PRENSA


josepaya

Artículo del Profesor Emili Soler sobre Crónicas del Guerrero del Antifaz

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             “LA MARINA, semanario de la Costa Blanca…”

MARINA

Terminado mi servicio militar, y vuelto de Ceuta a Villajoyosa, una mañana observé en el quiosko d´Angeleta y de Ricardo Pérez, la presencia de un semanario, “LA MARINA”, preguntándole a nuestra querida Ángela si había en nuestra ciudad corresponsal de aquella publicación…

Me respondió que lo fue, en algunos primeros números, Joaquín Lloret Sanchís pero que se lo había dejado. Cuando me cercioré de este extremo, me parece recordar que escribí a la dirección postal del semanario ofreciéndole encargarme yo de ese cometido de corresponsalía en Villajoyosa. Esto es lo que supongo que hice, la vía normal. Pero creo que elegí otro sistema: escribir un artículo titulado “José María Gironella y Villajoyosa” y mandarlo a la publicación. El sábado siguiente, al ir a comprar un ejemplar de la misma, vi mi artículo en primera página, arriba a la izquierda y debajo de la mancheta del semanario. La sorpresa fue enorme y me apresuré a adquirir creo que tres ejemplares, o sea que gasté nueve pesetas. Así comenzaría una vinculación a “LA MARINA” que terminaría 377 semanas después, ya que mi escrito había salido en el número 23.
Naturalmente, continué mandando artículos, que eran publicados, hasta que un día, estando yo en el taller de botería de mi padre(artesanía de botas y odres para vino y aceite) cosiendo a mano una bota, se presentó un hombre de porte distinguido con una leve cartera bajo el brazo. Me preguntó si era yo Payá Nicolau. Le respondí que sí al tiempo que me imaginaba que su presencia tenía algo que ver con el semanario. Efectivamente, se trataba de D. Juan Bautista Sapena y Torres , propietario editor de la publicación semanal. Se sentó y hablamos de actuar yo como corresponsal y colaborador literario, cosa que acepté, aunque no se habló para nada de remuneración alguna. (Yo entonces hubiera escrito hasta en las paredes…, y tardaría algunos años, bastantes, en deshacerme de tal entusiasmo).
Comencé a enviar información al semanario, algún artículo y también poemas, lo cual iba siendo publicado sin demora alguna. Pero, al no disponer de teléfono, que solicité sin éxito meses después, mi labor tenía el comprensible handycap, y, curiosamente, me llegó la concesión de aquél un par de meses después de haber desaparecido la publicación, en l967.
En varias ocasiones, extenuado por mis diferentes trabajos y otra corresponsalía, la del semanario católico “SIGNO”, quise tirar la toalla, pero Sapena y Torres siempre se las arreglaba para que esto no ocurriera: me hablaba de tantos y tantos vileros que, en ciudades lejanas, recibían “LA MARINA” con avidez semana tras semana, y de quienes se interesaban por saber algo más de Payá Nicolau desde Denia, Jávea, Benisa, etc., de modo que mi abandono sería poco menos que una desilusión colectiva, pérdidas de contacto con los suscriptores…, situación que yo lamentaría de corazón de dejar de escribir y publicar. Porque, menos de un año después del inicio de mi corresponsalía, el semanario contaba con más de una página asignada a la Vila, un espacio que mi dedicación, desinteresada económicamente, había ganado a las demas ciudades de la Costa Blanca…porque de éstas llegaba escasa colaboración escrita, aunque los anunciantes era más numerosos que en Villajoyosa. (De la publicidad, ¿qué decir? Para mí era una verdadera tortura tener que echarme a la calle cada celebración de las fiestas de Santa Marta y de Navidad en busca de anunciantes, pues las firmas comerciales vileras eran contrarias a invertir unas pesetas en un anuncio que, por una sola inserción, podría costar de lOO á 5OO pesetas, al tiempo que una página entera costaría 2.5OO… A regañadientes, y repitiendo visitas, bares y comercios terminaban por contribuir a los números extraordinarios con una suma de entre 2O.OOO y 25.OOO pesetas, quizás no tanto. Y luego, semanas después, me enteraba de que algunos habían devuelto la letra de cambio y había que pasarse por allí para averiguar qué había pasado. Sapena me pagaba sólo cuando conseguía algún anuncio…, y pretendía que el 25% que me asignaba saliera del cobro de las letras devueltas, principalmente. Yo ni me molestaba en indagar el porqué de aquella devolución. Seguía ilusionado por la considerable cantidad de vileros que leían las cosas de Villajoyosa que escribíamos cada semana. Eso tiraba mucho de la vanidad de uno.)

