vileros que tienen algunas personas inteligentes y con capacidad para integrarse en una comunidad extraña. Aquí convivimos gentes de muchos rincones de España, y respecto a lo más adecuado para la convivencia en casos de nomenclatura del pueblo o ciudad, cada cual tiene su preferencia…, cuando no hay intención política (que a veces todo lo ensucia) de cambiar una denominación. (¿Quién o quiénes serían los que comenzarían a llamar AMADORIO al río SELLA? Agustín Galiana Soriano, con su extraordinario libro sobre la “pobla medieval de Vilajoiosa” nos sugiere cómo pudo llegar a ser apelado Amadorio el río que no se llamó de ese modo…Viniendo los primeros pobladores de La Vila de Aragón y Cataluña mayoritariamente, aquí se hablaba y escribía el valenciano que leemos en los libros del Ayuntamiento vilero. Y respecto a quienes se amparan en el nombre dado a La Vila, que se escribió VILLAJOYOSA en la copia que descubrí de la “Carta Pobla” vilera, tengo que afirmar, una vez más, que quien hizo esa copia de una anterior seguramente se quedó plácidamente contento al escribir VI-LLA-JO-YO-SA., como si se tratara de ponerle nombre a un chalet o algo parecido. A mí me extrañó mucho ese nombre para una “pobla” del año 1300, pero eso es lo que hay…, de momento.

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila