VILLAJOYOSA / José Payá & Pedro Estevan

EL CAMPANARIO DE LA PARROQUIA

CAMPANARIO
Aquí está el campanario, torre vigía “desde donde se controla, una gran extensión de territorio marítimo y continental”. Son las palabras de que se sirve M.ª del Mar Llinares Izquierdo en su libro “La Iglesia Fortaleza de la Ciudad de Villajoyosa”. (Villajoyosa: Ayuntamiento, D.L. 2001) para proceder a la exhaustiva y bien documentada descripción de esta construcción. Parte la autora de lo que publicó D. Pascual Madoz en su diccionario sobre la iglesia:
“Este templo es todo de piedra cantería, de sólida construcción y de orden dórico-toscano (…) La torre tiene 26 palmos en cuadro de ancho y 430 de altura; en ella hay un reloj público, 3 campanas grandes y una pequeña”. Estos datos son del año 1850, y, sin duda, como otros, fueron enviados por algún erudito vilero a la redacción del mencionado diccionario. Del reloj del campanario, del que funcionaba o no, en 1725 tenemos que decir algo nosotros: en la sesión del ayuntamiento de Villajoyosa de primeros de enero de dicho año, comparecía el cuidador del reloj que era Jayme Gregorio Zaragoza y manifestaba al Cabildo lo harto que estaba por el trabajo que aquel mecanismo le daba: “… por quanto el relox (decía, desesperado) está malo de conformidad que todos los días ade subir a componerlo muchas vezes por cuio cansansio se quería despedir”, lo que era lo mismo que pretender desentenderse del costosísimo y delicado artilugio, pues sólo con subir hasta la torre, y bajar y volver a subir… En otras crónicas que hemos escrito, en la titulada “El año del reloj” también vemos cómo en aquel siglo XVIII los campesinos vileros no podían regar cuando les tocaba…, porque el reloj no funcionaba, teniéndose que apalabrar cambiarlo por uno nuevo con el maestro relojero de Oliva, Juan Seguí, que andaba aquellos días por Villajoyosa.
Desde el torreón que sostiene la casa abadía, don Leopoldo Soler y Pérez dejaba constancia en publicaciones periódicas españolas de la maravillosa visión paisajística que se disfrutaba en los primeros años del s. XX: la huerta inmediata del Censal tras de un frondoso palmeral, el dels Horts; las innumerables frondas de los pictóricos almendrales, las extensiones del maíz…