   Pero no lo escribía todo quien suscribe, había espontáneos que me entregaban algunos escritos y, tras su correción, los enviaba. La excepción fue el caso de Antonio Sivera Sánchez, que puntualmente escribía su amena colaboración sobre cine, y que al principio me entregaba escrita a mano, con letra clarísima, hasta que, a plazos, adquirí una pequeña máquina de escribir, en Entrellardat de Alicante, y se la regalé. Era lo mejor para todos, incluido el semanario. (Simultáneamente, Antonio y yo escribíamos en el Boletín de la Comunidad de Regantes de Villajoyosa, que luego también lo fue del Ayuntamiento al ser D. Miguel Orts alcalde de la ciudad y haberse iniciado dicha publicación mensual por gestión de este vilero cuando sólo era presidente de la Comunidad de Regantes. Me encargaba de la edición al tiempo que llevaba lo de “LA MARINA” y “Signo”, además de colaborar en otras publicaciones de Villajoyosa y de fuera de ella, mientras seguía fiel a la poesía y obtenía algún que otro premio. Hay que decir aquí que fui quien introdujo en Villajoyosa el “plomo de la lineotipia”, pues no en vano me había pasado algunas horas en el taller alicantino de los hermanos Villaseca, excelentes y cultos lineotipistas de los que aprendí incluso alguna rareza gramatical. Lo había hecho cuando los números extraordinarios de “LA MARINA”, pues allí le trabajaban a Sapena y Torres los textos de su semanario. De modo que el número uno del Boletín se imprimió con matrices de caja en la imprenta de Pedro Llinares, pero sugerí que el dos se valiera del plomo. Más trabajo para mí…porque me llevaba a Alicante todos los textos del Boletín para volver casi de noche con más de cien kilogramos de material de linotipia ya por mi corregidos…para, a continuación, y muy de mañana, cargarlos en el carro de dos ruedas que llevaría aquel cargamento a la imprenta del eficiente Pedro. Mucho trabajo, mucho, y para los dos. Esta publicación alcanzó los 52 números, viniendo a desaparecer casi al tiempo que “LA MARINA”.)

Recordar estas cosas, y otras que no incluyo sobre producción literaria, buena o no, me proporciona un cansancio infinito…


 

Crónica nº.521. Un olvidado y extraño “boletín de regantes” (1963)
bcr
El número uno del Boletín de la Comunidad de Regantes de Villajoyosa apareció el 25 de julio de 1963. Salió con un formato de 34.5 por 24.5 cm. y ocho páginas a dos tintas, que, con el tiempo, éstas aumentarían a 12 y 20, según ciertas circunstancias. Sus textos aireaban la relación de los regantes de Villajoyosa con la problemática agrícola local y entre ellos mismos, además de entrar en aspectos más o menos noticiosos de la relación social y administrativa del vecindario vilero. Idea obstinada de don Miguel Orts Ruiz, aquel hombre se impuso el objetivo de que fueran unas páginas donde se diera cabida asimismo a reflexiones, asesoramientos técnicos sobre suelo agrario y cultivos adecuados, indicación de abonos, etcétera, y todo aquello que significara mayor capacitación del agricultor vilero… aunque sin reducirse a eso la temática de semejante “boletín”. Pero el organismo provincial que podría permitir su edición continuada señaló a don Miguel que, dada la condición del ente editor −una comunidad de regantes−, el contenido o temática tendría que ser, forzosamente, “de regadera”. Así, al pie de la letra…, fue la indicación.
No obstante aquel jarro de agua fría, se insistió una y otra vez hasta conseguir una publicación que más emparentaba con un “magazine” que con la expresión periódica de repartos de agua de riego, cultivos, adecuados abonos, etc. y su problemática tradicional, sobre todo donde el delgado régimen pluviométrico era a menudo motivo de emergencia y desesperación. En las oficinas de la delegación alicantina de Información y Turismo, no obstante, se desplegó el argumentario de que un regante es un ciudadano que, como todo ser mortal administrado por un Ayuntamiento, tiene problemas no sólo de riego agrícola y feracidad de la tierra cultivada… y eso, al parecer, esa andanada filosófica debió de ser lo que inclinó la balanza a favor de don Miguel o sus enviados.

Me encargué de la corrección de textos, maquetado e impresión de aquel invento, además de con textos literarios con o sin mi firma, y estuve rodeado de amigos en aquella publicación mensual, que salió 52 veces. Las personas de que hablo eran José Soriano Ramis, Alfredo J. Escrivá Fandos, Pedro Ruiz Miquel, Ginés Masiá Buforn, y otros como Pedro Mayor Ferrer o Vicente Cerdá, sin olvidarme de colaboradores como Robert Villa i Olcina, Juan Escrig Mingot, Pedro Soriano Lloret, Dora GarcíaSalazar y Francisco Aparicio Rodríguez, además de mi inolvidable y querido amigo el inquieto fotógrafo Antonio Linares Ortiz, que además me ayudaba gratuitamente en mis trabajos para los semanarios La Marina y Signo. Joaquín Lloret Sanchís y Antonio Sivera Sánchez tenían, por otra parte, sendas secciones fijas de una amenidad e interés que aún me parecen excepcionales…(Francamente, para mí es una verdadera lástima que los vileros actuales de edades entre 20 y 40 años ignoren absolutamente la existencia de aquella publicación…por falta de oportunidad, puesto que aquel boletín, y por atonía local, no parece haber encontrado lugar en Villajoyosa ni siquiera en dos docenas, al menos, de hogares…).

En aquellas páginas comparecían, lógicamente, métodos de cultivo del arbolado agrícola, indicaciones sobre épocas de abonado y las diferentes labores pertinentes a frutales y hortalizas en general, no faltando el trato de asuntos del municipio como unidad administrativa de derechos y obligaciones de sus vecinos. También se producían entrevistas de variedad temática, alusión a mejoras de los caminos vecinales y vivienda rural…, así como el capítulo siempre interesante y goloso de la Font de l’Arc. Esos temas se sumaban a un etcétera extenso y a textos de circulares y convocatorias, sin descartarse los poemas alusivos al agua y la tierra: todo un compendio de amenidad y de atractiva tipografía de color en los títulos, aunque, eso sí, a veces las ilustraciones no alcanzaban la nitidez actual de las reproducciones en el estampado, y era que, por ahorrar gastos, se repetían algunos clisés. (Lo mismo ocurría en las páginas de La Marina, publicación simultánea aunque impresa en Alicante).

Quien esto escribe recuerda con facilidad que el número segundo de aquel boletín fue la primera publicación vilera que usó el “plomo” de la lineotipia (así la denominaba Thomas de Galiana Mingot, “Tinete”, adscrito a la Editorial francesa Larousse, un sabio…).. Las imprentas de Villajoyosa ni conocían la existencia de aquel tipo de galeradas, no habían trabajado con esta excelencia de la composición mecánica. Yo vi, asombrado, aquel invento por primera vez en el taller de los hermanos Villaseca de Alicante en ocasión de un número extraordinario de La Marina con motivo de las fiestas a Santa Marta. Ayudé al director del semanario a corregir las galeradas que brotaban, casi infernales, de la no menos infernal maquinaria que se alimentaba del metal fundido. De ahí que, al iniciar la andadura del Boletín de la Comunidad −como lo llamábamos−, propuse a la imprenta de mi amigo Pedro Llinares Paredes, “Pedro Llúcia”, el uso de aquella letra casi de origen magmático. Pero el primer número ya se había compuesto de caja (a mano, signo a signo), así que fue el segundo boletín el que se valió de material tan “revolucionario”… y así hasta el último, en número 52. (De paso digo que ¡cuánta paciencia conmigo la de Pedro Llinares, ese incansable y pulcro profesional, cuando le exponía mis ocurrencias tipográficas para aquellas páginas!).

Para cada número del Boletín, también cuando lo editaban Comunidad de Regantes y el Ayuntamiento, su segunda época, porque don Miguel Orts era Presidente de la Comunidad y alcalde de La Vila a la vez…Para cada número, digo, yo me iba a Alicante con los textos de la edición ya corregidos, señaladas sus medidas de impresión en cíceros y tipo de letra. Durante unas siete horas, a veces más y según las páginas que llevara el número ese mes, me estaba en la linotipia corrigiendo… hasta que, ya cayendo la tarde o casi de noche, acababa todo. En la linotipia me prestaban una caja de las de munición de los militares y la llenaba de paquetes de plomo, cada artículo formando uno. Lo siguiente era ir corriendo a la Explanada y ver si había un taxi vilero que viniera a cargar el material y a mí y otros vileros, marineros por lo general, nos llevara a La Vila. Hubo alguna que otra vez que fue un taxi de Alicante el que me trajo con mi “boletín”…a eso de las once de la noche. A las siete de la mañana, o un poco antes, ya venían de la imprenta de Pedro, cargaban la pesada caja en un carro de dos ruedas… y nos íbamos a la imprenta. Una ventaja para mí y la edición era que un servidor daba clases en el primer piso del edificio de la imprenta… por haberse reestructurado la Academia “Santa Marta”. Imprimidas unas páginas, me las subían, corregía yo y señalaba qué titulares iban en color y cuáles quedaban como previamente se había decidido…, y un día después el Boletín en cuestión estaba a disposición de sus lectores…

J. Payá Nicolau, Cronista Ofic. de La Vila

NOTA: Como resulta natural, quien suscribe cuenta con UNA COLECCIÓN COMPLETA de dicho Boletín…y cree que quizá algún día alguna institución vilera se pueda interesar por editar sus 52 números en un volumen…

 


 

LO QUE SE MIDE POR AHÍ…(Del diario INFORMACIÓN, año 1989)

Un vecino mío dice que su hijo de 14 años ha estado calculando la distancia que suponen en kilómetros los 300 millones y pico que le tocaron al banquero del otro día en la Lotería Primitiva. Asegura el niño ―¡niño!―, que recibe clases de Matemáticas en “la nostra llengua”, que, puestas las pesetas en línea recta y a razón de dos centímetros de diámetro por “rubia” en disposición tangencial, la distancia de la primera a la última resulta ser de 6.000 kilómetros. Pero el escolar parece confundir el radio de las cosas circulares con el perímetro de las mismas…, puesto que le ha dicho a su padre ―¡niño!― que para hacerle un cinturón de pesetas a la Tierra, “el pellizco” de la Primitiva tendría que haber llegado a los 600 millones, cuando todo el mundo sabe ―es un suponer― que el cinturón ecuatorial de nuestro planeta mide aproximadamente lo que 6.000 millones de las pesetas de metal, premio que ni la lotería más salvaje y “primitiva” se atrevería a otorgar a un solo planeta, digo acertante, habida cuenta de que estos mecanismos de bolas están destinados a redistribuir convenientemente (!) la riqueza… Pero, en fin, el caso es que los niños avanzados vayan “peritando” lunas, planetas y otras esferas, amables o no, y como se supone que vivió su niñez ―¡niño!― Isaac Asimov mucho antes de proceder a domesticar para el resto de los humanos los perímetros universales…¡y hasta el peso todo del Universo! (“La medición del Universo”, Barcelona, Plaza y Janés, 1984).
Por otra parte, y sin que ningún gobierno terrestre pueda adjudicarse el dominio del proceso, una corriente de gas de composición desconocida, que alcanza la extensión lineal de 145 billones de kilómetros, está siendo absorbida ―está o estuvo, claro― por un “agujero negro” localizado en el centro de la Vía Láctea, galaxia a la que pertenece nuestro planeta…
Ya se sabe ―lo sabe también Stephen W. Hawking, ahí están sus libros― que un agujero negro es un volumen invariable en el que cabe todo, incluso la luz, que no puede escapar a su furiosa atracción. Se trata de un lugar del Universo que no se sacia de engullir la materia que cae bajo su radio de acción, tal que una botella no retornable en la que cupiera todo el material ―sólido, líquido, gaseoso― que se le propusiera a su extraña y loca voracidad, y sin que sus paredes reventaran jamás. De esa singularidad también se podría decir, también, que cuanto más tiene uno, más quiere. Pues bien, este tremendo núcleo de densidad infinita, bestia negra de los espacios, está a unos 30.000 años-luz de Alicante, es decir a 9.460.800.000.00, de momento, nada tienen que ver los señores Solchaga y Borrell, pues que no estamos tratando de pesetas en este párrafo. Ni de las rubias ni de las otras, ¿todas miserables…?
El posible lector de estas serias disquisiciones seguro que habrá tenido la ocasión de advertir con qué ilusión, con qué entusiasmo se prestan algunos mensajeros ―prensa, radio y televisión nacionales―¨a ofrecernos sus peregrinos cálculos cuando saltan a la actualidad ciertas cantidades astronómicas que son las que estoy refiriendo ahora, claro, y quienes por su oficio tienen que comunicar barbaridades numéricas de este tipo, no pueden soslayar retahílas de números como la que implica esa increíble madeja de gas que está (?) tragando la opacidad del fenómeno descubierto hace poco, y entonces es cuando les aflora el infantilismo comparativo, eso que casi es un deporte nacional creativo de tendencia.
“Si la madeja de 145 billones de kilómetros, le dicen al que quiere entender o atender, fuera de lana, con ella se podrían confeccionar l8.000 millones de pares de calcetines, que vestirían los pies de los 9.000 millones de seres humanos ―dos para cada uno, uno para cada pie―, que poblarán la Tierra en el año 3.000…” Estos mensajeros, que suelen ignorar con Malthus y sus pirámides de población, que la población del planeta envejece y las píldoras abortivas aumentan, sin contar con la gratuidad establecida de otros anticonceptivos, se ponen a calcular qué haría el señor Borrell ―”Borrel” para los castellanosparlantes― con esos billolnes, en el caso que fueran de cable coaxial, ya que, por lo que se rumorea, este Chévres ―”Sálveos Dios, ducado de a dos…”― va a presidir el caos telefónico, pues el señor Solchaga abandona la entropía de Telefónica para acceder, dicen, al Ente de las torpezas contables.
Pero dejemos el rollo de las millas de cable. Bástenos añadir que un astronauta que recorriera esa distancia gaseosa podría ir 300.000 veces a la Luna, independientemente de que, si fuera español, estuviera o no “a la Luna de Valencia”. Y acabo aquí sin tener tiempo ―ni espacio― para calcular algo que tenga que ver con el otro pie de la Comunidad Autónoma: Castellón. Por lo que pido disculpas…

José Payá Nicolau

(Este artículo fue publicado por el diario “INFORMACIÓN” el 25 de enero de 1989)

 


 


Entrevista a José Payá Nicolau. Gener de 2014 JPN

Què en sap, de les troballes arqueològiques a la Vila dels anys 60 i 70?
Estant donant classe en l’acadèmia, allà a les 9:30 del matí, va arribar una alumna que s’havia parat a mirar les obres al pas nivell de les Casetes, i que deia que havien eixit allí coses, com si foren de ferro (era bronze) i ceràmica. Allí havien dos operaris fent una rasa per a una canonada, aleshores vaig anar corrent i darrere va vindre Felipe (Ramis) i vam veure els trossos de ceràmica. La xicona em va dir que un dels obrers li va deixar caure el pic a una espècie de botijó i el va trencar. Vam anar arreplegant trossets de ceràmica, alguns pintats, trossos de bronze i m’ho vaig endur a l’acadèmia i ho vaig guardar.
Simultàniament, Miguel Ángel Gutiérrez, l’home de Vicenta Tonda, va veure que estaven fent una excavació per a fer la gasolinera (del centre) i com ell era aficionat a l’arqueologia, es va assomar i va trobar en lloc de roca sedimentària, una tira d’àmfores. Aleshores se’n va anar corrent a l’Ajuntament perquè pararen allò, perquè anaven a clavar un depòsit de gasolina i ell, ingenu, va dir que ho pararen un moment que anava a l’Ajuntament… quan va arribar havien tirat tot el formigó.

Ens pot parlar de la fundació del museu?
Quan vaig entrar en la biblioteca el 6 de novembre de 1973, al cap d’un any, ja estava pensant en fer un museu perquè, a més a més, tu baixaves a la sala d’actes i si miraves a la porta que hi havia a l’esquerra deia “Museo”. Una Casa de Cultura té això, fonoteca, biblioteca…
Jo muntava, a vegades per febrer, al tossal on havien trobat coses, al de l’Olivera Grossa (Xauxelles), que era una vil·la romana amb una dotació de tot, fins i tot d’almàssera… era autònoma eixa finca. Pedro, el propietari, m’hi va deixar excavar. Allí ja havia excavat el pare Belda, que no era un arqueòleg dotat, però tenia molt d’entusiasme i probablement havia desfet algunes coses que un arqueòleg titulat no haguera desfet. Aleshores vaig anar excavant i enduent-me cosetes al museu, fins que vaig trobar l’angle d’una habitació amb un tros de mosaic i un tros de marbre rosat que ha estat exposat. Tot m’ho vaig endur al museu. També una petxina, gran, preciosa per a fer els adorns de la ceràmica… Fins que la dona de Pedro, Agustina, es va clavar per enmig i va dir que allí no havia res, que no tornara. I jo li deia: “Però Agustina, vostè no ha estat en el Museu? Ara hi ha una barbaritat de coses ací, amb una vitrina tota plena”, “Si, però Miguel Ángel (el de les àmfores de la gasolinera) diu que allí no hi ha res”, I jo “D’on ha tret tot allò?” Al final ja no hi vaig tornar.
Després vaig rebre una carta des de Petrer d’Antonio Espinosa (a qui jo no coneixia), dient que s’havia assabentat que ací havia l’inici d’un museu, que havien troballes arqueològiques i que a ell li agradaria que jo fera una petició a la Diputació demanant un tècnic perquè anara assumint la direcció de les excavacions arqueològiques i la classificació del material que teníem.
Vaig anant comprant algunes àmfores… després em deien que em gastava tots els diners en el Museu… Però quan l’interventor municipal va entrar al Museu, es va quedar mut. I Antonio, que va presentar a la Diputació una memòria del que pensava fer amb les troballes, va demanar una quantitat per tot l’exercici i li van donar una quantitat molt reduïda. Aleshores el vaig dur a tots els llocs on sabia que havien coses, inclús a l’Almiserà, i aleshores ja va començar a actuar ell. Hem tingut una sort gran tenint Antonio ací. La dinamització d’açò és tremenda. En tots els sentits. A voltes fins i tot se’n passa, perquè d’una coseta fan un festival perquè la premsa en diga alguna cosa, dic jo. Però és que cal dinamitzar.

Quina era l’opinió de la gent sobre el Museu?
Va passar el comportament clàssic de la gent respecte al Museu: que va sempre per damunt de l’interés per una biblioteca, un llibre o un acte cultural a l’ús. Per què? Perquè aquelles troballes són de gent de la Vila, fa 2.000 anys, fa 1.500 anys… qui renuncia a no mirar això? A no anar a una exposició de troballes del poble, de gent que vivia ací fa tantíssim temps? És un reclam que ha de funcionar, i em pareix molt bé tot el suport que un Ajuntament puga donar-li, raonablement, si no retalla d’ací o d’allà per a donar-li-ho tot al Museu. Jo, sincerament, aplaudisc l’atenció que ha rebut el Museu (i no perquè l’haguera començat).
Conversación de chat finalizada

P.D.: Entrevista realizada por el cronista de la Asociación de Santa Marta, Antonio Sellés

 


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